Complementos a pares

Un día cualquiera, en cualquier lugar de la hispanofonía (mayormente de España) puede sonar en boca de hablante:.
Le he pegao un viaje al jamón que se ve el hueso.

Sin embargo, si el mismo hablante se pone a escribirlo, es muy probable que la oración se convierta en:.
He pegado un viaje al jamón que se ve el hueso.

Habrá quien haya pensado: «Pues es verdad que, cuando se reproduce un texto hablado, incluso si es de registro informal y se pretende ser verosímil, los participios ya no suenan como se dicen». Y siendo eso verdad, esta dosis de atutía sirve para remediar otra dolencia: la desaparición del pronombre que duplica el complemento, indirecto en el ejemplo.

Es frecuente tildar a ese pobre le de pleonasmo (como si pleonasmo fuera el segundo nombre de Belcebú; pero eso es tema para otra dosis) y querer eliminarlo de todos los papeles a este lado del cinturón de Kuiper. Y resulta que está bien y en su sitio.

Para que quede claro: la duplicación del complemento indirecto (CI) mediante un pronombre átono es posible siempre y, en algunos casos, obligatoria. La duplicación del complemento directo (CD) está más limitada. Eso lo dice el DPD y esta humilde dispensadora de remedios lo suscribe.
Dijo a Febe que mejor lo dejaban. No se había atrevido a contar a sus padres que era de Saturno.
Le dijo a Febe que mejor lo dejaban. No se había atrevido a contarles a sus padres que era de Saturno.

Sí, con a Febe queda claro sobre quién recae la acción y el le no añade información, pero es la forma natural de formar esa frase en español y, por si alguien no se había dado cuenta, hay muchas palabras que se dicen o escriben a pesar de que no añaden información (por ejemplo, la mayoría de los adverbios). Así que en un texto elegante, culto y bien construido habrá un pronombre que duplique el CI.
Los marcianos van a recriminar a los terráqueos que el bicing debería ser platilling.
Los marcianos van a recriminarles a los terráqueos que el bicing debería ser platilling.

Y a menudo también habrá un pronombre que duplique el CD, como el la que no sobra aunque ya esté la cabeza en la oración siguiente:
—Yo la cabeza la voy a tener siempre mala —le aclaró Juanita a su amiga cuando les preguntaron a ellas si las pescadillas que quedaban iban a quedárselas o se las ponían a la otra señora.
Pasatiempo: localice en ese fragmento las cuatro repeticiones mediante pronombre de un complemento (directo o indirecto). Las cuatro son correctas, propias del habla culta y de lo más lucidas en un texto escrito.

Esas duplicaciones del complemento, que la mayoría de los hablantes hacen de forma natural si bien sienten la necesidad de evitar por escrito, responden a unas reglas o patrones. Ahí van.

Si el complemento tónico (el principal) va después del verbo, la duplicación del CI es optativa y habitual.
⇒ Es obligatoria con gustar, encantar, complacer, molestar, interesar, divertir, cansar…
⇒ Suelen exigir duplicación los verbos de afección psíquica o física, excepto si el CI es un cuantificador universal: todo, todo el mundo, todos, nadie.
♦ Daba argumentos a sus enemigos. Ellos habían contado a su madre la verdad y eso no interesó a su padre. La decisión gustó a todos, pero molestó a los primos no enterarse los primeros.
Les daba argumentos a sus enemigos. Ellos le habían contado a su madre la verdad y eso no le interesó a su padre. La decisión les gustó a todos, pero les molestó a los primos no enterarse los primeros.

A veces la duplicación del CD es obligatoria (ni te das cuenta de que la haces).
⇒ El CD tónico es todo (-a, -os, -as).
Nada menos que siete planetas nuevos. Ha descubierto todos el mismo astrónomo.
Nada menos que siete planetas nuevos. Los ha descubierto todos el mismo astrónomo.

⇒ El CD tónico es artículo + numeral; y más si el referente es animado.
Los ha descubierto todos el mismo astrónomo y ha bautizado a los siete con el mismo nombre.
Los ha descubierto todos el mismo astrónomo y los ha bautizado a los siete con el mismo nombre.

⇒ En el registro hablado y en Hispanoamérica es frecuente, y correctísma, la duplicación enfática.
Veo un poco rocosos esos planetas para ir a la playa.
Los veo un poco rocosos esos planetas para que sus playas se pongan de moda.

Ahora bien, si el tónico va después del verbo y no es un pronombre, la duplicación del CD casi nunca es posible.
Lo compras un móvil y te lo piensas más que si las fueras a cambiar las gafas.
Compras un móvil y te lo piensas más que si fueras a cambiar las gafas.

En dos casos es obligatorio duplicar el CI y el CD (no necesariamente los dos a la vez) mediante sendos pronombres átonos..
⇒ Si el complemento tónico también es pronombre.
Dio a nosotros las llaves del apartamento de la enana roja, por si queremos ir a pasar el finde.
Nos dio a nosotros las llaves del apartamento de la enana roja, por si queremos ir a pasar el finde.

Sobornaron a él para que les diera permiso de obras en las Nebulosas Alligator.
Lo sobornaron a él para que les diera permiso de obras en las Nebulosas Alligator.

⇒ Si el tónico va antes que el verbo, aunque no sea un pronombre.
A Hidrógenez hemos puesto en control de calidad de meteoritos y en la Tierra a nuestra empresa quitan las condritas de las manos.
A Hidrógenez lo hemos puesto en control de calidad de meteoritos y en la Tierra a nuestra empresa le quitan las condritas de las manos.

Y una derivada importante de la duplicación del CI, puesto que ya es una plaga saltarse la obligada concordancia de los pronombres con su referente.
Yo le doy un golpe a la impresora para desatascarla. Le expliqué esa solución a los técnicos y me dijeron que hacen lo mismo, aunque a los clientes le dicen que la solución es llamar al servicio técnico.
Yo le doy un golpe a la impresora para desatascarla. Les expliqué esa solución a los técnicos y me dijeron que hacen lo mismo, aunque a los clientes les dicen que la solución es llamar al servicio técnico.

La próxima dosis de atutía le proporcionará a los obsesos de los pronombres algunas pistas sobre su ubicación.
La próxima dosis de atutía les proporcionará a los obsesos de los pronombres algunas pistas sobre su ubicación.

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Cifras o letras -y 2-

Como incluso quienes dicen ser de letras están rodeados de ciencia y de cifras (por suerte), aquí va una segunda dosis de escritura de números. Esta servirá para curar angustias, vacilaciones y horrores que se producen al escribir fechas, horas y coordenadas, aunque la leyenda del tiempo diga que es un sueño.

ESCRITURA DE LA FECHA

Es muy frecuente escribir las fechas con cifras, incluso en textos narrativos; no obstante, nada impide poner el día y el año en cifras y el mes en palabras, eso sí, siempre en minúscula.
—El  25 de diciembre de 1903 fue Navidad, como todos los veinticinco de diciembre.
—Yo celebro más el veintiséis de septiembre, que soy muy devota de los médicos y mártires san Cosme y san Damián.

Si se pone toda la fecha en cifras, el día, el mes y el año pueden separarse mediante guiones, barras o puntos; las tres formas son igualmente válidas.
El 14/7/1898 es una fecha señalada, pero también es digna de celebración el 14-4-1931. Sobre el 12.10.1492 hay sus más y sus menos.

Como el error todavía es bastante frecuente, repitamos la norma siguiente: nunca se escribe punto ni ninguna otra separación en los años.
Todos los nacidos antes del año 1.970 guardamos alguna cinta grabada de la radio.
Todos los nacidos antes del año 1970 guardamos alguna cinta grabada de la radio.

Ya de paso, veamos un asunto que da algún que otro quebradero de cabeza al hablar de fechas. Hasta el año 2000 vivíamos felices diciendo que en 1321 pasó esto o que en 1999 iba a suceder lo de más allá; ahora bien, cuando hubo que decir que algo pasaría en 2000, a todo el mundo se le torció la boca y el oído porque parecía que la cifra pedía un artículo. De repente apareció una norma: los años no llevan artículo; pero, como el oído es duro y los hablantes tozudos, se flexibilizó la directriz, que ha quedado un poco ambigua y suena como hablantes, so cansinos, decid lo que os salga de la lengua; o sea, tal que así:
• Del año 1 al 1100 es más frecuente poner el artículo, al menos en la lengua hablada, si bien por escrito se ve muchas veces sin él. Lo mismo ocurre con los años anteriores al 1, esos que suelen identificarse como antes de Cristo, a. C.
• Del año 1101 al 1999 es mayoritario el uso sin artículo, aunque hay ejemplos con él. No obstante, si solo se mencionan los dos últimos dígitos es obligatorio ponerlo: todo había ocurrido en el 68.
• Para referirse a los años a partir del año 2000, se tiende a usar el artículo.
• Si se menciona la palabra año, es obligado anteponer el artículo.
Así que es perfectamente correcto decir que en el 2001 la norma se cambió, pero quien quiera puede escribir o decir que eso ocurrió en 2000.

Por cierto, para expresar las décadas hay varias formas buenas, en ninguna de las cuales se usa el plural del número (ni mucho menos una letra ese con apóstrofo):
Corrían mediados los sesentas cuando la música empezó a mecer las melenas. En los años 70’s triunfaba la cultura hippy. La década de los 80s fue la de la movida. Sin embargo, en la década del 90 hubo cierto apalancamiento cultural. 
Corrían mediados los sesenta cuando la música empezó a mecer las melenas. En los años 70 triunfaba la cultura hippy. La década de los ochenta fue la de la movida. Sin embargo, en la década de los 90 hubo cierto apalancamiento cultural.

ESCRITURA DE LA HORA

Una manera de no pifiarla al escribir la hora es poner con todas las letras que abres la mercería a las dieciséis horas y treinta minutos; solo que queda un poco largo y no es muy visible. Para el lector es más fácil captar la hora expresada en cifras. Ahora bien, engendros como las tres y 22, las 17 y diez o las dos y ½ no son muy aconsejables; no es que haya una norma que diga que son incorrectos, pero quedamos en que somos elegantes escribiendo, ¿no?

Si te toca, por ejemplo, concretar horas precisas, lo más práctico es indicarlas con cifras y en el formato de veinticuatro horas. En ese caso, las normas ISO (que son internacionales) establecen que los dos puntos son el separador de las horas y los minutos (y los segundos si los hubiera).
Las visitas entran a las 15:31, 18:44 y 20:06, ni un minuto antes ni un minuto después.
No obstante, en textos comunes también se admite el punto; ¡pero nunca la coma!
Cita a las 12.45. Nota mental: seguro que no me visita el médico antes de las 13.30.

Y todo eso sirve para dar la hora, no para indicar un periodo de tiempo.
La peli dura 1:30 h.
La peli dura 1,5 h y los anuncios que ponen antes parece que duren 1 h 30 min.

Sí, las horas se indican con la palabra horas o con su símbolo, que es h; los minutos, con la palabra minutos o con el símbolo min; y los segundos, con su palabra entera o con el símbolo s.
El documental sobre el trigo es muy ameno. Dura 50′; las espigas aparecen en el 5′ y el crecimiento dura 42′ 35”.
El documental sobre el trigo es muy ameno. Dura 50 min; las espigas aparecen en 00:05 y el crecimiento dura 42 min 35 s.

Es decir, eso que parece una comilla simple y una comilla doble tienen que estar bien lejos de cualquier expresión temporal.

OTRO SÍMBOLO RARO

Además, no son tales comillas ni apóstrofos, sino prima simple y prima doble. En esta oración hay un apóstrofo pa’que lo veas y también varias tildes. Y ahora van una prima simple y una doble, para nombrar por ejemplo ƒ′ (x) y ƒ″ (x). Y como a alguien se le ha ocurrido hacer claras las diferencias, copiaré una imagen de la Wikipedia que lo muestra muy bien.

apóstrofo-tilde-comilla-prima

Acento agudo (en negro) sobre I mayúscula; apóstrofo (en verde); comilla simple recta (en rojo); prima (en azul); acento agudo (en negro) sobre i minúscula; en los tipos de letra Arial, Calibri, Tahoma, Times New Roman y Linux Libertine.

¿Que cómo se ponen? Pues con alt+8242 (′) y alt+8243 (″) o buscándolas entre los símbolos que se insertan. Habrá a quien le parezca que no tendrá nunca oportunidad de escribirlos, pero igual sí, porque resulta que son los símbolos que se usan para expresar los minutos y los segundos de las coordenadas geográficas y de los ángulos.
Que conste que Teruel está a 40° 20′ 37″ de latitud norte y a 1° 06′ 26″ de longitud este, que luego dirán que no existe. Allí si se divide una pizza en seis porciones, cada una sale de 60°, si bien no es raro que alguna salga de 61° 48′ y alguna de 58° 12′.

Puede que si no vas a escribir una tesis de matemáticas ni de física ni de geografía, no uses nunca las primas; y si vas a hacerla, o para saber sobre ellas y sobre muchas otras cosas, lo mejor es que, sin esperar más, te hagas con el magnífico libro de Gonzalo Claros Cómo traducir y redactar textos científicos, que, además de ser una joya, es gratuito.

Cifras o letras -1-

Ni 1 ni 2 ni 3, sino casi 4 meses son los que llevo sin dispensar una dosis de atutía. Aunque quizá quedaría mejor escribir que no son ni uno ni dos ni tres, sino casi cuatro los meses. Eso hace ciento dieciocho días, o sea, ciento sesenta y nueve mil novecientos veinte minutos, que parece que se lee peor que si hubiera escrito 169 920 minutos. Lo cierto es que, a la hora de escribir cantidades, siempre surge la duda de si escribir palabras o cifras; y disiparla no es fácil ni tiene una respuesta única.

Para empezar, hay que pensar en el tipo de texto. En un libro de matemáticas, física, biología o cualquier otra disciplina que maneje conceptos mensurables o cuantificables, es lógico escribir cifras. En el otro extremo, en textos literarios no se suelen usar cifras, salvo para años, siglos, milenios y, quizá, incluso la fecha completa; si se trata de una narración, es habitual que en los diálogos no haya ninguna cifra.
—Solo tú puedes pensar que vivo en el número trescientos cincuenta de un callejón que a duras penas llega a los doscientos metros.
—¡Yo qué sé! Como me diste la dirección a las tres cuarenta y dos de la madrugada del treinta y uno de diciembre y nos habíamos bebido ya mil ciento veinticinco mililitros de tintorro, igual no retuve el número en la memoria ni cero coma cinco décimas de segundo.
Esa conversación se desarrollaba un 29 de febrero, así que iba a ser difícil celebrarla en los años siguientes.

A pesar de que no hay normas, si el texto no es narrativo, se suelen seguir algunos usos y costumbres, que indican cuándo es preferible escribir los números con guarismos y cuándo con palabras.

EN CIFRAS

• Cuando se trata de números formados por más de cuatro palabras.
En lo que va de año, he oído a 23 703 personas que creen que poner en valor es más preciso o expresivo que destacar, resaltar, valorar, reconocer

• Si hay decimales y en las cantidades a las que sigue un símbolo.
Si el trabajito me sale a más de 35,6 €/h, le dedicaré el 17 % más de tiempo.
Por cierto, se puede leer y escribir treinta y cinco con seis o treinta y cinco coma seis, es decir, uniendo la parte entera y la decimal mediante la preposición con o mediante el sustantivo coma.

• Cuando la cantidad indica un orden y va detrás del sustantivo.
♦ Hay que abrir el libro por la página 17 en la habitación 4 del piso 2.º.
♦ Hay que abrir el libro por la diecisiete en la cuarta habitación del segundo piso.

• En números codificados, como el DNI, el número de teléfono, el código postal o una referencia comercial, entre otros muchos. Claro que si un personaje de una novela le da a otro el número de teléfono en un diálogo, volvemos al principio de esta dosis, lo más adecuado es que se lo diga con todas las palabras.

¡Ah!, sí hay una norma, internacional por más señas: en las cantidades escritas en cifras no se usa punto para separar grupos de tres guarismos. Las cantidades formadas por cuatro cifras no se separan de ninguna manera y cuando tienen más de cuatro se separan de tres en tres mediante un espacio fino, sobre cuyo uso y escritura hay una dosis de atutía.
Te lo he dicho 3.705 veces: que quites los 24.618 puntos que has puesto en la lista de poblaciones de más de 5 000 y menos de 50.000 habitantes.  
Te lo he dicho 3705 veces: que quites los 24 618 puntos que has puesto en la lista de poblaciones de más de 5000 y menos de 50 000 habitantes.  

EN LETRAS

Para evitarse un problema, se podría decir que va en letras siempre que no va en cifras, pero antes o después eso va a dar un quebradero de cabeza. Una vez más, hay que recordar que no hay normas, pero sí costumbres y las recomendaciones siguientes sobre cuándo escribir las cantidades en palabras.

• Como se deduce del apartado «En cifras», cuando se trata de números formados por menos de cuatro palabras, sobre todo si son de una sola palabra.
Son ya diez las ovejas que pasan del perro; habrá que pactar con ellas para que vuelvan al redil a las cinco.

No obstante, hay ocasiones en las que el texto pide números para ganar claridad y transmitir de un solo vistazo la información relevante.
Limite de aforo: 500 personas.
Datos para el censo: 1000 ovejas, 50 pastores y 5 perros.
Mezcla los 2 tomates cortados en trocitos con los 2 aguacates y 10 ml de zumo de lima. Déjalo reposar 10 min, o sea, recorre 20 veces los 5 metros del pasillo.

• Cuando se expresa un cantidad aproximada.
Con unas 200 ovejas sacaremos aproximadamente 400 jerséis de aquí a 6 meses más o menos.
Con unas doscientas ovejas sacaremos aproximadamente cuatrocientos jerséis de aquí a seis meses más o menos.

Atención, que en unas treinta y tres ovejas sobra el unas, en aproximadamente cuatrocientos veintiún jerséis, el aproximadamente, ya que esas cantidades no tienen nada de aproximadas.

• Si se usan números en expresiones puramente orales se escriben siempre en palabras.
Con 4 pingos te haces un disfraz de carnaval en 2 patadas, aunque lo hayan sacado ya 1000 veces.
Con cuatro pingos te haces un disfraz de carnaval en dos patadas, aunque lo hayan sacado ya mil veces.

• Los números fraccionarios si no se trata de un texto técnico.
De los asistentes al entierro, 1/3 no conocía al muerto de nada.
De los asistentes al entierro, un tercio no conocía al muerto de nada.

¿Y PUEDO MEZCLAR CIFRAS Y LETRAS?

Cuando haya magnitudes y sus unidades en textos que no sean técnicos, se puede escribir la cantidad en cifras y la unidad en letras (10 mililitros, 5 metros) o todo en letras (diez mililitros, cinco metros), pero no en letras la cantidad y con símbolo la unidad (diez ml, cinco m), porque no hay quien lo lea y, además, queda feísimo.

Ocurre lo mismo con algunos símbolos.
El cuarenta y uno % de los matriculados en Ortografía y Ortotipografía se arrepienten cuando llegan a la escritura de las cantidades.
El 41 por ciento de los matriculados en Ortografía y Ortotipografía se arrepienten cuando llegan a la escritura de las cantidades.
El 41 % de los matriculados en Ortografía y Ortotipografía se arrepienten cuando llegan a la escritura de las cantidades.
La segunda forma se da por correcta, pero si ya has puesto una cifra, ¿por qué asustarte al llegar al símbolo? Si ya le has facilitado al lector que tenga la información a simple vista, ¿para qué le camuflas entre las letras algo que es esencial?

Es correcto escribir en cifras los millares, millones, billones, etc., pero no los miles.
Por debajo de los 10 mil habitantes, una ciudad es un barrio.
Sobrepasados los 10 millones de habitantes, una ciudad es un pandemónium.

Y con eso parece que estaría todo solucionado; pero no. Ocurre, muy a menudo, que en una frase, una página o un libro se dan condiciones que prescriben palabras y otras que prescriben cifras; si se siguen estrictamente, el texto acaba teniendo una cosa y la otra, y la sensación que da es de descuido, de no haber unificado criterios.
La previsión es que acudieran unas veinticinco mil personas, pero la venta de entradas certificó que solo acudieron 23 579.

La primera cantidad es aproximada, así que mejor ponerla en letras; la segunda es precisa y formada por más de cuatro palabras, así que le corresponde ir en cifras. ¿Qué hacer? Como parece un informe técnico y debe primar la claridad, parece sensato poner todas las cantidades en cifras. Bien, una decisión tomada; salvo que en la misma página puede aparecer la frase siguiente:
De las personas que se colaron sin acreditación, 3 se marcharon enseguida y 1 no quería abandonar la sala.

El 3 no queda muy elegante, pero ese 1 ya es un horror, así que la decisión de poner todas las cantidades de personas en cifras parece hacer agua. En casos así (y siempre que hay cantidades en el texto acabas encontrándote con ellos), hay que tomar decisiones, sabiendo que nunca serán buenas.

Un criterio que se sigue con frecuencia es escribir en palabras todas las cantidades inferiores a 10 y con cifras de 10 en adelante; con eso se evita que quede un guarismo solo, que siempre parece un poco perdido en medio de las letras.

Y ya de mi cosecha y sin que los avale autoridad alguna, un par de criterios que favorecen a todo tipo de escritos:
• Que el lector no se encuentre un texto lleno de obstáculos para la lectura (evitar cosas como de los trescientos cincuenta y siete mil doscientos sesenta y dos millones de euros, solo el quince por ciento…).
• Que la visión del texto no sea chocante para el lector (evitar cosas como había 1 solo asistente y se sentaba en 1 de las 50 sillas centrales).

Claro que también se podría debatir si la uniformidad es mejor que la diversidad en un texto; si unificar es lo que hay que hacer en vez de pensar qué va mejor (más legible, más fácil de retener, más estético…) en cada párrafo  o en cada frase o para cada concepto.

Para otra dosis de atutía quedan las respectivas escrituras de fechas, horas, coordenadas y alguna expresión más habitual en textos corrientes.

Y punto

Hay pocas cosas que se pueden mal hacer con un punto, pero se ven mucho.

♠ Ponérselo a un título. Los títulos no acaban en punto, precisamente porque son un título: ni siguen a nada ni le ponen final de nada; y, por lo general, no forman una oración completa. Ocurre a veces que un título es largo y contiene varias expresiones (sintagmas) que precisan ir separadas; pues bien, incluso en el caso de complicarse la vida y poner un punto en medio del título, este no acaba con otro punto.
El arte de poner títulos largos. Cómo complicarse la vida sin necesidad.
El arte de poner títulos largos. Cómo complicarse la vida sin necesidad

♠ No va punto en una firma, ni tras el nombre aislado de un autor ni como remate de una dedicatoria. Una firma, al final de un mensaje —en papel o electrónico— o cualquier tipo de documento, no debe rematarse con un punto. Y lo mismo se aplica al nombre del autor si está él solito en una línea.
Hola, abuela:
Te escribo este mensaje con la sola intención de firmarlo y así poder poner un punto que no hacía falta.
Cordialmente,
Atutía.
Atutía
P.S. Como el mensaje me parece un poco escueto, voy a poner una cita del libro
Publicar con calidad editorial, que yo que tú no dejaría de leer:
«Vas a hacer una publicación porque tienes algo que decir. Pues bien, hay que procurar decirlo de tal manera que sea comprensible y que esté bien dicho».
Mariana Eguaras Etchetto.
Mariana Eguaras Etchetto

♠  Tampoco se pone para finalizar una dedicatoria, tanto si se dirige a una persona con nombres y apellidos como si va para un pariente o, incluso, para seres extraños.
Al caballito de mar que inspira todas las atutías.
Al caballito de mar que inspira todas las atutías

Claro que si a la hora de la dedicatoria te acuerdas de todos los integrantes del coro del colegio, habrá que separar a sus integrantes con signos de puntuación; en ese caso hay un no sé qué en el texto que pide un punto final.
Al caballito de mar que inspira todas las atutías,
al escritor que se lía con las preposiciones y las comas,
a la vecina que pone Julio Iglesias a todo trapo y abre el balcón,
a los clientes que me ponen unos plazos de entrega que ya les vale.

♠  No se pone punto tras un signo de exclamación o de interrogación. Es una convención y de las más arbitrarias, sí, ya que no hay ninguna razón para no poner ese punto, salvo el aspecto estético. Lo cierto es que quedan muy feos dos puntos juntos; parece que el boli se haya quedado pegado al papel o que te hayas dormido con el dedo sobre la tecla del punto.
¿De verdad eres de los que ponen un punto tras el signo de interrogación?. ¡Pero si hasta el corrector automático del Word te marca que hay algo ahí que no va bien!.
¿De verdad eres de los que ponen un punto tras el signo de interrogación? ¡Pero si hasta el corrector automático del Word te marca que hay algo ahí que no va bien!

♠  Ponerlo tras el signo de puntos suspensivos no está bien y, además, si ya van tres, ¡¿pa qué?! Y lo mismo tras el punto que indica que se ha abreviado una palabra.
Norberto, al cruzar la calle mira a izda. y dcha.. Fue ver esa nota y saber que la madre de Norberto siempre se interpondría entre nosotros; a menos que….
Norberto, al cruzar la calle mira a izda. y dcha. Fue ver esa nota y saber que la madre de Norberto siempre se interpondría entre nosotros; a menos que…

♠  Las siglas parece que van a llevar puntos, pero no (si los llevaran serían abreviaturas en vez de siglas). Tampoco hay punto que valga en las unidades de medida (que serán una dosis enterita de atutía).
C. O. C. I. D. A. S. son las siglas de Correctoras Obsesionadas con Corregir Imprecisiones, Deixis, Anacolutos y Solecismos.
COCIDAS son las siglas de Correctoras Obsesionadas con Corregir Imprecisiones, Deixis, Anacolutos y Solecismos.

♠  ¡Ah! y los años hace muchos ídem que se escriben sin punto. Tampoco va en la numeración de las páginas, los portales de las calles y los artículos de las leyes. Antiguamente los formados por cuatro cifras se escribían con punto de millar, pero ahora se considera una falta de ortografía.
En el 1.725 los libros no llegaban a la página 1.500 ni las avenidas al número 1.000.
En el 1725 los libros no llegaban a la página 1500 ni las avenidas al número 1000.

Para acabar, una adivinanza: ¿cuáles son las dos circunstancias en las que es correcto que haya cuatro puntos seguidos?
¿Se te habrá ocurrido que…? ¡Venga!… Todo tiene su explic., su descrip., su justif.…
Efectivamente, una manera es que se junten un signo de interrogación o de exclamación de cierre con los puntos suspensivos. La segunda circunstancia consiste en que estos vayan detrás de una abreviatura; ahora bien, esa abreviatura no puede ser etc., que como ya indica que siguen más elementos de la enumeración sería redundante con los puntos suspensivos.

Un puente entre el cliente y el corrector

Esta dosis de atutía no remedia dolores léxicos ni achaques sintácticos ni trastornos de la puntuación. Mejor dicho, aunque no trata las dolencias directamente, da pistas para remediarlas; eso sí, a través del cerebro adiestrado y los ojos aguzados de un corrector profesional.

La comunicación entre el corrector y quien quiere que se revise su texto puede ser complicada por no compartir el vocabulario o tener ideas distintas del trabajo de los profesionales de la corrección. Por eso se pensó que una guía que orientara al cliente sería útil tanto para este como para el corrector. Y así ha salido el Decálogo para encargar la corrección de un texto. Se puede descargar aquí y usarlo; o, simplemente, leerlo para entender un poco mejor qué hacemos los correctores y cómo lo hacemos.

Los comentarios, las objeciones y los aportes de Mercedes Tabuyo Fornell y de Lorena Martínez Cienfuegos mejoraron mucho este documento mientras se iba gestando. Una vez acabado, la imprescindible corrección, con lectura crítica, de Nuria Ochoa Gómez acabó de desbastarlo. Luego Mariana Eguaras Etchetto le dio forma y color. Por último, UniCo puso su confianza en mí y un gran empeño en difundir el documento, con un esfuerzo especialmente decidido de Álvaro Martín Valcárcel. A todos ellos les agradezco la generosidad con que me regalaron su sabiduría y su paciencia.

La parte, el todo y su alrededor

Como casi nada es absoluto, a menudo se habla y se escribe sobre la mayoría de los tardígrados, sobre buena parte de los filisteos, sobre una selección de mis cazuelas de barro o sobre un montón de los tapones de corcho usados por la industria vitivinícola.

Lo que tienen en común esas expresiones (para los enteradillos, construcciones partitivas) es que se refieren a una parte (un merónimo) de un todo (el holónimo del merónimo) y que tienen esta estructura:
>>>>>  cuantificador + preposición + determinante + nombre del conjunto  <<<<<

O sea que para construirlas bien basta con el nivel de sintaxis de un estudiante de español A1 natural de Papúa Nueva Guinea. Sin embargo, hay una trampa en la que es habitual caer y un charco en el que más de un escribano se queda con los pies mojados y preguntándose cómo ha podido meterse ahí.

El charco es este:
♦ La mayoría de los tontos no se dan cuenta nunca de que lo son.
♦ La mayoría de los tontos no se da cuenta nunca de que lo es.

Sí, las dos son correctas. Es decir, hay dos formas de concordar el verbo y lo que lo sigue con el sujeto: bien por el sentido con los tontos (dan, son), bien por la gramática con la mayoría (da, es). Lo que no queda tan elegante es no acabar de decidirse:
La mayoría de los tontos no se da cuenta nunca de que lo son.

La idea subyacente es que por mucho que la mayoría sea gramaticalmente singular, la mayoría de los tontos señala a más de una persona y el sentido de la oración pide que el verbo esté en plural. No obstante, se recomienda que si en la oración no está el nombre del conjunto (lo que va en plural) se concuerde en singular; así:
El grueso de los romanos salían a la batalla sin depilar. La mayoría tenía las piernas como columnas jónicas.
Aunque no es incorrecto dejarse arrastrar al plural por la imagen de miles de romanos:
La mayoría tenían las piernas como columnas jónicas.
Además hay un truco para que el plural del verbo no tenga un pero:
La mayoría de ellos tenían las piernas como columnas jónicas.

Y ahora la trampa. En esas estructuras se habla de una parte de un conjunto determinado: los romanos, los tontos, lo decápodos, los socios del bufete…
La mitad de vecinos no asistieron a la reunión de la comunidad, ¡vaya sorpresa!
La mitad de los vecinos no asistieron a la reunión de la comunidad, ¡vaya sorpresa!

Es muy fácil olvidarse de poner el determinante, pero tiene que ir por la naturaleza de la estructura. Claro que no tiene que ser necesariamente el artículo; cabe un adjetivo posesivo o uno demostrativo.
♦ Solo el 63 % de las canciones del verano son veraniegas. El 37 % de ellas son de entretiempo. 
♦ La mayoría de tus apariciones son una filfa —le dijo a aquel compañero fanfarrón e ignorante; aunque puede que lo pensara pero no llegara a pronunciarlo.
♦ La mitad de estas olas las provoca el tontolaba de la motito acuática —le dijo la espatarrada ofiura a la pizpireta medusa—. Ve y dale un viaje, anda.

Para que conste y no nos liemos: hay estructuras que se parecen mucho a las partitivas, pero no son iguales (por eso se llaman pseudopartitivas). La diferencia es, mira por dónde, que el conjunto del que se señala una parte no es determinado, así que no lleva determinante:
Tras los últimos recortes en sanidad, mogollón de ciudadanos se han encomendado a san Geroncio y entonan una ristra de jaculatorias, que son igual de efectivas que la homeopatía y el reiki juntos.

Pero si el conjunto es determinado, tiene que llevar determinante; una perogrullada, sí, pero voy a insistir:
◊ La mayoría de santos eremitas no lee revistas de moda.
♦ La mayoría de los santos eremitas no lee revistas de moda.
◊ El 17,23 % de toallas de playa tienen estampada una original sombrilla.
♦ El 17,23 % de las toallas de playa tienen estampada una original sombrilla.

Ya que estamos, es difícil ser más determinado que un porcentaje, así que le corresponde llevar un artículo fetén y no ese impostor un, que determina pero poco. ¿Verdad que no se habla de dos quinces por ciento ni de dos mayorías?; pues tampoco queda muy preciso escribir un quince por ciento o una mayoría.
Un 47,3 % de traductores no les ponen artículo determinado a los porcentajes. Una minoría de correctores no lo corrigen en una mayoría de ocasiones.
El 47,3 % de los traductores no les ponen/pone artículo determinado a los porcentajes. La minoría de los correctores no lo corrigen/corrige en la mayoría de las ocasiones.

Que quede claro que la mayoría de los ejemplos de este blog son fantasiosas ficciones.

 

Adverbios que parecen molones

De vez en cuando se pone de moda una locución y, de repente, parece que hemos nacido con ella incrustada en la punta de la lengua. Mejor dicho (ya que esto va de usar los adverbios con precisión), no ocurre de vez en cuando, sino continuamente; por ejemplo con las locuciones adverbiales más allá, a bote pronto y alrededor de.

MÁS ALLÁ

La locución adverbial más allá está formada por dos adverbios: más y allá. Perogrullo nos asista, sí, pero tanta perogrullada no será cuando con esa suma hay mucha gente que intenta decir algo que no está ni en los sumandos ni en el resultado. ¿O ya está porque lo manda el uso? Habrá que ver si la moda pasa o asienta el nuevo significado.
Veo poco probable que esta dosis de atutía sirva para algo, más allá de entretener a los lectores del blog.
Veo poco probable que esta dosis de atutía sirva para algo, además de entretener a los lectores del blog.

Si alguien se siente tentado de usar ese más allá que parece molón con el sentido del ejemplo anterior, puede tirar de al margen de, sin tener en cuenta y dejando de lado.
 Más allá de Sin tener en cuenta los 20 euros que me costó el botijo, lo que voy a gastarme este año en sandías me desequilibrará el presupuesto de todo el año.
♦ Más allá de Dejando de lado alguna que otra lipotimia, tener una galbana de campeonato es lo que toca en verano, ¿no? Es que parece que nadie se lo esperaba.
♦ Más allá de Al margen del interés por la paella y la sangría de los chiringuitos, no sé qué gracia le ven los guiris a andar por la solana a mediodía.

También hay quien cree que más allá significa ʽsinʼ.
El discurso del presidente está más allá de toda posibilidad de análisis sintáctico.
♦ El discurso del presidente no ofrece ninguna posibilidad de análisis sintáctico.
♦ No es posible hacer el análisis sintáctico del discurso del presidente.
♦ El presidente nos largó un discurso sin posibilidad de análisis sintáctico.

No obstante, más allá alberga más de un significado. Puede significar ʽmás lejosʼ, en el espacio o en el tiempo.
No veo nada más allá de la primera línea de cerros. Y no hago planes para más allá de la semana que viene.
Y cuando se convierte en sustantivo significa ʽtan requetelejos que nadie ha vuelto a contar lo que hayʼ.
No me veo en el más allá. Que igual el sitio es chulo, pero eso de tener que morirse para llegar…

 

A BOTE PRONTO

Dice el DLE que esta locución significa ʽsobre la marchaʼ, ʽimprovisadamenteʼ; es decir, no tiene el sentido de ʽconozco otras opciones y esta es la primera que se me viene a la cabezaʼ, sino que tira más hacia ʽa tontas y a locasʼ y a ʽsin pensarʼ.
A bote pronto se me ocurre de entrada como sinónimo de a bote pronto.
Incluso a bote pronto me doy cuenta de que a bote pronto no significa ʽde entradaʼ. Si lo pienso un poco más, doy con de súbito al momento; y con de momento o por el momento si voy a añadir más.

¡Ah! y a voz de pronto no vale para nada. Si acaso, con un artículo en medio y tiene que haber alguien que dé voces.
A la voz de pronto nos pusimos a pelar tomates para el gazpacho. Amodorrados como estábamos, necesitábamos que gritaran ese ¡pronto! 

Sobre el origen de a bote pronto, del que se deriva el significado, se explica muy bien la Wikilengua.

 

ALREDEDOR DE

Indica que algo no es exacto; es decir, significa ʽaproximadamenteʼ. También (como locución preposicional) significa ʽsiguiendo el contornoʼ, así que decir que hay diversas especies de cucarachas alrededor de todo el mundo significa que hay varias especies del entrañable insecto, sí, y que están bien puestas rodeando el globo terráqueo, en fila, supongo, para no caerse.
Dicen que hay cucarachas alrededor de todo el mundo.
Dicen que hay cucarachas en todo el mundo / repartidas por todo el mundo.

Aprovecho para insistir una vez más en que en el pasado y en el futuro no son buenas locuciones adverbiales de tiempo.

Y a quien tenga la genial originalidad de usar con el significado de ʽmucho, pero que muchísimo más de lo que puedes imaginarteʼ la locución formada por adjetivo + no, lo siguiente quizá le abra nuevos horizontes, más allá de la repetición ad nauseam, seguir la cuenta de Twitter @eslosiguiente: se aprenden adjetivos y adverbios como si no hubiera un mañana (otra que tal baila).