Es pasiva refleja, no impersonal

Se puede decir que las pasivas reflejas son oraciones pasivas elegantes. Como definición gramatical no es muy ortodoxa, pero ayuda a entender que se prefieran a las pasivas de verdad. Por ejemplo:
Se esperaban novedades importantes sobre los villancicos y todo apuntaba a que se iban a prohibir. Eso se decía en los círculos próximos al poder. Desde que se habían trasladado habitantes de Saturno se padecía menos la contaminación acústica. Ellos, con su oído limpio y claro, todavía no sojuzgado por la internacional centrocomercialera, pensaban que así se revertirían los casos diagnosticados de navidaditis y se volvería a imponer el buen gusto musical en la muy decadente y embrutecida sociedad terrícola.

Haz la prueba: todas las oraciones del texto anterior se pueden transformar (pueden ser transformadas) en oraciones pasivas; tal que así:
Eran esperadas novedades importantes sobre los villancicos y todo apuntaba a que iban a ser prohibidos. Eso era dicho en los círculos próximos al poder. Desde que habían sido trasladados habitantes de Saturno la contaminación acústica era menos padecida. Ellos, con su oído limpio y claro, que todavía no había sido sojuzgado por la internacional centrocomercialera, pensaban que así serían revertidos los casos diagnosticados de navidaditis y volvería a ser impuesto el buen gusto musical en la decadente y embrutecida sociedad terrícola.

Está claro por qué se prefiere la pasiva refleja y no son preferidas las pasivas, ¿no?

La construcción de la pasiva refleja es muy sencilla; basta prestar atención a las características siguientes:

  • Siempre aparece la partícula se precediendo al verbo.
  • El verbo es transitivo y se conjuga en tercera persona.
  • Sujeto y verbo concuerdan en número. Eso es muy importante porque diferencia las oraciones pasivas reflejas de las impersonales (la siguiente dosis de atutía irá destinada a calmar la impersonalidad; la gramatical, claro).
  • El sujeto es sujeto paciente y suele ir detrás del verbo (también habrá una dosis de atutía dedicada al orden de los elementos en la oración).
  • Nunca aparece el sujeto agente, pero se puede recuperar o, al menos, imaginar.

Uno de los peligros sintácticos que acechan es querer que quede claro el sujeto agente; en ese caso no hay más que construir una oración activa corriente y moliente:
Ahora se bailan los villancicos en las fiestas por los jípsters del pueblo.
Ahora los jípsters del pueblo bailan los villancicos en sus fiestas.

Así que la pasiva refleja tiene una sintaxis de bajo riesgo. Bajo, sí, pero cuando caes te estozolas:
Se vende los dos discos de villancicos que poníamos todo el rato en el centro comercial otros años. Se regala seis zambombas bien afinadas.
Se venden los dos discos de villancicos que poníamos todo el rato en el centro comercial otros años. Se regalan seis zambombas bien afinadas.

Resulta que los dos discos de villancicos y seis zambombas son sujetos pacientes, pero sujetos al fin y al cabo, por lo que tienen que concordar en número con el verbo. Si los villancicos y las zambombas te producen sarpullidos con solo imaginarlos, recuerda un modelo muy sencillo: se alquilan pisos.

Fácil, sí, claro…, hasta que aparece una perífrasis verbal y ríete tú de la duda metódica: ¿se seguirá poniendo el belén cuando lleguen los saturninos?
En el almacén de los magos se está preparando como presentes fragmentos de meteorito, luz de supernova y polvo de estrellas.
En el almacén de los magos se están preparando como presentes fragmentos de meteorito, luz de supernova y polvo de estrellas.

Lo primero es localizar el sujeto. No hay muchos candidatos; tiene que ser fragmentos de meteorito, luz de supernova y polvo de estrellas, y eso son tres cosas, así que se necesita un verbo en plural; como preparando es gerundio, hay que poner ese están, así, conjugado en plural. Si el segundo verbo es un infinitivo, ocurre lo mismo:
Se veía venir que se iba a alquilar los anillos para ver la cabalgata desde la distancia.
Se veía venir que se iban a alquilar los anillos para ver la cabalgata desde la distancia.
El sujeto es plural —los anillos—, por lo que hay que poner en plural el único verbo en forma personal que hay en la oración —iban—.

Entonces por qué, si está tan claro, es común errar usando el verbo en singular: Pues porque en los ejemplos hay una perífrasis verbal, estructura que se confunde a menudo con la oración impersonal. La manera de comprobar si se trata de una perífrasis y, por tanto, el verbo debe concordar en número con el sujeto es poner la oración en pasiva. ¿A que a nadie se le ocurre decir se veía venir que los anillos iba a ser alquilados? No hay duda de que se veía venir que los anillos iban a ser alquilados.

Eso con una impersonal no se puede hacer. Y no tardaremos mucho en comprobarlo.

Esto es lo que era (relativos -y 2-)

Al final de la anterior dosis de atutía quedaban sobrevolando unos trastornos relacionados con el uso de los pronombres relativos. Si alguien creía que no hay manera de meter la pata con los relativos, aquí empieza la diversión.

EL RELATIVO donde NECESITA UN ANTECEDENTE DE LUGAR

El uso de donde como relativo da lugar a horrorismos tan frecuentes como inexplicables, así que insistiremos: el relativo donde necesita un antecedente de lugar; por tanto no sirve cuando el antecedente es temporal; ahí va bien un cuando:
La tía Perfecta cenaba crema de zapallo los jueves, donde iba a verla su sobrino.
La tía Perfecta cenaba crema de zapallo los jueves, cuando iba a verla su sobrino.

Además de ese cuando, siempre funciona un relativo general formado con que o cual:
¡Qué pena de época!, donde cuesta más un pantalón roto que un mantón de Manila.
¡Qué pena de época!, en la que cuesta más un pantalón roto que un mantón de Manila.

Tampoco sirve un donde cuando parece que el antecedente es un lugar, pero, en realidad, se refiere a un ente:
Ya no dan acelgas con patata los restaurantes de mi barrio, donde quieren parecer tan modernos que todo lo verde lo pasan por la minipímer y dicen que es un esmuzi.
Ya no dan acelgas con patata los restaurantes de mi barrio, que quieren parecer tan modernos que todo lo verde lo pasan por la minipímer y dicen que es un esmuzi.

O, incluso, un concepto:
Marcel no se acostumbra a esa situación, donde para vender unas magdalenas hay que tener el First Certificate.
Marcel no se acostumbra a esa situación, en la que para vender unas magdalenas hay que tener el First Certificate.

Y, lo que es peor, a veces aparece un donde sin que haya oración de relativo:
Esa casilla de señora o señorita la va a contestar Rito el Cantaor, donde una mujer no tiene por qué dar más explicaciones de su vida que un hombre.
Esa casilla de señora o señorita la va a contestar Rito el Cantaor, ya que una mujer no tiene por qué dar más explicaciones de su vida que un hombre.

Hasta hay quien usa donde para introducir una explicación:
La situación se volvió insostenible donde llovían críticas de todas partes.
La situación se volvió insostenible y por eso llovían críticas de todas partes.

LO QUE DICE UNA COMA ANTES DE UN que

Vamos con la perogrullada: una oración explicativa es la que explica algo del antecedente y una oración especificativa es la que especifica el antecedente. ¿Que cómo se nota por escrito que es una cosa o la otra? Pues con unas comas:
♦ El abuelo, que no se quitaba la boina jamás en público, estaba calvo perdido.
♣ El abuelo que no se quitaba la boina jamás en público estaba calvo perdido.

En la primera frase se habla de un abuelo, el único posible, y de él se dice que no se quitaba nunca la boina. En la segunda frase, se dice que, de entre varios abuelos, uno llevaba boina y no se la quitaba nunca, lo cual no permitía verle la calvorota.

Esa diferencia se marca al hablar con sendas pausas y con una entonación característica. Es algo así como si dijeras: «El abuelo, que, dicho sea de paso, no se quitaba jamás la boina en público…». Y eso mismo se expresa mediante las dos comas que encierran la explicación. Por eso hay que fijarse en si se pone una coma detrás del relativo o no, para así decir lo que se quiere decir, no otra cosa:
♦ Soledad, no quiero que toques la nave intergaláctica nueva que está en el garaje.
♣ Saturio, no quiero que toques la nave intergaláctica nueva, que está en el garaje.

El extraterrestre que le habla a Soledad tiene más de una nave nueva y le da lo mismo lo que hagan con las que están aparcadas en la calle; sin embargo, la que tiene en el garaje debe de ser la niña de sus ojos. En cambio la extraterrestre que le habla a Saturio le advierte de que ni se acerque a la nave nueva, la única nave nueva; para más señas, está en el garaje.

CONDICIONES PARA UN cual

El relativo que es uno de los que da menos problemas y de los que más naturalidad le confiere al texto. Y otro de amplio espectro es cual/cuales; amplio, sí, pero no universal, ya que tiene algunas limitaciones.

Antes de el cual, y sus derivados, tiene que haber una preposición o una coma:
♦ La nave intergaláctica de la que te he hablado solo la tapizan de Vía Láctea.
♣ 
La nave intergaláctica nueva, la cual vamos a coger solo los fines de semana, estará tapizada de agujero negro; y no se hable más.

La segunda frase es explicativa. Si Saturio o Soledad tienen varias naves nuevas y quieren hacer la frase especificativa (quitando la coma) tienen dos soluciones: o cambiar de relativo o poner una preposición:
La nave intergaláctica nueva la cual vamos a coger solo los fines de semana estará tapizada de agujero negro; y no se hable más.
La nave intergaláctica nueva con la cual vamos a viajar solo los fines de semana estará tapizada de agujero negro; y no se hable más.
La nave intergaláctica nueva que vamos a coger solo los fines de semana estará tapizada de agujero negro; y no se hable más.

Nunca es correcto usar el cual sin coma o sin preposición; esa es la norma para escribir. Ahora bien, lo importante es percibir la diferencia de significado según haya una coma antes del relativo o no:
El camarero que tira bien las cañas es un borde. ⊗ El camarero el cual tira bien las cañas es un borde.
El camarero, que tira bien las cañas, es un borde. = El camarero, el cual tira bien las cañas, es un borde.

La suerte es que, ante la duda, el relativo que bien combinado con una preposición, y con unas comas si las necesita, funciona siempre:
Ese jersey, que pica una barbaridad, se lo hizo su suegra, y claro…
La piscina en la que me bañé tenía mucho cloro y demasiadas pirañas.
Las pinzas con las que te depilas las cejas son una porquería.
Va y el concierto es justo la noche en la que me toca guardia.
El pequeño es el geranio al que siempre tengo que quitarle los pulgones.
Esa es la amiga con la que no querría ir de vacaciones.

Esto es lo que es (relativos -1-)

Un pronombre relativo es una palabra que representa a un nombre que ya ha aparecido en el texto (o se entiende que lo ha hecho) y que, además, introduce una oración subordinada.
Esa licuadora, que hace un año que no usas, es un armatoste.

O sea, que un pronombre relativo es una anáfora. Lo que ya se ha dicho (esa licuadora) es el antecedente y forma la oración principal (Esa licuadora es un armatoste). El representante de la licuadora, el pronombre relativo (que), inicia la oración subordinada y conviene que no esté muy lejos de su representado para que no se pierda en el proceloso mar del texto.
El órgano más peculiar del aparato digestivo de los equinoideos es la linterna de Aristóteles, aquel filósofo amigo de Platón, el cual, a su vez, seguía a Sócrates, que al final se enfadó con él, y que también fue maestro de Alejandro, el Magno, no el que va al gimnasio con tu cuñado, el del concesionario de coches de lujo, que tiene cinco dientes de crecimiento continuo.

Vete a saber quién tiene cinco dientes de crecimiento continuo, cuándo vendió Alejandro Magno el concesionario de coches de segunda mano, con quién se enfadó Sócrates y si Platón iba al gimnasio; y todo porque un pronombre relativo (el que en negrita) está a varios renglones de distancia de su antecedente (El órgano más peculiar del aparato digestivo de los equinoideos).

Pronombres relativos hay los que hay y ninguno más: que (que puede ir precedido del artículo: el, la, lo, los, las), quien (y su plural, quienes), cuyo (y cuya, cuyos, cuyas), el cual (este y sus variantes van siempre con artículo: la cual, lo cual, los cuales, las cuales). Por supuesto, los que tienen flexión de género y de número tienen que concordar con el antecedente; y eso da precisión.
La estantería gris marengo y la butaca amarilla, los cuales a ti no te gustaban, quedan muy bien en la salita.
La estantería gris marengo y la butaca amarilla, las cuales a ti no te gustaban, quedan muy bien en la salita.
La estantería gris marengo y la butaca amarilla, la cual a ti no te gustaba, quedan muy bien en la salita.

La primera oración no es correcta. Las otras dos sí lo son, pero no dicen lo mismo. En la primera al interlocutor no le gustan ni la butaca ni la estantería, mientras que en la segunda no sabemos qué le parece la estantería, solo nos dice que la butaca amarilla no es de su gusto.

Ya que estamos, antes de tener que fundar la Asociación contra la Extinción de Cuyo, mira qué útil resulta ese pronombre relativo:
Ese geranio que sus hojas están amarilleando parece que va a morir.
Ese geranio del que sus hojas están amarilleando parece que va a morir.
Ese geranio cuyas hojas están amarilleando parece que va a morir.

En una frase de relativo (que es la que tiene un pronombre relativo) no siempre es necesario que el antecedente aparezca explícito ya que el cerebro va trabajando por su cuenta.
—Quería pedirte disculpas por lo que te dije el otro día.
—Bueno, es que la que te lie fue buena.
Los dos hablantes saben a qué se refieren, así que los pronombres relativos de esas frases tienen antecedente implícito.

Pero los antecedentes implícitos imponen algunas condiciones.
El cual venga detrás que arree. Y cuya vela aguanta es un palo fuerte.
El que venga detrás que arree / Quien venga detrás que arree. Y el que su vela aguanta es un palo fuerte.
Conclusión: el cual y cuyo (y los derivados de ambos) deben llevar siempre el antecedente explícito; pero que y quien, no lo necesitan. 

ADVERBIOS Y ADJETIVOS RELATIVOS

Hay un adjetivo y unos cuantos adverbios que pueden desempeñar la función de pronombre relativo, es decir, representar a algo que ya ha salido para no andar repitiendo, que queda muy feo y aburrido. Son cuanto (cuanta, cuantos, cuantas), donde (adonde, a donde), cuando y como.
La playa donde encontraste la holoturia está llena de sombrillas.
El erizo localiza las algas y devora cuantas encuentra a su paso.
Cuando sale la ofiura de caza, la estrella ya se lo ha zampado todo.
Me fascina la manera como se desplazan los equinodermos. 

De estos hay uno que da lugar a un sinfín de anacolutos. Ahí lo dejo, por si no tenéis nada en lo que pensar hasta que llegue la próxima dosis de atutía, que también servirá para tratar un error muy común al que da lugar el cual (y derivados). Y la misma dosis actuará de tratamiento preventivo del efecto de combinar un relativo con una coma.

Una coma; o dos; o ninguna

El gran traductor Carlos Mayor me plantea un problema con una coma; y cuando él duda hay que pensárselo dos veces, porque puntúa con precisión y primor. Así que lo que a bote pronto podría haber sido un sí o un no resulta que es un repertorio de opciones que ilustra lo que puede hacer una coma, o su ausencia, en la lectura y la percepción de una frase.

Sí, tiene toda la pinta de ser un asunto de esos solo para maníacos que no dejan que cada uno escriba como quiera a pesar de que nos entenderíamos igual. Pues bien, para esos, partamos de una frase no muy compleja con dos opciones claras (y alguna otra menos obvia) de puntuarla:
1a) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero antes de que construyeran la carretera estaba lleno.
2a) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero, antes de que construyeran la carretera, estaba lleno.

La primera podría haber sido así:
1b) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero estaba lleno antes de que construyeran la carretera.

O sea, antes de que construyeran la carretera es un complemento (circunstancial de tiempo), que en 1b está al final de la oración y en 1a está adelantado. Cuando eso ocurre, y sobre todo si es largo, se suele acotar con una coma.

Por su parte, la segunda versión podría haber sido así:
2b) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero estaba lleno.

En 2a antes de que construyeran la carretera es un inciso; es decir que quien la ha escrito piensa que es accidental, incluso que se puede prescindir de él, y por eso lo confina entre comas. Pero sin ese segmento que parece un inciso la oración tiene poco sentido. Eso es una pista para interpretar el segmento como complemento adelantado y no ponerlo entre comas, sino solo con una coma que señale su final; o sin ninguna. Yo lo he hecho en unas cuantas frases de este párrafo.
3a) Pero, sin ese segmento que parece un inciso, la oración tiene poco sentido.
3b) Pero sin ese segmento que parece un inciso, la oración tiene poco sentido.
3c) Pero sin ese segmento que parece un inciso la oración tiene poco sentido.
3d) Pero la oración tiene poco sentido sin ese segmento que parece un inciso.

Cuando leo la forma 3a, las comas dicen que lo que hay entre ellas es menos importante, así que puede que mi cerebro salte desde la primera coma hasta la segunda para quedarse con el mensaje esencial: Solo que la oración tiene poco sentido. Y habré perdido información relevante.

Cuando leo la forma 3b, veo que hay algo que afecta al mensaje principal y me lo encuentro antes de él, bien marcado su final con una coma, la cual casi me invita a reflexionar sobre esa condición que acabo de leer.

Cuando leo la forma 3c, lo entiendo todo, si bien tengo que haber leído con atención el complemento adelantado para recordar que esas son las circunstancias en las que se cumple el mensaje esencial; incluso es posible que tenga que volver atrás a recuperarlo.

Cuando leo la forma 3d la compresión es fácil, puede que también la emoción, y nadie echará de menos ninguna coma.

Total, que la sintaxis y la puntuación dependerán de la importancia que se dé a las circunstancias que enmarcan la acción principal. Hay varias opciones:

  • Hacer que las circunstancias sean un inciso invita a obviarlas y le da más validez a la conclusión, si bien nadie podrá decir que no se ha marcado aquello que modula, o restringe, dicha conclusión.
  • Si a las circunstancias se les da categoría de complemento adelantado acotado con coma, cobrará gran importancia; hasta el extremo, sobre todo si dicho complemento es muy largo, de devorar el mensaje principal.
  • Para que las circunstancias queden en el mismo plano que el mensaje y no destaquen, nada mejor que adelantarlas y no marcarlas de ninguna manera.
  • Llevarlas al final de la oración refleja el carácter circunstancial del complemento.

La conclusión es que hay que elegir cómo se puntúa, ya que la puntuación construye la sintaxis; y la sintaxis modula el significado.

Claro que quizá eso deba ser el punto de partida, no el final. Y como el verano no se ha acabado, aquí va un minicuadernillo de vacaciones para practicar diversas formas de puntuar, y así construir incisos o complementos y percibir matices.

Se puede debatir sobre qué dieta detox está más rica pero teniendo en cuenta que no nos morimos todos los días habrá que concluir con total convencimiento que el cuerpo elimina toxinas que es un no parar.

Me pareció que se hacía tarde para comer pero antes de que pudiera preguntar la razón me pusieron una sartén en la mano.

Gritó triunfante pero avergonzada se bajo del banco que rodeaban los niños a los que les había mangado la pelota.

No le había dicho el nombre de su pueblo y como ya no existía y hacía  mil años que estaba lejos ya no le quedaba ni gota de acento que delatara su origen.

Me dijo que si no sabía cómo conseguir unos pimientos ella me los suministraría que sin pisto no íbamos a quedarnos por esa fruslería.

El texto puede ser de otra manera

Un día a alguien se le ocurre que va a ser ingenioso, no, lo siguiente, parece ser que como no podía ser de otra manera, y va y lo peta. Parece ser que a día de hoy todo el mundo opina que quien habla así está que se sale, así que en seguida hay quien arranca a pronunciar expresiones manidas como un bebé copia los gestos de sus progenitores.

En esta entrada no va a haber nada en rojo, porque todo es correcto; incluso gracioso, ¿o ya no? Empiezo a apreciar que alguien diga, o escriba, que algo es muy bueno o que alguien es más alegre que un cascabel o que una situación es requetemagnífica; incluso si oigo que un libro es supermegaguay, a estas alturas, me parece original. Quiero poner mi irritación negro sobre blanco, ¡original, la metáfora!, o sea, por escrito. Entre las opciones que hay al hablar y al escribir, una que cambia de cuajo la comunicación es ser lo más sencillo posible. Y sencillo no quiere decir poco elaborado; bien al contrario, llegar a un texto sencillo y eficiente requiere más elaboración que dejarlo complicado y confuso.

Escribía Pascal en una carta: «Disculpe que le mande una carta más larga de lo habitual, pero no he tenido tiempo de hacerla más corta». Encontrar la expresión más precisa, quitar un adverbio que se arrastra por vicio o dar con un adjetivo original requiere tiempo; no solo tiempo para elaborar el texto (del que no se dispone al hablar), sino ese tiempo que se mide en días, semanas, meses y años de estudio o de mera observación y contagio de riqueza lingüística; a menudo de un aprendizaje que no pasa por libros, sino por recordar lo que decía la abuela o por fijarse en lo que dice un hispanohablante americano (guardan algunas esencias léxicas que aquí se han perdido).

Para empezar (sin necesidad de arrancar) a ser preciso, expresivo y brillante (sin lo siguiente), y con ello deslumbrar, descollar, distinguirse, impresionar (sin petarlo ni salirse) incluso a un niño de pecho o un crío (aunque ya no sea bebé), hoy (sin día) o ahora o en la actualidad o por el momento, para eso, ayuda mucho fijarse en quien hable o escriba con cierta maestría (no sirve leer libros mal editados y peor corregidos o sin corregir). Ahora bien, lo que es imprescindible es hablar y escribir, buscar palabras que uno no ha usado nunca, preguntarse si la concordancia está bien, dudar si la coma cae en su sitio o sobra, tener que consultar si va o no una tilde, atreverse a no poner comillas para indicar ironía y quitar mucho de lo que se ha escrito a la primera, aunque sea en un correo electrónico para el administrador de fincas. Porque casi todo puede ser siempre de otra manera.

El principio, el camino y el final

Las locuciones son un inventazo. Se reúnen varias palabras y así, juntas, tienen un significado que poco o nada tiene que ver con el de cada una de ellas por separado; entonces desempeñan el papel de una preposición, de un adverbio, de un adjetivo (de tomo y lomo, como una cabra, sano y salvo) o de un sustantivo (el qué dirán, carne de cañón, piel de gallina). Sustantivas y adjetivas no hay muchas, pero preposicionales y adverbiales son unas cuantas; con cualquier cosita (y quien dice cosita dice palabra) se hace una de lo más expresiva; es más: con algunas palabras se hacen varias por el procedimiento de cambiarle la guarnición. Los malentendidos (ni malos entendidos ni malosentendidos) empiezan cuando se intercambia la guarnición; y eso es lo que ocurre a menudo.

PARA EMPEZAR, LOS PRINCIPIOS

Es improbable que confundir las diversas locuciones adverbiales que se forman con principio/principios sea la causa de una guerra mundial, pero como no es difícil distinguirlas y usarlas bien (más que nada por entendernos), aquí va una guía.
♦ al principio / a los principios = Al empezar lo que sea.
♦ a principio / a principios = En los primeros días de un periodo.
♦ en principio = Lo que se dice a continuación se admite con reservas, como para seguir avanzando, pero con poca convicción o de manera provisional.
♦ desde un principio = Desde que empezó no ha habido cambios.

Desde un principio la salamanquesa dejó claro que solo iba a por los mosquitos. Al principio solo se comía los pequeños, esos corrientes, si bien no descarto que termine zampándose los mosquitos tigre que aparecieron a principios de verano. En principio no va a meterse con las hormigas, pero ellas no paran de correr.

¿Y si las intercambiamos? Pues hay que contar otra historia.
Al principio la salamanquesa dejó claro que su objetivo eran los mosquitos, pero luego cambió de opinión. En principio solo iba a cazar  los pequeños, esos corrientes, y las hormigas se confiaron aunque ella desde un principio tuvo otras intenciones y a principios de verano ya se había zampado todas las hormigas.

DANDO VUELTAS POR LOS CAMINOS

Con camino se forma varias locuciones: ponerse en camino (locución verbal) y camino de (locución preposicional) son casi equivalentes e indican que alguien emprende un desplazamiento, la primera, o que está yendo a algún sitio, la segunda. En cambio, de camino (locución adverbial) dice que algo se hace de paso, aprovechando la ocasión. Y llevar camino de algo (locución verbal) significa que todo apunta a que se logrará.
Obdulia está de camino al bar; o sea que lleva camino de la botella de tequila. Sí, claro, en camino recogerá a su compañero de copas.
Obdulia está en camino al bar; o sea que está camino de la botella de tequila. Sí, claro, de camino recogerá a su compañero de copas.

PARA ACABAR, LOS FINES Y LOS FINALES

Como los principios, los fines y los finales cambian la historia.
♦ a fin / a fines = a final = a finales de = En los últimos días de un periodo; es la otra punta de a principio / a principios.
♦ 
al fin = Parecía que no iba a llegar el momento, pero ya no hay obstáculos.
♦ a fin de (que) = con el fin de (que) = Con el objetivo, para (esta no es adverbial, es de otro tipo, pero lo que importa para usarla bien es saber lo que significa).
♦ a fin de cuentas = en fin = En resumen; en pocas palabras.
♦ por fin = ¡Ya era hora!; ¡menos mal que…!
♦ finalmente = En último lugar.

A fin de mes la albahaca había sobrevivido al calor y, al fin, iba a tener suficientes hojas para aderezar una buena ensalada de tomate. Iba a usarlas a fin de que el aroma recordara los cerros mediterráneos. Comemos por los ojos, sí, pero, en fin, el sabor es olor y por fin la atención a la macetita iba a tener su recompensa. Le pondría un poco de sal y aceite y, finalmente, las hojas, enteras y ya muertas, de la albahaca.

¿Y si las intercambiamos? Pues sí, hay que contar otra historia.
A fin de que la albahaca sobreviviera a finales de junio, con aquel calor, la puso bajo el voladizo de la ventana. Al fin había encontrado un sistema para que no se quemaran las hojas. Se supone que las labiadas no son muy exigentes; en fin, con un poco de agua y de sombra iba que chutaba. Finalmente, consiguió que aprendiera a llegar al grifo y por fin podría olvidarse de regar la macetita. 

Había una vez un verbo haber

No tengo nada en contra de que cambien las normas ortográficas, el significado de las palabras y las reglas gramaticales. Es más, me parece una suerte que las lenguas se transformen radicalmente; incluso que unas mueran y otras nazcan; no me quiero imaginar cómo serían las cosas si el Imperio romano hubiera tenido un Ministerius Politicae Lingüisticae.

Así que no opondré ninguna resistencia ni me quejaré si quien tenga autoridad para ello decide que el verbo haber deja de ser impersonal y se concuerda en número con lo que, llegado ese caso, sería su sujeto. Entonces, leeremos algo así:
mesangranlosojos2Han ocho planetas en el sistema solar. Habían nueve, pero el pobre Plutón se quedó en enano. Claro que, tal como van la materia cósmica y los asuntos interestelares, no sería de extrañar que puedan haber doce. Habrán astrólogos que lo esperen como agua de mayo y ya han habido algunos que lo han propuesto para darle un poco más de rollo a lo del horóscopo, en plan tu mes, tu planeta. Que los hayan es signo de su majadería.
La palabra astrólogos es correcta y está bien escrita; la he puesto en rojo porque lo del horóscopo… tela, ¿no?

¡Ah!, ¿que no cambiamos (de momento) la sintaxis de las oraciones impersonales? Pues entonces vamos a ver si recordamos que haber se conjuga siempre en singular. (Otras oraciones impersonales tendrán su propia dosis de atutía). Lo repetiré en voz alta: Con el significado de existir, el verbo HABER se conjuga SIEMPRE en SINGULAR. Nadie lo usa mal en presente; nadie dice han ocho planetas; en cambio, es muy frecuente caer en el plural en los otros tiempos y modos verbales.

Lo mejor del caso es que es más simple la norma que el error porque solo son siete formas: hay, hubo, había, habrá, habría, haya, hubiera/hubiese (sí, claro, más los compuestos); y quien se empeñe en conjugarlo en plural tiene que manejar catorce.
Hay ocho planetas en el sistema solar. Había nueve, pero el pobre Plutón se quedó en enano. Claro que, tal como van la materia cósmica y los asuntos interestelares, no sería de extrañar que pueda haber doce. Habrá astrólogos que lo esperen como agua de mayo y ya ha habido algunos que lo han propuesto para darle un poco más de rollo a lo del horóscopo, en plan tu mes, tu planeta. Que los haya es signo de su majadería.

Ya sabéis, si me queréis, conjugad bien el verbo haber y lanzadles un conjuro a quienes no lo hagan, que los hay (¿a que no funciona que los han?) como garrapatas en la chepa de un camello.

Ya que estamos con el verbo haber, una de esas frases hechas que el uso transforma:
Quien construya mal las frases impersonales tendrá que vérselas conmigo.

¿Qué es lo que verá? ¿Las mitocondrias? ¿Las uñas de los pies? Pues nada, porque la expresión es habérselas con alguien. Que sííí, que es habérselas, no vérselas. No se lo cree nadie cuando lo digo, como si fuera más lógico y lleno de sentido vérselas que habérselas. Como habrán habrá incrédulos, aquí lo dice el DLE[1].
Quien construya mal las frases impersonales tendrá que habérselas conmigo.

¿Que a qué alude ese –las? Quizá a las armas, o a las uñas, pero casi seguro que no a las mitocondrias, porque si bien cuando esa expresión estaba a la orden del día ya habían había células, no parece probable que se invocaran para amedrentar a un adversario.


[1] No obstante, como la forma vérselas con es tan frecuente, la recogen el Diccionario de uso del Español (María Moliner) y el Diccionario del español actual (Manuel Seco, Gabino Ramos y Olimpia Andrés), como me ha advertido la gran correctora Nuria Ochoa.