; El tres en uno de la puntuación ;

¿Que para qué sirve el punto y coma? La pregunta es para qué no sirve; en un texto, claro, si es para desembozar una tubería no se puede esperar que ese signo híbrido saque de un apuro.

Es más fácil encontrarle utilidad si se ve que une fragmentos de texto que si se piensa que los separa. Cuando lo miras con esos ojos, el punto y coma se convierte en tu amigo, uno de esos que siempre está en los momentos difíciles, cuando las comas revolotean pero no ayudan en nada y los puntos hacen que parezca que no sabes escribir seguido; cuando unos puntos suspensivos intentan interponerse entre el texto y la sencillez; cuando los dos puntos anuncian pero no concluyen; y cuando ya no sabes cómo hacer que las ideas no queden ni deslavazadas ni enzarzadas. Y todo lo anterior es un ejemplo de lo útil y estiloso que resulta un punto y coma.

Hay quien, habiendo redactado páginas y páginas de textos de diversa índole, no ha escrito un punto y coma en su vida; y no por no haber tenido ocasión, sino porque todo lo mestizo desconcierta. A pesar de ello, los punto y coma son tan sufridos y tan entregados que, sin tener en cuenta el menoscabo al que se los somete, siempre están dispuestos a cumplir su cometido; no obstante, no hay que forzar su aparición ni sentirse obligados a mostrarles reconocimiento.

Y aquí se podría acabar el cuento; pero, por si no ha quedado claro, a continuación va la descripción de algunas oportunidades para poner un punto y coma.

—Une dos oraciones que tienen bastante que ver, aunque son independientes.
La revisión del gas me tocaba esta tarde; de cinco a siete decía el aviso que iban a pasar. Le he pedido al tipo que empezara por mi piso porque tenía que irme y no me ha hecho ni caso; y encima que me ha dejado la última, ha aparecido con una sonrisita de sobrado que para qué.

—Indica que tras él va una explicación de la oración que lo precede; esa explicación puede concretar o ampliar la información. Claro que eso mismo pueden hacerlo los dos puntos; cuestión de gustos.
El punto y coma es como un primo lejano; coincides con él de vez en cuando, pero no se te ocurre llamarlo para ir a comer.

—Uno de los servicios más apreciados de los prestados por el punto y coma es hacer de coma cuando las cosas se complican. ¿Que aparece una serie larga y compleja de detalles?; pues ahí llega el punto y coma al rescate.
Aprovecho para dar las gracias al loro que oía a través de la ventana por la mañanas y me hacía mucha compañía, aunque había días que el pájaro no decía ni mu; al camarero del bar de la facultad, el que le ponía espuma al café, no el sieso que ni plato te daba para aguantar la taza; al inventor, al técnico y al calibrador del espectrofotómetro, sin el cual no habría habido datos que analizar y todo hubiera sido para nada; al encargado de la fotocopiadora, al responsable de publicaciones y al informático del departamento, que siempre me han salvado de las catástrofes que amenazaban que esta tesis llegara a buen puerto; y finalmente, a mi mamá, a mi papá, a mi hermano pequeño y a nuestro querido chucho.

Siguen siendo unos agradecimientos largos, pero, al menos, los punto y coma ponen orden en ese marasmo de conjunciones y comas; y dan la oportunidad de respirar.

—Es conveniente que una consecuencia vaya unida a su causa. Representar esa unión mediante un punto y coma es un recurso estilístico muy marcado; desaparecen los ya que, puesto que, así que, eso es porque (son locuciones conjuntivas) y a buen entendedor le sobran hasta las pocas palabras y le basta el punto y coma (esa manera de unir dos frases se llama yuxtaposición).
Por fin sale el sol; voy a tender la ropa. Venga a sacar el santo en procesión; dos semanas sin parar de llover. Tanto quejarse de la sequía; con el manto encogido tendrá que salir en Semana Santa.

—Y viceversa; cuando se anticipa la consecuencia, mejor que la causa parezca cercana; eso lo hace con mucha eficacia el punto y coma.
Lo que no puede hacer nunca un punto y coma es cerrar un párrafo o un texto; parecería que ha habido algún error y ha desaparecido el fragmento que seguía.

—Pone orden en las enumeraciones, tanto si sus elementos están todos seguidos como si cada uno va en una línea.
Para preparar el baba ganush, o mutabbal, sigue los siguientes pasos: 1) asa en el horno un par de berenjenas enteras; 2) ponlas directamente sobre la llama de la cocina para que adquieran gusto de brasa (si tienes vitrocerámica o inducción esto te lo pierdes); 3) pon su pulpa con el resto de los ingredientes en la batidora; 4) tritura la mezcla y pruébala; 5) añade algún ingrediente a la pasta obtenida si te parece que está desequilibrada; y 6) déjala reposar hasta que esté a temperatura ambiente.

¡Ah!, que no he enumerado los otros ingredientes. Esto es lo que hay que añadir:
♦ tahina, con generosidad y tras mezclarla bien, que en el bote se separa la parte sólida del aceite;

♦ aceite de oliva, un chorro, pero sin pasarse, que la tahina ya es bastante oleosa;
♦ ajo según el gusto y si gusta, si no, pues no se pone;
♦ zumo de limón, con cuidado de que no se imponga el gusto ácido;
♦ y yo le pongo un poquito de menta porque me gusta el toque que le da, pero este ingrediente no está en las recetas ortodoxas.

Sí, cierto, todos esos punto y coma podrían haber sido puntos; y también podrían haber sido comas. De nuevo, cuestión de gustos; pero el baba ganush pierde mucho sin ajo.

Esto es lo que era (relativos -y 2-)

Al final de la anterior dosis de atutía quedaban sobrevolando unos trastornos relacionados con el uso de los pronombres relativos. Si alguien creía que no hay manera de meter la pata con los relativos, aquí empieza la diversión.

EL RELATIVO donde NECESITA UN ANTECEDENTE DE LUGAR

El uso de donde como relativo da lugar a horrorismos tan frecuentes como inexplicables, así que insistiremos: el relativo donde necesita un antecedente de lugar; por tanto no sirve cuando el antecedente es temporal; ahí va bien un cuando:
La tía Perfecta cenaba crema de zapallo los jueves, donde iba a verla su sobrino.
La tía Perfecta cenaba crema de zapallo los jueves, cuando iba a verla su sobrino.

Además de ese cuando, siempre funciona un relativo general formado con que o cual:
¡Qué pena de época!, donde cuesta más un pantalón roto que un mantón de Manila.
¡Qué pena de época!, en la que cuesta más un pantalón roto que un mantón de Manila.

Tampoco sirve un donde cuando parece que el antecedente es un lugar, pero, en realidad, se refiere a un ente:
Ya no dan acelgas con patata los restaurantes de mi barrio, donde quieren parecer tan modernos que todo lo verde lo pasan por la minipímer y dicen que es un esmuzi.
Ya no dan acelgas con patata los restaurantes de mi barrio, que quieren parecer tan modernos que todo lo verde lo pasan por la minipímer y dicen que es un esmuzi.

O, incluso, un concepto:
Marcel no se acostumbra a esa situación, donde para vender unas magdalenas hay que tener el First Certificate.
Marcel no se acostumbra a esa situación, en la que para vender unas magdalenas hay que tener el First Certificate.

Y, lo que es peor, a veces aparece un donde sin que haya oración de relativo:
Esa casilla de señora o señorita la va a contestar Rito el Cantaor, donde una mujer no tiene por qué dar más explicaciones de su vida que un hombre.
Esa casilla de señora o señorita la va a contestar Rito el Cantaor, ya que una mujer no tiene por qué dar más explicaciones de su vida que un hombre.

Hasta hay quien usa donde para introducir una explicación:
La situación se volvió insostenible donde llovían críticas de todas partes.
La situación se volvió insostenible y por eso llovían críticas de todas partes.

LO QUE DICE UNA COMA ANTES DE UN que

Vamos con la perogrullada: una oración explicativa es la que explica algo del antecedente y una oración especificativa es la que especifica el antecedente. ¿Que cómo se nota por escrito que es una cosa o la otra? Pues con unas comas:
♦ El abuelo, que no se quitaba la boina jamás en público, estaba calvo perdido.
♣ El abuelo que no se quitaba la boina jamás en público estaba calvo perdido.

En la primera frase se habla de un abuelo, el único posible, y de él se dice que no se quitaba nunca la boina. En la segunda frase, se dice que, de entre varios abuelos, uno llevaba boina y no se la quitaba nunca, lo cual no permitía verle la calvorota.

Esa diferencia se marca al hablar con sendas pausas y con una entonación característica. Es algo así como si dijeras: «El abuelo, que, dicho sea de paso, no se quitaba jamás la boina en público…». Y eso mismo se expresa mediante las dos comas que encierran la explicación. Por eso hay que fijarse en si se pone una coma detrás del relativo o no, para así decir lo que se quiere decir, no otra cosa:
♦ Soledad, no quiero que toques la nave intergaláctica nueva que está en el garaje.
♣ Saturio, no quiero que toques la nave intergaláctica nueva, que está en el garaje.

El extraterrestre que le habla a Soledad tiene más de una nave nueva y le da lo mismo lo que hagan con las que están aparcadas en la calle; sin embargo, la que tiene en el garaje debe de ser la niña de sus ojos. En cambio la extraterrestre que le habla a Saturio le advierte de que ni se acerque a la nave nueva, la única nave nueva; para más señas, está en el garaje.

CONDICIONES PARA UN cual

El relativo que es uno de los que da menos problemas y de los que más naturalidad le confiere al texto. Y otro de amplio espectro es cual/cuales; amplio, sí, pero no universal, ya que tiene algunas limitaciones.

Antes de el cual, y sus derivados, tiene que haber una preposición o una coma:
♦ La nave intergaláctica de la que te he hablado solo la tapizan de Vía Láctea.
♣ 
La nave intergaláctica nueva, la cual vamos a coger solo los fines de semana, estará tapizada de agujero negro; y no se hable más.

La segunda frase es explicativa. Si Saturio o Soledad tienen varias naves nuevas y quieren hacer la frase especificativa (quitando la coma) tienen dos soluciones: o cambiar de relativo o poner una preposición:
La nave intergaláctica nueva la cual vamos a coger solo los fines de semana estará tapizada de agujero negro; y no se hable más.
La nave intergaláctica nueva con la cual vamos a viajar solo los fines de semana estará tapizada de agujero negro; y no se hable más.
La nave intergaláctica nueva que vamos a coger solo los fines de semana estará tapizada de agujero negro; y no se hable más.

Nunca es correcto usar el cual sin coma o sin preposición; esa es la norma para escribir. Ahora bien, lo importante es percibir la diferencia de significado según haya una coma antes del relativo o no:
El camarero que tira bien las cañas es un borde. ⊗ El camarero el cual tira bien las cañas es un borde.
El camarero, que tira bien las cañas, es un borde. = El camarero, el cual tira bien las cañas, es un borde.

La suerte es que, ante la duda, el relativo que bien combinado con una preposición, y con unas comas si las necesita, funciona siempre:
Ese jersey, que pica una barbaridad, se lo hizo su suegra, y claro…
La piscina en la que me bañé tenía mucho cloro y demasiadas pirañas.
Las pinzas con las que te depilas las cejas son una porquería.
Va y el concierto es justo la noche en la que me toca guardia.
El pequeño es el geranio al que siempre tengo que quitarle los pulgones.
Esa es la amiga con la que no querría ir de vacaciones.

Una coma; o dos; o ninguna

El gran traductor Carlos Mayor me plantea un problema con una coma; y cuando él duda hay que pensárselo dos veces, porque puntúa con precisión y primor. Así que lo que a bote pronto podría haber sido un sí o un no resulta que es un repertorio de opciones que ilustra lo que puede hacer una coma, o su ausencia, en la lectura y la percepción de una frase.

Sí, tiene toda la pinta de ser un asunto de esos solo para maníacos que no dejan que cada uno escriba como quiera a pesar de que nos entenderíamos igual. Pues bien, para esos, partamos de una frase no muy compleja con dos opciones claras (y alguna otra menos obvia) de puntuarla:
1a) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero antes de que construyeran la carretera estaba lleno.
2a) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero, antes de que construyeran la carretera, estaba lleno.

La primera podría haber sido así:
1b) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero estaba lleno antes de que construyeran la carretera.

O sea, antes de que construyeran la carretera es un complemento (circunstancial de tiempo), que en 1b está al final de la oración y en 1a está adelantado. Cuando eso ocurre, y sobre todo si es largo, se suele acotar con una coma.

Por su parte, la segunda versión podría haber sido así:
2b) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero estaba lleno.

En 2a antes de que construyeran la carretera es un inciso; es decir que quien la ha escrito piensa que es accidental, incluso que se puede prescindir de él, y por eso lo confina entre comas. Pero sin ese segmento que parece un inciso la oración tiene poco sentido. Eso es una pista para interpretar el segmento como complemento adelantado y no ponerlo entre comas, sino solo con una coma que señale su final; o sin ninguna. Yo lo he hecho en unas cuantas frases de este párrafo.
3a) Pero, sin ese segmento que parece un inciso, la oración tiene poco sentido.
3b) Pero sin ese segmento que parece un inciso, la oración tiene poco sentido.
3c) Pero sin ese segmento que parece un inciso la oración tiene poco sentido.
3d) Pero la oración tiene poco sentido sin ese segmento que parece un inciso.

Cuando leo la forma 3a, las comas dicen que lo que hay entre ellas es menos importante, así que puede que mi cerebro salte desde la primera coma hasta la segunda para quedarse con el mensaje esencial: Solo que la oración tiene poco sentido. Y habré perdido información relevante.

Cuando leo la forma 3b, veo que hay algo que afecta al mensaje principal y me lo encuentro antes de él, bien marcado su final con una coma, la cual casi me invita a reflexionar sobre esa condición que acabo de leer.

Cuando leo la forma 3c, lo entiendo todo, si bien tengo que haber leído con atención el complemento adelantado para recordar que esas son las circunstancias en las que se cumple el mensaje esencial; incluso es posible que tenga que volver atrás a recuperarlo.

Cuando leo la forma 3d la compresión es fácil, puede que también la emoción, y nadie echará de menos ninguna coma.

Total, que la sintaxis y la puntuación dependerán de la importancia que se dé a las circunstancias que enmarcan la acción principal. Hay varias opciones:

  • Hacer que las circunstancias sean un inciso invita a obviarlas y le da más validez a la conclusión, si bien nadie podrá decir que no se ha marcado aquello que modula, o restringe, dicha conclusión.
  • Si a las circunstancias se les da categoría de complemento adelantado acotado con coma, cobrará gran importancia; hasta el extremo, sobre todo si dicho complemento es muy largo, de devorar el mensaje principal.
  • Para que las circunstancias queden en el mismo plano que el mensaje y no destaquen, nada mejor que adelantarlas y no marcarlas de ninguna manera.
  • Llevarlas al final de la oración refleja el carácter circunstancial del complemento.

La conclusión es que hay que elegir cómo se puntúa, ya que la puntuación construye la sintaxis; y la sintaxis modula el significado.

Claro que quizá eso deba ser el punto de partida, no el final. Y como el verano no se ha acabado, aquí va un minicuadernillo de vacaciones para practicar diversas formas de puntuar, y así construir incisos o complementos y percibir matices.

Se puede debatir sobre qué dieta detox está más rica pero teniendo en cuenta que no nos morimos todos los días habrá que concluir con total convencimiento que el cuerpo elimina toxinas que es un no parar.

Me pareció que se hacía tarde para comer pero antes de que pudiera preguntar la razón me pusieron una sartén en la mano.

Gritó triunfante pero avergonzada se bajo del banco que rodeaban los niños a los que les había mangado la pelota.

No le había dicho el nombre de su pueblo y como ya no existía y hacía  mil años que estaba lejos ya no le quedaba ni gota de acento que delatara su origen.

Me dijo que si no sabía cómo conseguir unos pimientos ella me los suministraría que sin pisto no íbamos a quedarnos por esa fruslería.

La coma (y 4, antes de y)

Esta va a ser la última entrada dedicada a la coma (ya era hora, sí) y va a tratar el pesadísimo asunto de la coma antes de conjunción copulativa o disyuntiva.

La doctrina tradicional es que antes de conjunciones copulativas y disyuntivas nunca va coma; y, claro, ese nunca hace que casi cualquier doctrina valga poco. Así que vamos a dejarlo en que casi nunca va y veamos ejemplos de uso incorrecto o innecesario; y otros de comas muy bien puestas delante de conjunciones copulativas. Antes de empezar, vale la pena recordar que las conjunciones copulativas son y (y su variante e), ni, que, y que la disyuntiva es o (y su variante u), y así, como el que no quiere la cosa, en este párrafo ya van unos cuantos ejemplos de coma antes de y.

Como punto de partida hay que pensar que cuando la conjunción y está entre dos oraciones las une, así que no hay motivo para separarlas con una coma.
Va a por bebidas, y entre ellas trae un orujo de cerezas que no hay quien se beba. 
Va a por bebidas y entre ellas trae un orujo de cerezas que no hay quien se beba.

En la frase anterior cabe la posibilidad de considerar que hay un inciso, que irá entre comas; pero entre dos, que abrirán y cerrarán el inciso, no antes de la conjunción.
Va a por bebidas y, entre ellas, trae un orujo de cerezas que no hay quien se beba.

A pesar de una especie de leyenda que se extiende, impulsada por los calcos del inglés, el principio general rige aunque el sujeto de las dos oraciones sea distinto. Vamos a repetirlo porque hay cierto empeño en que no sea así: que dos oraciones unidas por la conjunción copulativa tengan distinto sujeto no es motivo para poner una coma antes de la conjunción.
♦ La tía Agustina hacía las mejores longanizas de la provincia y la tía Peregrina era imbatible con las morcillas.
♦ Estoy pensando en irme de vacaciones a Túnez y Grecia también es una buena opción. Ni los tunecinos son asesinos ni los griegos unos apestados.

Muy bien, y ahora que está claro el patrón general, veamos casos en los que puede, y a veces debe, ir una coma antes de una conjunción copulativa o disyuntiva.

— Es frecuente, aunque no obligatorio, poner una coma delante de la conjunción si la primera oración es larga.
Las dos bandas de música que patrocinaba la empresa de alpargatas del pueblo se ofrecieron a participar en las fiestas de aquel año que llovía tanto que no pudieron sacar la virgen en procesión por miedo de que se le estropeara el manto bordado en oro, y el que al final decidió cuál salía fue el del trombón, que tocaba en las dos.
¿Que cómo de larga ha de ser una oración para considerarla larga? ¡Qué buena pregunta!

— Cuando esa y significa pero. En este caso la coma es optativa.
∼ Mi amiga se ha ido a vivir a París, y su novio se ha quedado aquí.
∼ Mi amiga se ha ido a vivir a París y su novio se ha quedado aquí.

— Cuando la conjunción une todo lo que va detrás con todo lo que va delante; dicho de otra manera, cuando antes de la y hay otra y.
Se fueron los suevos y los alanos y llegaron los godos. Pretendían conquistar el reino y cambiarlo todo y establecer su poder. 
Se fueron los suevos y los alanos, y llegaron los godos. Pretendían conquistar el reino, y cambiarlo todo y establecer su poder. 

— También se escribe coma antes de la conjunción si lo que la precede es una enumeración y lo que va después no es un elemento de esa enumeración.
♦ Ampliaron la aceras, cambiaron el pavimento, pusieron farolas nuevas, adecentaron las paredes, y ahora la ocupa la terraza de un bar.
♦ Han privatizado servicios sanitarios, han entregado el control de puertos y aeropuerto a consorcios privados, han dejado que los centros religiosos acaparen una buena parte de la enseñanza, les han dado privilegios inusitados a las eléctricas, les han regalado el agua a los oligopolios, y se extrañan de que esperemos como agua de mayo opciones políticas nuevas.

Los parecidos de esta entrada con la realidad no son mera coincidencia: la longaniza de la tía Agustina y las morcillas de la tía Pere eran memorables.

Y ante la duda, las comas mejor echarlas de menos que de más.

La coma (3, entre oraciones)

En la anterior dosis de atutía anuncié que la siguiente sería el ungüento para separar oraciones simples que forman una compuesta. Pues aquí va.

El principio general es que siempre que la oración subordinada vaya delante de la principal, se pone una coma entre ellas.
Aunque parezca que lo de las comas es un lío, acabas cogiéndole el tranquillo.
Si esperas encontrar normas claras y sencillas, olvídate de aprender a puntuar.

Puede servir de pista que estos ejemplos se parecen mucho a los del apartado «Separar un complemento adelantado de la oración» de la entrada anterior. Esa misma pista lleva a pensar que si las dos oraciones que forman la compuesta estuvieran en el orden inverso (la principal antes que la subordinada), no habría coma de separación.
Acabas cogiéndole el tranquillo aunque parezca que lo de las comas es un lío.
Olvídate de aprender a puntuar si esperas encontrar normas claras y sencillas.

Ahora bien, en las oraciones compuestas en las que una introduce una restricción, una salvedad o una objeción a la otra, va coma entre ambas, independientemente del orden.
No quería comer más regaliz, salvo que trajeran el rojo. Aunque teniendo en cuenta el atracón que se había dado, era mejor que dejara de comer. Le habían dicho que la merienda iba a ser ligera, pero no se imaginaba que solo hubiera chuches y vino. Si bien le gustaban ambas cosas, le parecía un surtido raro para un entierro.

Para no poner más tecnicismos gramaticales, baste decir que ese tipo de oraciones van introducidas por: salvo, menos, excepto, pero, mas, si bien, aunque, sin embargo, sino. ¡Bien!, esa lista es muy útil, salvo que la última conjunción, sino, no va precedida de coma cuando significa algo así como ‘más que’, ‘salvo’, ‘excepto’, ‘aparte de’. Y ya es raro, puesto que antes de salvo y excepto sí va coma; lo dice la Ortografía de la RAE, así que reclamaciones al maestro armero.
No plantaría más flores sino geranios blancos.
  (= No plantaría más flores aparte de geranios blancos).

También va coma en oraciones compuestas en las que la segunda expresa una consecuencia de la primera. Se reconocen porque la consecuencia suele ir introducida por de manera que, así que, conque.
Es 15 de abril, así que la tarde la dedicaré a hacer la declaración trimestral del IVA.

Y cuando una oración explica la causa de lo que dice la otra, se distinguen dos casos, uno con coma y el otro sin ella:
No se vendrá de cañas; está haciendo el IVA, porque es 15 de abril.
No se vendrá de cañas; está haciendo el IVA porque es 15 de abril.

El primer ejemplo dice que como yo sé que el 15 es el último día para presentar la declaración trimestral del IVA, deduzco que mi amigo está preparando el trámite y no saldrá. En ese caso el porque no introduce una explicación real, por eso está separado por una coma. El segundo ejemplo dice que la razón de que esté haciendo el IVA es que es 15 de abril; es una explicación real de la causa y por eso no va precedida de coma.

Si de lo que se trata es de poner orden al decir que puede pasar una cosa u otra (oraciones distributivas), nada mejor que una coma. También son necesarias en un tipo especial de esas oraciones: en las que interviene la expresión no solo… sino que.
Bien salga un geranio, bien brote una tomatera, la terraza quedará muy lucida. No solo estará bonita, sino que resultará acogedora.

Seguro que hay algún caso que no sale en esta entrada ni en las otras que tratan de la coma (aún falta una dedicada a la muy conflictiva, o no tanto, relación entre coma y conjunciones copulativas y disyuntivas) que hace bailar las comas. A cualquiera que escriba le saldrán decenas de frases en las que dudará si poner o no una coma. Es más, ante un mismo texto, dos personas con sólidos conocimientos de puntuación y con muy buen gusto en la redacción tendrán opiniones distintas sobre la mejor solución.
Si lo sé, no vengo. Si lo sé me quedo.

Nadie puede decir que una de esas dos oraciones está bien puntuada y la otra no; ni siquiera que una esté mejor puntuada que la otra. Depende del gusto del redactor, del estilo del texto en el que se encuentren y de otros factores subjetivos y sutiles que no se pueden someter a normas estrictas.

Conozco un excelente corrector que habla de la puntuación consciente (no de la normativa) y otro que mantiene que quien escribe (y no digamos quien corrige) puede interpretar la norma y adaptarla a sus necesidades expresivas. Pues esa es la cuestión. La puntuación tiene algunas normas y muchas recomendaciones, pero como el catálogo de situaciones es infinito es posible saltarse las unas y las otras; eso sí, si se conocen al dedillo y no se olvida que una coma puede cambiar el significado; mira si no qué fácil es pasar de sinvergüenza que compra políticos a politógo con dotes adivinatorias.
Tras las elecciones, han cambiado el alcalde como les dije.
Tras las elecciones, han cambiado el alcalde, como les dije. 

La coma (2, unas que sí van)

Aunque la puntuación tiene pocas normas, hay unas cuantas situaciones en las que se puede afirmar que no hay que poner una coma; esa dosis de atutía fue Las comas que no van. Pero alguna hay que poner y ahí empiezan las dudas. Un método (no inusual entre algunos gremios que suelen redactar textos) es coger una cierta cantidad y dejarlas caer a voleo, pero la experiencia dice que casi siempre caen donde no deben y que se nota mucho, así que veamos algunas de las funciones que desempeña la coma y las normas (o los usos y costumbres) para su colocación.

Separar elementos de una enumeración

Los elementos separados pueden ser oraciones completas.
Se han puesto imposibles de precio las berenjenas, los pimientos y las vacaciones en las Seychelles.   
Me voy de vacaciones, me olvidaré de todo, me relajaré una barbaridad y cuando vuelva tendré muchas ganas de trabajar.

En los dos ejemplos podría haber puesto la conjunción y en vez de comas, ya que se trata de añadir elementos; lo que no se puede hacer es poner las dos cosas. Dicho de otra manera, antes de una conjunción copulativa no va una coma…, excepto algunas veces; así que como el asunto tiene excepciones, discusiones, puntos de vista y gustos variados, el asunto una dosis generosa de atutía que ya está preparándose en la botica.

También desempeña esta función el punto y coma (será otra dosis de atutía).

Separar y acotar un inciso

Un inciso es una parte del texto que añade algún detalle al discurso principal, pero que no es imprescindible; si se elimina el inciso y las comas que lo delimitan, el texto tiene sentido y queda bien puntuado.
Quiero encontrar, sin tardar mucho, un billete barato a las Seychelles. Que no es que no pueda pagar, que no es por dinero, uno bien caro y en primera clase. Pero, mira, lo que me ahorre en el vuelo, porque en barco no pienso ir, me lo gasto, cuando me haya instalado en un chiringuito de la playa, en piñas coladas.

Nada hay más fácil que liarse con un inciso, estirarlo y olvidarse de poner la coma que lo cierra. También es fácil ponerlas antes de que empiece el inciso.
Las Seychelles no están a la vuelta de la esquina, así, que ya que voy, las veo todas. No me importa echar algún día más, y de paso, conozco seychellanos. 
Las Seychelles no están a la vuelta de la esquina, así que, ya que voy, las veo todas. No me importa echar algún día más y, de paso, conozco seychellanos. 

¡Ah! y mejor comas que rayas (las rayas son harinas de otro costal; dicho en lenguaje de blog, tendrán su propia entrada).

Separar el vocativo

Vale, ya no se escriben postales, pero sí mensajes por otras vías, y que la comunicación sea electrónica no exime de poner una coma que separe el saludo del nombre de la persona a la que se dirige el mensaje (ni de poner los dos puntos después).
Hola, Abundio: Te escribo esta postal desde las Seychelles.

Y aunque no se trate de una misiva, el vocativo, que no siempre es un nombre propio, sigue yendo entre comas.
—Ya ve, señorita, las Seychelles son un lío. Si quiere le hago de guía.
—Va a ser que no, guapito de cara, ya me apaño yo con un mapa.

Separar y acotar estructuras explicativas

Una estructura explicativa es la que explica algo sobre lo que hay justo antes. Esa definición ha sido un viaje sin alforjas, que no hacen falta. La última frase que has leído (justo antes de la que estás leyendo) no justifica la perogrullada de la penúltima, sino que solo sirve para ejemplificar una estructura explicativa: explica que no hacían falta alforjas para el viaje. Si no hubiera escrito una coma antes de que, el significado sería que hay unas alforjas necesarias y otras que no lo son, y que el viaje se hace sin las innecesarias (y sería una estructura especificativa). Al hablar es común marcar cierta pausa y hasta un cambio de entonación en las estructuras explicativas, aunque es frecuente que se produzca ambigüedad; sin embargo, en un texto escrito la coma lo deja bien claro.
El candidato, que se peina coleta, hace malabares para no decir que es de izquierdas.
El candidato que se peina coleta hace malabares para no decir que es de izquierdas.

En la primera oración se habla de una persona y se explica cómo se peina. En la segunda se especifica de cuál de todos los candidatos se está hablando y se deja abierta la posibilidad de que los otros sí digan claramente si son de izquierdas o de derechas.

Separar un complemento adelantado de la oración

Y el ejemplo va a servir de explicación.
Por desgracia, no hay una norma fija para estas comas. En los libros y otros textos escritos, verás que unas veces los complementos adelantados van separados por coma y otras veces, no.

Hay quien dice que se pone coma si el complemento adelantado está formado por más de cuatro palabras.

Separar las muletillas de confirmación

Por una vez, la pausa que se hace al hablar coincide con la coma.
Ya te había dicho que muchas comas son cuestión de gustos, ¿no? Es un lío, ¿ves? Acabas desarrollando un estilo propio de puntuar el texto, ¿verdad? Eso al escribir es importante, ¿no te parece?

Separar conectores de la oración que introducen

Es probable que estas comas sean las que más dependen del gusto. Ahora bien, lo usual es ponerlas. Unos cuanto ejemplos de esos conectores son: en cuanto a…, con relación a…, por lo que respecta a… Además, la coma no es optativa con conectores que introducen una explicación o que afectan al significado de toda la oración; aquí van unos cuantos: esto es, es decir, o sea, a saber, pues bien, ahora bien, en tal caso, por un/otro lado, en primer lugar, por último, además, a pesar de todo, por el contrario, sin embargo, no obstante, en cambio, por lo general, efectivamente, generalmente, naturalmente.
Por lo tanto, el autor siempre tiene la última palabra. No obstante, el editor puede indicar un estilo de marcar los conectores. Además, el corrector puede cambiar la puntuación.

Por otra parte, es posible escribir los conectores en medio de la oración; en ese caso deben ir siempre entre comas.
El autor, por lo tanto, siempre tiene la última palabra. El editor, no obstante, puede indicar un estilo de marcar los conectores. El corrector, efectivamente, puede cambiar la puntuación.

Separar oraciones

Las oraciones simples que forman parte de una compuesta están separadas mediante una coma siempre que la oración subordinada vaya delante de la principal. Como hay unos cuantos tipos de oraciones y algunas particularidades en las que vale la pena detenerse, reservaré la explicación y los ejemplos detallados para otra dosis de atutía. De momento, solo unos ejemplos.
Aunque parezca que lo de las comas es un lío, acabas cogiéndole el tranquillo.
Si esperas encontrar normas claras y sencillas, olvídate de aprender a puntuar.

Puedes repartir las comas al tuntún, pero es probable que no pongas bien ni una.

Sustituir un verbo que ya ha aparecido

Entre los poderes de la coma está el de hacer de verbo, siempre que ya haya aparecido en el texto y no esté muy lejos.
La vaca asoma en lontananza. Las nubes, por encima. La vaca da leche; las nubes, agua. La vaca come hierba; las nubes, aire. El pastor mira la vaca; el poeta, las nubes, y tú, al suelo para ver por dónde pisas. 

Está claro que las nubes asoman por encima, que dan agua y que comen aire; también que el poeta mira las nubes y tú miras al suelo. Y gracias a unas cuantas comas se evita la repetición de verbos. Conste que no es por ahorrar palabras, sino porque las repeticiones no son de buen estilo en castellano (generalizando y sin pensar en efectos particulares buscados y conscientes).

Es muy frecuente usar la coma en vez de los verbos ser o estar. También se hace al hablar, con una pausa más o menos marcada.
Tus amigos, de cañas, y tú, con la declaración del IVA. Claro que tus amigos son previsores, y tú, procrastinador. No pasa nada, solo que las cañas están en el bar y lo del IVA, en el ordenador.

Sin comas, hubiera sido así: Tus amigos están de cañas y tú estás estudiando. Claro que tus amigos son listos y tú eres procrastinador. No pasa nada, solo que las cañas están en el bar y lo del IVA está en el ordenador.

Introducir un matiz expresivo o destacar una circunstancia

Se trata de comas sin justificación sintáctica, pero con una enorme capacidad semántica.
Me voy a las Comoras, sin ti esta vez.

Y el interlocutor entiende que no te lo llevas porque en las Seychelles te dio el viaje. En una conversación hablada, habría una pausa y un cambio de entonación; ese significado se consigue con la coma (y con la cooperación del lector, claro).

Separar elementos de expresiones numéricas

En las fechas, el día de la semana y el día del mes se separan mediante una coma; también el lugar de datación y el día del mes. Además, en las direcciones, entre el nombre de la calle y el número del edificio se pone una coma.
El Villarejo de los Olmos, 30 de marzo de 1916.
Calle Rubio, 4, 2.º dcha.

Y en castellano, se suele emplear la coma para separar la parte decimal, pero nunca para marcar los millares.

Para acabar, como casi todo lo que tiene que ver con las comas es un depende y un casi siempre pero a veces, acabaré con una certeza que dé reposo a las almas desasosegadas por la maldita coma: etcétera, tanto la palabra completa como su abreviatura, etc., siempre va entre comas, salvo que esté al final de la frase, en cuyo caso irá seguida de un punto; nada, ni esto podía ir sin una excepción.

La coma (1, las que no van)

La puntuación estructura un texto y ayuda al lector a entenderlo. Cabría pensar que, puesto que al hablar no vemos ni puntos ni comas, en el texto escrito tampoco es necesaria la puntuación, pero lo cierto es que no es fácil leer sin ella.

Te tomas unas birras y esperas en la barra donde están los que están solos tú saca el móvil llama a unos colegas o vas a estar toda la noche esperando a ver si llega alguien que te entretenga pues en vez de esperar sin hacer nada piensa en el siguiente paso el moreno aquel de allá el moreno es el siguiente paso corto y me dirijo hacia el moreno con sus birras y las mías quién sabe

La puntuación tiene muy pocas normas. Hay algunas limitaciones y muchas indicaciones; también pautas que acotan los usos y enumeran las funciones de los distintos signos de puntuación, pero es casi imposible decir cuál es la puntuación correcta de un texto, incluso es difícil decir cuál de todas las opciones posibles es la mejor. El texto del ejemplo sirve para hacer pruebas; seguro que a cualquiera se le ocurrirá más de una manera de puntuarlo. Ahora bien, eso no significa que cualquier puntuación sea correcta ni, mucho menos, que cualquiera sea eficaz para la comprensión y la lectura del texto.

De todos los signos, la coma es el que da lugar a más vacilaciones y discusiones. Una coma puede cambiar el significado de un texto. He aquí algunos ejemplos proverbiales:
Vamos a comer, niños.                                          Vamos a comer niños.
No, vamos a esperar.                                            No vamos a esperar.
Tú, mujer, pasa delante.                                         Tu mujer pasa delante.
No sé inglés bien, lo sabes.                                   No sé inglés, bien lo sabes.
No, es mentira que te quiera.                                 No es mentira que te quiera.

A Julio Cortázar, de quien dicen que definió la coma como «esa puerta giratoria del pensamiento» se le atribuye este texto: «Lean y analicen la siguiente frase: Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda. Si usted es mujer, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra mujer. Si usted es varón, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra tiene».

Enorme, pues, el efecto que una coma puede producir en el texto escrito. Y más curioso es que al hablar casi nunca se produzca un malentendido a pesar de que no se digan las comas. ¿O sí se pronuncian? Hay pausas, claro está, pero escribir no es hablar, así que no siempre que se para de emitir sonidos debe haber un signo de puntuación; y, en el otro sentido, hablar no es escribir, así que no siempre que haya un signo se marca con la voz.

Por tanto, esta es la primera directriz que conviene seguir al puntuar: nunca pongas una coma allá donde al leer se te ha acabado el aire o te has quedado sin saber qué decir. La colocación de este signo debe responder a las necesidades del texto, no a las de tus pulmones ni a las limitaciones de tu discurso. Quien escribe no sabe nada de la capacidad pulmonar de quienes van a leer el texto, por lo que es inútil poner comas para que respire el lector; cada cual se administrará el aire como pueda y le convenga. Las comas desempeñan otras funciones y tienen otra utilidad.

Algunas comas que nunca hay que poner:

♦ Entre sujeto y verbo.
* El pescado de color grisáceo que comimos ayer en el restaurante nuevo, no debía de estar muy fresco.
El pescado de color grisáceo que comimos ayer en el restaurante nuevo no debía de estar muy fresco.

♦ Entre el verbo y los complementos que requiere para tener pleno significado, como el atributo, el complemento directo o el de régimen.
* Ya que habíamos ido al restaurante acabamos comiéndonos, el pescado grisáceo.
Ya que habíamos ido al restaurante acabamos comiéndonos el pescado grisáceo.
* Recuerdo aquel pescado y aunque no te lo creas me acuerdo, del cocinero.
Recuerdo aquel pescado y aunque no te lo creas me acuerdo del cocinero.
* Al final acabamos dándole el pescado, al gato que rondaba por el patio.
Al final acabamos dándole el pescado al gato que rondaba por el patio.

♦ Al final de una oración o de un párrafo o de un texto; siempre va un punto.

♦ Antes de conjunciones copulativas o disyuntivas (salvo excepciones protagonistas de otra entrada).
*No estaban frescos el pescado, ni la carne. Menos mal que la fruta, el vino, el pan, y el café estaban buenos. Y encima las sillas eran pequeñas, o de plástico. 
No estaban frescos el pescado ni la carne. Menos mal que la fruta, el vino, el pan y el café estaban buenos. Y encima las sillas eran pequeñas o de plástico. 

♦ Detrás de pero y antes de interrogación o de exclamación.
*Pero, ¿ahora resulta que hay comas incorrectas?
Pero ¿ahora resulta que hay comas incorrectas?

♦ Delante de una conjunción que en frases de tipo tan… que. Y en las de tipo si… que.
*Estaba tan pasado el pescado del restaurante, que van a catalogarlo como fósil. Si estaría pasado el pescado, que la piel parecía cartón.
Estaba tan pasado el pescado del restaurante que van a catalogarlo como fósil. Si estaría pasado el pescado que la piel parecía cartón.

♦ Tras el nombre o cualquier apelativo de la persona a la que se le dirige una misiva, aunque sea en forma de correo electrónico. Es una forma usada por los hablantes de inglés, que da la curiosa coincidencia de que escriben sus misivas en inglés (sí, la puntuación, como las palabras, tiene idioma y se traduce y hay que evitar los calcos).
*Querida mama,  
Ayer nos dieron un pescado asqueroso en el restaurante.
Querida mama: 
Ayer nos dieron un pescado asqueroso en el restaurante.

Además de tener claro que esas comas no van, conviene observar que una coma siempre interrumpe el discurso; por tanto, mejor echarlas de menos que tener que apartarlas a manotazos para poder seguir leyendo.