Locuciones buldócer

Cuando se pone de moda una expresión, se convierte en un buldócer léxico que pasa por encima de todas las que significan algo similar o lo parece. Lo mismo ocurre con los adverbios y las preposiciones; ahí están los ejemplos de la pluriempleada donde, de la ya cansina desde y de la inflacionada hasta. Con las locuciones adverbiales y preposicionales el efecto se acerca al de la canción del verano: como no podía ser de otra manera, preparamos una barbacoa despacito, no, lo siguiente, en base a la gozadera que es lo que viene siendo una booomba colgando en las manos de redactores y políticos. Aquí van cuatro de esas locuciones; la primera, que es repe, al ritmo que va, pronto habrá incorporado el significado que, de momento, no tiene.

MÁS ALLÁ

La locución adverbial más allá está formada por dos adverbios: más y allá, y sumarlos no los metamorfosea; más bien es una roca sedimentaria. El caso es que significa ʽpasado alláʼ y el allá puede ser espacial o temporal.
Más allá de la calidad del texto, se ve enseguida si ha tenido una corrección buena por las locuciones adverbiales; y por las comas.

Si alguien se siente tentado de usar ese más allá con el sentido que se le quiere dar en el ejemplo anterior, puede tirar de al margen de, sin tener en cuenta, dejando de lado, aparte de, diferente de, independientemente de, sea cual sea, que no sea.
Sea cual sea la calidad del texto, se ve enseguida si ha tenido una corrección buena por las locuciones adverbiales; y por las comas.

Esas pobres locuciones adverbiales marginadas y arrinconadas deberían despertar oleadas de solidaridad.
Más allá de Sin tener en cuenta los 20 euros que me costó el botijo, lo que voy a gastarme este año en sandías me desequilibrará el presupuesto de todo el año.
Más allá de Dejando de lado alguna que otra lipotimia, tener una galbana de campeonato es lo que toca en verano, ¿no? Es que parece que nadie se lo esperaba.
Más allá de Además del interés por la paella y la sangría de los chiringuitos, no sé qué gracia le ven los guiris a andar por la solana a mediodía.

También hay quien cree que más allá significa ʽsinʼ.
El valor intrínseco de la morcilla está más allá de toda discusión.
♦ El valor intrínseco de la morcilla no ofrece/admite ninguna posibilidad de discusión.
♦ No es posible cuestionar el valor intrínseco de la morcilla.
♦ La morcilla presenta un valor intrínseco sin posibilidad de discusión.

No obstante, más allá alberga más de un significado. Puede significar ʽmás lejosʼ, en el espacio o en el tiempo.
No veo nada más allá de la primera línea de sombrillas. Y no hago planes para más allá de este fin de semana.

Y cuando se convierte en sustantivo significa ʽtan requetelejos que nadie ha vuelto a contar lo que hayʼ.
No me veo en el más allá. Que igual el sitio es chulo, pero eso de tener que morirse para llegar…

POR ORDEN DE / DE ORDEN DE

Los comunicados de los alcaldes tienen otro tono desde que no existen pregoneros, pero nos siguen llegando los mandatos de orden (ʽpor mandato deʼ) del señor alcalde y no por su orden, que sería otra cosa.
De orden del camarero del chiringuito, que te tomes la caña y el gazpacho por su orden, es decir, primero la una y luego el otro.

O sea, de orden de significa ʽpor mandato deʼ y por orden significa ʽsucesivamenteʼ. Además, en orden a significa ʽrespecto aʼ y ʽcon el fin deʼ ʽparaʼ. Y todo eso más allá de al margen de la locución del orden de, que indica estimación o aproximación.
Había del orden de 300 hormigas en la cocina. Las fui contemplando por orden de llegada a medida que entraban en orden, o sea, bien formada la fila, en orden a ir dándoles con la mano del almirez, una por una, de orden de la señora de la limpieza.

A RESULTAS DE / DE RESULTAS DE

Pues resulta que a resultas no es una locución de primera; o no lo era. La buena era de resultas, que significa ʽpor efectoʼ o ʽpor consecuenciaʼ. (María Moliner y el DLE no recogen a resultas, pero Seco, Andrés y Ramos, sí).
A resultas del uso, las locuciones se van retorciendo y modificando. Más allá de su forma, algunas también cambian de significado.
De resultas del uso, las locuciones se van retorciendo y modificando. Independientemente de su forma, algunas también cambian de significado.

EN TANTO / EN CUANTO

La locución en tanto significa ʽdurante el tiempo que ocurre algoʼ y también puede ser entre tanto, entretanto y mientras tanto.
En tanto sea verano, gazpacho todos los días de aperitivo.

No sirve para decir qué papel desempeña alguien o algo; para eso esta en cuanto.
En tanto refresco veraniego, las sopas de ajo son poco apreciadas.
En cuanto que refresco veraniego, las sopas de ajo son poco apreciadas.

Ahora bien, esta, versátil y volandera, puede hacer más cosas. Seguida de un verbo, marca el momento en el que empieza a ocurrir algo.
En cuanto empieza el verano, las sopas de ajo son poco apreciadas.
(También tiene de duración, como si fuera un mientras, pero es de poco uso).

Efectivamente, las locuciones y su significado cambian con el uso; a fin de cuentas, los hablantes hacen de sus locuciones un sayo y se lo quitan si quieren aunque no sea 40 de mayo. Pero, de momento, no dejo ni un más allá con cabeza en los textos que pasan por mis manos. Uníos a mí en la LLLLL: Liga por unas Locuciones Lustrosas, Lapidarias y Leales. Eso o que los diccionarios registren de una vez más allá con el significado que le da todo el mundo, ¡coñe ya!

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Elogio, o no, del pleonasmo

El pleonasmo consiste en usar palabras que dentro de la oración repiten información aportada por otras. Por lo general, se considera feo, hasta el punto de que en su segunda acepción, el DLE dice que es «demasía o redundancia viciosa de palabras». Pero lo cierto es que todos nosotros hablamos y escribimos con pleonasmos continuamente; sin ir más lejos, en la oración anterior al punto y coma hay un par, pues la terminación de los verbos ya expresa un nosotros y, en vista de que no hay restricción alguna, ese todos repite la información del nosotros.

Hay casos de pleonasmo que resultan palmarios.
Echaron a volar en dirección hacia el norte.
La locución en dirección a significa exactamente lo mismo que la preposición hacia. (¿Todo el mundo ha visto el pleonasmo de la oración anterior?; ¿o exactamente lo mismo no es pleonástico?). El texto queda más simple así:
♦ Echaron a volar hacia el norte.
♦ Echaron a volar en dirección al norte.

Y aquí, un pleonasmo de doble tirabuzón:
El timador, dirigiéndose a los incautos, les dijo: «La homeopatía ha demostrado su efectividad».
Ahí, dirigiéndose repite la información de la preposición a; y, además, el pronombre les también repite el destinatario. La oración es más sencilla así:
♦ El timador, dirigiéndose a los incautos, dijo: «La homeopatía ha demostrado su efectividad».
♦ El timador les dijo a los incautos: «La homeopatía ha demostrado su efectividad».

Claro que la duplicación del complemento indirecto e, incluso, del directo, es una estructura pleonástica que resulta natural en español y es obligatoria a veces.

Hay pleonasmos feos cuya única intención parece ser alargar una frase; o quizá quien la redactó no quiso dedicar un rato a pulirla y hacerla más elegante.
Se sintió totalmente desorientado al ver las diferentes opciones que se le ofrecían.
Se sintió desorientado al ver las opciones que se le ofrecían.
No parece que totalmente y diferentes añadan nada a la oración.

Y requetehorrorosos son esos pleonasmos tan típicos de los libros de autoayuda y de textos que pretenden pasar por megaenrollados, superamigables e hiperimpactantes.
Autocompadécete de ti mismo y siéntete autocomplacido por autoayudarte a salir de dentro de la profundidad del hondo pozo de la tristeza.
Compadécete de ti mismo y siéntete complacido por ayudarte a salir del pozo de la tristeza.
Una vez escardado el léxico (el contenido no hay quien lo adecente), todavía queda ese compadécete de ti mismo, pero es conveniente para evitar la ambigüedad que puede surgir porque el verbo compadecer se usa como pronominal.

Cabe decir que con mucha frecuencia los adverbios y algunos adjetivos son bastante pleonásticos; como acaba de ocurrir en la frase anterior: ¿qué diferencia hay entre frecuencia y mucha frecuencia?; ¿y entre bastante innecesario e innecesario? Ninguna.

En realidad, no hay ninguna diferencia cuantificable, pero sí la hay desde el punto de vista estilístico y expresivo. Las dos formulaciones siguientes dicen lo mismo:
♦ Mira, hija, con la nieve puedes hacer pequeñas bolitas redondas —dijo, modelando con las dos manos una porción de la blanca agua helada.
♦ Mira, hija, con la nieve puedes hacer bolitas —dijo, modelando con las manos una porción de la blanca agua helada.

Cierto, se puede prescindir de pequeñas y de redondas porque ambas ideas están en la palabra bolitas, pero el efecto que produce en el lector la forma sin pleonasmos no es el mismo (ni, probablemente, el que produciría el padre en la niña). Y el numeral dos no aporta información a las manos; de hecho, se podría reducir más: modelando una porción de agua helada, ya que las cosas se suelen modelar con las manos; si hubiera hecho las bolas de nieve con las orejas sí convendría explicitarlo.

El uso de esos pleonasmos puede ser una elección del autor y, en ese caso, poco hay que decirle. Menos pertinente serían los mismos pleonasmos en un recetario de cocina para describir  la elaboración de los buñuelos de bacalao.
Haz con las dos manos pequeñas bolitas redondas de la masa que has preparado previamente.
Haz bolitas de la masa que has preparado.

La segunda frase no impele a hacer bolas grandes ni cuadradas y la conjugación (pretérito perfecto compuesto) del verbo preparar encierra un previamente. Por tanto, a no ser que haya que rellenar páginas, la segunda forma es más adecuada, ya que la información concisa se asimila mejor. Si estás en la cocina, con el libro de recetas y metido en harina (literal y metafóricamente), lo que menos necesitas son circunloquios y despistes; por tanto, en ciertos tipos de textos, cuantos menos pleonasmos, mejor.

Pero el pleonasmo no es el mal. Hay algunos que explican más de lo que parece.
Solo se atiende con cita previa.
¿Que toda cita es previa? Sí, pero lo que dice es que no te presentes en la oficina o la consulta esperando que te atiendan media hora más tarde; debes pedir la cita con cierta antelación. A buen entendedor, un pleonasmo le basta.

Por otra parte, en español la negación es a menudo obligatoriamente redundante y a los hablantes no nos da ningún problema. De eso hablaba aquí.

Es más, hay pleonasmos incontestables, insustituibles, inevitables. Esa madre que le dice a su hijo:
Pasa palante. Entra adentro y no vuelvas a salir afuera sin mi permiso.
Al niño no le va a parecer que los adverbios adelante, adentro y afuera sean pleonásticos de sus verbos respectivos. Por el contrario, añaden información, sobre todo si la madre los pronuncia con cierto tono; es más, los tres significan lo mismo: ‘que no te lo tenga que repetir, que me tienes hasta el moño’. Esa acepción no figura en los diccionarios pero la comprenden todos los hablantes de la lengua.

O esa adolescente que pilla a su novio espiándole el móvil y le suelta:
No quiero volver a verte nunca jamás de los jamases en toda mi vida.
Para mi gusto, pocos pleonasmos tiene esa oración.

Así que, antes de borrar o evitar un pleonasmo, vale la pena pensar si cumple alguna función, si ayuda o estorba, si alarga y enmaraña o refuerza y matiza: no es lo mismo haber visto un fantasma que haberlo visto con mis propios ojos. Claro que verlo en la noche oscura, con una suave brisa moviendo las volátiles cortinas, durante breves instantes, mientras te quedas aterido de frío, pensando en las consecuencias derivadas de que las opiniones personales del protagonista principal usen falsos pretextos para lograr el resultado final… es otra cosa; otra cosa muy distinta.

río hozgargantaa

Que la vida es un pleonasmo uno lo empieza a comprender más tarde. Y todo eso lo cuenta y lo explica mucho mejor el gran gramático Ignacio Bosque en el artículo «Sobre la redundancia y las formas de interpretarla».

Vamos a contar… mentiras

No solo de letras vive el corrector/escribano. Hoy va una de aritmética.

Los ermitaños arrastran su conchas asomando sus patitas y vigilando con sus ojitos.
La pregunta es cuántas conchas arrastra un ermitaño, cuántas patitas tiene y con cuántos ojos vigila. Y la respuesta es que tiene diez patitas (más tres pares de piezas bucales) y dos ojos —compuestos, eso sí—; pero concha solo arrastra una cada uno, por lo que la redacción tendría que ser así:
Los ermitaños arrastran la concha asomando las patitas y vigilando con los ojitos.

Casi seguro que nadie duda de que la concha solo es una, por lo que se puede conjeturar que tras ese plural y los tres posesivos rondan dos calcos sintácticos del inglés (para hacerlos no hace falta saber inglés). En ese idioma el plural distributivo es obligado y también es natural el posesivo aplicado a las partes del cuerpo. Si juntamos ambos rasgos en una frase en español, el horrorismo es XXL, que significa ‘requetegrande’ en inglés (extra extra large) o ’30’ si lo lees en latín y disculpas la pésima ortografía del redactor romano. Vamos con más ejemplos.

Y allá vamos, un carnaval más, por las calles con los coloretes en nuestras caras y las pelucas en nuestras cabezas.
Cuando alguien dice eso, sale el dios Momo a dejarlo sordo para que no pueda oír ni un cuplé; y si el destrozasintaxis no solo lo dice, sino que, además, lo escribe, entonces el mismísimo Tío de la Tiza se revuelve en la tumba (sí, en su tumba, pero, como está claro que es la suya, no hace falta poner el posesivo) y sale a repartir golpes con el pito de caña. Con sintaxis en español fetén, esa frase va así:
Y allá vamos, un carnaval más, por las calles con los coloretes en la cara y la peluca en la cabeza.

Porque, obviamente, calles hay muchas y coloretes se llevan dos (uno en cada mejilla); sin embargo, como cada uno tenemos una sola cabeza, lo normal es llevar una peluca. Además, a pesar de no usar ni un solo posesivo, nadie dudará de que cada uno lleva los coloretes en su cara y la peluca en su cabeza.

En estos dos asuntos, el plural distributivo y los posesivos asociados a las partes del cuerpo, la sintaxis natural en español raras veces dará lugar a equívocos; si ocurre, entonces hay mecanismos para evitarlos. En el caso de que no se sepa de quién es la parte del cuerpo, se puede recurrir a especificarlo en el sentido que haga falta.
1) Se miraron a los ojos y ella puso la mano en la rodilla.  (¿De quién cada cosa?).
→ La forma más ambigua; es probable que el contexto lo aclare todo. 
2) Se miraron a los ojos y ella le puso la mano en la rodilla. (Mano de ella, rodilla de él).
→ La forma más clara, aunque no lo parezca, y sencilla.
3) Se miraron a los ojos y ella se puso la mano en la rodilla. (Mano y rodilla de ella).
→ También clara como la 2, pero para decir otra cosa. Igual ella tiene reuma.

4) Se miraron a los ojos y ella puso la mano en la rodilla de él. (Rodilla de él, ¿mano?).
→ Puede que antes él le hubiera echado la mano encima a ella; ¡ay, el contexto!

5) Se miraron a los ojos y ella puso la mano en su rodilla. (¿De quién cada cosa?).
→ Vaya usted a saber qué rollo se llevan; ¡ay, el contexto!

Sí, hay unas cuantas opciones más, que el redactor, el traductor y el corrector observarán con atención para resolverlas lo mejor posible. Y aun se complica más si varias personas echan la mano a donde sea.
Todos le echaron sus manos a su hombro para decirle que lo compadecían.
Todos le echaron la mano al hombro para decirle que lo compadecían. 

Cuando el plural parece necesario para evitar extrañezas, también hay soluciones que sortean este horrorismo: Se fueron a sus esquinas a escuchar sus chirigotas.
La sencilla: Cada uno se fue a su esquina a escuchar su chirigota.
Y la rebuscada alargapáginas: Se fueron a sendas esquinas a escuchar sus chirigotas respectivas.

El problema de tirar de plural a troche y moche es que quizá no se diga lo que se quería.
A ellos los preparaban para mantener a sus esposas y a sus hijos. Los emigrantes les mandaban a sus familias remesas de dinero y ropa.
Está claro que hablamos de hombres polígamos y muy responsables, pues se ocupan de la familia que han formado con cada una de las esposas. ¡Ah!, que no; pues entonces, la redacción debe ir así:
A ellos los preparaban para mantener a la esposa y los hijos. Los emigrantes le mandaban a la [su] familia remesas de dinero y ropa.
O bien (más recargadito):
A ellos los preparaban para mantener a su esposa y a sus hijos. Los emigrantes les mandaban a sus respectivas familias remesas de dinero y ropa.

O sea, cada vez que aparezca un plural hay que preguntarse si cabe el singular.
Los óvulos fecundados se transforman en semillas; los ovarios que los rodean se hinchan y maduran.
Los óvulos fecundados se transforman en semilla; el ovario que rodea a cada una se hincha y madura.
Porque no es cierto que un óvulo dé varias semillas ni que cada uno esté rodeado por unos cuantos ovarios.

¿Cuántos destinos sueña una madre para su hija? Puede que varios, pero si la buena mujer solo vislumbra un futuro afortunado, mejor no sugerir que son varios. Y madre no hay más que una; eso ya lo teníamos claro, ¿no?
Las mujeres que no vistieron el tul ilusión tuvieron que buscarse destinos distintos a los que sus madres habían soñado para ellas.
♦ Las mujeres que no vistieron el tul ilusión tuvieron que buscarse un destino distinto al que su madre había soñado.
♦ Las mujeres que no vistieron el tul ilusión tuvieron que buscarse un destino distinto al que sus madres respectivas habían soñado para ellas.

Otras veces el plural describe con precisión los límites.
La mayoría de las tribus se replegaron cuando sus zonas se convirtieron en campos de batalla. (Cada tribu tenía varias zonas y cada zona fue varios campos de batalla).
La mayoría de las tribus se replegaron cuando su zona se convirtió en un campo de batalla. (Cada tribu tenía una zona y cada zona fue un campo de batalla).

Y usar el singular puede servir para bajarle los humos a alguno.
Los hombres que tienen coches grandes necesitan aparcamientos especiales.
♦ Los hombres que tienen un coche grande necesitan un aparcamiento especial.
♦ Los hombres cuyo coche es grande necesitan un aparcamiento especial.

En ocasiones, el plural hace que el relato quede muy raro.
Los soldados levantaron los escudos. Algunos se llevaban las manos a las gargantas.
Ahí te imaginas a cada soldado manejado varios escudos con las manos (con sus dos manos, por supuesto; ambas manos, que sííí). Claro que debía de ser un relato de ciencia ficción cuyos personajes tienen varios cuellos (¿y cabezas?); pero si eran romanos normales y corrientes, la cosa debe ir, por ejemplo, así:
Cada soldado levantó su escudo. Algunos se llevaban las manos a la garganta.
O incluso:
Los soldados levantaron el escudo. Algunos se llevaban las manos a la garganta.

Así que ante la duda, singular; y, ante la duda, sin posesivo.

Tu amigo el dativo

Quien haya estudiado latín alguna vez se acordará de que uno de los casos de las declinaciones es el dativo. Por si no suena lo de rosa rosae, eso del dativo es (entre otras cosas) el complemento indirecto (CI); y para quien no tenga ni idea de qué hace el CI en una oración, es la parte de una oración que expresa a quién le pasa lo que dice el verbo o para quién va (el turrón duro le gusta a mi cuñada y el mazapán es para mi abuela); eso, en general y con poca precisión, pues no siempre es así (a  menudo ese a quién es el complemento directo).

Pues bien, resulta que el CI es esquivo y contorsionista; puede aparecer en la oración aunque no sea imprescindible; otras veces no está y se le echa de menos para que el texto suene natural; y cuando parece que sobra, aporta expresividad.

Eso es justo lo que hace el dativo de interés: señala a quien resulta beneficiado o perjudicado por la acción; y, si bien el verbo no lo necesita, hay que ver lo redondas que quedan las frases si está.
—Mamá, que Rodrigo se me ha subido a las barbas —le dijo Alfonso a doña Sancha.
—Y a mí con el relente de León no se me seca la ropa —replicó ella desolada.

El beneficio o el daño hay que interpretarlos en sentido laxo porque seguro que doña Sancha no se quedaba sin camisetas si no se le secaba la colada. Más directo se ve el perjuicio cuando el dativo de interés se lo aplica Yúsuf ibn Tashufín a Alfonso.
—Alfonso se me ha subido a las barbas y me ha hecho un agujero en la línea de defensa de Aledo.
—No te quejes, Yúsuf; en Zalaca se te apareció la Virgen y le diste sopas con honda.
—Es que cuando se nos enciende la luz a los almorávides…
—Sin presumir, que a los ziríes y los aftasíes les robasteis las respectivas taifas.
Ese último les, además de ser dativo de interés, duplica el CI, lo cual casi siempre es posible y a veces, obligatorio, como explica otra dosis de atutía.

Por otra parte, que el dativo de interés sea un CI no exigido por el verbo no significa que no sea necesario. Sin él, queda claro que Alfonso es un gorrón:
—Se ha presentado Alfonso en Toledo; a mesa y mantel, ya verás —dijo al-Mamún.
Ahora bien, un dativo de interés da más información y aporta matices expresivos.
—Se me ha presentado Alfonso en Toledo; a mesa y mantel, ya verás —dijo al-Mamún.

El dativo de interés tiene una prolongación: el dativo ético, que señala el sujeto al que le afecta la acción, pero cuando esa afectación es menos material y más afectiva.
¡Qué mayor se está haciendo el niño! Le dejas unas tropas y asedia Zamora en un pispás. Ya se lo dijo a García: «No te vas a escapar; a Sevilla que vas».

Sin duda, doña Sancha está contenta de Alfonsito, pero la frase habría sugerido más orgullo materno así:
¡Qué mayor se me está haciendo el niño! Me le dejas unas tropas y asedia Zamora en un pispás. Ya se lo dijo a García: «No te nos vas a escapar; a Sevilla que te me vas».

Por cierto, ese dativo ético tuvo su momento mediático de gloria en un anuncio. Lo repitió mucha gente sin saber que estaba usando un aderezo gramatical tan elegante.

Además, el dativo ético tiene una variante: el dativo aspectual o concordado (este no tiene el nombre bonito, no), que concuerda en persona con el sujeto de la acción y sirve para requetenfatizar y dar intención.
No se conocía bien el percal y nos invitó. Nos bebimos hasta el agua de los floreros.

Y luego está el dativo simpatético, un invento del español al que asedian los posesivos calcados del inglés. Y mira que solo por el nombre ya vale la pena ese dativo: ¿¡o no es preferible un simpatético que un posesivo!? Vale, casi cualquier adjetivo suena mejor que posesivo; Y, sin embargo, eso es lo que hace este dativo: identifica el poseedor del sujeto de la oración. Ahí va el ejemplo:
Me tiemblan las piernas cada vez que tengo que dar una explicación gramatical.
A ver si no suena más natural eso que esto:
Mis piernas tiemblan cada vez que tengo que dar una explicación gramatical.

Desde luego doña Sancha le hablaba a Alfonso con dativos simpatéticos.
—Alfonso, el corazón de al-Muatamid se ha parado cuando ha visto que no vas a frenar a los almorávides.
—Madre, es que se había cariado mi muela y mi perro se comió mi espada y el corazón del caballo se paró y no llegué a tiempo de evitarle a él su exilio.
—Alfonso, a al-Muatamid se le ha parado el corazón cuando ha visto que no vas a frenar a los almorávides.

—Madre, es que se me había cariado una muela y el perro se me comió la espada y al caballo se le paró el corazón y no llegué a tiempo de evitármele el exilio.

Yo diría que el segundo y el tercero me son a la vez simpatéticos y de interés, que para unos simples pronombres es mucho ser. Pero vamos a lo importante: la gracia de esos dativos es que hacen que el texto suene natural y que esté mucho mejor que ese engendro lleno de posesivos que parece inglés aljamiado.

La utilidad del dativo simpatético es muy clara cuando se habla de partes del cuerpo, pero no es exclusiva y conviene estar atento a usarlo siempre que aligere el texto.
Se han muerto todos sus geranios y se ha escapado nuestro loro.
Se le han muerto todos los geranios y [a nosotros] se nos ha escapado el loro.

Incluso cuando no se expresa, en realidad, posesión.
Urraca, sube al jubón su bajo, que tu hermano Alfonso va hecho un adefesio.
Urraca, súbele el bajo al jubón, que tu hermano Alfonso me va hecho un adefesio.
Sí, el bajo es del jubón, pero no acaba de ser una posesión.

Así que poned dativos a discreción; mejor que sobren que no que falten.

Y, por si en este recorrido por los dativos con apellido no ha quedado claro, aquí va un aviso para laístas y loístas: los pronombres de tercera persona para escribir un dativo de interés fetén son los mismos que los del CI: le, les (nada de la, lo, las, los) y hay que concordarlos en número (singular, plural) con su antecedente.

Pronombres andarines

En español hay palabras que viajan de un lado a otro de la oración sin problema ni de sintaxis ni de comprensión. Por ejemplo, los pronombres que hacen de complemento directo o indirecto tienen una gran libertad de movimientos; grande, sí, pero de ahí a largarse de parranda…
Vanesita díjole a su mamá que no obligárala a se comer los macarrones, que rodaballo mejor. La opinión del pobre rodaballo no conócese; sus sentimientos menosprecian los.

No hace falta un curso de sintaxis para recomponer ese texto con los pronombres en su sitio (cierto, algunos están en su sitio… pero varios siglos atrás, con permiso de los asturianos).
Vanesita le dijo a su mamá que no la obligara a comerse los macarrones, que rodaballo mejor. La opinión del pobre rodaballo no se conoce; sus sentimientos los menosprecian.

Y tristemente famoso es aquel se sienten, ¡coño!, que, salvo que se quiera indicar una variante local de habla propia de ciertas áreas o condiciones (más cerca del cachirulo que del tricornio), debería ser siéntense, ¡coño!

En cambio, para indicar lo contrario, el pronombre va en otra posición.
No siéntense.
No se sienten.  

También produce extrañeza, incluso en un acto de habla muy informal, algo así:
Al se la beber, se le atragantó la horchata y no veas la que montamos en la heladería.
Al bebérsela, se le atragantó la horchata y no veas la que montamos en la heladería.

Sin embargo, otros bailes de pronombres no sobresaltan ni los ojos ni los oídos.
♦ Le tengo que hacer el rodaballo a la niña, nada de macarrones, que me puede montar un pollo si se los vuelvo a poner.
♦ Tengo que hacerle el rodaballo a la niña, nada de macarrones, que puede montarme un pollo si vuelvo a ponérselos.

Aunque algunas danzas exigen demasiadas contorsiones de las ternillas de la lengua.
Pensaba pasar a os explicar esas contorsiones y quería os las empezar a detallar.
♦ Pensaba pasaros a explicar esas contorsiones y os las quería empezar a detallar.
♦ Os pensaba pasar a explicar esas contorsiones y quería empezároslas a detallar.
♦ Pensaba pasar a explicaros esas contorsiones y quería empezar a detallároslas.

De los ejemplos precedentes, el primero le chirriará a cualquiera y, desde luego, no lo escribiría nadie. Sin embargo, estructuras como las de los ejemplos segundo y tercero no les producirán extrañeza a la mayoría de los hablantes y lectores. Ahora bien, quizá pierdan fuste al compararlas con la cuarta forma de expresar lo mismo. La razón es que en la última los pronombres van con el verbo que les corresponde.

El verbo pensar no tiene en esa oración complemento indirecto, tampoco el verbo pasar, pero sí el verbo explicar; por eso el lugar óptimo del pronombre os es detrás de este y unido a él: explicaros; lo mismo ocurre con detallároslas.  Lo que ocurre es que así se forman palabras largas y un poco trabalenguas, de manera que en el habla se tiende a trocearlas y mover los pronombres (y eso es una pista para darle rasgos de oralidad a un texto o quitárselo cuando no le convienen tales rasgos).

Aquí, sin embargo…
Ni rastro de rodaballo en la pescadería. Me lo toca pescar.
Ni rastro del rodaballo en la pescadería. Me toca pescarlo.

Un pronombre que cuesta mantener quieto es el de los verbos pronominales (me escaqueo del asunto del rodaballo) y se mueve mejor que cuando es complemento (me toca = tocar a mí ≠ tocarme). Además, por lo general, el pronombre del verbo subordinado (cocinarlo) puede ir al principal, pero no al revés.
No me quiero escaquear; toca pescármelo. Lo quiero cocinar. 
No quiero escaquearme; me toca pescarlo. Quiero cocinarlo. 

 Por otra parte, mover el pronombre puede cambiar el significado.
♦ Te voy a hacer unas preguntas que ayudarán a comprenderte.
♦ Voy a hacerte unas preguntas que te ayudarán a comprender.
♦ Voy a hacerte unas preguntas que te ayudarán a comprenderte.

A veces entiendes el texto, pero tienes que echar un rato pensándolo. Eso ocurre con algunas perífrasis verbales y está explicado en su sitio, pero aquí va un repasito:
Se fue contemplando que el rodaballo no se prestara a los fines de la familia.
¿Hay alguien que abandona un lugar, pensando en sus cuitas con el rodaballo? ¡Nooo!
Se contemplaba que el rodaballo no se prestara a los fines de la familia.

Y es que en español ir e irse tienen diferente significado y, además, irse no forma perífrasis verbales, pero ir, sí y, en ese caso, no indica desplazamiento, sino que algo va a empezar. Las lenguas —sus hablantes— tienden a economizar recursos, así que usan las mismas piezas para varios significados y funciones; eso no obstaculiza la comunicación, pero sí las explicaciones gramaticales.

Y, una vez más, el registro oral, sobre todo en algunos contextos, es bastante libre…
♦ Mari, Mari, ¡no vas a creértelo! Esos zapatos vas a poder ponértelos para la boda.
♦ Mari, Mari, ¡no te lo vas a creer! Esos zapatos te los vas a poder poner para la boda.
♦ Mari, Mari, ¡no te lo vas a creer! Esos zapatos vas a podértelos poner para la boda.

Pero nada de ¡no vas a te lo creer! ni de ¡no vástelo a creer!

También conviene observar cuál de los dos verbos que van seguidos es impersonal, ya que en algunas posiciones el pronombre se queda raro:
No puede entrarse en la pescadería porque está todo el pescado vendido.
No se puede entrar en la pescadería porque está todo el pescado vendido.

En noviembre empezaba a pensarse en el besugo navideño.
En noviembre se empezaba a pensar ya en el besugo navideño.                                     

Y otras veces no hay quien lo mueva de su sitio.
Si los pulpitos han dejado convivirse con su caldo tres horas, quedarán duros.
Si los pulpitos se han dejado convivir con su caldo tres horas, quedarán duros.

Y para tardes de tedio, nada como hacer que los pronombres bailen por el texto a ver qué efecto expresivo se consigue, porque yo…
… no lo sé explicaros mejor.
… no os sé explicarlo mejor.
… no os lo sé explicar mejor.
… no sé explicároslo mejor.

Complementos a pares

Un día cualquiera, en cualquier lugar de la hispanofonía (mayormente de España) puede sonar en boca de hablante.
Le he pegao un viaje al jamón que se ve el hueso.

Sin embargo, si el mismo hablante se pone a escribirlo, es muy probable que la oración se convierta en.
He pegado un viaje al jamón que se ve el hueso.

Habrá quien haya pensado: «Pues es verdad que, cuando se reproduce un texto hablado, incluso si es de registro informal y se pretende ser verosímil, los participios ya no suenan como se dicen». Y siendo eso verdad, esta dosis de atutía sirve para remediar otra dolencia: la desaparición del pronombre que duplica el complemento, indirecto en el ejemplo.

Es frecuente tildar a ese pobre le de pleonasmo (como si pleonasmo fuera el segundo nombre de Belcebú; pero eso es tema para otra dosis) y querer eliminarlo de todos los papeles a este lado del cinturón de Kuiper. Y resulta que está bien y en su sitio.

Para que quede claro: la duplicación del complemento indirecto (CI) mediante un pronombre átono es posible siempre y, en algunos casos, obligatoria. La duplicación del complemento directo (CD) está más limitada. Eso lo dice el DPD y esta humilde dispensadora de remedios lo suscribe.
Dijo a Febe que mejor lo dejaban. No se había atrevido a contar a sus padres que era de Saturno.
Le dijo a Febe que mejor lo dejaban. No se había atrevido a contarles a sus padres que era de Saturno.

Sí, con a Febe queda claro sobre quién recae la acción y el le no añade información, pero es la forma natural de formar esa frase en español y, por si alguien no se había dado cuenta, hay muchas palabras que se dicen o escriben a pesar de que no añaden información (por ejemplo, la mayoría de los adverbios). Así que en un texto elegante, culto y bien construido habrá un pronombre que duplique el CI.
Los marcianos van a recriminar a los terráqueos que el bicing debería ser platilling.
Los marcianos van a recriminarles a los terráqueos que el bicing debería ser platilling.

Y a menudo también habrá un pronombre que duplique el CD, como el la que no sobra aunque ya esté la cabeza en la oración siguiente:
—Yo la cabeza la voy a tener siempre mala —le aclaró Juanita a su amiga cuando les preguntaron a ellas si las pescadillas que quedaban iban a quedárselas o se las ponían a la otra señora.
Pasatiempo: localice en ese fragmento las cuatro repeticiones mediante pronombre de un complemento (directo o indirecto). Las cuatro son correctas, propias del habla culta y de lo más lucidas en un texto escrito.

Esas duplicaciones del complemento, que la mayoría de los hablantes hacen de forma natural si bien sienten la necesidad de evitar por escrito, responden a unas reglas o patrones. Ahí van.

Si el complemento tónico (el principal) va después del verbo, la duplicación del CI es optativa y habitual.
⇒ Es obligatoria con gustar, encantar, complacer, molestar, interesar, divertir, cansar…
⇒ Suelen exigir duplicación los verbos de afección psíquica o física, excepto si el CI es un cuantificador universal: todo, todo el mundo, todos, nadie.
♦ Daba argumentos a sus enemigos. Ellos habían contado a su madre la verdad y eso no interesó a su padre. La decisión gustó a todos, pero molestó a los primos no enterarse los primeros.
Les daba argumentos a sus enemigos. Ellos le habían contado a su madre la verdad y eso no le interesó a su padre. La decisión les gustó a todos, pero les molestó a los primos no enterarse los primeros.

A veces la duplicación del CD es obligatoria (ni te das cuenta de que la haces).
⇒ El CD tónico es todo (-a, -os, -as).
Nada menos que siete planetas nuevos. Ha descubierto todos el mismo astrónomo.
Nada menos que siete planetas nuevos. Los ha descubierto todos el mismo astrónomo.

⇒ El CD tónico es artículo + numeral; y más si el referente es animado.
Los ha descubierto todos el mismo astrónomo y ha bautizado a los siete con el mismo nombre.
Los ha descubierto todos el mismo astrónomo y los ha bautizado a los siete con el mismo nombre.

⇒ En el registro hablado y en Hispanoamérica es frecuente, y correctísma, la duplicación enfática.
Veo un poco rocosos esos planetas para ir a la playa.
Los veo un poco rocosos esos planetas para que sus playas se pongan de moda.

Ahora bien, si el tónico va después del verbo y no es un pronombre, la duplicación del CD casi nunca es posible.
Lo compras un móvil y te lo piensas más que si las fueras a cambiar las gafas.
Compras un móvil y te lo piensas más que si fueras a cambiar las gafas.

En dos casos es obligatorio duplicar el CI y el CD (no necesariamente los dos a la vez) mediante sendos pronombres átonos..
⇒ Si el complemento tónico también es pronombre.
Dio a nosotros las llaves del apartamento de la enana roja, por si queremos ir a pasar el finde.
Nos dio a nosotros las llaves del apartamento de la enana roja, por si queremos ir a pasar el finde.

Sobornaron a él para que les diera permiso de obras en las Nebulosas Alligator.
Lo sobornaron a él para que les diera permiso de obras en las Nebulosas Alligator.

⇒ Si el tónico va antes que el verbo, aunque no sea un pronombre.
A Hidrógenez hemos puesto en control de calidad de meteoritos y en la Tierra a nuestra empresa quitan las condritas de las manos.
A Hidrógenez lo hemos puesto en control de calidad de meteoritos y en la Tierra a nuestra empresa le quitan las condritas de las manos.

Y una derivada importante de la duplicación del CI, puesto que ya es una plaga saltarse la obligada concordancia de los pronombres con su referente.
Yo le doy un golpe a la impresora para desatascarla. Le expliqué esa solución a los técnicos y me dijeron que hacen lo mismo, aunque a los clientes le dicen que la solución es llamar al servicio técnico.
Yo le doy un golpe a la impresora para desatascarla. Les expliqué esa solución a los técnicos y me dijeron que hacen lo mismo, aunque a los clientes les dicen que la solución es llamar al servicio técnico.

La próxima dosis de atutía le proporcionará a los obsesos de los pronombres algunas pistas sobre su ubicación.
La próxima dosis de atutía les proporcionará a los obsesos de los pronombres algunas pistas sobre su ubicación.

Cifras o letras -y 2-

Como incluso quienes dicen ser de letras están rodeados de ciencia y de cifras (por suerte), aquí va una segunda dosis de escritura de números. Esta servirá para curar angustias, vacilaciones y horrores que se producen al escribir fechas, horas y coordenadas, aunque la leyenda del tiempo diga que es un sueño.

ESCRITURA DE LA FECHA

Es muy frecuente escribir las fechas con cifras, incluso en textos narrativos; no obstante, nada impide poner el día y el año en cifras y el mes en palabras, eso sí, siempre en minúscula.
—El  25 de diciembre de 1903 fue Navidad, como todos los veinticinco de diciembre.
—Yo celebro más el veintiséis de septiembre, que soy muy devota de los médicos y mártires san Cosme y san Damián.

Si se pone toda la fecha en cifras, el día, el mes y el año pueden separarse mediante guiones, barras o puntos; las tres formas son igualmente válidas.
El 14/7/1898 es una fecha señalada, pero también es digna de celebración el 14-4-1931. Sobre el 12.10.1492 hay sus más y sus menos.

Como el error todavía es bastante frecuente, repitamos la norma siguiente: nunca se escribe punto ni ninguna otra separación en los años.
Todos los nacidos antes del año 1.970 guardamos alguna cinta grabada de la radio.
Todos los nacidos antes del año 1970 guardamos alguna cinta grabada de la radio.

Ya de paso, veamos un asunto que da algún que otro quebradero de cabeza al hablar de fechas. Hasta el año 2000 vivíamos felices diciendo que en 1321 pasó esto o que en 1999 iba a suceder lo de más allá; ahora bien, cuando hubo que decir que algo pasaría en 2000, a todo el mundo se le torció la boca y el oído porque parecía que la cifra pedía un artículo. De repente apareció una norma: los años no llevan artículo; pero, como el oído es duro y los hablantes tozudos, se flexibilizó la directriz, que ha quedado un poco ambigua y suena como hablantes, so cansinos, decid lo que os salga de la lengua; o sea, tal que así:
• Del año 1 al 1100 es más frecuente poner el artículo, al menos en la lengua hablada, si bien por escrito se ve muchas veces sin él. Lo mismo ocurre con los años anteriores al 1, esos que suelen identificarse como antes de Cristo, a. C.
• Del año 1101 al 1999 es mayoritario el uso sin artículo, aunque hay ejemplos con él. No obstante, si solo se mencionan los dos últimos dígitos es obligatorio ponerlo: todo había ocurrido en el 68.
• Para referirse a los años a partir del año 2000, se tiende a usar el artículo.
• Si se menciona la palabra año, es obligado anteponer el artículo.
Así que es perfectamente correcto decir que en el 2001 la norma se cambió, pero quien quiera puede escribir o decir que eso ocurrió en 2000.

Por cierto, para expresar las décadas hay varias formas buenas, en ninguna de las cuales se usa el plural del número (ni mucho menos una letra ese con apóstrofo):
Corrían mediados los sesentas cuando la música empezó a mecer las melenas. En los años 70’s triunfaba la cultura hippy. La década de los 80s fue la de la movida. Sin embargo, en la década del 90 hubo cierto apalancamiento cultural. 
Corrían mediados los sesenta cuando la música empezó a mecer las melenas. En los años 70 triunfaba la cultura hippy. La década de los ochenta fue la de la movida. Sin embargo, en la década de los 90 hubo cierto apalancamiento cultural.

ESCRITURA DE LA HORA

Una manera de no pifiarla al escribir la hora es poner con todas las letras que abres la mercería a las dieciséis horas y treinta minutos; solo que queda un poco largo y no es muy visible. Para el lector es más fácil captar la hora expresada en cifras. Ahora bien, engendros como las tres y 22, las 17 y diez o las dos y ½ no son muy aconsejables; no es que haya una norma que diga que son incorrectos, pero quedamos en que somos elegantes escribiendo, ¿no?

Si te toca, por ejemplo, concretar horas precisas, lo más práctico es indicarlas con cifras y en el formato de veinticuatro horas. En ese caso, las normas ISO (que son internacionales) establecen que los dos puntos son el separador de las horas y los minutos (y los segundos si los hubiera).
Las visitas entran a las 15:31, 18:44 y 20:06, ni un minuto antes ni un minuto después.
No obstante, en textos comunes también se admite el punto; ¡pero nunca la coma!
Cita a las 12.45. Nota mental: seguro que no me visita el médico antes de las 13.30.

Y todo eso sirve para dar la hora, no para indicar un periodo de tiempo.
La peli dura 1:30 h.
La peli dura 1,5 h y los anuncios que ponen antes parece que duren 1 h 30 min.

Sí, las horas se indican con la palabra horas o con su símbolo, que es h; los minutos, con la palabra minutos o con el símbolo min; y los segundos, con su palabra entera o con el símbolo s.
El documental sobre el trigo es muy ameno. Dura 50′; las espigas aparecen en el 5′ y el crecimiento dura 42′ 35”.
El documental sobre el trigo es muy ameno. Dura 50 min; las espigas aparecen en 00:05 y el crecimiento dura 42 min 35 s.

Es decir, eso que parece una comilla simple y una comilla doble tienen que estar bien lejos de cualquier expresión temporal.

OTRO SÍMBOLO RARO

Además, no son tales comillas ni apóstrofos, sino prima simple y prima doble. En esta oración hay un apóstrofo pa’que lo veas y también varias tildes. Y ahora van una prima simple y una doble, para nombrar por ejemplo ƒ′ (x) y ƒ″ (x). Y como a alguien se le ha ocurrido hacer claras las diferencias, copiaré una imagen de la Wikipedia que lo muestra muy bien.

apóstrofo-tilde-comilla-prima

Acento agudo (en negro) sobre I mayúscula; apóstrofo (en verde); comilla simple recta (en rojo); prima (en azul); acento agudo (en negro) sobre i minúscula; en los tipos de letra Arial, Calibri, Tahoma, Times New Roman y Linux Libertine.

¿Que cómo se ponen? Pues con alt+8242 (′) y alt+8243 (″) o buscándolas entre los símbolos que se insertan. Habrá a quien le parezca que no tendrá nunca oportunidad de escribirlos, pero igual sí, porque resulta que son los símbolos que se usan para expresar los minutos y los segundos de las coordenadas geográficas y de los ángulos.
Que conste que Teruel está a 40° 20′ 37″ de latitud norte y a 1° 06′ 26″ de longitud este, que luego dirán que no existe. Allí si se divide una pizza en seis porciones, cada una sale de 60°, si bien no es raro que alguna salga de 61° 48′ y alguna de 58° 12′.

Puede que si no vas a escribir una tesis de matemáticas ni de física ni de geografía, no uses nunca las primas; y si vas a hacerla, o para saber sobre ellas y sobre muchas otras cosas, lo mejor es que, sin esperar más, te hagas con el magnífico libro de Gonzalo Claros Cómo traducir y redactar textos científicos, que, además de ser una joya, es gratuito.