La coma (1, las que no van)

La puntuación estructura un texto y ayuda al lector a entenderlo. Cabría pensar que, puesto que al hablar no vemos ni puntos ni comas, en el texto escrito tampoco es necesaria la puntuación, pero lo cierto es que no es fácil leer sin ella.

Te tomas unas birras y esperas en la barra donde están los que están solos tú saca el móvil llama a unos colegas o vas a estar toda la noche esperando a ver si llega alguien que te entretenga pues en vez de esperar sin hacer nada piensa en el siguiente paso el moreno aquel de allá el moreno es el siguiente paso corto y me dirijo hacia el moreno con sus birras y las mías quién sabe

La puntuación tiene muy pocas normas. Hay algunas limitaciones y muchas indicaciones; también pautas que acotan los usos y enumeran las funciones de los distintos signos de puntuación, pero es casi imposible decir cuál es la puntuación correcta de un texto, incluso es difícil decir cuál de todas las opciones posibles es la mejor. El texto del ejemplo sirve para hacer pruebas; seguro que a cualquiera se le ocurrirá más de una manera de puntuarlo. Ahora bien, eso no significa que cualquier puntuación sea correcta ni, mucho menos, que cualquiera sea eficaz para la comprensión y la lectura del texto.

De todos los signos, la coma es el que da lugar a más vacilaciones y discusiones. Una coma puede cambiar el significado de un texto. He aquí algunos ejemplos proverbiales:
Vamos a comer, niños.                                          Vamos a comer niños.
No, vamos a esperar.                                            No vamos a esperar.
Tú, mujer, pasa delante.                                         Tu mujer pasa delante.
No sé inglés bien, lo sabes.                                   No sé inglés, bien lo sabes.
No, es mentira que te quiera.                                 No es mentira que te quiera.

A Julio Cortázar, de quien dicen que definió la coma como «esa puerta giratoria del pensamiento» se le atribuye este texto: «Lean y analicen la siguiente frase: Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda. Si usted es mujer, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra mujer. Si usted es varón, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra tiene».

Enorme, pues, el efecto que una coma puede producir en el texto escrito. Y más curioso es que al hablar casi nunca se produzca un malentendido a pesar de que no se digan las comas. ¿O sí se pronuncian? Hay pausas, claro está, pero escribir no es hablar, así que no siempre que se para de emitir sonidos debe haber un signo de puntuación; y, en el otro sentido, hablar no es escribir, así que no siempre que haya un signo se marca con la voz.

Por tanto, esta es la primera directriz que conviene seguir al puntuar: nunca pongas una coma allá donde al leer se te ha acabado el aire o te has quedado sin saber qué decir. La colocación de este signo debe responder a las necesidades del texto, no a las de tus pulmones ni a las limitaciones de tu discurso. Quien escribe no sabe nada de la capacidad pulmonar de quienes van a leer el texto, por lo que es inútil poner comas para que respire el lector; cada cual se administrará el aire como pueda y le convenga. Las comas desempeñan otras funciones y tienen otra utilidad.

Algunas comas que nunca hay que poner:

♦ Entre sujeto y verbo.
* El pescado de color grisáceo que comimos ayer en el restaurante nuevo, no debía de estar muy fresco.
El pescado de color grisáceo que comimos ayer en el restaurante nuevo no debía de estar muy fresco.

♦ Entre el verbo y los complementos que requiere para tener pleno significado, como el atributo, el complemento directo o el de régimen.
* Ya que habíamos ido al restaurante acabamos comiéndonos, el pescado grisáceo.
Ya que habíamos ido al restaurante acabamos comiéndonos el pescado grisáceo.
* Recuerdo aquel pescado y aunque no te lo creas me acuerdo, del cocinero.
Recuerdo aquel pescado y aunque no te lo creas me acuerdo del cocinero.
* Al final acabamos dándole el pescado, al gato que rondaba por el patio.
Al final acabamos dándole el pescado al gato que rondaba por el patio.

♦ Al final de una oración o de un párrafo o de un texto; siempre va un punto.

♦ Antes de conjunciones copulativas o disyuntivas (salvo excepciones protagonistas de otra entrada).
*No estaban frescos el pescado, ni la carne. Menos mal que la fruta, el vino, el pan, y el café estaban buenos. Y encima las sillas eran pequeñas, o de plástico. 
No estaban frescos el pescado ni la carne. Menos mal que la fruta, el vino, el pan y el café estaban buenos. Y encima las sillas eran pequeñas o de plástico. 

♦ Detrás de pero y antes de interrogación o de exclamación.
*Pero, ¿ahora resulta que hay comas incorrectas?
Pero ¿ahora resulta que hay comas incorrectas?

♦ Delante de una conjunción que en frases de tipo tan… que. Y en las de tipo si… que.
*Estaba tan pasado el pescado del restaurante, que van a catalogarlo como fósil. Si estaría pasado el pescado, que la piel parecía cartón.
Estaba tan pasado el pescado del restaurante que van a catalogarlo como fósil. Si estaría pasado el pescado que la piel parecía cartón.

♦ Tras el nombre o cualquier apelativo de la persona a la que se le dirige una misiva, aunque sea en forma de correo electrónico. Es una forma usada por los hablantes de inglés, que da la curiosa coincidencia de que escriben sus misivas en inglés (sí, la puntuación, como las palabras, tiene idioma y se traduce y hay que evitar los calcos).
*Querida mama,  
Ayer nos dieron un pescado asqueroso en el restaurante.
Querida mama: 
Ayer nos dieron un pescado asqueroso en el restaurante.

Además de tener claro que esas comas no van, conviene observar que una coma siempre interrumpe el discurso; por tanto, mejor echarlas de menos que tener que apartarlas a manotazos para poder seguir leyendo.

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