Y punto

Hay pocas cosas que se pueden mal hacer con un punto, pero se ven mucho.

♠ Ponérselo a un título. Los títulos no acaban en punto, precisamente porque son un título: ni siguen a nada ni le ponen final de nada; y, por lo general, no forman una oración completa. Ocurre a veces que un título es largo y contiene varias expresiones (sintagmas) que precisan ir separadas; pues bien, incluso en el caso de complicarse la vida y poner un punto en medio del título, este no acaba con otro punto.
El arte de poner títulos largos. Cómo complicarse la vida sin necesidad.
El arte de poner títulos largos. Cómo complicarse la vida sin necesidad

♠ No va punto en una firma, ni tras el nombre aislado de un autor ni como remate de una dedicatoria. Una firma, al final de un mensaje —en papel o electrónico— o cualquier tipo de documento, no debe rematarse con un punto. Y lo mismo se aplica al nombre del autor si está él solito en una línea.
Hola, abuela:
Te escribo este mensaje con la sola intención de firmarlo y así poder poner un punto que no hacía falta.
Cordialmente,
Atutía.
Atutía
P.S. Como el mensaje me parece un poco escueto, voy a poner una cita del libro
Publicar con calidad editorial, que yo que tú no dejaría de leer:
«Vas a hacer una publicación porque tienes algo que decir. Pues bien, hay que procurar decirlo de tal manera que sea comprensible y que esté bien dicho».
Mariana Eguaras Etchetto.
Mariana Eguaras Etchetto

♠  Tampoco se pone para finalizar una dedicatoria, tanto si se dirige a una persona con nombres y apellidos como si va para un pariente o, incluso, para seres extraños.
Al caballito de mar que inspira todas las atutías.
Al caballito de mar que inspira todas las atutías

Claro que si a la hora de la dedicatoria te acuerdas de todos los integrantes del coro del colegio, habrá que separar a sus integrantes con signos de puntuación; en ese caso hay un no sé qué en el texto que pide un punto final.
Al caballito de mar que inspira todas las atutías,
al escritor que se lía con las preposiciones y las comas,
a la vecina que pone Julio Iglesias a todo trapo y abre el balcón,
a los clientes que me ponen unos plazos de entrega que ya les vale.

♠  No se pone punto tras un signo de exclamación o de interrogación. Es una convención y de las más arbitrarias, sí, ya que no hay ninguna razón para no poner ese punto, salvo el aspecto estético. Lo cierto es que quedan muy feos dos puntos juntos; parece que el boli se haya quedado pegado al papel o que te hayas dormido con el dedo sobre la tecla del punto.
¿De verdad eres de los que ponen un punto tras el signo de interrogación?. ¡Pero si hasta el corrector automático del Word te marca que hay algo ahí que no va bien!.
¿De verdad eres de los que ponen un punto tras el signo de interrogación? ¡Pero si hasta el corrector automático del Word te marca que hay algo ahí que no va bien!

♠  Ponerlo tras el signo de puntos suspensivos no está bien y, además, si ya van tres, ¡¿pa qué?! Y lo mismo tras el punto que indica que se ha abreviado una palabra.
Norberto, al cruzar la calle mira a izda. y dcha.. Fue ver esa nota y saber que la madre de Norberto siempre se interpondría entre nosotros; a menos que….
Norberto, al cruzar la calle mira a izda. y dcha. Fue ver esa nota y saber que la madre de Norberto siempre se interpondría entre nosotros; a menos que…

♠  Las siglas parece que van a llevar puntos, pero no (si los llevaran serían abreviaturas en vez de siglas). Tampoco hay punto que valga en las unidades de medida (que serán una dosis enterita de atutía).
C. O. C. I. D. A. S. son las siglas de Correctoras Obsesionadas con Corregir Imprecisiones, Deixis, Anacolutos y Solecismos.
COCIDAS son las siglas de Correctoras Obsesionadas con Corregir Imprecisiones, Deixis, Anacolutos y Solecismos.

♠  ¡Ah! y los años hace muchos ídem que se escriben sin punto. Tampoco va en la numeración de las páginas, los portales de las calles y los artículos de las leyes. Antiguamente los formados por cuatro cifras se escribían con punto de millar, pero ahora se considera una falta de ortografía.
En el 1.725 los libros no llegaban a la página 1.500 ni las avenidas al número 1.000.
En el 1725 los libros no llegaban a la página 1500 ni las avenidas al número 1000.

Para acabar, una adivinanza: ¿cuáles son las dos circunstancias en las que es correcto que haya cuatro puntos seguidos?
¿Se te habrá ocurrido que…? ¡Venga!… Todo tiene su explic., su descrip., su justif.…
Efectivamente, una manera es que se junten un signo de interrogación o de exclamación de cierre con los puntos suspensivos. La segunda circunstancia consiste en que estos vayan detrás de una abreviatura; ahora bien, esa abreviatura no puede ser etc., que como ya indica que siguen más elementos de la enumeración sería redundante con los puntos suspensivos.

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Un puente entre el cliente y el corrector

Esta dosis de atutía no remedia dolores léxicos ni achaques sintácticos ni trastornos de la puntuación. Mejor dicho, aunque no trata las dolencias directamente, da pistas para remediarlas; eso sí, a través del cerebro adiestrado y los ojos aguzados de un corrector profesional.

La comunicación entre el corrector y quien quiere que se revise su texto puede ser complicada por no compartir el vocabulario o tener ideas distintas del trabajo de los profesionales de la corrección. Por eso se pensó que una guía que orientara al cliente sería útil tanto para este como para el corrector. Y así ha salido el Decálogo para encargar la corrección de un texto. Se puede descargar aquí y usarlo; o, simplemente, leerlo para entender un poco mejor qué hacemos los correctores y cómo lo hacemos.

Los comentarios, las objeciones y los aportes de Mercedes Tabuyo Fornell y de Lorena Martínez Cienfuegos mejoraron mucho este documento mientras se iba gestando. Una vez acabado, la imprescindible corrección, con lectura crítica, de Nuria Ochoa Gómez acabó de desbastarlo. Luego Mariana Eguaras Etchetto le dio forma y color. Por último, UniCo puso su confianza en mí y un gran empeño en difundir el documento, con un esfuerzo especialmente decidido de Álvaro Martín Valcárcel. A todos ellos les agradezco la generosidad con que me regalaron su sabiduría y su paciencia.

La parte, el todo y su alrededor

Como casi nada es absoluto, a menudo se habla y se escribe sobre la mayoría de los tardígrados, sobre buena parte de los filisteos, sobre una selección de mis cazuelas de barro o sobre un montón de los tapones de corcho usados por la industria vitivinícola.

Lo que tienen en común esas expresiones (para los enteradillos, construcciones partitivas) es que se refieren a una parte (un merónimo) de un todo (el holónimo del merónimo) y que tienen esta estructura:
>>>>>  cuantificador + preposición + determinante + nombre del conjunto  <<<<<

O sea que para construirlas bien basta con el nivel de sintaxis de un estudiante de español A1 natural de Papúa Nueva Guinea. Sin embargo, hay una trampa en la que es habitual caer y un charco en el que más de un escribano se queda con los pies mojados y preguntándose cómo ha podido meterse ahí.

El charco es este:
♦ La mayoría de los tontos no se dan cuenta nunca de que lo son.
♦ La mayoría de los tontos no se da cuenta nunca de que lo es.

Sí, las dos son correctas. Es decir, hay dos formas de concordar el verbo y lo que lo sigue con el sujeto: bien por el sentido con los tontos (dan, son), bien por la gramática con la mayoría (da, es). Lo que no queda tan elegante es no acabar de decidirse:
La mayoría de los tontos no se da cuenta nunca de que lo son.

La idea subyacente es que por mucho que la mayoría sea gramaticalmente singular, la mayoría de los tontos señala a más de una persona y el sentido de la oración pide que el verbo esté en plural. No obstante, se recomienda que si en la oración no está el nombre del conjunto (lo que va en plural) se concuerde en singular; así:
El grueso de los romanos salían a la batalla sin depilar. La mayoría tenía las piernas como columnas jónicas.
Aunque no es incorrecto dejarse arrastrar al plural por la imagen de miles de romanos:
La mayoría tenían las piernas como columnas jónicas.
Además hay un truco para que el plural del verbo no tenga un pero:
La mayoría de ellos tenían las piernas como columnas jónicas.

Y ahora la trampa. En esas estructuras se habla de una parte de un conjunto determinado: los romanos, los tontos, lo decápodos, los socios del bufete…
La mitad de vecinos no asistieron a la reunión de la comunidad, ¡vaya sorpresa!
La mitad de los vecinos no asistieron a la reunión de la comunidad, ¡vaya sorpresa!

Es muy fácil olvidarse de poner el determinante, pero tiene que ir por la naturaleza de la estructura. Claro que no tiene que ser necesariamente el artículo; cabe un adjetivo posesivo o uno demostrativo.
♦ Solo el 63 % de las canciones del verano son veraniegas. El 37 % de ellas son de entretiempo. 
♦ La mayoría de tus apariciones son una filfa —le dijo a aquel compañero fanfarrón e ignorante; aunque puede que lo pensara pero no llegara a pronunciarlo.
♦ La mitad de estas olas las provoca el tontolaba de la motito acuática —le dijo la espatarrada ofiura a la pizpireta medusa—. Ve y dale un viaje, anda.

Para que conste y no nos liemos: hay estructuras que se parecen mucho a las partitivas, pero no son iguales (por eso se llaman pseudopartitivas). La diferencia es, mira por dónde, que el conjunto del que se señala una parte no es determinado, así que no lleva determinante:
Tras los últimos recortes en sanidad, mogollón de ciudadanos se han encomendado a san Geroncio y entonan una ristra de jaculatorias, que son igual de efectivas que la homeopatía y el reiki juntos.

Pero si el conjunto es determinado, tiene que llevar determinante; una perogrullada, sí, pero voy a insistir:
◊ La mayoría de santos eremitas no lee revistas de moda.
♦ La mayoría de los santos eremitas no lee revistas de moda.
◊ El 17,23 % de toallas de playa tienen estampada una original sombrilla.
♦ El 17,23 % de las toallas de playa tienen estampada una original sombrilla.

Ya que estamos, es difícil ser más determinado que un porcentaje, así que le corresponde llevar un artículo fetén y no ese impostor un, que determina pero poco. ¿Verdad que no se habla de dos quinces por ciento ni de dos mayorías?; pues tampoco queda muy preciso escribir un quince por ciento o una mayoría.
Un 47,3 % de traductores no les ponen artículo determinado a los porcentajes. Una minoría de correctores no lo corrigen en una mayoría de ocasiones.
El 47,3 % de los traductores no les ponen/pone artículo determinado a los porcentajes. La minoría de los correctores no lo corrigen/corrige en la mayoría de las ocasiones.

Que quede claro que la mayoría de los ejemplos de este blog son fantasiosas ficciones.

 

Adverbios que parecen molones

De vez en cuando se pone de moda una locución y, de repente, parece que hemos nacido con ella incrustada en la punta de la lengua. Mejor dicho (ya que esto va de usar los adverbios con precisión), no ocurre de vez en cuando, sino continuamente; por ejemplo con las locuciones adverbiales más allá, a bote pronto y alrededor de.

MÁS ALLÁ

La locución adverbial más allá está formada por dos adverbios: más y allá. Perogrullo nos asista, sí, pero tanta perogrullada no será cuando con esa suma hay mucha gente que intenta decir algo que no está ni en los sumandos ni en el resultado. ¿O ya está porque lo manda el uso? Habrá que ver si la moda pasa o asienta el nuevo significado.
Veo poco probable que esta dosis de atutía sirva para algo, más allá de entretener a los lectores del blog.
Veo poco probable que esta dosis de atutía sirva para algo, además de entretener a los lectores del blog.

Si alguien se siente tentado de usar ese más allá que parece molón con el sentido del ejemplo anterior, puede tirar de al margen de, sin tener en cuenta y dejando de lado.
 Más allá de Sin tener en cuenta los 20 euros que me costó el botijo, lo que voy a gastarme este año en sandías me desequilibrará el presupuesto de todo el año.
♦ Más allá de Dejando de lado alguna que otra lipotimia, tener una galbana de campeonato es lo que toca en verano, ¿no? Es que parece que nadie se lo esperaba.
♦ Más allá de Al margen del interés por la paella y la sangría de los chiringuitos, no sé qué gracia le ven los guiris a andar por la solana a mediodía.

También hay quien cree que más allá significa ʽsinʼ.
El discurso del presidente está más allá de toda posibilidad de análisis sintáctico.
♦ El discurso del presidente no ofrece ninguna posibilidad de análisis sintáctico.
♦ No es posible hacer el análisis sintáctico del discurso del presidente.
♦ El presidente nos largó un discurso sin posibilidad de análisis sintáctico.

No obstante, más allá alberga más de un significado. Puede significar ʽmás lejosʼ, en el espacio o en el tiempo.
No veo nada más allá de la primera línea de cerros. Y no hago planes para más allá de la semana que viene.
Y cuando se convierte en sustantivo significa ʽtan requetelejos que nadie ha vuelto a contar lo que hayʼ.
No me veo en el más allá. Que igual el sitio es chulo, pero eso de tener que morirse para llegar…

 

A BOTE PRONTO

Dice el DLE que esta locución significa ʽsobre la marchaʼ, ʽimprovisadamenteʼ; es decir, no tiene el sentido de ʽconozco otras opciones y esta es la primera que se me viene a la cabezaʼ, sino que tira más hacia ʽa tontas y a locasʼ y a ʽsin pensarʼ.
A bote pronto se me ocurre de entrada como sinónimo de a bote pronto.
Incluso a bote pronto me doy cuenta de que a bote pronto no significa ʽde entradaʼ. Si lo pienso un poco más, doy con de súbito al momento; y con de momento o por el momento si voy a añadir más.

¡Ah! y a voz de pronto no vale para nada. Si acaso, con un artículo en medio y tiene que haber alguien que dé voces.
A la voz de pronto nos pusimos a pelar tomates para el gazpacho. Amodorrados como estábamos, necesitábamos que gritaran ese ¡pronto! 

Sobre el origen de a bote pronto, del que se deriva el significado, se explica muy bien la Wikilengua.

 

ALREDEDOR DE

Indica que algo no es exacto; es decir, significa ʽaproximadamenteʼ. También (como locución preposicional) significa ʽsiguiendo el contornoʼ, así que decir que hay diversas especies de cucarachas alrededor de todo el mundo significa que hay varias especies del entrañable insecto, sí, y que están bien puestas rodeando el globo terráqueo, en fila, supongo, para no caerse.
Dicen que hay cucarachas alrededor de todo el mundo.
Dicen que hay cucarachas en todo el mundo / repartidas por todo el mundo.

Aprovecho para insistir una vez más en que en el pasado y en el futuro no son buenas locuciones adverbiales de tiempo.

Y a quien tenga la genial originalidad de usar con el significado de ʽmucho, pero que muchísimo más de lo que puedes imaginarteʼ la locución formada por adjetivo + no, lo siguiente quizá le abra nuevos horizontes, más allá de la repetición ad nauseam, seguir la cuenta de Twitter @eslosiguiente: se aprenden adjetivos y adverbios como si no hubiera un mañana (otra que tal baila).

Esto no es lo que era -1-

Vaya por delante que «toda la vida ha sido así» es un argumento lingüístico detestable, absurdo e inútil.

Un DESPUÉS que debe ser un PORQUE o un A RAÍZ DE 

Pero es que toda la vida después había sido un adverbio de tiempo.
Después de denostar el argumento de toda la vida, va la pánfila esta y lo usa; pero justo después, sin esperar nada.

En la forma después de se podía convertir en una locución preposicional, con el significado de ‘a pesar de’.
Después de la paliza que nos da, la correctora esta no es ni coherente.

Nos entendíamos y nos manejábamos bien con el después. Y va y adquiere un nuevo significado; mejor dicho, va y calca un significado que ni tenía ni falta que le hacía.
La tía Angustias empezó a comer todo el gluten que podía después de enterarse de cómo habían ido las cosas en el Neolítico.

¿Da esa frase una pista temporal de cuándo cambió de parecer la tía Angustias? Pues no. Lo que expresa es el motivo de su comportamiento por lo que es mucho mejor redactarla así:
La tía Angustias empezó a comer todo el gluten que podía porque se enteró de cómo habían ido las cosas en el Neolítico.

La razón de que se nos vaya escapando esta manera de precisar si queremos expresar una secuencia temporal o si se trata de una explicación es que sabemos mucho inglés, de manera que, en cuanto vemos un after (un adverbio inglés, no un garito que abre cuando todos cierran), ¡zas!, plantamos un después. No lo hace todo el mundo, claro, pero los redactores mediocres que responden al primer vicio lingüístico con pinta de moderno y los malos traductores se han abonado a ese después-sin-pensarlo. Entonces pueden quedar engendros como este:
Empezó a hacer magdalenas normales después del morro torcido de su abuela.
♦ Empezó a hacer magdalenas normales a causa del morro torcido de su abuela.
♦ Empezó a hacer magdalenas normales porque vio que su abuela torcía el morro.

O puede que sea más preciso pensar en un punto de partida:
Decidió tejer las bufandas a punto bobo después de la experiencia de su prima, que comprobó que cunde una barbaridad.
Decidió tejer las bufandas a punto bobo a raíz de la experiencia de su prima, que comprobó que cunde una barbaridad.

Con esas fórmulas no se agotan las locuciones adecuadas para expresar causa, punto de partida o detonante de una acción. Puede que no valga la pena pensar en ellas si, después de todo, se entiende lo que se quiere decir. Aunque, a fin de cuentas, cuesta poco usar un lenguaje preciso y rico.

 

Un PREVIO A que debe ser un ANTES DE y jamás un EN EL PASADO

De toda la vida (¡uy!, otra vez), previo ha sido un adjetivo que calificaba a un sustantivo para situar algo antes de otro hecho expresamente citado a, al menos, consabido. Pero no ejercía de adverbio de tiempo; para eso se usaba un sencillo antes.
El aperitivo que sirvieron previo al banquete fue un pelín triste. ¡Ya!, que la doctrina vegana no permite el jamón… Como si las patatas de bolsa no hubieran sido seres vivos previos.
Parece ser que el aperitivo que sirvieron antes del banquete fue cutre. Y las patatas también eran seres vivos previamente a que las metieran en la bolsa.

Otra cosa es ese previamente que aparece hacia el final y que es, ese sí, un adverbio de tiempo, si bien hay que usarlo con cuidado para que no ocupe el lugar que le corresponde al modesto pero eficaz antes.

Para que algo sea previo o suceda previamente, hay que tener clara la referencia temporal. Si no existe tal referencia y solo se proyecta la acción hacia el pasado, lo mejor es tirar de clásicos: antes, en tiempos remotos, antiguamente
Previamente la gente bebía del botijo y el agua fresca le sabía a gloria bendita.
Antes la gente bebía del botijo y el agua fresca le sabía a gloria bendita.
Previamente a la invención de la nevera, la gente bebía del botijo y estaba encantada.

¡Ah!, ya que estamos: ese en el pasado que calca in the past ni es un clásico ni es un adverbio de tiempo.
En el pasado había un botijo en cada casa.
Antiguamente había un botijo en cada casa.

Lo que es muchas veces es una cursilada innecesaria, porque el tiempo verbal ya proyecta la acción allá donde debe entenderla el interlocutor o el lector.
En el pasado la tía Angustias creía que el gluten es malo porque modifica los genes.
La tía Angustias creía que el gluten es malo porque modifica los genes.

Y no hay nada que proyecte más la acción al pasado que un pretérito perfecto.
En el pasado Angustias Sapiens había sobrevivido sin gluten, pero cuando domesticaron los cereales vio que iba bastante bien eso de comer trigo.
Angustias Sapiens sobrevivió sin gluten, pero cuando domesticaron los cereales vio que iba bastante bien eso de comer trigo. Ocurrió hace varios milenios, sí, durante los cuales las penas con pan siempre fueron menos.

Y no digamos un pretérito pluscuamperfecto.
Angustias Sapiens había sobrevivido sin gluten, pero cuando domesticaron los cereales vio que iba bastante bien eso de comer trigo. Para cuando descubrieron el gluten habían transcurrido varios milenios a lo largo de los cuales los descendientes de Angustias habían digerido toneladas de la hoy denostada proteína.

Así que el adverbio después, el adjetivo previo y el sustantivo pasado tienen su significado y su función, y no hace falta adjudicarles las tareas que les corresponden a otras palabras o expresiones.

Falsos amigos I: evidencias

Hay dos humanos que cuando se refieren a pruebas dicen pruebas y cuando se trata de evidencias dicen evidencias. Uno soy yo y el otro, el gran Gonzalo Claros. La verdad es que me consta que somos más de dos y que empezamos a sentirnos como Charlton Heston en el planeta de los simios.

Es cierto que la definición del DLE permite extender a la palabra evidencia el significado de ʻpruebaʼ. El problema es que hacerlo les resta precisión a ambos términos. El gran Fernando A. Navarro en su extraordinario Libro Rojo (que se puede consultar mediante suscripción en Cosnautas) le dedica a la traducción de evidence una completísima entrada: una de las muchas pruebas que hacen evidente que el Libro Rojo no solo es útil para tratar con textos médicos, sino para cualquier trabajo con textos o relacionado con la comunicación.
Buscan evidencias de vida en otros planetas; o sea, esperan encontrar moléculas similares a aquellas que formaron la sopa primigenia propugnada por Oparin.
Buscan evidencias de vida en otros planetas; o sea, esperan que aparezca un primo de Gurb y muestre un carné de extraterrestridad emitido en la comisaría de Saturno. 

Lo peor de dejarse engañar por los falsos amigos es que empobrecen la lengua y la expresión, y empujan el cerebro a que deje de percibir la diferencia entre palabras que significan cosas distintas y reflejan realidades diferentes. Pues sí, muchas veces esa evidencia es más falsa que un duro de madera.
En el apartamento que alquiló el primo de Gurb en Torrevieja han encontrado ceniza. Eso es una evidencia de que fuma.
En el apartamento que alquiló el primo de Gurb en Torrevieja han encontrado ceniza. Eso puede ser una prueba de que fuma.

O sea, una evidencia hace que algo sea evidente (perdón por la perogrullada); por el contrario, una prueba sostiene una hipótesis mientras no se demuestre lo contrario.
La bandera a media asta en el Ministerio de Defensa para conmemorar la Semana Santa es una evidencia (y de las gordas) de que la ministra no es partidaria de la separación entre Iglesia y Estado. Por otra parte, no hay pruebas de que la Virgen del Pilar haya hecho algo para merecer una condecoración; para eso tendría que existir, y de eso tampoco hay pruebas; decían que lo de las bombas era una evidencia y resultó ser falso.

Vamos a jugar. Por veinticinco tildes cada respuesta acertada, evidencias de todo tipo. Un, dos, tres…
♦ Es una evidencia que se le da más importancia a la ortografía que a la sintaxis.
♦ Hay evidencias de que los políticos no manejan un vocabulario rico y variado.
♦ La evidencia dice que mucha gente cree que debe poner una coma allí donde el texto le pide que respire.
¤ Evidencia es una buena traducción de la palabra inglesa evidence.

Y ahora, por veinticinco tildes cada respuesta acertada, frases en las que sea más preciso usar la palabra prueba. Un, dos, tres…
♦ La buena sintaxis denota un pensamiento elaborado y gusto por la lengua elegante, pero no es una evidencia de que el autor atesore ambas virtudes: puede que sea prueba de haber contado con los servicios de un buen corrector.
Prueba es la traducción correcta de la palabra inglesa evidence; también puede ser indicio o signo, entre otras.
♦ La ciencia se basa en pruebas, es decir, en argumentos y razones sometidos a escrutinio constante.

¤ Las evidencias hacen que algo sea más cierto y real que las pruebas.

La ciencia se basa en pruebas; si se basara en evidencias, no sería ciencia sino fenomenología o creencia; o sea, homeopatía, reiki, aromaterapía… Por eso la estupenda y necesaria campaña de FarmaCiencia adolece respecto a la lengua de aquello que tan bien combate en otros ámbitos: imprecisión y escaso rigor en una disciplina. Lo que defienden es, precisamente, que los tratamientos médicos se basen en pruebas derivadas de ensayos con validez estadística y no en las supuestas evidencias que invocan los charlatanes («es evidente que la homeopatía cura», dicen las multinacionales homeopáticas). Los científicos serios hacen caso de las pruebas y, a menudo, las buscan, las discuten y las revisan; y no dejan nunca de desconfiar, porque casi nada es evidente del todo: hay mucha falsa terapia avalada por meras evidencias. También mucho falso amigo suelto; también en los textos.

; El tres en uno de la puntuación ;

¿Que para qué sirve el punto y coma? La pregunta es para qué no sirve; en un texto, claro, si es para desembozar una tubería no se puede esperar que ese signo híbrido saque de un apuro.

Es más fácil encontrarle utilidad si se ve que une fragmentos de texto que si se piensa que los separa. Cuando lo miras con esos ojos, el punto y coma se convierte en tu amigo, uno de esos que siempre está en los momentos difíciles, cuando las comas revolotean pero no ayudan en nada y los puntos hacen que parezca que no sabes escribir seguido; cuando unos puntos suspensivos intentan interponerse entre el texto y la sencillez; cuando los dos puntos anuncian pero no concluyen; y cuando ya no sabes cómo hacer que las ideas no queden ni deslavazadas ni enzarzadas. Y todo lo anterior es un ejemplo de lo útil y estiloso que resulta un punto y coma.

Hay quien, habiendo redactado páginas y páginas de textos de diversa índole, no ha escrito un punto y coma en su vida; y no por no haber tenido ocasión, sino porque todo lo mestizo desconcierta. A pesar de ello, los punto y coma son tan sufridos y tan entregados que, sin tener en cuenta el menoscabo al que se los somete, siempre están dispuestos a cumplir su cometido; no obstante, no hay que forzar su aparición ni sentirse obligados a mostrarles reconocimiento.

Y aquí se podría acabar el cuento; pero, por si no ha quedado claro, a continuación va la descripción de algunas oportunidades para poner un punto y coma.

—Une dos oraciones que tienen bastante que ver, aunque son independientes.
La revisión del gas me tocaba esta tarde; de cinco a siete decía el aviso que iban a pasar. Le he pedido al tipo que empezara por mi piso porque tenía que irme y no me ha hecho ni caso; y encima que me ha dejado la última, ha aparecido con una sonrisita de sobrado que para qué.

—Indica que tras él va una explicación de la oración que lo precede; esa explicación puede concretar o ampliar la información. Claro que eso mismo pueden hacerlo los dos puntos; cuestión de gustos.
El punto y coma es como un primo lejano; coincides con él de vez en cuando, pero no se te ocurre llamarlo para ir a comer.

—Uno de los servicios más apreciados de los prestados por el punto y coma es hacer de coma cuando las cosas se complican. ¿Que aparece una serie larga y compleja de detalles?; pues ahí llega el punto y coma al rescate.
Aprovecho para dar las gracias al loro que oía a través de la ventana por la mañanas y me hacía mucha compañía, aunque había días que el pájaro no decía ni mu; al camarero del bar de la facultad, el que le ponía espuma al café, no el sieso que ni plato te daba para aguantar la taza; al inventor, al técnico y al calibrador del espectrofotómetro, sin el cual no habría habido datos que analizar y todo hubiera sido para nada; al encargado de la fotocopiadora, al responsable de publicaciones y al informático del departamento, que siempre me han salvado de las catástrofes que amenazaban que esta tesis llegara a buen puerto; y finalmente, a mi mamá, a mi papá, a mi hermano pequeño y a nuestro querido chucho.

Siguen siendo unos agradecimientos largos, pero, al menos, los punto y coma ponen orden en ese marasmo de conjunciones y comas; y dan la oportunidad de respirar.

—Es conveniente que una consecuencia vaya unida a su causa. Representar esa unión mediante un punto y coma es un recurso estilístico muy marcado; desaparecen los ya que, puesto que, así que, eso es porque (son locuciones conjuntivas) y a buen entendedor le sobran hasta las pocas palabras y le basta el punto y coma (esa manera de unir dos frases se llama yuxtaposición).
Por fin sale el sol; voy a tender la ropa. Venga a sacar el santo en procesión; dos semanas sin parar de llover. Tanto quejarse de la sequía; con el manto encogido tendrá que salir en Semana Santa.

—Y viceversa; cuando se anticipa la consecuencia, mejor que la causa parezca cercana; eso lo hace con mucha eficacia el punto y coma.
Lo que no puede hacer nunca un punto y coma es cerrar un párrafo o un texto; parecería que ha habido algún error y ha desaparecido el fragmento que seguía.

—Pone orden en las enumeraciones, tanto si sus elementos están todos seguidos como si cada uno va en una línea.
Para preparar el baba ganush, o mutabbal, sigue los siguientes pasos: 1) asa en el horno un par de berenjenas enteras; 2) ponlas directamente sobre la llama de la cocina para que adquieran gusto de brasa (si tienes vitrocerámica o inducción esto te lo pierdes); 3) pon su pulpa con el resto de los ingredientes en la batidora; 4) tritura la mezcla y pruébala; 5) añade algún ingrediente a la pasta obtenida si te parece que está desequilibrada; y 6) déjala reposar hasta que esté a temperatura ambiente.

¡Ah!, que no he enumerado los otros ingredientes. Esto es lo que hay que añadir:
♦ tahina, con generosidad y tras mezclarla bien, que en el bote se separa la parte sólida del aceite;

♦ aceite de oliva, un chorro, pero sin pasarse, que la tahina ya es bastante oleosa;
♦ ajo según el gusto y si gusta, si no, pues no se pone;
♦ zumo de limón, con cuidado de que no se imponga el gusto ácido;
♦ y yo le pongo un poquito de menta porque me gusta el toque que le da, pero este ingrediente no está en las recetas ortodoxas.

Sí, cierto, todos esos punto y coma podrían haber sido puntos; y también podrían haber sido comas. De nuevo, cuestión de gustos; pero el baba ganush pierde mucho sin ajo.