La coma (3, entre oraciones)

En la anterior dosis de atutía anuncié que la siguiente sería el ungüento para separar oraciones simples que forman una compuesta. Pues aquí va.

El principio general es que siempre que la oración subordinada vaya delante de la principal, se pone una coma entre ellas.
Aunque parezca que lo de las comas es un lío, acabas cogiéndole el tranquillo.
Si esperas encontrar normas claras y sencillas, olvídate de aprender a puntuar.

Puede servir de pista que estos ejemplos se parecen mucho a los del apartado «Separar un complemento adelantado de la oración» de la entrada anterior. Esa misma pista lleva a pensar que si las dos oraciones que forman la compuesta estuvieran en el orden inverso (la principal antes que la subordinada), no habría coma de separación.
Acabas cogiéndole el tranquillo aunque parezca que lo de las comas es un lío.
Olvídate de aprender a puntuar si esperas encontrar normas claras y sencillas.

Ahora bien, en las oraciones compuestas en las que una introduce una restricción, una salvedad o una objeción a la otra, va coma entre ambas, independientemente del orden.
No quería comer más regaliz, salvo que trajeran el rojo. Aunque teniendo en cuenta el atracón que se había dado, era mejor que dejara de comer. Le habían dicho que la merienda iba a ser ligera, pero no se imaginaba que solo hubiera chuches y vino. Si bien le gustaban ambas cosas, le parecía un surtido raro para un entierro.

Para no poner más tecnicismos gramaticales, baste decir que ese tipo de oraciones van introducidas por: salvo, menos, excepto, pero, mas, si bien, aunque, sin embargo, sino. ¡Bien!, esa lista es muy útil, salvo que la última conjunción, sino, no va precedida de coma cuando significa algo así como ‘más que’, ‘salvo’, ‘excepto’, ‘aparte de’. Y ya es raro, puesto que antes de salvo y excepto sí va coma; lo dice la Ortografía de la RAE, así que reclamaciones al maestro armero.
No plantaría más flores sino geranios blancos.
  (= No plantaría más flores aparte de geranios blancos).

También va coma en oraciones compuestas en las que la segunda expresa una consecuencia de la primera. Se reconocen porque la consecuencia suele ir introducida por de manera que, así que, conque.
Es 15 de abril, así que la tarde la dedicaré a hacer la declaración trimestral del IVA.

Y cuando una oración explica la causa de lo que dice la otra, se distinguen dos casos, uno con coma y el otro sin ella:
No se vendrá de cañas; está haciendo el IVA, porque es 15 de abril.
No se vendrá de cañas; está haciendo el IVA porque es 15 de abril.

El primer ejemplo dice que como yo sé que el 15 es el último día para presentar la declaración trimestral del IVA, deduzco que mi amigo está preparando el trámite y no saldrá. En ese caso el porque no introduce una explicación real, por eso está separado por una coma. El segundo ejemplo dice que la razón de que esté haciendo el IVA es que es 15 de abril; es una explicación real de la causa y por eso no va precedida de coma.

Si de lo que se trata es de poner orden al decir que puede pasar una cosa u otra (oraciones distributivas), nada mejor que una coma. También son necesarias en un tipo especial de esas oraciones: en las que interviene la expresión no solo… sino que.
Bien salga un geranio, bien brote una tomatera, la terraza quedará muy lucida. No solo estará bonita, sino que resultará acogedora.

Seguro que hay algún caso que no sale en esta entrada ni en las otras que tratan de la coma (aún falta una dedicada a la muy conflictiva, o no tanto, relación entre coma y conjunciones copulativas y disyuntivas) que hace bailar las comas. A cualquiera que escriba le saldrán decenas de frases en las que dudará si poner o no una coma. Es más, ante un mismo texto, dos personas con sólidos conocimientos de puntuación y con muy buen gusto en la redacción tendrán opiniones distintas sobre la mejor solución.
Si lo sé, no vengo. Si lo sé me quedo.

Nadie puede decir que una de esas dos oraciones está bien puntuada y la otra no; ni siquiera que una esté mejor puntuada que la otra. Depende del gusto del redactor, del estilo del texto en el que se encuentren y de otros factores subjetivos y sutiles que no se pueden someter a normas estrictas.

Conozco un excelente corrector que habla de la puntuación consciente (no de la normativa) y otro que mantiene que quien escribe (y no digamos quien corrige) puede interpretar la norma y adaptarla a sus necesidades expresivas. Pues esa es la cuestión. La puntuación tiene algunas normas y muchas recomendaciones, pero como el catálogo de situaciones es infinito es posible saltarse las unas y las otras; eso sí, si se conocen al dedillo y no se olvida que una coma puede cambiar el significado; mira si no qué fácil es pasar de sinvergüenza que compra políticos a politógo con dotes adivinatorias.
Tras las elecciones, han cambiado el alcalde como les dije.
Tras las elecciones, han cambiado el alcalde, como les dije. 

La coma (2, unas que sí van)

Aunque la puntuación tiene pocas normas, hay unas cuantas situaciones en las que se puede afirmar que no hay que poner una coma; esa dosis de atutía fue Las comas que no van. Pero alguna hay que poner y ahí empiezan las dudas. Un método (no inusual entre algunos gremios que suelen redactar textos) es coger una cierta cantidad y dejarlas caer a voleo, pero la experiencia dice que casi siempre caen donde no deben y que se nota mucho, así que veamos algunas de las funciones que desempeña la coma y las normas (o los usos y costumbres) para su colocación.

Separar elementos de una enumeración

Los elementos separados pueden ser oraciones completas.
Se han puesto imposibles de precio las berenjenas, los pimientos y las vacaciones en las Seychelles.   
Me voy de vacaciones, me olvidaré de todo, me relajaré una barbaridad y cuando vuelva tendré muchas ganas de trabajar.

En los dos ejemplos podría haber puesto la conjunción y en vez de comas, ya que se trata de añadir elementos; lo que no se puede hacer es poner las dos cosas. Dicho de otra manera, antes de una conjunción copulativa no va una coma…, excepto algunas veces; así que como el asunto tiene excepciones, discusiones, puntos de vista y gustos variados, el asunto una dosis generosa de atutía que ya está preparándose en la botica.

También desempeña esta función el punto y coma (será otra dosis de atutía).

Separar y acotar un inciso

Un inciso es una parte del texto que añade algún detalle al discurso principal, pero que no es imprescindible; si se elimina el inciso y las comas que lo delimitan, el texto tiene sentido y queda bien puntuado.
Quiero encontrar, sin tardar mucho, un billete barato a las Seychelles. Que no es que no pueda pagar, que no es por dinero, uno bien caro y en primera clase. Pero, mira, lo que me ahorre en el vuelo, porque en barco no pienso ir, me lo gasto, cuando me haya instalado en un chiringuito de la playa, en piñas coladas.

Nada hay más fácil que liarse con un inciso, estirarlo y olvidarse de poner la coma que lo cierra. También es fácil ponerlas antes de que empiece el inciso.
Las Seychelles no están a la vuelta de la esquina, así, que ya que voy, las veo todas. No me importa echar algún día más, y de paso, conozco seychellanos. 
Las Seychelles no están a la vuelta de la esquina, así que, ya que voy, las veo todas. No me importa echar algún día más y, de paso, conozco seychellanos. 

¡Ah! y mejor comas que rayas (las rayas son harinas de otro costal; dicho en lenguaje de blog, tendrán su propia entrada).

Separar el vocativo

Vale, ya no se escriben postales, pero sí mensajes por otras vías, y que la comunicación sea electrónica no exime de poner una coma que separe el saludo del nombre de la persona a la que se dirige el mensaje (ni de poner los dos puntos después).
Hola, Abundio: Te escribo esta postal desde las Seychelles.

Y aunque no se trate de una misiva, el vocativo, que no siempre es un nombre propio, sigue yendo entre comas.
—Ya ve, señorita, las Seychelles son un lío. Si quiere le hago de guía.
—Va a ser que no, guapito de cara, ya me apaño yo con un mapa.

Separar y acotar estructuras explicativas

Una estructura explicativa es la que explica algo sobre lo que hay justo antes. Esa definición ha sido un viaje sin alforjas, que no hacen falta. La última frase que has leído (justo antes de la que estás leyendo) no justifica la perogrullada de la penúltima, sino que solo sirve para ejemplificar una estructura explicativa: explica que no hacían falta alforjas para el viaje. Si no hubiera escrito una coma antes de que, el significado sería que hay unas alforjas necesarias y otras que no lo son, y que el viaje se hace sin las innecesarias (y sería una estructura especificativa). Al hablar es común marcar cierta pausa y hasta un cambio de entonación en las estructuras explicativas, aunque es frecuente que se produzca ambigüedad; sin embargo, en un texto escrito la coma lo deja bien claro.
El candidato, que se peina coleta, hace malabares para no decir que es de izquierdas.
El candidato que se peina coleta hace malabares para no decir que es de izquierdas.

En la primera oración se habla de una persona y se explica cómo se peina. En la segunda se especifica de cuál de todos los candidatos se está hablando y se deja abierta la posibilidad de que los otros sí digan claramente si son de izquierdas o de derechas.

Separar un complemento adelantado de la oración

Y el ejemplo va a servir de explicación.
Por desgracia, no hay una norma fija para estas comas. En los libros y otros textos escritos, verás que unas veces los complementos adelantados van separados por coma y otras veces, no.

Hay quien dice que se pone coma si el complemento adelantado está formado por más de cuatro palabras.

Separar las muletillas de confirmación

Por una vez, la pausa que se hace al hablar coincide con la coma.
Ya te había dicho que muchas comas son cuestión de gustos, ¿no? Es un lío, ¿ves? Acabas desarrollando un estilo propio de puntuar el texto, ¿verdad? Eso al escribir es importante, ¿no te parece?

Separar conectores de la oración que introducen

Es probable que estas comas sean las que más dependen del gusto. Ahora bien, lo usual es ponerlas. Unos cuanto ejemplos de esos conectores son: en cuanto a…, con relación a…, por lo que respecta a… Además, la coma no es optativa con conectores que introducen una explicación o que afectan al significado de toda la oración; aquí van unos cuantos: esto es, es decir, o sea, a saber, pues bien, ahora bien, en tal caso, por un/otro lado, en primer lugar, por último, además, a pesar de todo, por el contrario, sin embargo, no obstante, en cambio, por lo general, efectivamente, generalmente, naturalmente.
Por lo tanto, el autor siempre tiene la última palabra. No obstante, el editor puede indicar un estilo de marcar los conectores. Además, el corrector puede cambiar la puntuación.

Por otra parte, es posible escribir los conectores en medio de la oración; en ese caso deben ir siempre entre comas.
El autor, por lo tanto, siempre tiene la última palabra. El editor, no obstante, puede indicar un estilo de marcar los conectores. El corrector, efectivamente, puede cambiar la puntuación.

Separar oraciones

Las oraciones simples que forman parte de una compuesta están separadas mediante una coma siempre que la oración subordinada vaya delante de la principal. Como hay unos cuantos tipos de oraciones y algunas particularidades en las que vale la pena detenerse, reservaré la explicación y los ejemplos detallados para otra dosis de atutía. De momento, solo unos ejemplos.
Aunque parezca que lo de las comas es un lío, acabas cogiéndole el tranquillo.
Si esperas encontrar normas claras y sencillas, olvídate de aprender a puntuar.

Puedes repartir las comas al tuntún, pero es probable que no pongas bien ni una.

Sustituir un verbo que ya ha aparecido

Entre los poderes de la coma está el de hacer de verbo, siempre que ya haya aparecido en el texto y no esté muy lejos.
La vaca asoma en lontananza. Las nubes, por encima. La vaca da leche; las nubes, agua. La vaca come hierba; las nubes, aire. El pastor mira la vaca; el poeta, las nubes, y tú, al suelo para ver por dónde pisas. 

Está claro que las nubes asoman por encima, que dan agua y que comen aire; también que el poeta mira las nubes y tú miras al suelo. Y gracias a unas cuantas comas se evita la repetición de verbos. Conste que no es por ahorrar palabras, sino porque las repeticiones no son de buen estilo en castellano (generalizando y sin pensar en efectos particulares buscados y conscientes).

Es muy frecuente usar la coma en vez de los verbos ser o estar. También se hace al hablar, con una pausa más o menos marcada.
Tus amigos, de cañas, y tú, con la declaración del IVA. Claro que tus amigos son previsores, y tú, procrastinador. No pasa nada, solo que las cañas están en el bar y lo del IVA, en el ordenador.

Sin comas, hubiera sido así: Tus amigos están de cañas y tú estás estudiando. Claro que tus amigos son listos y tú eres procrastinador. No pasa nada, solo que las cañas están en el bar y lo del IVA está en el ordenador.

Introducir un matiz expresivo o destacar una circunstancia

Se trata de comas sin justificación sintáctica, pero con una enorme capacidad semántica.
Me voy a las Comoras, sin ti esta vez.

Y el interlocutor entiende que no te lo llevas porque en las Seychelles te dio el viaje. En una conversación hablada, habría una pausa y un cambio de entonación; ese significado se consigue con la coma (y con la cooperación del lector, claro).

Separar elementos de expresiones numéricas

En las fechas, el día de la semana y el día del mes se separan mediante una coma; también el lugar de datación y el día del mes. Además, en las direcciones, entre el nombre de la calle y el número del edificio se pone una coma.
El Villarejo de los Olmos, 30 de marzo de 1916.
Calle Rubio, 4, 2.º dcha.

Y en castellano, se suele emplear la coma para separar la parte decimal, pero nunca para marcar los millares.

Para acabar, como casi todo lo que tiene que ver con las comas es un depende y un casi siempre pero a veces, acabaré con una certeza que dé reposo a las almas desasosegadas por la maldita coma: etcétera, tanto la palabra completa como su abreviatura, etc., siempre va entre comas, salvo que esté al final de la frase, en cuyo caso irá seguida de un punto; nada, ni esto podía ir sin una excepción.