La relatividad del espacio

Tan preocupados los físicos con el tiempo y resulta que lo que se estira y se encoge es el espacio.

Untextocomoestesepuedeleer, pero se lee mucho mejor así. Y es que al ojo le es cómodo encontrar reposos entre las palabras, aunque el oído no los necesite y la boca (el aparato fonador, en realidad) sea capaz de hacerlos desaparecer todos.

Al escribir en el ordenador, pulsamos la barra espaciadora tras cada palabra y allí se instala el reposaojos, pero aunque el gesto del pulgar sobre la barra siempre sea el mismo, el espacio que se crea no es siempre igual; al menos cuando se justifica el texto por ambos lados.

Esto  es un texto justificado por los dos lados. El párrafo queda igualado por los lados, pero algunas palabras se estiran para llegar hasta el borde del renglón. Y va acabando el texto justificado por la izquierda y por la derecha.

Lo que ha pasado es que le he dicho al programa que todos los renglones acaben en el mismo punto horizontal y que no parta las palabras, así que no le ha quedado más remedio que estirar los espacios. Incluso si le digo que puede cortar palabras al final de la línea, se tomará ciertas licencias con los espacios entre palabras.

Así que los espacios tienen vida propia; aunque no todos. Hay dos tipos de espacios domesticados, lo cual evita algunos problemas. El espacio de no separación (a veces llamado irrompible) impide que lo que va antes y lo que va después de él queden en distinta línea. No es un espacio de tamaño fijo, sino que, como los espacios normales, se estira y se encoge si se justifica el texto y no se parten palabras. En un fichero de texto en Word (en un PC)[i], ese espacio se pone con la combinación de teclas mayúscula+Ctrl+barra espaciadora; y si se activa la opción de ver en la pantalla los espacios y los retornos de carro (denominación antigua, sí), se ve la diferencia con un espacio normal; este queda como un puntito negro y el de no separación queda como una circunferencia; en la imagen siguiente se ve en la derecha.

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De paso, la parte izquierda muestra para qué sirve el espacio de no separación: para que la palabra año y el número no se separen, porque las cifras al principio de una línea quedan muy feas. En este párrafo que estás leyendo, he puesto un espacio de no separación, justo después del signo de los dos puntos, porque no me gusta nada que se queden ahí asomados al borde del renglón.

¿Qué otros elementos nos puede interesar que no se separen de lo que va antes? Pues entre los más comunes, el símbolo de porcentaje (%)  y los de las monedas (€, $, £). No es difícil imaginar el penoso aspecto de una línea en la que entre una cifra y su símbolo de porcentaje se abre un espacio blanco estirado. Pues resulta que hay una manera de prevenir esos blancos: poner un espacio fino.

Un espacio fino es un espacio de no separación que, además, tiene un tamaño fijo y este es menor que el de un espacio normal; es decir, que separa pero no deja que te olvides de que un símbolo y lo que va antes (por lo general, un número) van juntos. Habrá quien piense que no va a tener nunca oportunidad de ponerlo. Bueno…

El 90 % de los 170 km de murallas que recorrieron las 1754 hormigas rojas se habían construido bajo la máxima imperante: mano + mano = trabajo hecho. Hoy el jornal de aquel trabajo de 1000 manos sería 25 000 €.

Cada número va con su símbolo y, además, los signos matemáticos mantienen una distancia que no deja lugar a dudas acerca de la unidad de la expresión; a la vez, conserva toda la secuencia junta, sin que se pueda partir en dos líneas.

La lástima es que no hay una tecla para poner ese espacio, pero para eso está la opción de insertar símbolos y los sistemas de codificación. Si se usa la inserción de símbolos, hay que buscar el símbolo thin space. Con sistemas de codificación hay dos vías para insertarlo tecleando (los números siempre se ponen con el teclado numérico):

1) ALT+8201
2) 2009, y luego ALT+X

En cualquier caso, siempre es posible adjudicar el símbolo a una combinación de teclas que resulte cómoda para ganar en rapidez y no tener que memorizar códigos.
Y ¿dónde se pone un espacio fino (o al menos uno de no separación?). Pues estas son las principales aplicaciones:

  • Entre una cifra y el signo de porcentaje, como en el 15 %.
  • Entre una abreviatura y lo que le siga, como en pg. 23; s. V; tlf.123 456 789.
  • Entre cualquier magnitud y su unidad, como en 123 kg; 23 ℃.
  • Entre cifras y operadores matemáticos, como en 25 + 3 = 28.
  • Entre grupos de tres cifras para separar millares, etc., como en 123 456,789 111.

Esta dosis de atutía aliviará los feos espacios ensanchados y esos números cruelmente separados de su unidad.


[i] Trabajo con Word 2007. En Mac hay soluciones equivalentes para todas las indicaciones de teclados y opciones informáticas de las que hablo. Supongo que también las hay para otros procesadores de textos de PC diferentes de Word. Cada cual tendrá que indagar dónde están las soluciones o cómo se ponen.

Sí hay tutía, sí

«Vale la atutía para muchas enfermedades, para llagas de nervios, para úlceras de las partes secretas y para males de ojos, por ser de temperamento frío y seco, aunque por ser mineral, tiene partes acres y mordaces, con las cuales podría causar dolor y mordicación, y por tanto conviene que se prepare y lave primero que se aplique del modo que luego diremos».

Segunda parte de la medicina y cirurgia, que trata de las vlceras en general y particular, y del Antidotario, en el qual se trata de la facultad de todos los medicame[n]tos assi simples como compuestos segun Gal. en el libro quarto y quinto de la facultad de los simples, con otros tratados. Doctor Juan Calvo, Valencia, 1599

La atutía era un ungüento elaborado a base de óxido de cinc muy utilizado en la medicina árabe para la irritación de los ojos. Con el tiempo pasó a ser la antonomasia de cualquier remedio; luego sería fácil y rápido empezar a decir algo como eso no se cura ni con atutía o no hay atutía que remedie ese mal.

La palabra debió de evolucionar en el árabe andalusí desde el árabe formal at-tutiyya (التوتيا) y, más adelante, perdió los restos del artículo, tal como les pasó a muchas otras palabras patrimoniales andalusíes. Eso seguramente ocurrió al poco de empezar a pronunciarla personas que ya no hablaban árabe andalusí, a las que tutía les sonaba a la hermana del padre o de la madre de su interlocutor. Y así, siglos después, cuando alguien exclama ¡es que no hay tutía!, en el imaginario del hablante y de quien lo oye se aparece una señora.

Sin embargo, el significado de la locución no ha variado nada. En cualquier contexto, quien lo dice pone algo de énfasis en la palabra y cierta entonación que puede expresar mosqueo o queja; a veces tiene algo de ya te lo dije pero nunca me haces caso; y siempre, denota cierta resignación, más o menos desesperada, a que las cosas no puedan estar mejor.

Este blog quiere ser un tarro de atutía, es decir, un remedio, no un tratado de gramática; un ungüento, no un prescriptor de puntuación y ortografía; una cataplasma, no una voz autorizada de la lexicología hispánica; un bálsamo, no un libro de estilo; un emplasto, no un diccionario; un linimento elaborado a base de bastantes años de oficio de correctora, de muchas dudas, de no pocas horas de estudio y de algunos maestros y compañeros.

Una bizma para todos los públicos, pero no la purga de Benito. Cuando al leer un texto sangran los ojos, hay que buscar un corrector profesional; o mejor, dos (uno después de otro, no a la vez), pero si solo lagrimean, sí hay tutía.