Rayas para no rayarse

Por petición popular masiva y reiterada (tres personas un par de veces; cada uno tiene su público), aquí va un tratamiento de atutía para curar los trastornos de la puntuación de los diálogos en narrativa.

La raya

El sistema más habitual para marcar los diálogos en narrativa es el que usa el signo raya, que no es el guion ni recibe ese nombre (ni siquiera guion largo); y no, no está en el teclado. Para ponerla hay varias opciones. La primera es buscar em dash en los símbolos e insertarlo; o, mejor aún, adjudicarle un atajo de teclado. También se puede usar una de  las combinaciones siguientes: <AltGr ->, <Alt 0151> o <Alt 8212>. En Mac, me chiva el magnífico compositor y corrector de textos Fran Sánchez Mazo que se pone con <opción (alt) mayúsculas guion> o con insertar carácter especial em dash. Y para saber mucho sobre la raya y cómo convertir guiones en rayas, nada mejor que acudir al estupendo blog de la gran hacedora de libros Mariana Eguaras. Aparte de toda esa sabiduría, para darle apariencia de bien compuesto a un texto en Word, es útil el signo horizontal bar, que se pone con <Alt 8213>, ya que no se separa de la letra a la que vaya pegada.

Y ahora que ya sabemos poner la raya, solo hay que tener claro dónde colocarla. No puede ser más fácil:
• Al empezar una intervención en estilo directo (cuando habla un personaje).
Dentro de las intervenciones, al principio de cada acotación del narrador.
Al final de cada acotación si la intervención sigue.

Sí, muy fácil, pero, además de las rayas, están las comas, el punto final, la interrogación y las mayúsculas para amargarle la vida al inventor de historias más imaginativo, al traductor que mejor amaestre las palabras y al corrector con el boli rojo más afilado. Veamos, pues, caso por caso cómo evitar que sangren los ojos.

Habla uno, habla otro

Cuando a los personajes se los hace hablar con intervenciones simples, todo resulta fácil. Solo hay que recordar que la raya va pegada a la primera letra, sin espacio.
      Hacía veinte años que Petronila y Jerónimo no se veían, pero eso no se reflejó en las primeras palabras que intercambiaron.
      ―La tortilla de patatas con cebolla, ¿no?
     
―Siempre lo mismo. Mira, tú, yo casi que me voy a pedir cazón en adobo.

Interviene el narrador con verbo de habla

Puede ocurrir que el narrador quiera contarle al lector quién acaba de expresarse. ¡Hala!, una raya más, pero solo una: la que marca el inicio de la acotación del narrador.
      —Hartita me tienes —le advirtió Petronila a Jerónimo.
      —Pues no me parece para tanto —le contestó él.

Dos son los detalles cuando la explicación del narrador contiene un verbo de habla: el primero, que el punto final de la frase que dice el personaje se desplaza al final de la acotación del narrador; el segundo, que la acotación empieza en minúscula. El narrador siente a menudo la necesidad de describir cómo es ese acto de habla (aunque sea obvio), así que la lista de verbos de habla es larga: decir, murmurar, afirmar, gritar, recriminar, replicar, interrogar, apostillar, implorar, repetir, admitir, responder, objetar

Interviene el narrador sin verbo de habla

Si en la acotación del narrador no hay verbo de habla, tal vez tenga más interés lo que cuenta y, desde luego, modifica la puntuación. ¡Ah! y empieza con mayúscula.
      —Hartita me tienes. —Ni siquiera lo miró.
     
—Pues no me parece para tanto. —Él regaba las mustias petunias.

El narrador interrumpe a un personaje

A veces al narrador se le ocurre interrumpir al personaje y luego dejarle seguir (preguntas para escritores: ¿por qué?, ¿aporta algo?, ¿molesta al lector?). Puede interrumpir con un verbo de habla porque, definitivamente, piensa que el lector es corto de entendederas; entonces, que la intervención se retome con mayúscula o con minúscula dependerá de la puntuación.
      —Yo sí tengo motivos para estar harto —le advirtió—. Hasta aquí hemos llegado.
     
—¡Uy! —exclamó ella—, el discursito de costumbre.

Si la interrupción no tiene verbo de habla, hay que atender a la sintaxis (y, por tanto, a la puntuación) del texto que dice el personaje.
      —Estoy hasta la coronilla. —Contemplaba las petunias—. No para de llover.
     
—Entonces no es tan grave —ni siquiera lo miraba— que no haya regado.
Cabe decir que en la primera intervención algunos autores de manuales de estilo ponen el punto antes de la raya de cierre de la intervención (entre petunias y la raya).

Por otra parte, la segunda intervención se podía haber resuelto de otras dos maneras:
     ♦ —Entonces no es tan grave —dijo sin ni siquiera mirarlo— que no haya regado.
     
♦ —Entonces no es tan grave que no haya regado —dijo sin ni siquiera mirarlo.

 El narrador quizá se empeñe en anunciar que el personaje va a seguir hablando y eso hará que aparezca el signo de dos puntos.
     ♦ —Me voy —anunció. Sin esperar respuesta, gritó—: ¡Quédate las petunias!
     
♦ —Me voy —anunció y, sin esperar respuesta, gritó—: ¡Quédate las petunias!
En la primera de esas dos soluciones, algunos libros de estilo tienen el criterio (menos seguido) de que los dos puntos deben ir antes de la raya.

A veces el narrador anuncia que el personaje va a seguir hablando sin decirlo del todo; se hace el interesante y no pone verbo de habla, pero el verbo está por ahí, así que los dos puntos también deben aparecer.
      —Peludín tiene hambre —anunció él—, que no te fijas en nada. —Y sin intención de dar tregua—: No podemos seguir así, hace tiempo que no te fijas en el gato.

Un personaje habla en varios párrafos 

Una particularidad de la narrativa es que, por lo general, las intervenciones de los personajes son cortas. No obstante, a algunos autores se les ocurre que su personaje se largue una intervención extensa y que, en su transcurso, algo requiera un cambio de párrafo. Para eso están las comillas de seguir, que son las de cierre latinas.
      —Hice el esfuerzo de ir a buscar esa planta que tanto te gusta. No sé si sabes que el vivero está en casa Dios y que tuve que coger tres autobuses para llegar. No, claro, ¡qué vas a saber!
     
»La tabla de planchar no la toques. A mí me gusta que esté en medio del comedor y me da lo mismo si te tropiezas cada vez que entras.

¡Ojo!, que las comillas de seguir no sirven si sigue hablando un personaje tras la intervención del narrador. Eso tiene otra solución.
      —¡Has ahogado los cactus! —gritó antes de encararse con ella.
     
»Es que no piensas antes de regar las plantas.
     
—¡Has ahogado los cactus! —gritó antes de encararse con ella—. Es que no piensas antes de regar las plantas.

O bien así (para los que gustan de complicarse):
     
—¡Has ahogado los cactus! —gritó.
       Se encaró con ella y añadió:
      —Es que no piensas antes de regar las plantas.

Un personaje narra un diálogo

¿Te suenan esas conversaciones en las que alguien cuenta una conversación y lo hace en estilo directo? Pocos diálogos más naturales («y la charla fue así…», «y entonces me contestó…»). Sin embargo, ¡qué pocas veces se ve en una novela! Y la ortotipografía viene en ayuda del escritor para que pueda reflejarlo.
      —El perro se ha largado. Ha hecho lo mismo que aquella vez que tus padres se enzarzaron en una discusión —le recordó Petronila.
                         [Ahora Petronila va a contar un diálogo que presenció].
     
»—No vuelvas a decirme que me calle —dijo tu madre.
     
»—Es que no parabas y estaba todo el mundo aburrido —se justificó tu padre.
     
»Aquella conversación me mostró lo mucho que te pareces a tu padre ―remató Petronila mientras a Jerónimo se lo comía la ira.
      —Sí, ya sé que me quedaré calvo y no tardaré mucho ―dijo, imprudente, Jerónimo, a quien le costaba entender los subtextos.

O sea, las comillas de seguir seguidas de la raya (»―) indican que Petronila relata un diálogo y la acotaciones pasan a ser suyas (no del narrador, que desaparece momentáneamente). Cuando acaba de relatarlo, las comillas de seguir (ya sin raya) indican que hemos vuelto al tiempo de la narración; Petronila sigue el diálogo con Jerónimo y el narrador recupera su papel de apostillador.

Los personajes no dicen todo lo que piensan

Para esas ocasiones están las comillas, ahora con apertura y cierre.
      —Lo que pasa es que no tienes paciencia.
     
Los dos pensaron lo mismo: «Esto no va a acabar bien». Ella no dijo ni mu; él fue capaz de verbalizarlo:
     
—No sé si va a tener remedio lo nuestro, por si no lo sabías.
     
Ella se acordó de su madre. «Fíate de la Virgen —decía— y no corras».

Avisos varios

A veces los diálogos no se marcan con rayas, sino con comillas. Es más frecuente en otros idiomas, pero en español también se da, por ejemplo, en La saga/fuga de J. B., de Gonzalo Torrente Ballester.

Como las comillas en la narrativa ya tienen algunos usos claros, hay que buscar otro recurso para la ironía, el énfasis y el metalenguaje: nada como una cursiva.
      Hans oía ruidos.
     
—No veo el momento de que se aburra de estudiar trompeta —le dijo a su mujer, que pensó: «Yo lo prefiero a oírte a ti».

Y, como la raya ya hace un montón de cosas en narrativa, mejor no atribuirle, además, la función parentética (tan anglófila, por otra parte). ¿Quieres hacer un paréntesis? Pues usa el paréntesis (o comas si el inciso no se aparta mucho del texto).

Quizá el narrador aproveche que tiene voz para describir lo que hace el personaje al tiempo que habla. Nada como un gerundio de simultaneidad (el de Jero); eso sí, con su coma para que no sea un CC de modo (el de Petro).
      —Voy a estrenar las zapas que me compré justo antes de que apareciera el puto virus —anunció Jero, calzándose unas Quechua que aún tenían el precio.
     
—¿Zapas nuevas para una caminata de cuatro horas? ―preguntó Petro enfatizando la cantidad de horas.

Un detalle importante: la acotación del narrador tiene que contar algo relacionado con la intervención del personaje; y ese algo puede ser muy largo, pero las acciones que ya no acompañan a la intervención mejor colocarlas en párrafo aparte.
      —Que no voy a la playa posconfinamiento, que va a estar así —dijo lentamente, juntando las yemas de los dedos en una certera representación de la distancia que había esos días entre las personas que se aventuraban a acercarse al mar el primer finde de nueva realidad. No sabía qué decir. Ya había preparado la bolsa con la toalla, el protector solar y toda la parafernalia; y ahora ella no quería ir.
     
—Que no voy a la playa posconfinamiento, que va a estar así —dijo lentamente, juntando las yemas de los dedos en una certera representación de la distancia que había esos días entre las personas que se aventuraban a acercarse al mar el primer finde de nueva realidad.
     
No sabía qué decir. Ya había preparado la bolsa con la toalla, el protector solar y toda la parafernalia; y ahora ella no quería ir.

Para resumir: ¿tienes una historia? Bien, cuéntanosla, pero puntúala bien y, sobre todo, piensa si el narrador puede estarse callado la mitad de las veces que lo haces hablar. Y, si quieres que tu texto quede lo mejor posible, nada como contratar un corrector profesional; los diálogos se pueden complicar mucho.
      —¡Amanciaaa! —grité, oteando por encima de la superficie del agua. Las últimas letras resonaron en el aire y se oyó: «Aaa». Volví a gritar aún con más fuerza, como si llamara a la última persona viva del mundo―: Amanciaaa… Amanci… aaa. ―Pero en mi cabeza había otras palabras: «Que no esté muerta, que no esté muerta». Entonces, mirando al cielo, imploré en voz alta―: Ya sé que sin ella no se altera el equilibro del ecosistema, pero en esta charca hay pocas ranas y me hace mucha compañía.
      —Croac. Croac. Croac ―se oyó; tres veces, cada una contundente y separada de la otra. ¿Era un grito de socorro? No, porque luego siguió―: Croac, croac, croac. ―Recordaba que esa secuencia respondía a ciertas ganas de jugar.
      —Croac, Amancia, croac ―canturreé intentando imitar su voz―. Vuelve, que te prepararé el mejor sitio entre las carófitas ―dije, ahuecando los tallitos de Chara que poblaban tupidos la charca y tanto le gustaban a Amancia para tomar el sol del mediodía.

¿Que las ranas no son personajes de un texto narrativo? ¿Que ningún diálogo se complica tanto? Hola, bienvenidos a mi mundo ortotipográfico y al de la imaginación de la gente que tiene ganas de contar una historia.

Cifras o letras -y 2-

Como incluso quienes dicen ser de letras están rodeados de ciencia y de cifras (por suerte), aquí va una segunda dosis de escritura de números. Esta servirá para curar angustias, vacilaciones y horrores que se producen al escribir fechas, horas y coordenadas, aunque la leyenda del tiempo diga que es un sueño.

ESCRITURA DE LA FECHA

Es muy frecuente escribir las fechas con cifras, incluso en textos narrativos; no obstante, nada impide poner el día y el año en cifras y el mes en palabras, eso sí, siempre en minúscula.
—El  25 de diciembre de 1903 fue Navidad, como todos los veinticinco de diciembre.
—Yo celebro más el veintiséis de septiembre, que soy muy devota de los médicos y mártires san Cosme y san Damián.

Si se pone toda la fecha en cifras, el día, el mes y el año pueden separarse mediante guiones, barras o puntos; las tres formas son igualmente válidas.
El 14/7/1898 es una fecha señalada, pero también es digna de celebración el 14-4-1931. Sobre el 12.10.1492 hay sus más y sus menos.

Como el error todavía es bastante frecuente, repitamos la norma siguiente: nunca se escribe punto ni ninguna otra separación en los años.
Todos los nacidos antes del año 1.970 guardamos alguna cinta grabada de la radio.
Todos los nacidos antes del año 1970 guardamos alguna cinta grabada de la radio.

Ya de paso, veamos un asunto que da algún que otro quebradero de cabeza al hablar de fechas. Hasta el año 2000 vivíamos felices diciendo que en 1321 pasó esto o que en 1999 iba a suceder lo de más allá; ahora bien, cuando hubo que decir que algo pasaría en 2000, a todo el mundo se le torció la boca y el oído porque parecía que la cifra pedía un artículo. De repente apareció una norma: los años no llevan artículo; pero, como el oído es duro y los hablantes tozudos, se flexibilizó la directriz, que ha quedado un poco ambigua y suena como hablantes, so cansinos, decid lo que os salga de la lengua; o sea, tal que así:
• Del año 1 al 1100 es más frecuente poner el artículo, al menos en la lengua hablada, si bien por escrito se ve muchas veces sin él. Lo mismo ocurre con los años anteriores al 1, esos que suelen identificarse como antes de Cristo, a. C.
• Del año 1101 al 1999 es mayoritario el uso sin artículo, aunque hay ejemplos con él. No obstante, si solo se mencionan los dos últimos dígitos es obligatorio ponerlo: todo había ocurrido en el 68.
• Para referirse a los años a partir del año 2000, se tiende a usar el artículo.
• Si se menciona la palabra año, es obligado anteponer el artículo.
Así que es perfectamente correcto decir que en el 2001 la norma se cambió, pero quien quiera puede escribir o decir que eso ocurrió en 2000.

Por cierto, para expresar las décadas hay varias formas buenas, en ninguna de las cuales se usa el plural del número (ni mucho menos una letra ese con apóstrofo):
Corrían mediados los sesentas cuando la música empezó a mecer las melenas. En los años 70’s triunfaba la cultura hippy. La década de los 80s fue la de la movida. Sin embargo, en la década del 90 hubo cierto apalancamiento cultural. 
Corrían mediados los sesenta cuando la música empezó a mecer las melenas. En los años 70 triunfaba la cultura hippy. La década de los ochenta fue la de la movida. Sin embargo, en la década de los 90 hubo cierto apalancamiento cultural.

ESCRITURA DE LA HORA

Una manera de no pifiarla al escribir la hora es poner con todas las letras que abres la mercería a las dieciséis horas y treinta minutos; solo que queda un poco largo y no es muy visible. Para el lector es más fácil captar la hora expresada en cifras. Ahora bien, engendros como las tres y 22, las 17 y diez o las dos y ½ no son muy aconsejables; no es que haya una norma que diga que son incorrectos, pero quedamos en que somos elegantes escribiendo, ¿no?

Si te toca, por ejemplo, concretar horas precisas, lo más práctico es indicarlas con cifras y en el formato de veinticuatro horas. En ese caso, las normas ISO (que son internacionales) establecen que los dos puntos son el separador de las horas y los minutos (y los segundos si los hubiera).
Las visitas entran a las 15:31, 18:44 y 20:06, ni un minuto antes ni un minuto después.
No obstante, en textos comunes también se admite el punto; ¡pero nunca la coma!
Cita a las 12.45. Nota mental: seguro que no me visita el médico antes de las 13.30.

Y todo eso sirve para dar la hora, no para indicar un periodo de tiempo.
La peli dura 1:30 h.
La peli dura 1,5 h y los anuncios que ponen antes parece que duren 1 h 30 min.

Sí, las horas se indican con la palabra horas o con su símbolo, que es h; los minutos, con la palabra minutos o con el símbolo min; y los segundos, con su palabra entera o con el símbolo s.
El documental sobre el trigo es muy ameno. Dura 50′; las espigas aparecen en el 5′ y el crecimiento dura 42′ 35”.
El documental sobre el trigo es muy ameno. Dura 50 min; las espigas aparecen en 00:05 y el crecimiento dura 42 min 35 s.

Es decir, eso que parece una comilla simple y una comilla doble tienen que estar bien lejos de cualquier expresión temporal.

OTRO SÍMBOLO RARO

Además, no son tales comillas ni apóstrofos, sino prima simple y prima doble. En esta oración hay un apóstrofo pa’que lo veas y también varias tildes. Y ahora van una prima simple y una doble, para nombrar por ejemplo ƒ′ (x) y ƒ″ (x). Y como a alguien se le ha ocurrido hacer claras las diferencias, copiaré una imagen de la Wikipedia que lo muestra muy bien.

apóstrofo-tilde-comilla-prima

Acento agudo (en negro) sobre I mayúscula; apóstrofo (en verde); comilla simple recta (en rojo); prima (en azul); acento agudo (en negro) sobre i minúscula; en los tipos de letra Arial, Calibri, Tahoma, Times New Roman y Linux Libertine.

¿Que cómo se ponen? Pues con alt+8242 (′) y alt+8243 (″) o buscándolas entre los símbolos que se insertan. Habrá a quien le parezca que no tendrá nunca oportunidad de escribirlos, pero igual sí, porque resulta que son los símbolos que se usan para expresar los minutos y los segundos de las coordenadas geográficas y de los ángulos.
Que conste que Teruel está a 40° 20′ 37″ de latitud norte y a 1° 06′ 26″ de longitud este, que luego dirán que no existe. Allí si se divide una pizza en seis porciones, cada una sale de 60°, si bien no es raro que alguna salga de 61° 48′ y alguna de 58° 12′.

Puede que si no vas a escribir una tesis de matemáticas ni de física ni de geografía, no uses nunca las primas; y si vas a hacerla, o para saber sobre ellas y sobre muchas otras cosas, lo mejor es que, sin esperar más, te hagas con el magnífico libro de Gonzalo Claros Cómo traducir y redactar textos científicos, que, además de ser una joya, es gratuito.

Cifras o letras -1-

Ni 1 ni 2 ni 3, sino casi 4 meses son los que llevo sin dispensar una dosis de atutía. Aunque quizá quedaría mejor escribir que no son ni uno ni dos ni tres, sino casi cuatro los meses. Eso hace ciento dieciocho días, o sea, ciento sesenta y nueve mil novecientos veinte minutos, que parece que se lee peor que si hubiera escrito 169 920 minutos. Lo cierto es que, a la hora de escribir cantidades, siempre surge la duda de si escribir palabras o cifras; y disiparla no es fácil ni tiene una respuesta única.

Para empezar, hay que pensar en el tipo de texto. En un libro de matemáticas, física, biología o cualquier otra disciplina que maneje conceptos mensurables o cuantificables, es lógico escribir cifras. En el otro extremo, en textos literarios no se suelen usar cifras, salvo para años, siglos, milenios y, quizá, incluso la fecha completa; si se trata de una narración, es habitual que en los diálogos no haya ninguna cifra.
—Solo tú puedes pensar que vivo en el número trescientos cincuenta de un callejón que a duras penas llega a los doscientos metros.
—¡Yo qué sé! Como me diste la dirección a las tres cuarenta y dos de la madrugada del treinta y uno de diciembre y nos habíamos bebido ya mil ciento veinticinco mililitros de tintorro, igual no retuve el número en la memoria ni cero coma cinco décimas de segundo.
Esa conversación se desarrollaba un 29 de febrero, así que iba a ser difícil celebrarla en los años siguientes.

A pesar de que no hay normas, si el texto no es narrativo, se suelen seguir algunos usos y costumbres, que indican cuándo es preferible escribir los números con guarismos y cuándo con palabras.

EN CIFRAS

• Cuando se trata de números formados por más de cuatro palabras.
En lo que va de año, he oído a 23 703 personas que creen que poner en valor es más preciso o expresivo que destacar, resaltar, valorar, reconocer

• Si hay decimales y en las cantidades a las que sigue un símbolo.
Si el trabajito me sale a más de 35,6 €/h, le dedicaré el 17 % más de tiempo.
Por cierto, se puede leer y escribir treinta y cinco con seis o treinta y cinco coma seis, es decir, uniendo la parte entera y la decimal mediante la preposición con o mediante el sustantivo coma.

• Cuando la cantidad indica un orden y va detrás del sustantivo.
♦ Hay que abrir el libro por la página 17 en la habitación 4 del piso 2.º.
♦ Hay que abrir el libro por la diecisiete en la cuarta habitación del segundo piso.

• En números codificados, como el DNI, el número de teléfono, el código postal o una referencia comercial, entre otros muchos. Claro que si un personaje de una novela le da a otro el número de teléfono en un diálogo, volvemos al principio de esta dosis, lo más adecuado es que se lo diga con todas las palabras.

¡Ah!, sí hay una norma, internacional por más señas: en las cantidades escritas en cifras no se usa punto para separar grupos de tres guarismos. Las cantidades formadas por cuatro cifras no se separan de ninguna manera y cuando tienen más de cuatro se separan de tres en tres mediante un espacio fino, sobre cuyo uso y escritura hay una dosis de atutía.
Te lo he dicho 3.705 veces: que quites los 24.618 puntos que has puesto en la lista de poblaciones de más de 5 000 y menos de 50.000 habitantes.  
Te lo he dicho 3705 veces: que quites los 24 618 puntos que has puesto en la lista de poblaciones de más de 5000 y menos de 50 000 habitantes.  

EN LETRAS

Para evitarse un problema, se podría decir que va en letras siempre que no va en cifras, pero antes o después eso va a dar un quebradero de cabeza. Una vez más, hay que recordar que no hay normas, pero sí costumbres y las recomendaciones siguientes sobre cuándo escribir las cantidades en palabras.

• Como se deduce del apartado «En cifras», cuando se trata de números formados por menos de cuatro palabras, sobre todo si son de una sola palabra.
Son ya diez las ovejas que pasan del perro; habrá que pactar con ellas para que vuelvan al redil a las cinco.

No obstante, hay ocasiones en las que el texto pide números para ganar claridad y transmitir de un solo vistazo la información relevante.
Limite de aforo: 500 personas.
Datos para el censo: 1000 ovejas, 50 pastores y 5 perros.
Mezcla los 2 tomates cortados en trocitos con los 2 aguacates y 10 ml de zumo de lima. Déjalo reposar 10 min, o sea, recorre 20 veces los 5 metros del pasillo.

• Cuando se expresa un cantidad aproximada.
Con unas 200 ovejas sacaremos aproximadamente 400 jerséis de aquí a 6 meses más o menos.
Con unas doscientas ovejas sacaremos aproximadamente cuatrocientos jerséis de aquí a seis meses más o menos.

Atención, que en unas treinta y tres ovejas sobra el unas, en aproximadamente cuatrocientos veintiún jerséis, el aproximadamente, ya que esas cantidades no tienen nada de aproximadas.

• Si se usan números en expresiones puramente orales se escriben siempre en palabras.
Con 4 pingos te haces un disfraz de carnaval en 2 patadas, aunque lo hayan sacado ya 1000 veces.
Con cuatro pingos te haces un disfraz de carnaval en dos patadas, aunque lo hayan sacado ya mil veces.

• Los números fraccionarios si no se trata de un texto técnico.
De los asistentes al entierro, 1/3 no conocía al muerto de nada.
De los asistentes al entierro, un tercio no conocía al muerto de nada.

¿Y PUEDO MEZCLAR CIFRAS Y LETRAS?

Cuando haya magnitudes y sus unidades en textos que no sean técnicos, se puede escribir la cantidad en cifras y la unidad en letras (10 mililitros, 5 metros) o todo en letras (diez mililitros, cinco metros), pero no en letras la cantidad y con símbolo la unidad (diez ml, cinco m), porque no hay quien lo lea y, además, queda feísimo.

Ocurre lo mismo con algunos símbolos.
El cuarenta y uno % de los matriculados en Ortografía y Ortotipografía se arrepienten cuando llegan a la escritura de las cantidades.
El 41 por ciento de los matriculados en Ortografía y Ortotipografía se arrepienten cuando llegan a la escritura de las cantidades.
El 41 % de los matriculados en Ortografía y Ortotipografía se arrepienten cuando llegan a la escritura de las cantidades.
La segunda forma se da por correcta, pero si ya has puesto una cifra, ¿por qué asustarte al llegar al símbolo? Si ya le has facilitado al lector que tenga la información a simple vista, ¿para qué le camuflas entre las letras algo que es esencial?

Es correcto escribir en cifras los millares, millones, billones, etc., pero no los miles.
Por debajo de los 10 mil habitantes, una ciudad es un barrio.
Sobrepasados los 10 millones de habitantes, una ciudad es un pandemónium.

Y con eso parece que estaría todo solucionado; pero no. Ocurre, muy a menudo, que en una frase, una página o un libro se dan condiciones que prescriben palabras y otras que prescriben cifras; si se siguen estrictamente, el texto acaba teniendo una cosa y la otra, y la sensación que da es de descuido, de no haber unificado criterios.
La previsión es que acudieran unas veinticinco mil personas, pero la venta de entradas certificó que solo acudieron 23 579.

La primera cantidad es aproximada, así que mejor ponerla en letras; la segunda es precisa y formada por más de cuatro palabras, así que le corresponde ir en cifras. ¿Qué hacer? Como parece un informe técnico y debe primar la claridad, parece sensato poner todas las cantidades en cifras. Bien, una decisión tomada; salvo que en la misma página puede aparecer la frase siguiente:
De las personas que se colaron sin acreditación, 3 se marcharon enseguida y 1 no quería abandonar la sala.

El 3 no queda muy elegante, pero ese 1 ya es un horror, así que la decisión de poner todas las cantidades de personas en cifras parece hacer agua. En casos así (y siempre que hay cantidades en el texto acabas encontrándote con ellos), hay que tomar decisiones, sabiendo que nunca serán buenas.

Un criterio que se sigue con frecuencia es escribir en palabras todas las cantidades inferiores a 10 y con cifras de 10 en adelante; con eso se evita que quede un guarismo solo, que siempre parece un poco perdido en medio de las letras.

Y ya de mi cosecha y sin que los avale autoridad alguna, un par de criterios que favorecen a todo tipo de escritos:
• Que el lector no se encuentre un texto lleno de obstáculos para la lectura (evitar cosas como de los trescientos cincuenta y siete mil doscientos sesenta y dos millones de euros, solo el quince por ciento…).
• Que la visión del texto no sea chocante para el lector (evitar cosas como había 1 solo asistente y se sentaba en 1 de las 50 sillas centrales).

Claro que también se podría debatir si la uniformidad es mejor que la diversidad en un texto; si unificar es lo que hay que hacer en vez de pensar qué va mejor (más legible, más fácil de retener, más estético…) en cada párrafo  o en cada frase o para cada concepto.

Para otra dosis de atutía quedan las respectivas escrituras de fechas, horas, coordenadas y alguna expresión más habitual en textos corrientes.

Y punto

Hay pocas cosas que se pueden mal hacer con un punto, pero se ven mucho.

♠ Ponérselo a un título. Los títulos no acaban en punto, precisamente porque son un título: ni siguen a nada ni le ponen final de nada; y, por lo general, no forman una oración completa. Ocurre a veces que un título es largo y contiene varias expresiones (sintagmas) que precisan ir separadas; pues bien, incluso en el caso de complicarse la vida y poner un punto en medio del título, este no acaba con otro punto.
El arte de poner títulos largos. Cómo complicarse la vida sin necesidad.
El arte de poner títulos largos. Cómo complicarse la vida sin necesidad

♠ No va punto en una firma, ni tras el nombre aislado de un autor ni como remate de una dedicatoria. Una firma, al final de un mensaje —en papel o electrónico— o cualquier tipo de documento, no debe rematarse con un punto. Y lo mismo se aplica al nombre del autor si está él solito en una línea.
Hola, abuela:
Te escribo este mensaje con la sola intención de firmarlo y así poder poner un punto que no hacía falta.
Cordialmente,
Atutía.
Atutía
P.S. Como el mensaje me parece un poco escueto, voy a poner una cita del libro
Publicar con calidad editorial, que yo que tú no dejaría de leer:
«Vas a hacer una publicación porque tienes algo que decir. Pues bien, hay que procurar decirlo de tal manera que sea comprensible y que esté bien dicho».
Mariana Eguaras Etchetto.
Mariana Eguaras Etchetto

♠  Tampoco se pone para finalizar una dedicatoria, tanto si se dirige a una persona con nombres y apellidos como si va para un pariente o, incluso, para seres extraños.
Al caballito de mar que inspira todas las atutías.
Al caballito de mar que inspira todas las atutías

Claro que si a la hora de la dedicatoria te acuerdas de todos los integrantes del coro del colegio, habrá que separar a sus integrantes con signos de puntuación; en ese caso hay un no sé qué en el texto que pide un punto final.
Al caballito de mar que inspira todas las atutías,
al escritor que se lía con las preposiciones y las comas,
a la vecina que pone Julio Iglesias a todo trapo y abre el balcón,
a los clientes que me ponen unos plazos de entrega que ya les vale.

♠  No se pone punto tras un signo de exclamación o de interrogación. Es una convención y de las más arbitrarias, sí, ya que no hay ninguna razón para no poner ese punto, salvo el aspecto estético. Lo cierto es que quedan muy feos dos puntos juntos; parece que el boli se haya quedado pegado al papel o que te hayas dormido con el dedo sobre la tecla del punto.
¿De verdad eres de los que ponen un punto tras el signo de interrogación?. ¡Pero si hasta el corrector automático del Word te marca que hay algo ahí que no va bien!.
¿De verdad eres de los que ponen un punto tras el signo de interrogación? ¡Pero si hasta el corrector automático del Word te marca que hay algo ahí que no va bien!

♠  Ponerlo tras el signo de puntos suspensivos no está bien y, además, si ya van tres, ¡¿pa qué?! Y lo mismo tras el punto que indica que se ha abreviado una palabra.
Norberto, al cruzar la calle mira a izda. y dcha.. Fue ver esa nota y saber que la madre de Norberto siempre se interpondría entre nosotros; a menos que….
Norberto, al cruzar la calle mira a izda. y dcha. Fue ver esa nota y saber que la madre de Norberto siempre se interpondría entre nosotros; a menos que…

♠  Las siglas parece que van a llevar puntos, pero no (si los llevaran serían abreviaturas en vez de siglas). Tampoco hay punto que valga en las unidades de medida (que serán una dosis enterita de atutía).
C. O. C. I. D. A. S. son las siglas de Correctoras Obsesionadas con Corregir Imprecisiones, Deixis, Anacolutos y Solecismos.
COCIDAS son las siglas de Correctoras Obsesionadas con Corregir Imprecisiones, Deixis, Anacolutos y Solecismos.

♠  ¡Ah! y los años hace muchos ídem que se escriben sin punto. Tampoco va en la numeración de las páginas, los portales de las calles y los artículos de las leyes. Antiguamente los formados por cuatro cifras se escribían con punto de millar, pero ahora se considera una falta de ortografía.
En el 1.725 los libros no llegaban a la página 1.500 ni las avenidas al número 1.000.
En el 1725 los libros no llegaban a la página 1500 ni las avenidas al número 1000.

Para acabar, una adivinanza: ¿cuáles son las dos circunstancias en las que es correcto que haya cuatro puntos seguidos?
¿Se te habrá ocurrido que…? ¡Venga!… Todo tiene su explic., su descrip., su justif.…
Efectivamente, una manera es que se junten un signo de interrogación o de exclamación de cierre con los puntos suspensivos. La segunda circunstancia consiste en que estos vayan detrás de una abreviatura; ahora bien, esa abreviatura no puede ser etc., que como ya indica que siguen más elementos de la enumeración sería redundante con los puntos suspensivos.

; El tres en uno de la puntuación ;

¿Que para qué sirve el punto y coma? La pregunta es para qué no sirve; en un texto, claro, si es para desembozar una tubería no se puede esperar que ese signo híbrido saque de un apuro.

Es más fácil encontrarle utilidad si se ve que une fragmentos de texto que si se piensa que los separa. Cuando lo miras con esos ojos, el punto y coma se convierte en tu amigo, uno de esos que siempre está en los momentos difíciles, cuando las comas revolotean pero no ayudan en nada y los puntos hacen que parezca que no sabes escribir seguido; cuando unos puntos suspensivos intentan interponerse entre el texto y la sencillez; cuando los dos puntos anuncian pero no concluyen; y cuando ya no sabes cómo hacer que las ideas no queden ni deslavazadas ni enzarzadas. Y todo lo anterior es un ejemplo de lo útil y estiloso que resulta un punto y coma.

Hay quien, habiendo redactado páginas y páginas de textos de diversa índole, no ha escrito un punto y coma en su vida; y no por no haber tenido ocasión, sino porque todo lo mestizo desconcierta. A pesar de ello, los punto y coma son tan sufridos y tan entregados que, sin tener en cuenta el menoscabo al que se los somete, siempre están dispuestos a cumplir su cometido; no obstante, no hay que forzar su aparición ni sentirse obligados a mostrarles reconocimiento.

Y aquí se podría acabar el cuento; pero, por si no ha quedado claro, a continuación va la descripción de algunas oportunidades para poner un punto y coma.

—Une dos oraciones que tienen bastante que ver, aunque son independientes.
La revisión del gas me tocaba esta tarde; de cinco a siete decía el aviso que iban a pasar. Le he pedido al tipo que empezara por mi piso porque tenía que irme y no me ha hecho ni caso; y encima que me ha dejado la última, ha aparecido con una sonrisita de sobrado que para qué.

—Indica que tras él va una explicación de la oración que lo precede; esa explicación puede concretar o ampliar la información. Claro que eso mismo pueden hacerlo los dos puntos; cuestión de gustos.
El punto y coma es como un primo lejano; coincides con él de vez en cuando, pero no se te ocurre llamarlo para ir a comer.

—Uno de los servicios más apreciados de los prestados por el punto y coma es hacer de coma cuando las cosas se complican. ¿Que aparece una serie larga y compleja de detalles?; pues ahí llega el punto y coma al rescate.
Aprovecho para dar las gracias al loro que oía a través de la ventana por la mañanas y me hacía mucha compañía, aunque había días que el pájaro no decía ni mu; al camarero del bar de la facultad, el que le ponía espuma al café, no el sieso que ni plato te daba para aguantar la taza; al inventor, al técnico y al calibrador del espectrofotómetro, sin el cual no habría habido datos que analizar y todo hubiera sido para nada; al encargado de la fotocopiadora, al responsable de publicaciones y al informático del departamento, que siempre me han salvado de las catástrofes que amenazaban que esta tesis llegara a buen puerto; y finalmente, a mi mamá, a mi papá, a mi hermano pequeño y a nuestro querido chucho.

Siguen siendo unos agradecimientos largos, pero, al menos, los punto y coma ponen orden en ese marasmo de conjunciones y comas; y dan la oportunidad de respirar.

—Es conveniente que una consecuencia vaya unida a su causa. Representar esa unión mediante un punto y coma es un recurso estilístico muy marcado; desaparecen los ya que, puesto que, así que, eso es porque (son locuciones conjuntivas) y a buen entendedor le sobran hasta las pocas palabras y le basta el punto y coma (esa manera de unir dos frases se llama yuxtaposición).
Por fin sale el sol; voy a tender la ropa. Venga a sacar el santo en procesión; dos semanas sin parar de llover. Tanto quejarse de la sequía; con el manto encogido tendrá que salir en Semana Santa.

—Y viceversa; cuando se anticipa la consecuencia, mejor que la causa parezca cercana; eso lo hace con mucha eficacia el punto y coma.
Lo que no puede hacer nunca un punto y coma es cerrar un párrafo o un texto; parecería que ha habido algún error y ha desaparecido el fragmento que seguía.

—Pone orden en las enumeraciones, tanto si sus elementos están todos seguidos como si cada uno va en una línea.
Para preparar el baba ganush, o mutabbal, sigue los siguientes pasos: 1) asa en el horno un par de berenjenas enteras; 2) ponlas directamente sobre la llama de la cocina para que adquieran gusto de brasa (si tienes vitrocerámica o inducción esto te lo pierdes); 3) pon su pulpa con el resto de los ingredientes en la batidora; 4) tritura la mezcla y pruébala; 5) añade algún ingrediente a la pasta obtenida si te parece que está desequilibrada; y 6) déjala reposar hasta que esté a temperatura ambiente.

¡Ah!, que no he enumerado los otros ingredientes. Esto es lo que hay que añadir:
♦ tahina, con generosidad y tras mezclarla bien, que en el bote se separa la parte sólida del aceite;

♦ aceite de oliva, un chorro, pero sin pasarse, que la tahina ya es bastante oleosa;
♦ ajo según el gusto y si gusta, si no, pues no se pone;
♦ zumo de limón, con cuidado de que no se imponga el gusto ácido;
♦ y yo le pongo un poquito de menta porque me gusta el toque que le da, pero este ingrediente no está en las recetas ortodoxas.

Sí, cierto, todos esos punto y coma podrían haber sido puntos; y también podrían haber sido comas. De nuevo, cuestión de gustos; pero el baba ganush pierde mucho sin ajo.

La relatividad del espacio

Tan preocupados los físicos con el tiempo y resulta que lo que se estira y se encoge es el espacio.

Untextocomoestesepuedeleer, pero se lee mucho mejor así. Y es que al ojo le es cómodo encontrar reposos entre las palabras, aunque el oído no los necesite y la boca (el aparato fonador, en realidad) sea capaz de hacerlos desaparecer todos.

Al escribir en el ordenador, pulsamos la barra espaciadora tras cada palabra y allí se instala el reposaojos, pero aunque el gesto del pulgar sobre la barra siempre sea el mismo, el espacio que se crea no es siempre igual; al menos cuando se justifica el texto por ambos lados.

Esto  es un texto justificado por los dos lados. El párrafo queda igualado por los lados, pero algunas palabras se estiran para llegar hasta el borde del renglón. Y va acabando el texto justificado por la izquierda y por la derecha.

Lo que ha pasado es que le he dicho al programa que todos los renglones acaben en el mismo punto horizontal y que no parta las palabras, así que no le ha quedado más remedio que estirar los espacios. Incluso si le digo que puede cortar palabras al final de la línea, se tomará ciertas licencias con los espacios entre palabras.

Así que los espacios tienen vida propia; aunque no todos. Hay dos tipos de espacios domesticados, lo cual evita algunos problemas. El espacio de no separación (a veces llamado irrompible) impide que lo que va antes y lo que va después de él queden en distinta línea. No es un espacio de tamaño fijo, sino que, como los espacios normales, se estira y se encoge si se justifica el texto y no se parten palabras. En un fichero de texto en Word (en un PC)[i], ese espacio se pone con la combinación de teclas mayúscula+Ctrl+barra espaciadora; y si se activa la opción de ver en la pantalla los espacios y los retornos de carro (denominación antigua, sí), se ve la diferencia con un espacio normal; este queda como un puntito negro y el de no separación queda como una circunferencia; en la imagen siguiente se ve en la derecha.

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De paso, la parte izquierda muestra para qué sirve el espacio de no separación: para que la palabra año y el número no se separen, porque las cifras al principio de una línea quedan muy feas. En este párrafo que estás leyendo, he puesto un espacio de no separación, justo después del signo de los dos puntos, porque no me gusta nada que se queden ahí asomados al borde del renglón.

¿Qué otros elementos nos puede interesar que no se separen de lo que va antes? Pues entre los más comunes, el símbolo de porcentaje (%)  y los de las monedas (€, $, £). No es difícil imaginar el penoso aspecto de una línea en la que entre una cifra y su símbolo de porcentaje se abre un espacio blanco estirado. Pues resulta que hay una manera de prevenir esos blancos: poner un espacio fino.

Un espacio fino es un espacio de no separación que, además, tiene un tamaño fijo y este es menor que el de un espacio normal; es decir, que separa pero no deja que te olvides de que un símbolo y lo que va antes (por lo general, un número) van juntos. Habrá quien piense que no va a tener nunca oportunidad de ponerlo. Bueno…

El 90 % de los 170 km de murallas que recorrieron las 1754 hormigas rojas se habían construido bajo la máxima imperante: mano + mano = trabajo hecho. Hoy el jornal de aquel trabajo de 1000 manos sería 25 000 €.

Cada número va con su símbolo y, además, los signos matemáticos mantienen una distancia que no deja lugar a dudas acerca de la unidad de la expresión; a la vez, conserva toda la secuencia junta, sin que se pueda partir en dos líneas.

La lástima es que no hay una tecla para poner ese espacio, pero para eso está la opción de insertar símbolos y los sistemas de codificación. Si se usa la inserción de símbolos, hay que buscar el símbolo thin space. Con sistemas de codificación se inserta tecleando (los números siempre se ponen con el teclado numérico):

1) ALT+8201

En cualquier caso, siempre es posible adjudicar el símbolo a una combinación de teclas que resulte cómoda para ganar en rapidez y no tener que memorizar códigos.
Y ¿dónde se pone un espacio fino (o al menos uno de no separación?). Pues estas son las principales aplicaciones:

  • Entre una cifra y el signo de porcentaje, como en el 15 %.
  • Entre una abreviatura y lo que le siga, como en pg. 23; s. V; tlf.123 456 789.
  • Entre cualquier magnitud y su unidad, como en 123 kg; 23 ℃.
  • Entre cifras y operadores matemáticos, como en 25 + 3 = 28.
  • Entre grupos de tres cifras para separar millares, etc., como en 123 456,789 111.

Esta dosis de atutía aliviará los feos espacios ensanchados y esos números cruelmente separados de su unidad.


[i] Trabajo con Word 2007. En Mac hay soluciones equivalentes para todas las indicaciones de teclados y opciones informáticas de las que hablo. Supongo que también las hay para otros procesadores de textos de PC diferentes de Word. Cada cual tendrá que indagar dónde están las soluciones o cómo se ponen.