La parte, el todo y su alrededor

Como casi nada es absoluto, a menudo se habla y se escribe sobre la mayoría de los tardígrados, sobre buena parte de los filisteos, sobre una selección de mis cazuelas de barro o sobre un montón de los tapones de corcho usados por la industria vitivinícola.

Lo que tienen en común esas expresiones (para los enteradillos, construcciones partitivas) es que se refieren a una parte (un merónimo) de un todo (el holónimo del merónimo) y que tienen esta estructura:
>>>>>  cuantificador + preposición + determinante + nombre del conjunto  <<<<<

O sea que para construirlas bien basta con el nivel de sintaxis de un estudiante de español A1 natural de Papúa Nueva Guinea. Sin embargo, hay una trampa en la que es habitual caer y un charco en el que más de un escribano se queda con los pies mojados y preguntándose cómo ha podido meterse ahí.

El charco es este:
♦ La mayoría de los tontos no se dan cuenta nunca de que lo son.
♦ La mayoría de los tontos no se da cuenta nunca de que lo es.

Sí, las dos son correctas. Es decir, hay dos formas de concordar el verbo y lo que lo sigue con el sujeto: bien por el sentido con los tontos (dan, son), bien por la gramática con la mayoría (da, es). Lo que no queda tan elegante es no acabar de decidirse:
La mayoría de los tontos no se da cuenta nunca de que lo son.

La idea subyacente es que por mucho que la mayoría sea gramaticalmente singular, la mayoría de los tontos señala a más de una persona y el sentido de la oración pide que el verbo esté en plural. No obstante, se recomienda que si en la oración no está el nombre del conjunto (lo que va en plural) se concuerde en singular; así:
El grueso de los romanos salían a la batalla sin depilar. La mayoría tenía las piernas como columnas jónicas.
Aunque no es incorrecto dejarse arrastrar al plural por la imagen de miles de romanos:
La mayoría tenían las piernas como columnas jónicas.
Además hay un truco para que el plural del verbo no tenga un pero:
La mayoría de ellos tenían las piernas como columnas jónicas.

Y ahora la trampa. En esas estructuras se habla de una parte de un conjunto determinado: los romanos, los tontos, lo decápodos, los socios del bufete…
La mitad de vecinos no asistieron a la reunión de la comunidad, ¡vaya sorpresa!
La mitad de los vecinos no asistieron a la reunión de la comunidad, ¡vaya sorpresa!

Es muy fácil olvidarse de poner el determinante, pero tiene que ir por la naturaleza de la estructura. Claro que no tiene que ser necesariamente el artículo; cabe un adjetivo posesivo o uno demostrativo.
♦ Solo el 63 % de las canciones del verano son veraniegas. El 37 % de ellas son de entretiempo. 
♦ La mayoría de tus apariciones son una filfa —le dijo a aquel compañero fanfarrón e ignorante; aunque puede que lo pensara pero no llegara a pronunciarlo.
♦ La mitad de estas olas las provoca el tontolaba de la motito acuática —le dijo la espatarrada ofiura a la pizpireta medusa—. Ve y dale un viaje, anda.

Para que conste y no nos liemos: hay estructuras que se parecen mucho a las partitivas, pero no son iguales (por eso se llaman pseudopartitivas). La diferencia es, mira por dónde, que el conjunto del que se señala una parte no es determinado, así que no lleva determinante:
Tras los últimos recortes en sanidad, mogollón de ciudadanos se han encomendado a san Geroncio y entonan una ristra de jaculatorias, que son igual de efectivas que la homeopatía y el reiki juntos.

Pero si el conjunto es determinado, tiene que llevar determinante; una perogrullada, sí, pero voy a insistir:
◊ La mayoría de santos eremitas no lee revistas de moda.
♦ La mayoría de los santos eremitas no lee revistas de moda.
◊ El 17,23 % de toallas de playa tienen estampada una original sombrilla.
♦ El 17,23 % de las toallas de playa tienen estampada una original sombrilla.

Ya que estamos, es difícil ser más determinado que un porcentaje, así que le corresponde llevar un artículo fetén y no ese impostor un, que determina pero poco. ¿Verdad que no se habla de dos quinces por ciento ni de dos mayorías?; pues tampoco queda muy preciso escribir un quince por ciento o una mayoría.
Un 47,3 % de traductores no les ponen artículo determinado a los porcentajes. Una minoría de correctores no lo corrigen en una mayoría de ocasiones.
El 47,3 % de los traductores no les ponen/pone artículo determinado a los porcentajes. La minoría de los correctores no lo corrigen/corrige en la mayoría de las ocasiones.

Que quede claro que la mayoría de los ejemplos de este blog son fantasiosas ficciones.

 

Adverbios que parecen molones

De vez en cuando se pone de moda una locución y, de repente, parece que hemos nacido con ella incrustada en la punta de la lengua. Mejor dicho (ya que esto va de usar los adverbios con precisión), no ocurre de vez en cuando, sino continuamente; por ejemplo con las locuciones adverbiales más allá, a bote pronto y alrededor de.

MÁS ALLÁ

La locución adverbial más allá está formada por dos adverbios: más y allá. Perogrullo nos asista, sí, pero tanta perogrullada no será cuando con esa suma hay mucha gente que intenta decir algo que no está ni en los sumandos ni en el resultado. ¿O ya está porque lo manda el uso? Habrá que ver si la moda pasa o asienta el nuevo significado.
Veo poco probable que esta dosis de atutía sirva para algo, más allá de entretener a los lectores del blog.
Veo poco probable que esta dosis de atutía sirva para algo, además de entretener a los lectores del blog.

Si alguien se siente tentado de usar ese más allá que parece molón con el sentido del ejemplo anterior, puede tirar de al margen de, sin tener en cuenta y dejando de lado.
 Más allá de Sin tener en cuenta los 20 euros que me costó el botijo, lo que voy a gastarme este año en sandías me desequilibrará el presupuesto de todo el año.
♦ Más allá de Dejando de lado alguna que otra lipotimia, tener una galbana de campeonato es lo que toca en verano, ¿no? Es que parece que nadie se lo esperaba.
♦ Más allá de Al margen del interés por la paella y la sangría de los chiringuitos, no sé qué gracia le ven los guiris a andar por la solana a mediodía.

También hay quien cree que más allá significa ʽsinʼ.
El discurso del presidente está más allá de toda posibilidad de análisis sintáctico.
♦ El discurso del presidente no ofrece ninguna posibilidad de análisis sintáctico.
♦ No es posible hacer el análisis sintáctico del discurso del presidente.
♦ El presidente nos largó un discurso sin posibilidad de análisis sintáctico.

No obstante, más allá alberga más de un significado. Puede significar ʽmás lejosʼ, en el espacio o en el tiempo.
No veo nada más allá de la primera línea de cerros. Y no hago planes para más allá de la semana que viene.
Y cuando se convierte en sustantivo significa ʽtan requetelejos que nadie ha vuelto a contar lo que hayʼ.
No me veo en el más allá. Que igual el sitio es chulo, pero eso de tener que morirse para llegar…

 

A BOTE PRONTO

Dice el DLE que esta locución significa ʽsobre la marchaʼ, ʽimprovisadamenteʼ; es decir, no tiene el sentido de ʽconozco otras opciones y esta es la primera que se me viene a la cabezaʼ, sino que tira más hacia ʽa tontas y a locasʼ y a ʽsin pensarʼ.
A bote pronto se me ocurre de entrada como sinónimo de a bote pronto.
Incluso a bote pronto me doy cuenta de que a bote pronto no significa ʽde entradaʼ. Si lo pienso un poco más, doy con de súbito al momento; y con de momento o por el momento si voy a añadir más.

¡Ah! y a voz de pronto no vale para nada. Si acaso, con un artículo en medio y tiene que haber alguien que dé voces.
A la voz de pronto nos pusimos a pelar tomates para el gazpacho. Amodorrados como estábamos, necesitábamos que gritaran ese ¡pronto! 

Sobre el origen de a bote pronto, del que se deriva el significado, se explica muy bien la Wikilengua.

 

ALREDEDOR DE

Indica que algo no es exacto; es decir, significa ʽaproximadamenteʼ. También (como locución preposicional) significa ʽsiguiendo el contornoʼ, así que decir que hay diversas especies de cucarachas alrededor de todo el mundo significa que hay varias especies del entrañable insecto, sí, y que están bien puestas rodeando el globo terráqueo, en fila, supongo, para no caerse.
Dicen que hay cucarachas alrededor de todo el mundo.
Dicen que hay cucarachas en todo el mundo / repartidas por todo el mundo.

Aprovecho para insistir una vez más en que en el pasado y en el futuro no son buenas locuciones adverbiales de tiempo.

Y a quien tenga la genial originalidad de usar con el significado de ʽmucho, pero que muchísimo más de lo que puedes imaginarteʼ la locución formada por adjetivo + no, lo siguiente quizá le abra nuevos horizontes, más allá de la repetición ad nauseam, seguir la cuenta de Twitter @eslosiguiente: se aprenden adjetivos y adverbios como si no hubiera un mañana (otra que tal baila).

Esto no es lo que era -1-

Vaya por delante que «toda la vida ha sido así» es un argumento lingüístico detestable, absurdo e inútil.

Un DESPUÉS que debe ser un PORQUE o un A RAÍZ DE 

Pero es que toda la vida después había sido un adverbio de tiempo.
Después de denostar el argumento de toda la vida, va la pánfila esta y lo usa; pero justo después, sin esperar nada.

En la forma después de se podía convertir en una locución preposicional, con el significado de ‘a pesar de’.
Después de la paliza que nos da, la correctora esta no es ni coherente.

Nos entendíamos y nos manejábamos bien con el después. Y va y adquiere un nuevo significado; mejor dicho, va y calca un significado que ni tenía ni falta que le hacía.
La tía Angustias empezó a comer todo el gluten que podía después de enterarse de cómo habían ido las cosas en el Neolítico.

¿Da esa frase una pista temporal de cuándo cambió de parecer la tía Angustias? Pues no. Lo que expresa es el motivo de su comportamiento por lo que es mucho mejor redactarla así:
La tía Angustias empezó a comer todo el gluten que podía porque se enteró de cómo habían ido las cosas en el Neolítico.

La razón de que se nos vaya escapando esta manera de precisar si queremos expresar una secuencia temporal o si se trata de una explicación es que sabemos mucho inglés, de manera que, en cuanto vemos un after (un adverbio inglés, no un garito que abre cuando todos cierran), ¡zas!, plantamos un después. No lo hace todo el mundo, claro, pero los redactores mediocres que responden al primer vicio lingüístico con pinta de moderno y los malos traductores se han abonado a ese después-sin-pensarlo. Entonces pueden quedar engendros como este:
Empezó a hacer magdalenas normales después del morro torcido de su abuela.
♦ Empezó a hacer magdalenas normales a causa del morro torcido de su abuela.
♦ Empezó a hacer magdalenas normales porque vio que su abuela torcía el morro.

O puede que sea más preciso pensar en un punto de partida:
Decidió tejer las bufandas a punto bobo después de la experiencia de su prima, que comprobó que cunde una barbaridad.
Decidió tejer las bufandas a punto bobo a raíz de la experiencia de su prima, que comprobó que cunde una barbaridad.

Con esas fórmulas no se agotan las locuciones adecuadas para expresar causa, punto de partida o detonante de una acción. Puede que no valga la pena pensar en ellas si, después de todo, se entiende lo que se quiere decir. Aunque, a fin de cuentas, cuesta poco usar un lenguaje preciso y rico.

 

Un PREVIO A que debe ser un ANTES DE y jamás un EN EL PASADO

De toda la vida (¡uy!, otra vez), previo ha sido un adjetivo que calificaba a un sustantivo para situar algo antes de otro hecho expresamente citado a, al menos, consabido. Pero no ejercía de adverbio de tiempo; para eso se usaba un sencillo antes.
El aperitivo que sirvieron previo al banquete fue un pelín triste. ¡Ya!, que la doctrina vegana no permite el jamón… Como si las patatas de bolsa no hubieran sido seres vivos previos.
Parece ser que el aperitivo que sirvieron antes del banquete fue cutre. Y las patatas también eran seres vivos previamente a que las metieran en la bolsa.

Otra cosa es ese previamente que aparece hacia el final y que es, ese sí, un adverbio de tiempo, si bien hay que usarlo con cuidado para que no ocupe el lugar que le corresponde al modesto pero eficaz antes.

Para que algo sea previo o suceda previamente, hay que tener clara la referencia temporal. Si no existe tal referencia y solo se proyecta la acción hacia el pasado, lo mejor es tirar de clásicos: antes, en tiempos remotos, antiguamente
Previamente la gente bebía del botijo y el agua fresca le sabía a gloria bendita.
Antes la gente bebía del botijo y el agua fresca le sabía a gloria bendita.
Previamente a la invención de la nevera, la gente bebía del botijo y estaba encantada.

¡Ah!, ya que estamos: ese en el pasado que calca in the past ni es un clásico ni es un adverbio de tiempo.
En el pasado había un botijo en cada casa.
Antiguamente había un botijo en cada casa.

Lo que es muchas veces es una cursilada innecesaria, porque el tiempo verbal ya proyecta la acción allá donde debe entenderla el interlocutor o el lector.
En el pasado la tía Angustias creía que el gluten es malo porque modifica los genes.
La tía Angustias creía que el gluten es malo porque modifica los genes.

Y no hay nada que proyecte más la acción al pasado que un pretérito perfecto.
En el pasado Angustias Sapiens había sobrevivido sin gluten, pero cuando domesticaron los cereales vio que iba bastante bien eso de comer trigo.
Angustias Sapiens sobrevivió sin gluten, pero cuando domesticaron los cereales vio que iba bastante bien eso de comer trigo. Ocurrió hace varios milenios, sí, durante los cuales las penas con pan siempre fueron menos.

Y no digamos un pretérito pluscuamperfecto.
Angustias Sapiens había sobrevivido sin gluten, pero cuando domesticaron los cereales vio que iba bastante bien eso de comer trigo. Para cuando descubrieron el gluten habían transcurrido varios milenios a lo largo de los cuales los descendientes de Angustias habían digerido toneladas de la hoy denostada proteína.

Así que el adverbio después, el adjetivo previo y el sustantivo pasado tienen su significado y su función, y no hace falta adjudicarles las tareas que les corresponden a otras palabras o expresiones.

Falsos amigos I: evidencias

Hay dos humanos que cuando se refieren a pruebas dicen pruebas y cuando se trata de evidencias dicen evidencias. Uno soy yo y el otro, el gran Gonzalo Claros. La verdad es que me consta que somos más de dos y que empezamos a sentirnos como Charlton Heston en el planeta de los simios.

Es cierto que la definición del DLE permite extender a la palabra evidencia el significado de ʻpruebaʼ. El problema es que hacerlo les resta precisión a ambos términos. El gran Fernando A. Navarro en su extraordinario Libro Rojo (que se puede consultar mediante suscripción en Cosnautas) le dedica a la traducción de evidence una completísima entrada: una de las muchas pruebas que hacen evidente que el Libro Rojo no solo es útil para tratar con textos médicos, sino para cualquier trabajo con textos o relacionado con la comunicación.
Buscan evidencias de vida en otros planetas; o sea, esperan encontrar moléculas similares a aquellas que formaron la sopa primigenia propugnada por Oparin.
Buscan evidencias de vida en otros planetas; o sea, esperan que aparezca un primo de Gurb y muestre un carné de extraterrestridad emitido en la comisaría de Saturno. 

Lo peor de dejarse engañar por los falsos amigos es que empobrecen la lengua y la expresión, y empujan el cerebro a que deje de percibir la diferencia entre palabras que significan cosas distintas y reflejan realidades diferentes. Pues sí, muchas veces esa evidencia es más falsa que un duro de madera.
En el apartamento que alquiló el primo de Gurb en Torrevieja han encontrado ceniza. Eso es una evidencia de que fuma.
En el apartamento que alquiló el primo de Gurb en Torrevieja han encontrado ceniza. Eso puede ser una prueba de que fuma.

O sea, una evidencia hace que algo sea evidente (perdón por la perogrullada); por el contrario, una prueba sostiene una hipótesis mientras no se demuestre lo contrario.
La bandera a media asta en el Ministerio de Defensa para conmemorar la Semana Santa es una evidencia (y de las gordas) de que la ministra no es partidaria de la separación entre Iglesia y Estado. Por otra parte, no hay pruebas de que la Virgen del Pilar haya hecho algo para merecer una condecoración; para eso tendría que existir, y de eso tampoco hay pruebas; decían que lo de las bombas era una evidencia y resultó ser falso.

Vamos a jugar. Por veinticinco tildes cada respuesta acertada, evidencias de todo tipo. Un, dos, tres…
♦ Es una evidencia que se le da más importancia a la ortografía que a la sintaxis.
♦ Hay evidencias de que los políticos no manejan un vocabulario rico y variado.
♦ La evidencia dice que mucha gente cree que debe poner una coma allí donde el texto le pide que respire.
¤ Evidencia es una buena traducción de la palabra inglesa evidence.

Y ahora, por veinticinco tildes cada respuesta acertada, frases en las que sea más preciso usar la palabra prueba. Un, dos, tres…
♦ La buena sintaxis denota un pensamiento elaborado y gusto por la lengua elegante, pero no es una evidencia de que el autor atesore ambas virtudes: puede que sea prueba de haber contado con los servicios de un buen corrector.
Prueba es la traducción correcta de la palabra inglesa evidence; también puede ser indicio o signo, entre otras.
♦ La ciencia se basa en pruebas, es decir, en argumentos y razones sometidos a escrutinio constante.

¤ Las evidencias hacen que algo sea más cierto y real que las pruebas.

La ciencia se basa en pruebas; si se basara en evidencias, no sería ciencia sino fenomenología o creencia; o sea, homeopatía, reiki, aromaterapía… Por eso la estupenda y necesaria campaña de FarmaCiencia adolece respecto a la lengua de aquello que tan bien combate en otros ámbitos: imprecisión y escaso rigor en una disciplina. Lo que defienden es, precisamente, que los tratamientos médicos se basen en pruebas derivadas de ensayos con validez estadística y no en las supuestas evidencias que invocan los charlatanes («es evidente que la homeopatía cura», dicen las multinacionales homeopáticas). Los científicos serios hacen caso de las pruebas y, a menudo, las buscan, las discuten y las revisan; y no dejan nunca de desconfiar, porque casi nada es evidente del todo: hay mucha falsa terapia avalada por meras evidencias. También mucho falso amigo suelto; también en los textos.

; El tres en uno de la puntuación ;

¿Que para qué sirve el punto y coma? La pregunta es para qué no sirve; en un texto, claro, si es para desembozar una tubería no se puede esperar que ese signo híbrido saque de un apuro.

Es más fácil encontrarle utilidad si se ve que une fragmentos de texto que si se piensa que los separa. Cuando lo miras con esos ojos, el punto y coma se convierte en tu amigo, uno de esos que siempre está en los momentos difíciles, cuando las comas revolotean pero no ayudan en nada y los puntos hacen que parezca que no sabes escribir seguido; cuando unos puntos suspensivos intentan interponerse entre el texto y la sencillez; cuando los dos puntos anuncian pero no concluyen; y cuando ya no sabes cómo hacer que las ideas no queden ni deslavazadas ni enzarzadas. Y todo lo anterior es un ejemplo de lo útil y estiloso que resulta un punto y coma.

Hay quien, habiendo redactado páginas y páginas de textos de diversa índole, no ha escrito un punto y coma en su vida; y no por no haber tenido ocasión, sino porque todo lo mestizo desconcierta. A pesar de ello, los punto y coma son tan sufridos y tan entregados que, sin tener en cuenta el menoscabo al que se los somete, siempre están dispuestos a cumplir su cometido; no obstante, no hay que forzar su aparición ni sentirse obligados a mostrarles reconocimiento.

Y aquí se podría acabar el cuento; pero, por si no ha quedado claro, a continuación va la descripción de algunas oportunidades para poner un punto y coma.

—Une dos oraciones que tienen bastante que ver, aunque son independientes.
La revisión del gas me tocaba esta tarde; de cinco a siete decía el aviso que iban a pasar. Le he pedido al tipo que empezara por mi piso porque tenía que irme y no me ha hecho ni caso; y encima que me ha dejado la última, ha aparecido con una sonrisita de sobrado que para qué.

—Indica que tras él va una explicación de la oración que lo precede; esa explicación puede concretar o ampliar la información. Claro que eso mismo pueden hacerlo los dos puntos; cuestión de gustos.
El punto y coma es como un primo lejano; coincides con él de vez en cuando, pero no se te ocurre llamarlo para ir a comer.

—Uno de los servicios más apreciados de los prestados por el punto y coma es hacer de coma cuando las cosas se complican. ¿Que aparece una serie larga y compleja de detalles?; pues ahí llega el punto y coma al rescate.
Aprovecho para dar las gracias al loro que oía a través de la ventana por la mañanas y me hacía mucha compañía, aunque había días que el pájaro no decía ni mu; al camarero del bar de la facultad, el que le ponía espuma al café, no el sieso que ni plato te daba para aguantar la taza; al inventor, al técnico y al calibrador del espectrofotómetro, sin el cual no habría habido datos que analizar y todo hubiera sido para nada; al encargado de la fotocopiadora, al responsable de publicaciones y al informático del departamento, que siempre me han salvado de las catástrofes que amenazaban que esta tesis llegara a buen puerto; y finalmente, a mi mamá, a mi papá, a mi hermano pequeño y a nuestro querido chucho.

Siguen siendo unos agradecimientos largos, pero, al menos, los punto y coma ponen orden en ese marasmo de conjunciones y comas; y dan la oportunidad de respirar.

—Es conveniente que una consecuencia vaya unida a su causa. Representar esa unión mediante un punto y coma es un recurso estilístico muy marcado; desaparecen los ya que, puesto que, así que, eso es porque (son locuciones conjuntivas) y a buen entendedor le sobran hasta las pocas palabras y le basta el punto y coma (esa manera de unir dos frases se llama yuxtaposición).
Por fin sale el sol; voy a tender la ropa. Venga a sacar el santo en procesión; dos semanas sin parar de llover. Tanto quejarse de la sequía; con el manto encogido tendrá que salir en Semana Santa.

—Y viceversa; cuando se anticipa la consecuencia, mejor que la causa parezca cercana; eso lo hace con mucha eficacia el punto y coma.
Lo que no puede hacer nunca un punto y coma es cerrar un párrafo o un texto; parecería que ha habido algún error y ha desaparecido el fragmento que seguía.

—Pone orden en las enumeraciones, tanto si sus elementos están todos seguidos como si cada uno va en una línea.
Para preparar el baba ganush, o mutabbal, sigue los siguientes pasos: 1) asa en el horno un par de berenjenas enteras; 2) ponlas directamente sobre la llama de la cocina para que adquieran gusto de brasa (si tienes vitrocerámica o inducción esto te lo pierdes); 3) pon su pulpa con el resto de los ingredientes en la batidora; 4) tritura la mezcla y pruébala; 5) añade algún ingrediente a la pasta obtenida si te parece que está desequilibrada; y 6) déjala reposar hasta que esté a temperatura ambiente.

¡Ah!, que no he enumerado los otros ingredientes. Esto es lo que hay que añadir:
♦ tahina, con generosidad y tras mezclarla bien, que en el bote se separa la parte sólida del aceite;

♦ aceite de oliva, un chorro, pero sin pasarse, que la tahina ya es bastante oleosa;
♦ ajo según el gusto y si gusta, si no, pues no se pone;
♦ zumo de limón, con cuidado de que no se imponga el gusto ácido;
♦ y yo le pongo un poquito de menta porque me gusta el toque que le da, pero este ingrediente no está en las recetas ortodoxas.

Sí, cierto, todos esos punto y coma podrían haber sido puntos; y también podrían haber sido comas. De nuevo, cuestión de gustos; pero el baba ganush pierde mucho sin ajo.

Verbos con recovecos

Vamos a resolver de entrada el asunto de entendernos: una perífrasis verbal es una unidad formada por dos verbos, uno de los cuales dice qué se hace y el otro cuenta cómo se hace (la clasificación de las perífrasis en función de lo que dicen, está muy bien presentada con ejemplos en la Wikilengua); por ejemplo:
Alodia viene observando que Nunilo descuida las tareas domésticas. Nunilo, que lleva fregado mucho en ese castillo, se echa a llorar y, pasado el primer sofoco, se propone sugerirle que tengan servicio, como todos los condes.

Alodia observa desde hace tiempo pero no viene de ningún sitio. Por su parte, Nunilo ha fregado muchas veces el castillo pero no carga con nada. Y no se pone una colonia que se llama a llorar, sino que da comienzo a la acción de verter lágrimas. Además, se propone sugerirle algo, tal cual: proponerse y sugerirle; como el primer verbo no hace una pirueta, no es una perífrasis. Pues ya está, vistas tres perífrasis verbales y, a poco que nos fijemos, de ellas podemos sacar tres conclusiones.

1) Hay un verbo conjugado en forma personal y otro que va en forma no personal (invariable, por tanto). Como viene siendo costumbre en español, el verbo tiene que concordar en número y persona con el sujeto. Eso si naces angloparlante te lo ahorras, pero a cambio tienes un spelling que tela.
♦ Alodia viene observando… / Yo vengo observando…
♦ Nunilo lleva fregado… / Las limpiadoras llevan fregado…
♦ Él se echa a llorar… /Nosotros nos echamos a llorar…

En [Nunilo] se propone sugerirle… también se cumple, así que podría ser una perífrasis verbal si no fuera por la segunda conclusión.

2) El verbo conjugado no significa lo que significa cuando va por su cuenta; resulta que es el verbo auxiliar.
Alodia viene observando a Nunilo. / Alodia viene de la fuente con el cántaro roto.

La primera oración dice que la buena de Alodia hace tiempo que observa a Nunilo, pero nada indica que se desplace. En cambio, en la segunda oración dice que ha ido a por agua y allí se le ha roto el cántaro; y de eso nos damos cuenta cuando se traslada desde allí hasta aquí, o sea, cuando viene.

Sin embargo en [Él] se propone sugerirle que tengan servicio el verbo proponer(se) significa exactamente ‘proponer(se)’; así que eso no es una perífrasis. Como seguro que alguien está en un sinvivir por saber qué es, lo diré ya: es una oración compuesta en la que [Él] se propone es la oración principal; por su parte, sugerirle que tengan servicio es la oración subordinada y le hace de complemento directo a la principal. (A su vez, esa subordinada también es compuesta y tiene una principal y una subordinada en función de complemento directo. Menuda tarde de diversión se puede pasar jugando a poner una subordinada dentro de otra hasta formar una frase de cinco o seis líneas; claro que si eres abogado, tienes las de ganar).

3) El segundo verbo puede estar en una de las tres formas no personales del verbo: infinitivo, participio o gerundio. Es el principal y, por cierto, entre él y el auxiliar puede haber algo aunque no tiene por qué haberlo.

¿Que para qué sirve distinguir una perífrasis verbal de una oración compuesta? Pues para saber cosas, que no está mal. ¡Ah!, y para escribir con más precisión y elegancia, porque resulta que no reconocer bien la naturaleza y la estructura de las perífrasis verbales lleva a un anacoluto y a un horrorismo.

HAY QUE CONCORDAR LOS VERBOS
Para detectar el anacoluto hay que acordarse de la conclusión 1 al componer una perífrasis en pasiva refleja, porque, como se explica en otra dosis de atutía, la pasiva refleja tiene un sujeto, paciente, pero sujeto, que tiene que concordar en número con el verbo. Como en la perífrasis el verbo que cambia de forma es el auxiliar, el peligro es no concordarlo con el sujeto.
Se sigue alquilando las caballerizas de Alodia. Ideal parejas, dicen; de caballo y yegua, claro.
Se siguen alquilando las caballerizas de Alodia. Ideal parejas, dicen; de caballo y yegua, claro.  

Si se necesita el truco, se convierte en pasiva y enseguida se detecta la falta de concordancia:
♦ Se debe analizar las causas de la escasa competitividad de Nunilo en los torneos.
♦ Debe ser analizada las causas de la escasa competitividad de Nunilo en los torneos.

Se deben analizar las causas de la escasa competitividad de Nunilo en los torneos.

LOS PRONOMBRES EN SU SITIO
El horrorismo en el que se puede caer tiene que ver con la posición de los pronombres y admite grados: desde casi-no-es-horrorismo hasta cómo-he-podido-escribir-eso. Además, hay que decir que la lengua hablada ofrece mucho más margen que un texto escrito, incluso en la interpretación de un texto ambiguo.
A mí me sigue sin gustar el pavo de Nunilo.

¿Significa eso que Nunilo me sigue y no me gusta (ni Nunilo ni que me siga)? Pues no y seguro que muchos hablantes entienden que significa algo así:
A mí sigue sin gustarme el pavo de Nunilo.

Si la perífrasis fuera de gerundio se produciría menos ambigüedad, pero el pronombre seguiría teniendo un lugar más adecuado que otro:
A mí me sigue gustando más el apuesto Elpidio que el pavo de Nunilo.
A mí sigue gustándome más el apuesto Elpidio que el pavo de Nunilo.

La primera oración no da ningún problema de comunicación y no es incorrecta; no obstante, entra en la categoría (de dudoso rigor lingüístico pero muy útil a la hora de redactar o corregir textos) de poco elegante. Y como cuesta lo mismo, mejor escribir la segunda para respetar que ahí el verbo pronominal es gustar y no seguir.

Dos perífrasis que pueden ser ambiguas según dónde se ponga el pronombre son volver a + infinitivo e ir a + infinitivo. Imaginemos que Nunilo, harto de los reproches de Alodia, le dice:
Me vuelvo a encontrar mis fantasmas.
—Pues que te vaya bien con tu vuelta a la choza: menos que fregar, pero ya te digo que vas a perder mazo de ringorrango —le contesta Alodia con gesto displicente.
—¡Qué más quisieras tú que que me fuera! Lo que digo es que Sabanito anda otra vez por aquí y cada dos por tres me lo encuentro en el pasillo —le aclara el pavo de Nunilo—. Pero no me voy a rendir.
—¿Que no te vas a dónde? ¿Han abierto otro bar y se llama Rendir?
—Que digo que esta vez insistiré hasta que confiese de qué siglo es.
—Pues a ver si dices bien las cosas: Vuelves a encontrarte tus fantasmas por los pasillos y no vas a rendirte, que ni para poner los clíticos en su sitio sirves —sentencia Alodia, que está hasta el colodrillo de la sintaxis de Nunilo.

Lo mismo ocurre con la partícula se cuando se construye la perífrasis en forma impersonal.
Llegará a celebrarse una fiesta de bienvenida para Sabanito y empezará a construirse una gran bola de discoteca que el pobre arrastra desde hace varios siglos a ver si así se le acaba cambiando el carácter.
Se llegará a celebrar una fiesta de bienvenida para Sabanito y se empezará a construir una gran bola de discoteca que el pobre arrastra desde hace varios siglos a ver si así acaba cambiándosele el carácter.

Las dos primeras suenan bastante mal con el se fuera de su sitio; en cambio, cuesta decirla con él en su sitio. Cuesta porque van sumándose clíticos al verbo y se hace largo, sobre todo hablando; por eso en el texto oral resulta bastante natural colocar los pronombres o la partícula de impersonalidad allí donde produzcan palabras más cortas (más fáciles de pronunciar). Y es que no se puede partir (mejor que no puede partirse) de una visión monolítica de la cuestión.
Me lo tengo que pensar si voy a la fiesta de Sabanito o no porque lo llevo esperando toda la eternidad. Resulta que soy su prima y se lo tengo que decir. Se lo iba a contar ayer pero estaba por allí Sisebuto y me lo puse a considerar como confidente. No le puedo hablar como si me entendiera: «Sisebuto, esto; Sisebuto, lo otro» y él venga a ladrar, que no puede aguantarse ya tanta incomprensión.
Tengo que pensármelo, si voy a la fiesta de Sabanito o no, porque llevo esperándolo toda la eternidad. Resulta que soy su prima y tengo que decírselo. Iba a contárselo ayer pero estaba por allí Sisebuto y me puse a considerarlo como confidente. No puedo hablarle como si me entendiera: «Sisebuto, esto; Sisebuto, lo otro» y él venga a ladrar, que no se puede aguantar ya tanta incomprensión.

No es que los clíticos y el se vayan atornillados pero, si los hay que poner hay que ponerlos por escrito, mejor pensar dónde quedan más elegantes y sin ambigüedades.

Impersonales (pero con carácter)

Una oración impersonal no es la que no tiene carácter y resulta aséptica. Es una frase que no tiene sujeto. Y ahí está el primer problema: hay oraciones que no tienen sujeto y no tienen sujeto, lo busques donde lo busques, no tienen; son impersonales sintácticas y semánticas. Sin embargo, hay otras que no tienen, pero a poco esfuerzo que hagas te lo imaginas; su impersonalidad es solo sintáctica. No encontrarás las siguientes categorías de oraciones impersonales en ningún libro serio, pero a mí me parece que ayudan a entender esto de la impersonalidad.

Impersonales atmosféricas
♦ Amanece (que no es poco) en Brazzaville y llueve a cántaros.
♦ Cada vez nieva menos en El Villarejo de los Olmos. Sin embargo, no hay año que no granice unas cuantas veces.

Que nooo, que no tienen sujeto. Vale, a veces llueven las críticas y algunas personas amanecen de mal humor; las críticas y algunas personas son el sujeto de su oración, pero resulta que son usos metafóricos de los verbos llover y amanecer.

Es lo que hay
Hay otras oraciones que parece que tienen sujeto… pero tampoco; lo que tienen es objeto directo. Son las que se forman con el verbo haber y tienen su dosis de atutía.
Había una vez muchos circos que alegraban el corazón.

Es muy curioso que al sustituir el verbo haber por existir, u otros que indican existencia o presencia, la oración deja de ser impersonal y lo que hay se convierte en sujeto.
Existieron una vez muchos circos que alegraban el corazón.

Con cierto sujeto incierto
Hay algunas estrategias sintácticas que más que impersonalidad expresan apersonalidad (ojo, que eso no es un concepto gramatical).
♦ Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia.
♦ Después el tiempo pasa y te olvidas de aquel barquito de papel.
♦ Vamos subiendo la cuesta que arriba mi calle se vistió de fiesta.

Ni el uno ni el que se olvida ni los que suben la cuesta son sujetos identificados. Esas tres oraciones tienen un sujeto sintáctico claro, pero son impersonales semánticas, porque el sujeto es cualquiera y somos casi todos. Como bien detectó Serrat, la impersonalidad semántica puede expresarse con la segunda persona del singular, con la primera del plural o con el pronombre uno, –a (solo en singular).

El pronombre uno puede estar implícito, como en las oraciones que empiezan con un hay que. En esas es muy fácil cometer un error de concordancia, así que atención porque hay que estar a setas o a Rolex (hay quien no conoce el chiste); o sea, o se mantiene todo en la impersonalidad semántica de la tercera persona del singular o se pasa a identificar un sujeto.
Hay que ponernos el gorro de lana porque hace un frío que pela.
♦ Hay que ponerse el gorro de lana porque hace un frío que pela.
♦ Tenemos que ponernos el gorro de lana porque hace un frío que pela.

Conjugaciones capadas
Los verbos ser, estar, bastar, sobrar, parecer y tratarse usados en tercera persona del singular actúan de encubridores del actor y dan oraciones impersonales. Una manera como otra cualquiera de no mojarse.
Es pronto para conocer la evolución del sector, pero parece que habrá gintónic de lentejas; basta con que digan que es cool para que triunfe. Es invierno y está cerrado pero se trata del local de moda este año; sobra con que sea viernes para verlo.

Y con algunos usos de ser, estar, hacer e ir. Ninguna de las formas destacadas tiene sujeto, ni semántico ni sintáctico.
Era ya de día y hacía un frío de mil demonios. Hace años de eso. Es pronto para saber si estará nublado durante todo el siglo. Así nos va: para un decenio va ya que no sabemos qué hacer con el abrigo.

Con decir, poner y constar; también con doler, picar, escocer, molestar, zumbar (los que indican afecciones más o menos físicas).
En el cartel decía que de allí no se podía pasar. Recuerdo que mientras lo leía me picaba en la mano y me dolía en el pie.

También se expresa cierta impersonalidad con el gerundio y el infinitivo.
Poniéndose la caracola en la oreja se oye el mar, pero es preciso estar callado.

Por su parte, la tercera persona del plural es de lo más útil cuando no se tiene ni idea de quién es el sujeto. Suena el teléfono; quien responde te dice: preguntan por ti. Debe de ser una sola persona la que pregunta por ti, pero como quien ha contestado no sabe quién es, usa una genérica y ambigua tercera persona del plural; incluso puede que sepa quién es pero hace como que no. Ahora bien, de impersonal no tiene nada, al otro lado del teléfono hay alguien que ha preguntado por ti, es de las pocas cosas seguras en esa situación; por eso se dice que es sintácticamente impersonal, pero no lo es semánticamente. Es un tipo de construcción impersonal que se usa mucho y que no da lugar a ningún error.
Me dan el resultado mañana. Si llaman a la puerta y traen una carta cógela que es el aviso. Por teléfono me han avisado de que me hacen el análisis la semana que viene y si está todo bien, me operan dos días después.

La partícula que sirve para un roto y para un descosido
Una forma de impersonalidad sintáctica muy útil para no identificar un sujeto preciso es la de las oraciones impersonales con se.
Se dice que el cartero siempre llama dos veces, por lo menos, ya que nunca contesta nadie al interfono.
Alguien dice que el cartero llama dos veces, pero quien enuncia esa frase no quiere identificar a ese alguien, por el contrario, lo encubre en el se.

Así que, según la importancia que se dé a recuperar el sujeto, se usará una oración impersonal u otras formas sintácticas. En la frase anterior a esta (desde así que hasta el punto y seguido) no he escrito quién tiene que dar más o menos importancia ni quién elige la forma sintáctica. Lo harán un redactor, un hablante, un periodista, un escritor, un publicista o, incluso, Perico el de los palotes, solo que, para simplificar la explicación (y la frase), yo no he identificado el sujeto de las acciones.

En este tipo de oraciones hay un sujeto que hace lo que quiera que se enuncie y la construcción impersonal es, precisamente, una forma de no señalarlo ni especificarlo; de hecho, son estructuras muy usuales para describir situaciones generales. Así, todo lo que se dice en el ejemplo siguiente se podría contar en primera persona, pero quedaría demasiado restringido; o en segunda, pero entonces no se sabría si es la experiencia particular de alguien o si es una descripción general; el socorrido se impersonal permite afirmar en general sin precisar mucho el alcance del enunciado.
Se come bien aquí y se circula con tranquilidad, ya que no se anda con prisas. No se compra barato pero se duerme bien por la noche porque no hace mucho calor.

Lo malo de las impersonales construidas con se es que son estructuras sintácticas de riesgo, ya que se pueden confundir con pasivas reflejas y eso lleva a errores y horrores gramaticales.
Se ha contratado a tres presidentes de Gobierno nuevos, a ver si alguno da buen resultado. >> impersonal.
Se han contratado tres presidentes de Gobierno nuevos, a ver si alguno da buen resultado. >> pasiva refleja.

El caso es que en ninguna de las dos anteriores se conoce el agente, aunque tiene que haberlo porque los contratos no se firman solos, así que semánticamente la impersonalidad es escasa, pero ese se encubre el sujeto.

En cuanto a la sintaxis la diferencia entre ambas es muy sutil. La que lleva la preposición a no tolera bien el verbo en plural (no se puede convertir en han sido contratados a tres presidentes nuevos). Ese detalle es el que importa para hablar y escribir bien: hay que elegir entre preposición o verbo concordado en singular/plural; claro que la concordancia del verbo desaparece si solo se contrata un presidente (o se contrata a un presidente).

Aviso: ahora viene una explicación gramatical; quien quiera puede saltar al párrafo siguiente. Para que sea más fácil recordar cuándo concuerda el verbo, conviene entender por qué lo hace. En la segunda oración, a tres presidentes nuevos no es el sujeto de la oración, sino el complemento directo, y el verbo debe concordar con el sujeto pero no con los complementos. Sin embargo, cuando no está la preposición, tres presidentes nuevos es el sujeto de la oración, paciente, pero sujeto, como en cualquier oración pasiva (no hay problema en convertirla en Han sido contratados tres presidentes nuevos).

Por tanto, la duda y el error se produce si el verbo es transitivo.
Se critican a los poliplacóforos, pobreticos, pero no se observan a los balánidos, que ocupan toda la roca.
Se critican los poliplacóforos, pobreticos, pero no se observan los balánidos, que ocupan toda la roca.
Se critica a los poliplacóforos, pobreticos, pero no se observa a los balánidos, que ocupan toda la roca.

La primera frase es incorrecta, la última es correcta y la del medio es rara porque se puede entender que los poliplacóforos se critican y que los balánidos se miran unos a otros fijamente. Y todo el mundo sabe que los poliplacóforos son poco de criticar y que los balánidos ven mal.