Esto no es lo que era -1-

Vaya por delante que «toda la vida ha sido así» es un argumento lingüístico detestable, absurdo e inútil.

Un DESPUÉS que debe ser un PORQUE o un A RAÍZ DE 

Pero es que toda la vida después había sido un adverbio de tiempo.
Después de denostar el argumento de toda la vida, va la pánfila esta y lo usa; pero justo después, sin esperar nada.

En la forma después de se podía convertir en una locución preposicional, con el significado de ‘a pesar de’.
Después de la paliza que nos da, la correctora esta no es ni coherente.

Nos entendíamos y nos manejábamos bien con el después. Y va y adquiere un nuevo significado; mejor dicho, va y calca un significado que ni tenía ni falta que le hacía.
La tía Angustias empezó a comer todo el gluten que podía después de enterarse de cómo habían ido las cosas en el Neolítico.

¿Da esa frase una pista temporal de cuándo cambió de parecer la tía Angustias? Pues no. Lo que expresa es el motivo de su comportamiento por lo que es mucho mejor redactarla así:
La tía Angustias empezó a comer todo el gluten que podía porque se enteró de cómo habían ido las cosas en el Neolítico.

La razón de que se nos vaya escapando esta manera de precisar si queremos expresar una secuencia temporal o si se trata de una explicación es que sabemos mucho inglés, de manera que, en cuanto vemos un after (un adverbio inglés, no un garito que abre cuando todos cierran), ¡zas!, plantamos un después. No lo hace todo el mundo, claro, pero los redactores mediocres que responden al primer vicio lingüístico con pinta de moderno y los malos traductores se han abonado a ese después-sin-pensarlo. Entonces pueden quedar engendros como este:
Empezó a hacer magdalenas normales después del morro torcido de su abuela.
♦ Empezó a hacer magdalenas normales a causa del morro torcido de su abuela.
♦ Empezó a hacer magdalenas normales porque vio que su abuela torcía el morro.

O puede que sea más preciso pensar en un punto de partida:
Decidió tejer las bufandas a punto bobo después de la experiencia de su prima, que comprobó que cunde una barbaridad.
Decidió tejer las bufandas a punto bobo a raíz de la experiencia de su prima, que comprobó que cunde una barbaridad.

Con esas fórmulas no se agotan las locuciones adecuadas para expresar causa, punto de partida o detonante de una acción. Puede que no valga la pena pensar en ellas si, después de todo, se entiende lo que se quiere decir. Aunque, a fin de cuentas, cuesta poco usar un lenguaje preciso y rico.

 

Un PREVIO A que debe ser un ANTES DE y jamás un EN EL PASADO

De toda la vida (¡uy!, otra vez), previo ha sido un adjetivo que calificaba a un sustantivo para situar algo antes de otro hecho expresamente citado a, al menos, consabido. Pero no ejercía de adverbio de tiempo; para eso se usaba un sencillo antes.
El aperitivo que sirvieron previo al banquete fue un pelín triste. ¡Ya!, que la doctrina vegana no permite el jamón… Como si las patatas de bolsa no hubieran sido seres vivos previos.
Parece ser que el aperitivo que sirvieron antes del banquete fue cutre. Y las patatas también eran seres vivos previamente a que las metieran en la bolsa.

Otra cosa es ese previamente que aparece hacia el final y que es, ese sí, un adverbio de tiempo, si bien hay que usarlo con cuidado para que no ocupe el lugar que le corresponde al modesto pero eficaz antes.

Para que algo sea previo o suceda previamente, hay que tener clara la referencia temporal. Si no existe tal referencia y solo se proyecta la acción hacia el pasado, lo mejor es tirar de clásicos: antes, en tiempos remotos, antiguamente
Previamente la gente bebía del botijo y el agua fresca le sabía a gloria bendita.
Antes la gente bebía del botijo y el agua fresca le sabía a gloria bendita.
Previamente a la invención de la nevera, la gente bebía del botijo y estaba encantada.

¡Ah!, ya que estamos: ese en el pasado que calca in the past ni es un clásico ni es un adverbio de tiempo.
En el pasado había un botijo en cada casa.
Antiguamente había un botijo en cada casa.

Lo que es muchas veces es una cursilada innecesaria, porque el tiempo verbal ya proyecta la acción allá donde debe entenderla el interlocutor o el lector.
En el pasado la tía Angustias creía que el gluten es malo porque modifica los genes.
La tía Angustias creía que el gluten es malo porque modifica los genes.

Y no hay nada que proyecte más la acción al pasado que un pretérito perfecto.
En el pasado Angustias Sapiens había sobrevivido sin gluten, pero cuando domesticaron los cereales vio que iba bastante bien eso de comer trigo.
Angustias Sapiens sobrevivió sin gluten, pero cuando domesticaron los cereales vio que iba bastante bien eso de comer trigo. Ocurrió hace varios milenios, sí, durante los cuales las penas con pan siempre fueron menos.

Y no digamos un pretérito pluscuamperfecto.
Angustias Sapiens había sobrevivido sin gluten, pero cuando domesticaron los cereales vio que iba bastante bien eso de comer trigo. Para cuando descubrieron el gluten habían transcurrido varios milenios a lo largo de los cuales los descendientes de Angustias habían digerido toneladas de la hoy denostada proteína.

Así que el adverbio después, el adjetivo previo y el sustantivo pasado tienen su significado y su función, y no hace falta adjudicarles las tareas que les corresponden a otras palabras o expresiones.

Es pasiva refleja, no impersonal

Se puede decir que las pasivas reflejas son oraciones pasivas elegantes. Como definición gramatical no es muy ortodoxa, pero ayuda a entender que se prefieran a las pasivas de verdad. Por ejemplo:
Se esperaban novedades importantes sobre los villancicos y todo apuntaba a que se iban a prohibir. Eso se decía en los círculos próximos al poder. Desde que se habían trasladado habitantes de Saturno se padecía menos la contaminación acústica. Ellos, con su oído limpio y claro, todavía no sojuzgado por la internacional centrocomercialera, pensaban que así se revertirían los casos diagnosticados de navidaditis y se volvería a imponer el buen gusto musical en la muy decadente y embrutecida sociedad terrícola.

Haz la prueba: todas las oraciones del texto anterior se pueden transformar (pueden ser transformadas) en oraciones pasivas; tal que así:
Eran esperadas novedades importantes sobre los villancicos y todo apuntaba a que iban a ser prohibidos. Eso era dicho en los círculos próximos al poder. Desde que habían sido trasladados habitantes de Saturno la contaminación acústica era menos padecida. Ellos, con su oído limpio y claro, que todavía no había sido sojuzgado por la internacional centrocomercialera, pensaban que así serían revertidos los casos diagnosticados de navidaditis y volvería a ser impuesto el buen gusto musical en la decadente y embrutecida sociedad terrícola.

Está claro por qué se prefiere la pasiva refleja y no son preferidas las pasivas, ¿no?

La construcción de la pasiva refleja es muy sencilla; basta prestar atención a las características siguientes:

  • Siempre aparece la partícula se precediendo al verbo.
  • El verbo es transitivo y se conjuga en tercera persona.
  • Sujeto y verbo concuerdan en número. Eso es muy importante porque diferencia las oraciones pasivas reflejas de las impersonales (la siguiente dosis de atutía irá destinada a calmar la impersonalidad; la gramatical, claro).
  • El sujeto es sujeto paciente y suele ir detrás del verbo (también habrá una dosis de atutía dedicada al orden de los elementos en la oración).
  • Nunca aparece el sujeto agente, pero se puede recuperar o, al menos, imaginar.

Uno de los peligros sintácticos que acechan es querer que quede claro el sujeto agente; en ese caso no hay más que construir una oración activa corriente y moliente:
Ahora se bailan los villancicos en las fiestas por los jípsters del pueblo.
Ahora los jípsters del pueblo bailan los villancicos en sus fiestas.

Así que la pasiva refleja tiene una sintaxis de bajo riesgo. Bajo, sí, pero cuando caes te estozolas:
Se vende los dos discos de villancicos que poníamos todo el rato en el centro comercial otros años. Se regala seis zambombas bien afinadas.
Se venden los dos discos de villancicos que poníamos todo el rato en el centro comercial otros años. Se regalan seis zambombas bien afinadas.

Resulta que los dos discos de villancicos y seis zambombas son sujetos pacientes, pero sujetos al fin y al cabo, por lo que tienen que concordar en número con el verbo. Si los villancicos y las zambombas te producen sarpullidos con solo imaginarlos, recuerda un modelo muy sencillo: se alquilan pisos.

Fácil, sí, claro…, hasta que aparece una perífrasis verbal y ríete tú de la duda metódica: ¿se seguirá poniendo el belén cuando lleguen los saturninos?
En el almacén de los magos se está preparando como presentes fragmentos de meteorito, luz de supernova y polvo de estrellas.
En el almacén de los magos se están preparando como presentes fragmentos de meteorito, luz de supernova y polvo de estrellas.

Lo primero es localizar el sujeto. No hay muchos candidatos; tiene que ser fragmentos de meteorito, luz de supernova y polvo de estrellas, y eso son tres cosas, así que se necesita un verbo en plural; como preparando es gerundio, hay que poner ese están, así, conjugado en plural. Si el segundo verbo es un infinitivo, ocurre lo mismo:
Se veía venir que se iba a alquilar los anillos para ver la cabalgata desde la distancia.
Se veía venir que se iban a alquilar los anillos para ver la cabalgata desde la distancia.
El sujeto es plural —los anillos—, por lo que hay que poner en plural el único verbo en forma personal que hay en la oración —iban—.

Entonces por qué, si está tan claro, es común errar usando el verbo en singular: Pues porque en los ejemplos hay una perífrasis verbal, estructura que se confunde a menudo con la oración impersonal. La manera de comprobar si se trata de una perífrasis y, por tanto, el verbo debe concordar en número con el sujeto es poner la oración en pasiva. ¿A que a nadie se le ocurre decir se veía venir que los anillos iba a ser alquilados? No hay duda de que se veía venir que los anillos iban a ser alquilados.

Eso con una impersonal no se puede hacer, pero eso es otra dosis de atutía.

Una coma; o dos; o ninguna

El gran traductor Carlos Mayor me plantea un problema con una coma; y cuando él duda hay que pensárselo dos veces, porque puntúa con precisión y primor. Así que lo que a bote pronto podría haber sido un sí o un no resulta que es un repertorio de opciones que ilustra lo que puede hacer una coma, o su ausencia, en la lectura y la percepción de una frase.

Sí, tiene toda la pinta de ser un asunto de esos solo para maníacos que no dejan que cada uno escriba como quiera a pesar de que nos entenderíamos igual. Pues bien, para esos, partamos de una frase no muy compleja con dos opciones claras (y alguna otra menos obvia) de puntuarla:
1a) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero antes de que construyeran la carretera estaba lleno.
2a) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero, antes de que construyeran la carretera, estaba lleno.

La primera podría haber sido así:
1b) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero estaba lleno antes de que construyeran la carretera.

O sea, antes de que construyeran la carretera es un complemento (circunstancial de tiempo), que en 1b está al final de la oración y en 1a está adelantado. Cuando eso ocurre, y sobre todo si es largo, se suele acotar con una coma.

Por su parte, la segunda versión podría haber sido así:
2b) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero estaba lleno.

En 2a antes de que construyeran la carretera es un inciso; es decir que quien la ha escrito piensa que es accidental, incluso que se puede prescindir de él, y por eso lo confina entre comas. Pero sin ese segmento que parece un inciso la oración tiene poco sentido. Eso es una pista para interpretar el segmento como complemento adelantado y no ponerlo entre comas, sino solo con una coma que señale su final; o sin ninguna. Yo lo he hecho en unas cuantas frases de este párrafo.
3a) Pero, sin ese segmento que parece un inciso, la oración tiene poco sentido.
3b) Pero sin ese segmento que parece un inciso, la oración tiene poco sentido.
3c) Pero sin ese segmento que parece un inciso la oración tiene poco sentido.
3d) Pero la oración tiene poco sentido sin ese segmento que parece un inciso.

Cuando leo la forma 3a, las comas dicen que lo que hay entre ellas es menos importante, así que puede que mi cerebro salte desde la primera coma hasta la segunda para quedarse con el mensaje esencial: Solo que la oración tiene poco sentido. Y habré perdido información relevante.

Cuando leo la forma 3b, veo que hay algo que afecta al mensaje principal y me lo encuentro antes de él, bien marcado su final con una coma, la cual casi me invita a reflexionar sobre esa condición que acabo de leer.

Cuando leo la forma 3c, lo entiendo todo, si bien tengo que haber leído con atención el complemento adelantado para recordar que esas son las circunstancias en las que se cumple el mensaje esencial; incluso es posible que tenga que volver atrás a recuperarlo.

Cuando leo la forma 3d la compresión es fácil, puede que también la emoción, y nadie echará de menos ninguna coma.

Total, que la sintaxis y la puntuación dependerán de la importancia que se dé a las circunstancias que enmarcan la acción principal. Hay varias opciones:

  • Hacer que las circunstancias sean un inciso invita a obviarlas y le da más validez a la conclusión, si bien nadie podrá decir que no se ha marcado aquello que modula, o restringe, dicha conclusión.
  • Si a las circunstancias se les da categoría de complemento adelantado acotado con coma, cobrará gran importancia; hasta el extremo, sobre todo si dicho complemento es muy largo, de devorar el mensaje principal.
  • Para que las circunstancias queden en el mismo plano que el mensaje y no destaquen, nada mejor que adelantarlas y no marcarlas de ninguna manera.
  • Llevarlas al final de la oración refleja el carácter circunstancial del complemento.

La conclusión es que hay que elegir cómo se puntúa, ya que la puntuación construye la sintaxis; y la sintaxis modula el significado.

Claro que quizá eso deba ser el punto de partida, no el final. Y como el verano no se ha acabado, aquí va un minicuadernillo de vacaciones para practicar diversas formas de puntuar, y así construir incisos o complementos y percibir matices.

Se puede debatir sobre qué dieta detox está más rica pero teniendo en cuenta que no nos morimos todos los días habrá que concluir con total convencimiento que el cuerpo elimina toxinas que es un no parar.

Me pareció que se hacía tarde para comer pero antes de que pudiera preguntar la razón me pusieron una sartén en la mano.

Gritó triunfante pero avergonzada se bajo del banco que rodeaban los niños a los que les había mangado la pelota.

No le había dicho el nombre de su pueblo y como ya no existía y hacía  mil años que estaba lejos ya no le quedaba ni gota de acento que delatara su origen.

Me dijo que si no sabía cómo conseguir unos pimientos ella me los suministraría que sin pisto no íbamos a quedarnos por esa fruslería.

El texto puede ser de otra manera

Un día a alguien se le ocurre que va a ser ingenioso, no, lo siguiente, parece ser que como no podía ser de otra manera, y va y lo peta. Parece ser que a día de hoy todo el mundo opina que quien habla así está que se sale, así que en seguida hay quien arranca a pronunciar expresiones manidas como un bebé copia los gestos de sus progenitores.

En esta entrada no va a haber nada en rojo, porque todo es correcto; incluso gracioso, ¿o ya no? Empiezo a apreciar que alguien diga, o escriba, que algo es muy bueno o que alguien es más alegre que un cascabel o que una situación es requetemagnífica; incluso si oigo que un libro es supermegaguay, a estas alturas, me parece original. Quiero poner mi irritación negro sobre blanco, ¡original, la metáfora!, o sea, por escrito. Entre las opciones que hay al hablar y al escribir, una que cambia de cuajo la comunicación es ser lo más sencillo posible. Y sencillo no quiere decir poco elaborado; bien al contrario, llegar a un texto sencillo y eficiente requiere más elaboración que dejarlo complicado y confuso.

Escribía Pascal en una carta: «Disculpe que le mande una carta más larga de lo habitual, pero no he tenido tiempo de hacerla más corta». Encontrar la expresión más precisa, quitar un adverbio que se arrastra por vicio o dar con un adjetivo original requiere tiempo; no solo tiempo para elaborar el texto (del que no se dispone al hablar), sino ese tiempo que se mide en días, semanas, meses y años de estudio o de mera observación y contagio de riqueza lingüística; a menudo de un aprendizaje que no pasa por libros, sino por recordar lo que decía la abuela o por fijarse en lo que dice un hispanohablante americano (guardan algunas esencias léxicas que aquí se han perdido).

Para empezar (sin necesidad de arrancar) a ser preciso, expresivo y brillante (sin lo siguiente), y con ello deslumbrar, descollar, distinguirse, impresionar (sin petarlo ni salirse) incluso a un niño de pecho o un crío (aunque ya no sea bebé), hoy (sin día) o ahora o en la actualidad o por el momento, para eso, ayuda mucho fijarse en quien hable o escriba con cierta maestría (no sirve leer libros mal editados y peor corregidos o sin corregir). Ahora bien, lo que es imprescindible es hablar y escribir, buscar palabras que uno no ha usado nunca, preguntarse si la concordancia está bien, dudar si la coma cae en su sitio o sobra, tener que consultar si va o no una tilde, atreverse a no poner comillas para indicar ironía y quitar mucho de lo que se ha escrito a la primera, aunque sea en un correo electrónico para el administrador de fincas. Porque casi todo puede ser siempre de otra manera.

Pleonasmos y otras sobrancias

Un pleonasmo puede ser útil y darle expresividad al texto. Así, cuando una madre grita por el balcón «¡sube p’arribaaa!», su pleonasmo dice muchas cosas; por ejemplo, que antes ha habido un «sube a cenar», un «vengaaa, sube ya», un «¡que subas te he dicho!», y un «que no tenga que volver a salir al balcón». En ese sube p’arriba, hay un verbo en imperativo y un complemento circunstancial de madre; por eso la redundancia del arriba, con su preposición contraída, ni reitera ni sobrecarga el sube, sino que le da expresividad y añade matices. (Digresión: ¿por qué son correctas las contracciones al y del pero no lo es pal e, incluso, la transformación de para en el prefijo pa o p-?).

Hay más expresiones de ese tipo (salir afuera/fuera, entrar dentro/adentro, bajar abajo); todas ellas, en el texto y el contexto adecuado, hacen que el pleonasmo no dé calambre. De hecho, los textos, escritos y hablados, están llenos de pleonasmos (de alguna manera, el sujeto y su verbo casi siempre son redundantes).
Observé por mí misma como al besugo le preocupaba la llegada de la Navidad. 

Si digo que lo observé no hace falta que especifique que lo hice por mí misma (ni que lo vi con mis propios ojos ni que lo oí con mis propios oídos), pero la repetición enfatiza y se adelanta a posibles objeciones, ya que hago hincapié en que no me lo han contado). No es necesaria esa repetición, pero tampoco estorba; al contrario.

En cuanto a el besugo, es un complemento indirecto (CI) claro y preciso, y, aun así, se repite en el pronombre le. En este caso no solo la sintaxis es correcta, sino que es obligado el doble CI. En bastantes casos hay que duplicar un complemento con un pronombre y en muchos, si bien no es obligatorio, sí resulta más natural que no hacerlo; pero eso será otra dosis de atutía (el de la última frase tampoco es necesario, pero quiero que esté).

Por otra parte, hay pleonasmos propios del habla de una zona o de un estilo narrativo.
En el mes de diciembre del año 1954 el besugo ya se imaginaba que su final podía tomar varias formas diferentes; era un día martes.

Lo malo es que hay pleonasmos que aportan poca expresividad y alargan el texto.
Los iones interaccionaron entre sí, sin experiencia previa. Todos quedaron completamente exhaustos, ya que no habían tenido tiempo suficiente para el precalentamiento y estaban incluidos dentro de la reacción química.

Si se quita todo lo que no está en verde, la frase anterior no pierde claridad y gana en facilidad de lectura; esto último ha sido una opinión, sí. Por otra parte, no hay que descartar que quien escribe algo así tenga una intención clara y maneje bien los recursos expresivos.
Las personas humanas que se presentan a comicios electorales conocen la legislación vigente, aunque en algunos lapsos de tiempo se les olvida. Yo, personalmente, creo que es un prerrequisito contemplar las distintas posibilidades que podrán tener para hacer previsiones de futuro, que son absolutamente imprescindibles para evitar accidentes fortuitos.
Las personas que se presentan a elecciones conocen la legislación, aunque en algunos lapsos se les olvida. Creo que es un requisito contemplar las posibilidades que tendrán para hacer previsiones, que son imprescindibles para evitar accidentes.

Por su propia definición, los comicios son elecciones, la legislación está en vigor (si no lo está es cuando hay que ponerle un adjetivo), un lapso es tiempo (un periodo, también) y los requisitos siempre son anteriores a algo. Y si hay varias posibilidades, serán distintas entre ellas; además, si ya son posibilidades, el verbo poder no hace más que repetir la idea. ¿Cómo sería una previsión que no fuera de futuro? ¿Se puede ser un poco imprescindible? ¿Hay algún accidente que no suceda inopinada y casualmente? Al evitar los pleonasmos no se ha perdido significado sino que, por el contrario, el texto es menos alambicado y más conciso. Claro que si la intención es marear al lector o apabullar al interlocutor, la primera versión es más adecuada. Ahora bien, hay que considerar la posibilidad de que enfrente haya una persona lista que detecte que la mitad del discurso son palabras huecas.

Uno de los recursos expresivos que dan lugar a pleonasmos altisonantes y pretenciosos es el prefijo auto-, sobre todo en su forma auto-cualquier verbo-se; es decir, cuando reitera el valor reflexivo que proporciona con gran eficacia el sufijo –se. Para que aparezca una supernova ya solo es necesario añadir un a mí/ti/sí mismo.
Me preocupo por mi propia salud: me autoimpongo a mí mismo hacer treinta segundos de ejercicio físico todos los días.
Me preocupo por mi salud: me impongo hacer treinta segundos de ejercicio todos los días.

Si tomas autoconciencia de los largos de piscina necesarios para eliminar esa porción de chocolate, no irás a buscarla a la cocina; aunque tengas cita previa con ella.
Si eres consciente de los largos de piscina necesarios para eliminar esa porción de chocolate, no irás a buscarla a la cocina; aunque hayas concertado una cita con ella.

Es oír un reguetón y autosugestionarme de que lo que suena es «Ojos verdes», para no liarme a tortas.
Yo es oír un reguetón y sugestionarme de que lo que suena es «Ojos verdes», para no liarme a tortas.

Yo me autogestiono mis propios periodos de tiempo vacacionales.
Yo me gestiono las vacaciones a mi aire / a mi bola / por mí misma /a mi conveniencia.

No está de más, pues, revisar los textos y pararse ante cada redundancia para decidir si aporta algo o si sobra. Una pista: si cada poco resuenan adverbios acabados en –mente, sobra algo. Y así, en general, los adverbios siempre son sospechosos de estar de más; como ese siempre que se me acaba de colar.