Me suena, pero mal (1)

Hay palabras y construcciones que no son incorrectas pero no acaban de sonar bien. El hablante sabe más de lengua de lo que cree y al oírlas o leerlas se queda pensando y tuerce la cabeza, como si fuera un radar intentando detectar qué es lo que chirría.

Cuando alguna de esas formas chirriantes se repite mucho, acaba por hacerse familiar, los hablantes la incorporan a sus usos y es posible, incluso probable, que acabe considerándose correcta. Con algo más de tiempo puede llegar a ser genuina, porque solo las lenguas muertas no cambian; hay muchos rasgos lingüísticos que eran monumentales barbarismos hace tres o cuatro siglos.

Ahora bien, la evolución nunca es instantánea (ni definitiva). Eso se traduce en que hay rasgos que ya se usan mucho pero todavía no son genuinos; algunos siguen siendo incorrectos y otros, que acaban de pasar de  proscritos a legítimos, todavía chirrían.

Hace unos años, esto habría puesto los pelos de punta de más de un hablante:

Es por eso que se reivindica para ostentar el cargo de presidente, que a día de hoy detenta su compañero de partido.

En esa oración hay, al menos, cinco razones para ponerse nervioso:

  • Es por eso que no es una construcción sintáctica genuina en español; además es incorrecta (por ahora). La alternativa es un simple por eso o esa es la razón de que o por todo ello. A menudo la expresión es superflua y se puede eliminar toda la secuencia es por eso que sin que se resiente la expresividad de la frase.
  • A día de hoy es un galicismo (calco de aujourd’hui) y no marca el tiempo mejor que por el momento,hoy por hoy o hasta ahora. De momento (que también sirve), no se considera correcta, pero quizá pronto tenga que borrar eso que acabo de escribir.
  • Reivindicar es un verbo transitivo, no reflexivo ni pronominal (todavía).
  • Ostentar no es sinónimo de ejercer (todavía ya); pero solo cuando se trata de un honor (no vale decir que Jack puede ostentar el título de mejor descuartizador).
  • Detentar no es sinónimo de ejercer ni desempeñar un cargo o un derecho; solo significa que se retiene sin legitimidad.

Por todo ello, se puede reivindicar algo a lo que se tenga derecho o que no goce del prestigio que le corresponda, hoy por hoy, pero no a alguien, por mucho que ejerza un cargo y lo desempeñe sin hacer ostentación de sus méritos ni de los privilegios de los que goce. En ningún caso reivindicaremos las acciones de quien detente el poder por la fuerza, una desgracia que, por ahora, es muy frecuente en el mundo.

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La misma anáfora, la mismísima

Hablamos con anáforas y al escribir las usamos continuamente. No sabía si decirlo, porque es una perogrullada para quien sepa qué es una anáfora y puede ser un susto para quien no lo sepa.

En realidad, una anáfora puede ser tres cosas distintas, que el DLE define a la perfección. De esas tres hay una muy práctica, ya que sirve para hablar y escribir sin tener que repetirlo todo; o sea, mencionas algo con una palabra concreta (un nombre o un verbo) y luego buscas otra palabra bastante menos concreta (un adjetivo, un pronombre, un artículo o un adverbio) que lo señale, a ser posible sin equívocos.

Las profesoras no tienen ni idea pero van de expertas. Me di cuenta la primera vez que las oí.

Todo el mundo entiende que las se refiere a las dos profesoras. Se ha evitado la repetición del sustantivo mediante un pronombre, que para eso están: para sustituir a los nombres. Pero hay otras piezas léxicas que pueden desempeñar la misma función. Sin ir más lejos, todo verbo es una anáfora, ya que la conjugación indica quién es el sujeto; un poco por encima, es verdad, pero por lo menos dice si es uno o varios, y también si es el que habla (primera persona), el que le escucha (segunda persona), o uno que no anda en la conversación (tercera persona). Por eso en castellano no hace falta poner el sujeto en la mayoría de las oraciones (a cambio, aprender la conjugación, en comparación con lenguas como el inglés, puede ser un tormento).

—Os machacaremos.
—Lo dicen en serio. 

Aparte de que, en general, los hablantes y los lectores son listos, en la segunda oración se entiende que quien dice algo en serio son los mismos que han amenazado con machacar a no sé sabe quién; eso ocurre porque el verbo dicen identifica un sujeto plural; es decir, es una anáfora.

Y así, no resulta nada difícil ver que todo lo que señala en el texto permite recuperar algo que ya ha salido.

En Mercurio hay muy buenas vistas al Sol. Además, hay mucho terreno sin urbanizar. Si no fuera porque el clima es un poco extremo, me hacía una casita allí y me dedicaba a explorarlo. Veo que tiene muchas posibilidades y las mías aquí están agotándose.

Los antecedentes de allí, lo y las mías están claros; y estas tres palabras son referentes anafóricos que desempeñan su papel a la perfección.

Pues con todos los referentes anafóricos que existen, a veces se usa una palabra que hace que nos sangren los ojos a muchos correctores. Se trata del adjetivo mismo (con sus flexiones de género y número). La palabra es en sí misma muy apreciada entre los mismísimos gramáticos, por lo mismo que se aprecian todos los adjetivos: porque por sí mismos resultan expresivos; pueden tener el mismo grado de significado que un nombre y, asimismo, le dan al texto riqueza; es un adjetivo estupendo, pero ahora mismo no se me ocurren más usos del mismo. No me extenderé mucho más porque quería escribir una entrada breve y he ido añadiendo demasiadas explicaciones a la misma; y es que a veces ni siquiera hace falta el elemento anafórico.

¿Que va bien para referirse a algo que ya ha salido? Sí, pero es muy fácil usar otros elementos anafóricos. Me acuerdo de un tipo que usaba mucho esa anáfora: no hay duda de que le faltaban algunas nociones de gramática, pero no quería ni oír hablar de la misma ella. No es que fuera tonto, pero le parecía que así le daba a los textos un aire docto y muy formal. Presumía de dominar la escritura y de heredar usos y costumbres de maestros de la pluma; como si bebiera la tinta de los mismos su tinta, decía.

Por cierto, la anáfora tiene una hermana, la catáfora, que es lo mismo pero en sentido inverso: se representa algo que todavía no ha aparecido. Para usarla también hay que tener cuidado de que entre la representación y el elemento citado no haya una eternidad ni se cuelen otros elementos que hagan dudar de aquello que se invoca. Salvo que escribas una canción como hace Quique González para, mediante la repetición de una catáfora cuyo referente tarda en aparecer, decirnos que cometió un error porque no sabía algo que, luego, parece ser que sí supo.