Un puente entre el cliente y el corrector

Esta dosis de atutía no remedia dolores léxicos ni achaques sintácticos ni trastornos de la puntuación. Mejor dicho, aunque no trata las dolencias directamente, da pistas para remediarlas; eso sí, a través del cerebro adiestrado y los ojos aguzados de un corrector profesional.

La comunicación entre el corrector y quien quiere que se revise su texto puede ser complicada por no compartir el vocabulario o tener ideas distintas del trabajo de los profesionales de la corrección. Por eso se pensó que una guía que orientara al cliente sería útil tanto para este como para el corrector. Y así ha salido el Decálogo para encargar la corrección de un texto. Se puede descargar aquí y usarlo; o, simplemente, leerlo para entender un poco mejor qué hacemos los correctores y cómo lo hacemos.

Los comentarios, las objeciones y los aportes de Mercedes Tabuyo Fornell y de Lorena Martínez Cienfuegos mejoraron mucho este documento mientras se iba gestando. Una vez acabado, la imprescindible corrección, con lectura crítica, de Nuria Ochoa Gómez acabó de desbastarlo. Luego Mariana Eguaras Etchetto le dio forma y color. Por último, UniCo puso su confianza en mí y un gran empeño en difundir el documento, con un esfuerzo especialmente decidido de Álvaro Martín Valcárcel. A todos ellos les agradezco la generosidad con que me regalaron su sabiduría y su paciencia.

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Verbos con recovecos

Vamos a resolver de entrada el asunto de entendernos: una perífrasis verbal es una unidad formada por dos verbos, uno de los cuales dice qué se hace y el otro cuenta cómo se hace (la clasificación de las perífrasis en función de lo que dicen, está muy bien presentada con ejemplos en la Wikilengua); por ejemplo:
Alodia viene observando que Nunilo descuida las tareas domésticas. Nunilo, que lleva fregado mucho en ese castillo, se echa a llorar y, pasado el primer sofoco, se propone sugerirle que tengan servicio, como todos los condes.

Alodia observa desde hace tiempo pero no viene de ningún sitio. Por su parte, Nunilo ha fregado muchas veces el castillo pero no carga con nada. Y no se pone una colonia que se llama a llorar, sino que da comienzo a la acción de verter lágrimas. Además, se propone sugerirle algo, tal cual: proponerse y sugerirle; como el primer verbo no hace una pirueta, no es una perífrasis. Pues ya está, vistas tres perífrasis verbales y, a poco que nos fijemos, de ellas podemos sacar tres conclusiones.

1) Hay un verbo conjugado en forma personal y otro que va en forma no personal (invariable, por tanto). Como viene siendo costumbre en español, el verbo tiene que concordar en número y persona con el sujeto. Eso si naces angloparlante te lo ahorras, pero a cambio tienes un spelling que tela.
♦ Alodia viene observando… / Yo vengo observando…
♦ Nunilo lleva fregado… / Las limpiadoras llevan fregado…
♦ Él se echa a llorar… /Nosotros nos echamos a llorar…

En [Nunilo] se propone sugerirle… también se cumple, así que podría ser una perífrasis verbal si no fuera por la segunda conclusión.

2) El verbo conjugado no significa lo que significa cuando va por su cuenta; resulta que es el verbo auxiliar.
Alodia viene observando a Nunilo. / Alodia viene de la fuente con el cántaro roto.

La primera oración dice que la buena de Alodia hace tiempo que observa a Nunilo, pero nada indica que se desplace. En cambio, en la segunda oración dice que ha ido a por agua y allí se le ha roto el cántaro; y de eso nos damos cuenta cuando se traslada desde allí hasta aquí, o sea, cuando viene.

Sin embargo en [Él] se propone sugerirle que tengan servicio el verbo proponer(se) significa exactamente ‘proponer(se)’; así que eso no es una perífrasis. Como seguro que alguien está en un sinvivir por saber qué es, lo diré ya: es una oración compuesta en la que [Él] se propone es la oración principal; por su parte, sugerirle que tengan servicio es la oración subordinada y le hace de complemento directo a la principal. (A su vez, esa subordinada también es compuesta y tiene una principal y una subordinada en función de complemento directo. Menuda tarde de diversión se puede pasar jugando a poner una subordinada dentro de otra hasta formar una frase de cinco o seis líneas; claro que si eres abogado, tienes las de ganar).

3) El segundo verbo puede estar en una de las tres formas no personales del verbo: infinitivo, participio o gerundio. Es el principal y, por cierto, entre él y el auxiliar puede haber algo aunque no tiene por qué haberlo.

¿Que para qué sirve distinguir una perífrasis verbal de una oración compuesta? Pues para saber cosas, que no está mal. ¡Ah!, y para escribir con más precisión y elegancia, porque resulta que no reconocer bien la naturaleza y la estructura de las perífrasis verbales lleva a un anacoluto y a un horrorismo.

HAY QUE CONCORDAR LOS VERBOS
Para detectar el anacoluto hay que acordarse de la conclusión 1 al componer una perífrasis en pasiva refleja, porque, como se explica en otra dosis de atutía, la pasiva refleja tiene un sujeto, paciente, pero sujeto, que tiene que concordar en número con el verbo. Como en la perífrasis el verbo que cambia de forma es el auxiliar, el peligro es no concordarlo con el sujeto.
Se sigue alquilando las caballerizas de Alodia. Ideal parejas, dicen; de caballo y yegua, claro.
Se siguen alquilando las caballerizas de Alodia. Ideal parejas, dicen; de caballo y yegua, claro.  

Si se necesita el truco, se convierte en pasiva y enseguida se detecta la falta de concordancia:
♦ Se debe analizar las causas de la escasa competitividad de Nunilo en los torneos.
♦ Debe ser analizada las causas de la escasa competitividad de Nunilo en los torneos.

Se deben analizar las causas de la escasa competitividad de Nunilo en los torneos.

LOS PRONOMBRES EN SU SITIO
El horrorismo en el que se puede caer tiene que ver con la posición de los pronombres y admite grados: desde casi-no-es-horrorismo hasta cómo-he-podido-escribir-eso. Además, hay que decir que la lengua hablada ofrece mucho más margen que un texto escrito, incluso en la interpretación de un texto ambiguo.
A mí me sigue sin gustar el pavo de Nunilo.

¿Significa eso que Nunilo me sigue y no me gusta (ni Nunilo ni que me siga)? Pues no y seguro que muchos hablantes entienden que significa algo así:
A mí sigue sin gustarme el pavo de Nunilo.

Si la perífrasis fuera de gerundio se produciría menos ambigüedad, pero el pronombre seguiría teniendo un lugar más adecuado que otro:
A mí me sigue gustando más el apuesto Elpidio que el pavo de Nunilo.
A mí sigue gustándome más el apuesto Elpidio que el pavo de Nunilo.

La primera oración no da ningún problema de comunicación y no es incorrecta; no obstante, entra en la categoría (de dudoso rigor lingüístico pero muy útil a la hora de redactar o corregir textos) de poco elegante. Y como cuesta lo mismo, mejor escribir la segunda para respetar que ahí el verbo pronominal es gustar y no seguir.

Dos perífrasis que pueden ser ambiguas según dónde se ponga el pronombre son volver a + infinitivo e ir a + infinitivo. Imaginemos que Nunilo, harto de los reproches de Alodia, le dice:
Me vuelvo a encontrar mis fantasmas.
—Pues que te vaya bien con tu vuelta a la choza: menos que fregar, pero ya te digo que vas a perder mazo de ringorrango —le contesta Alodia con gesto displicente.
—¡Qué más quisieras tú que que me fuera! Lo que digo es que Sabanito anda otra vez por aquí y cada dos por tres me lo encuentro en el pasillo —le aclara el pavo de Nunilo—. Pero no me voy a rendir.
—¿Que no te vas a dónde? ¿Han abierto otro bar y se llama Rendir?
—Que digo que esta vez insistiré hasta que confiese de qué siglo es.
—Pues a ver si dices bien las cosas: Vuelves a encontrarte tus fantasmas por los pasillos y no vas a rendirte, que ni para poner los clíticos en su sitio sirves —sentencia Alodia, que está hasta el colodrillo de la sintaxis de Nunilo.

Lo mismo ocurre con la partícula se cuando se construye la perífrasis en forma impersonal.
Llegará a celebrarse una fiesta de bienvenida para Sabanito y empezará a construirse una gran bola de discoteca que el pobre arrastra desde hace varios siglos a ver si así se le acaba cambiando el carácter.
Se llegará a celebrar una fiesta de bienvenida para Sabanito y se empezará a construir una gran bola de discoteca que el pobre arrastra desde hace varios siglos a ver si así acaba cambiándosele el carácter.

Las dos primeras suenan bastante mal con el se fuera de su sitio; en cambio, cuesta decirla con él en su sitio. Cuesta porque van sumándose clíticos al verbo y se hace largo, sobre todo hablando; por eso en el texto oral resulta bastante natural colocar los pronombres o la partícula de impersonalidad allí donde produzcan palabras más cortas (más fáciles de pronunciar). Y es que no se puede partir (mejor que no puede partirse) de una visión monolítica de la cuestión.
Me lo tengo que pensar si voy a la fiesta de Sabanito o no porque lo llevo esperando toda la eternidad. Resulta que soy su prima y se lo tengo que decir. Se lo iba a contar ayer pero estaba por allí Sisebuto y me lo puse a considerar como confidente. No le puedo hablar como si me entendiera: «Sisebuto, esto; Sisebuto, lo otro» y él venga a ladrar, que no puede aguantarse ya tanta incomprensión.
Tengo que pensármelo, si voy a la fiesta de Sabanito o no, porque llevo esperándolo toda la eternidad. Resulta que soy su prima y tengo que decírselo. Iba a contárselo ayer pero estaba por allí Sisebuto y me puse a considerarlo como confidente. No puedo hablarle como si me entendiera: «Sisebuto, esto; Sisebuto, lo otro» y él venga a ladrar, que no se puede aguantar ya tanta incomprensión.

No es que los clíticos y el se vayan atornillados pero, si los hay que poner hay que ponerlos por escrito, mejor pensar dónde quedan más elegantes y sin ambigüedades.

Es pasiva refleja, no impersonal

Se puede decir que las pasivas reflejas son oraciones pasivas elegantes. Como definición gramatical no es muy ortodoxa, pero ayuda a entender que se prefieran a las pasivas de verdad. Por ejemplo:
Se esperaban novedades importantes sobre los villancicos y todo apuntaba a que se iban a prohibir. Eso se decía en los círculos próximos al poder. Desde que se habían trasladado habitantes de Saturno se padecía menos la contaminación acústica. Ellos, con su oído limpio y claro, todavía no sojuzgado por la internacional centrocomercialera, pensaban que así se revertirían los casos diagnosticados de navidaditis y se volvería a imponer el buen gusto musical en la muy decadente y embrutecida sociedad terrícola.

Haz la prueba: todas las oraciones del texto anterior se pueden transformar (pueden ser transformadas) en oraciones pasivas; tal que así:
Eran esperadas novedades importantes sobre los villancicos y todo apuntaba a que iban a ser prohibidos. Eso era dicho en los círculos próximos al poder. Desde que habían sido trasladados habitantes de Saturno la contaminación acústica era menos padecida. Ellos, con su oído limpio y claro, que todavía no había sido sojuzgado por la internacional centrocomercialera, pensaban que así serían revertidos los casos diagnosticados de navidaditis y volvería a ser impuesto el buen gusto musical en la decadente y embrutecida sociedad terrícola.

Está claro por qué se prefiere la pasiva refleja y no son preferidas las pasivas, ¿no?

La construcción de la pasiva refleja es muy sencilla; basta prestar atención a las características siguientes:

  • Siempre aparece la partícula se precediendo al verbo.
  • El verbo es transitivo y se conjuga en tercera persona.
  • Sujeto y verbo concuerdan en número. Eso es muy importante porque diferencia las oraciones pasivas reflejas de las impersonales (la siguiente dosis de atutía irá destinada a calmar la impersonalidad; la gramatical, claro).
  • El sujeto es sujeto paciente y suele ir detrás del verbo (también habrá una dosis de atutía dedicada al orden de los elementos en la oración).
  • Nunca aparece el sujeto agente, pero se puede recuperar o, al menos, imaginar.

Uno de los peligros sintácticos que acechan es querer que quede claro el sujeto agente; en ese caso no hay más que construir una oración activa corriente y moliente:
Ahora se bailan los villancicos en las fiestas por los jípsters del pueblo.
Ahora los jípsters del pueblo bailan los villancicos en sus fiestas.

Así que la pasiva refleja tiene una sintaxis de bajo riesgo. Bajo, sí, pero cuando caes te estozolas:
Se vende los dos discos de villancicos que poníamos todo el rato en el centro comercial otros años. Se regala seis zambombas bien afinadas.
Se venden los dos discos de villancicos que poníamos todo el rato en el centro comercial otros años. Se regalan seis zambombas bien afinadas.

Resulta que los dos discos de villancicos y seis zambombas son sujetos pacientes, pero sujetos al fin y al cabo, por lo que tienen que concordar en número con el verbo. Si los villancicos y las zambombas te producen sarpullidos con solo imaginarlos, recuerda un modelo muy sencillo: se alquilan pisos.

Fácil, sí, claro…, hasta que aparece una perífrasis verbal y ríete tú de la duda metódica: ¿se seguirá poniendo el belén cuando lleguen los saturninos?
En el almacén de los magos se está preparando como presentes fragmentos de meteorito, luz de supernova y polvo de estrellas.
En el almacén de los magos se están preparando como presentes fragmentos de meteorito, luz de supernova y polvo de estrellas.

Lo primero es localizar el sujeto. No hay muchos candidatos; tiene que ser fragmentos de meteorito, luz de supernova y polvo de estrellas, y eso son tres cosas, así que se necesita un verbo en plural; como preparando es gerundio, hay que poner ese están, así, conjugado en plural. Si el segundo verbo es un infinitivo, ocurre lo mismo:
Se veía venir que se iba a alquilar los anillos para ver la cabalgata desde la distancia.
Se veía venir que se iban a alquilar los anillos para ver la cabalgata desde la distancia.
El sujeto es plural —los anillos—, por lo que hay que poner en plural el único verbo en forma personal que hay en la oración —iban—.

Entonces por qué, si está tan claro, es común errar usando el verbo en singular: Pues porque en los ejemplos hay una perífrasis verbal, estructura que se confunde a menudo con la oración impersonal. La manera de comprobar si se trata de una perífrasis y, por tanto, el verbo debe concordar en número con el sujeto es poner la oración en pasiva. ¿A que a nadie se le ocurre decir se veía venir que los anillos iba a ser alquilados? No hay duda de que se veía venir que los anillos iban a ser alquilados.

Eso con una impersonal no se puede hacer, pero eso es otra dosis de atutía.

Una coma; o dos; o ninguna

El gran traductor Carlos Mayor me plantea un problema con una coma; y cuando él duda hay que pensárselo dos veces, porque puntúa con precisión y primor. Así que lo que a bote pronto podría haber sido un sí o un no resulta que es un repertorio de opciones que ilustra lo que puede hacer una coma, o su ausencia, en la lectura y la percepción de una frase.

Sí, tiene toda la pinta de ser un asunto de esos solo para maníacos que no dejan que cada uno escriba como quiera a pesar de que nos entenderíamos igual. Pues bien, para esos, partamos de una frase no muy compleja con dos opciones claras (y alguna otra menos obvia) de puntuarla:
1a) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero antes de que construyeran la carretera estaba lleno.
2a) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero, antes de que construyeran la carretera, estaba lleno.

La primera podría haber sido así:
1b) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero estaba lleno antes de que construyeran la carretera.

O sea, antes de que construyeran la carretera es un complemento (circunstancial de tiempo), que en 1b está al final de la oración y en 1a está adelantado. Cuando eso ocurre, y sobre todo si es largo, se suele acotar con una coma.

Por su parte, la segunda versión podría haber sido así:
2b) Las alhucemas son ahora raras en ese lugar, pero estaba lleno.

En 2a antes de que construyeran la carretera es un inciso; es decir que quien la ha escrito piensa que es accidental, incluso que se puede prescindir de él, y por eso lo confina entre comas. Pero sin ese segmento que parece un inciso la oración tiene poco sentido. Eso es una pista para interpretar el segmento como complemento adelantado y no ponerlo entre comas, sino solo con una coma que señale su final; o sin ninguna. Yo lo he hecho en unas cuantas frases de este párrafo.
3a) Pero, sin ese segmento que parece un inciso, la oración tiene poco sentido.
3b) Pero sin ese segmento que parece un inciso, la oración tiene poco sentido.
3c) Pero sin ese segmento que parece un inciso la oración tiene poco sentido.
3d) Pero la oración tiene poco sentido sin ese segmento que parece un inciso.

Cuando leo la forma 3a, las comas dicen que lo que hay entre ellas es menos importante, así que puede que mi cerebro salte desde la primera coma hasta la segunda para quedarse con el mensaje esencial: Solo que la oración tiene poco sentido. Y habré perdido información relevante.

Cuando leo la forma 3b, veo que hay algo que afecta al mensaje principal y me lo encuentro antes de él, bien marcado su final con una coma, la cual casi me invita a reflexionar sobre esa condición que acabo de leer.

Cuando leo la forma 3c, lo entiendo todo, si bien tengo que haber leído con atención el complemento adelantado para recordar que esas son las circunstancias en las que se cumple el mensaje esencial; incluso es posible que tenga que volver atrás a recuperarlo.

Cuando leo la forma 3d la compresión es fácil, puede que también la emoción, y nadie echará de menos ninguna coma.

Total, que la sintaxis y la puntuación dependerán de la importancia que se dé a las circunstancias que enmarcan la acción principal. Hay varias opciones:

  • Hacer que las circunstancias sean un inciso invita a obviarlas y le da más validez a la conclusión, si bien nadie podrá decir que no se ha marcado aquello que modula, o restringe, dicha conclusión.
  • Si a las circunstancias se les da categoría de complemento adelantado acotado con coma, cobrará gran importancia; hasta el extremo, sobre todo si dicho complemento es muy largo, de devorar el mensaje principal.
  • Para que las circunstancias queden en el mismo plano que el mensaje y no destaquen, nada mejor que adelantarlas y no marcarlas de ninguna manera.
  • Llevarlas al final de la oración refleja el carácter circunstancial del complemento.

La conclusión es que hay que elegir cómo se puntúa, ya que la puntuación construye la sintaxis; y la sintaxis modula el significado.

Claro que quizá eso deba ser el punto de partida, no el final. Y como el verano no se ha acabado, aquí va un minicuadernillo de vacaciones para practicar diversas formas de puntuar, y así construir incisos o complementos y percibir matices.

Se puede debatir sobre qué dieta detox está más rica pero teniendo en cuenta que no nos morimos todos los días habrá que concluir con total convencimiento que el cuerpo elimina toxinas que es un no parar.

Me pareció que se hacía tarde para comer pero antes de que pudiera preguntar la razón me pusieron una sartén en la mano.

Gritó triunfante pero avergonzada se bajo del banco que rodeaban los niños a los que les había mangado la pelota.

No le había dicho el nombre de su pueblo y como ya no existía y hacía  mil años que estaba lejos ya no le quedaba ni gota de acento que delatara su origen.

Me dijo que si no sabía cómo conseguir unos pimientos ella me los suministraría que sin pisto no íbamos a quedarnos por esa fruslería.

Juntas o separadas -1-

Hay unas cuantas palabras que pueden escribirse juntas o separadas. Para algunas de ellas no hay más criterio que la preferencia de quien escribe, ya que ambas formas son correctas; sin embargo, otras cambian de significado por ese nimio espacio. Una manera de no equivocarse es no escribirlas nunca, pero como hay gente amante del riesgo, aquí va una dosis de atutía a modo de red para saltar con cierta tranquilidad.

Igual tú le pones hierbabuena al pavo real para la merienda-cena de Nochebuena; o puede que no. El caso es que si le pasas un correo a tu cuñado para decírselo quizá te tiemblen los dedos antes de escribir hierbabuena, pavo real y Nochebuena, y harás bien en pensarlo dos veces porque *pavorreal no es correcta y para que Noche Buena, así, en dos palabras, aluda al 24 de diciembre requiere sus dos mayúsculas. Sin embargo con hierbabuena puedes relajarte y descansar a la mitad para escribir hierba buena (incluso yerbabuena, pero eso es otro asunto). Y con merienda-cena… ahí sí que te has metido en un lío; te valía más haber preparado un brunch.

Primera conclusión: Los términos compuestos se escriben de diversas maneras. Hay para todos los gustos:
♦ Los que pueden ir en una o en dos palabras. Protagonizan esta entrada.
♦ Los que admiten guion. Estos también van aquí.
♦ Los que se escriben en una sola palabra. De muchos de estos ya no se percibe que sean palabras compuestas: abrelatas, bocacalle, caganidos, cantamañanas, coliflor, correveidile, hazmerreír, hojalata, maniatar, mapamundi, metomentodo, nomeolvides, paracaídas, rascacielos, rompecabezas, sabelotodo, telaraña, vaivén. De un caso particular de estos tratará otra dosis de atutía: los términos que empiezan por un prefijo.
♦ Los que en dos palabras tienen distinto significado que en una. Serán la tercera toma y una coda.

Para los términos de la tabla siguiente, la forma de la izquierda es la preferida.

aguanieve agua nieve
aprisa a prisa
arcoíris arco iris
asimismo así mismo
bajorrelieve bajo relieve
bocarriba boca arriba
bocabajo boca abajo
contrarreloj contra reloj
cortocircuito corto circuito (corto circuitar)
deprisa de prisa
enfrente en frente
enhorabuena en hora buena
enseguida en seguida
en medio enmedio
hierbabuena (yerbabuena) hierba buena (*yerba buena)
hierbaluisa (yerbaluisa) hierba luisa (*yerba luisa)
mal humor malhumor
medianoche media noche
mediodía medio día
medioambiente medio ambiente
Nochebuena Noche Buena
sobremanera sobre manera
todoterreno todo terreno

Cabe preguntarse por qué no vale medio día como sinónimo de mediodía si media noche lo es de medianoche. En cuanto a *enmedio no sería raro (ni aberrante) que se diera por correcta, como lo son asimismo y enseguida, que también empezaron escribiéndose en varias palabras. Como cabe preguntárselo, dale vueltas, pero ante un término cuya escritura no tengas clara, lo más práctico es consultar el DLE.

Habrá quien piense que, como para la mayoría valen las dos formas, se puede escribir cualquiera de ellas. Sí; solo que pueden surgir complicaciones; por ejemplo, puede haber consecuencias ortográficas:
• En arco iris no hay ninguna tilde, pero arcoíris la lleva para deshacer el diptongo. En asimismo no hay tilde, pero sí en así mismo.
• Cuando bajo relieve se escribe como una sola palabra tiene una letra más y se convierte en bajorrelieve.

También la formación del plural se ve afectada:
• El plural de guardia civil es guardias civiles, pero el de guardiacivil es guardiaciviles.
• El plural de maltrato sería maltratos, mientras que malos tratos es el plural de mal trato.

Claro que en el segundo término hay trampa, porque maltrato y mal trato no son sinónimos, sino que son términos homófonos cuyo significado es diferente según como se escriban. Ese es otro problema de los términos reseñados en la tabla: para muchos la forma en dos palabras significa lo mismo que la forma en una sola, pero también tiene otro significado. Esos términos serán el principio activo de otra dosis de atutía.

Choque de letras

Más escollos; es que esto de ponerlo todo por escrito es un sinvivir (esta solo puede ir en una). Cuando en una palabra compuesta se juntan dos vocales iguales (la última letra de la primera de las palabras que la componen y la primera letra de la segunda palabra) pueden ocurrir dos cosas: que se reduzcan a una (los paraguas se llenan de telarañas) o que se mantengan las dos (reescribir es distinto de rescribir); y una tercera, que se admitan las dos formas (los portaaviones son igual de grandes que los portaviones y con ellos se puede contraatacar o contratacar). Solo hay una manera de saber qué forma es correcta: aprenderlo (o el DLE, que está esperando que lo consultes).

Con guion

La mayoría de los términos compuestos que se escriben con guion están formados por dos adjetivos y prácticamente en todos los casos pueden escribirse sin él.
Compré un billete de coche-cama para el tren que recorre las tierras castellano-manchegas. Era un ejercicio teórico-práctico para observar si los cambios jurídico-administrativos producidos por la cultura árabe-islámica medieval habían tenido repercusiones físico-químicas o socio-económicas. Cuando vio que no, se dispuso a dar cuenta de su merienda-cena.

El guion se puede quitar siempre, lo que no resulta tan fácil es saber si se pueden unir las dos palabras o no. Como norma general, cuando se trata de dos adjetivos, pueden convertirse en uno; de hecho, fisicoquímico, socioeconómico y cardiovascular aparecen en el DLE (¡atención a las tildes! porque al formar una palabra solo puede haber una tilde y seguirá las normas generales de acentuación). Sin embargo, no están araboislámico ni psicosocial ni toracoabdominal, pero que no aparezcan no significa que no se puedan usar. El diccionario no puede registrar todas las combinaciones de dos adjetivos, lo cual no es óbice para que cada cual forme la que necesite (¡atención a las tildes; sí, ya lo he dicho y lo repito: ¡atención a las tildes!).

Lo que no parece que goce de las simpatías de quien hace diccionarios es juntar dos sustantivos o un sustantivo y un adjetivo; así que para coche cama, tren correo, sofá cama, falda pantalón, camión cisterna, ciudad dormitorio, coche bombacurso puente, palabra clave, Estado miembro, pastor alemán (un perro) y todas las que se pueden formar a medida que se necesite hay que optar por escribirlas separadas (parece ser la opción preferente) o unidas mediante un guion. ¿Que qué le pasa al plural?
Los niños prodigios rara vez quieren seguir cursos puentes y vivir en ciudades dormitorios.  Prefieren usar palabras claves en horas puntas.

El truco es poner el verbo ser en medio. Si funciona, el segundo término también puede ir en plural. Los niños pueden ser prodigios y algunas palabras son claves, pero los cursos no son puentes y las horas no son puntas.  Una ayuda: es más fácil que la segunda palabra admita el plural si es un adjetivo. Y ante la duda, mantenerla en singular siempre es correcto.
Los hombres rana toman las meriendas cena en los pisos piloto y luego duermen en sofás cama hasta que pasan trenes correos cargados de faldas pantalón.

Pleonasmos y otras sobrancias

Un pleonasmo puede ser útil y darle expresividad al texto. Así, cuando una madre grita por el balcón «¡sube p’arribaaa!», su pleonasmo dice muchas cosas; por ejemplo, que antes ha habido un «sube a cenar», un «vengaaa, sube ya», un «¡que subas te he dicho!», y un «que no tenga que volver a salir al balcón». En ese sube p’arriba, hay un verbo en imperativo y un complemento circunstancial de madre; por eso la redundancia del arriba, con su preposición contraída, ni reitera ni sobrecarga el sube, sino que le da expresividad y añade matices. (Digresión: ¿por qué son correctas las contracciones al y del pero no lo es pal e, incluso, la transformación de para en el prefijo pa o p-?).

Hay más expresiones de ese tipo (salir afuera/fuera, entrar dentro/adentro, bajar abajo); todas ellas, en el texto y el contexto adecuado, hacen que el pleonasmo no dé calambre. De hecho, los textos, escritos y hablados, están llenos de pleonasmos (de alguna manera, el sujeto y su verbo casi siempre son redundantes).
Observé por mí misma como al besugo le preocupaba la llegada de la Navidad. 

Si digo que lo observé no hace falta que especifique que lo hice por mí misma (ni que lo vi con mis propios ojos ni que lo oí con mis propios oídos), pero la repetición enfatiza y se adelanta a posibles objeciones, ya que hago hincapié en que no me lo han contado). No es necesaria esa repetición, pero tampoco estorba; al contrario.

En cuanto a el besugo, es un complemento indirecto (CI) claro y preciso, y, aun así, se repite en el pronombre le. En este caso no solo la sintaxis es correcta, sino que es obligado el doble CI. En bastantes casos hay que duplicar un complemento con un pronombre y en muchos, si bien no es obligatorio, sí resulta más natural que no hacerlo; pero eso será otra dosis de atutía (el de la última frase tampoco es necesario, pero quiero que esté).

Por otra parte, hay pleonasmos propios del habla de una zona o de un estilo narrativo.
En el mes de diciembre del año 1954 el besugo ya se imaginaba que su final podía tomar varias formas diferentes; era un día martes.

Lo malo es que hay pleonasmos que aportan poca expresividad y alargan el texto.
Los iones interaccionaron entre sí, sin experiencia previa. Todos quedaron completamente exhaustos, ya que no habían tenido tiempo suficiente para el precalentamiento y estaban incluidos dentro de la reacción química.

Si se quita todo lo que no está en verde, la frase anterior no pierde claridad y gana en facilidad de lectura; esto último ha sido una opinión, sí. Por otra parte, no hay que descartar que quien escribe algo así tenga una intención clara y maneje bien los recursos expresivos.
Las personas humanas que se presentan a comicios electorales conocen la legislación vigente, aunque en algunos lapsos de tiempo se les olvida. Yo, personalmente, creo que es un prerrequisito contemplar las distintas posibilidades que podrán tener para hacer previsiones de futuro, que son absolutamente imprescindibles para evitar accidentes fortuitos.
Las personas que se presentan a elecciones conocen la legislación, aunque en algunos lapsos se les olvida. Creo que es un requisito contemplar las posibilidades que tendrán para hacer previsiones, que son imprescindibles para evitar accidentes.

Por su propia definición, los comicios son elecciones, la legislación está en vigor (si no lo está es cuando hay que ponerle un adjetivo), un lapso es tiempo (un periodo, también) y los requisitos siempre son anteriores a algo. Y si hay varias posibilidades, serán distintas entre ellas; además, si ya son posibilidades, el verbo poder no hace más que repetir la idea. ¿Cómo sería una previsión que no fuera de futuro? ¿Se puede ser un poco imprescindible? ¿Hay algún accidente que no suceda inopinada y casualmente? Al evitar los pleonasmos no se ha perdido significado sino que, por el contrario, el texto es menos alambicado y más conciso. Claro que si la intención es marear al lector o apabullar al interlocutor, la primera versión es más adecuada. Ahora bien, hay que considerar la posibilidad de que enfrente haya una persona lista que detecte que la mitad del discurso son palabras huecas.

Uno de los recursos expresivos que dan lugar a pleonasmos altisonantes y pretenciosos es el prefijo auto-, sobre todo en su forma auto-cualquier verbo-se; es decir, cuando reitera el valor reflexivo que proporciona con gran eficacia el sufijo –se. Para que aparezca una supernova ya solo es necesario añadir un a mí/ti/sí mismo.
Me preocupo por mi propia salud: me autoimpongo a mí mismo hacer treinta segundos de ejercicio físico todos los días.
Me preocupo por mi salud: me impongo hacer treinta segundos de ejercicio todos los días.

Si tomas autoconciencia de los largos de piscina necesarios para eliminar esa porción de chocolate, no irás a buscarla a la cocina; aunque tengas cita previa con ella.
Si eres consciente de los largos de piscina necesarios para eliminar esa porción de chocolate, no irás a buscarla a la cocina; aunque hayas concertado una cita con ella.

Es oír un reguetón y autosugestionarme de que lo que suena es «Ojos verdes», para no liarme a tortas.
Yo es oír un reguetón y sugestionarme de que lo que suena es «Ojos verdes», para no liarme a tortas.

Yo me autogestiono mis propios periodos de tiempo vacacionales.
Yo me gestiono las vacaciones a mi aire / a mi bola / por mí misma /a mi conveniencia.

No está de más, pues, revisar los textos y pararse ante cada redundancia para decidir si aporta algo o si sobra. Una pista: si cada poco resuenan adverbios acabados en –mente, sobra algo. Y así, en general, los adverbios siempre son sospechosos de estar de más; como ese siempre que se me acaba de colar.