Locuciones buldócer

Cuando se pone de moda una expresión, se convierte en un buldócer léxico que pasa por encima de todas las que significan algo similar o lo parece. Lo mismo ocurre con los adverbios y las preposiciones; ahí están los ejemplos de la pluriempleada donde, de la ya cansina desde y de la inflacionada hasta. Con las locuciones adverbiales y preposicionales el efecto se acerca al de la canción del verano: como no podía ser de otra manera, preparamos una barbacoa despacito, no, lo siguiente, en base a la gozadera que es lo que viene siendo una booomba colgando en las manos de redactores y políticos. Aquí van cuatro de esas locuciones; la primera, que es repe, al ritmo que va, pronto habrá incorporado el significado que, de momento, no tiene.

MÁS ALLÁ

La locución adverbial más allá está formada por dos adverbios: más y allá, y sumarlos no los metamorfosea; más bien es una roca sedimentaria. El caso es que significa ʽpasado alláʼ y el allá puede ser espacial o temporal.
Más allá de la calidad del texto, se ve enseguida si ha tenido una corrección buena por las locuciones adverbiales; y por las comas.

Si alguien se siente tentado de usar ese más allá con el sentido que se le quiere dar en el ejemplo anterior, puede tirar de al margen de, sin tener en cuenta, dejando de lado, aparte de, diferente de, independientemente de, sea cual sea, que no sea.
Sea cual sea la calidad del texto, se ve enseguida si ha tenido una corrección buena por las locuciones adverbiales; y por las comas.

Esas pobres locuciones adverbiales marginadas y arrinconadas deberían despertar oleadas de solidaridad.
Más allá de Sin tener en cuenta los 20 euros que me costó el botijo, lo que voy a gastarme este año en sandías me desequilibrará el presupuesto de todo el año.
Más allá de Dejando de lado alguna que otra lipotimia, tener una galbana de campeonato es lo que toca en verano, ¿no? Es que parece que nadie se lo esperaba.
Más allá de Además del interés por la paella y la sangría de los chiringuitos, no sé qué gracia le ven los guiris a andar por la solana a mediodía.

También hay quien cree que más allá significa ʽsinʼ.
El valor intrínseco de la morcilla está más allá de toda discusión.
♦ El valor intrínseco de la morcilla no ofrece/admite ninguna posibilidad de discusión.
♦ No es posible cuestionar el valor intrínseco de la morcilla.
♦ La morcilla presenta un valor intrínseco sin posibilidad de discusión.

No obstante, más allá alberga más de un significado. Puede significar ʽmás lejosʼ, en el espacio o en el tiempo.
No veo nada más allá de la primera línea de sombrillas. Y no hago planes para más allá de este fin de semana.

Y cuando se convierte en sustantivo significa ʽtan requetelejos que nadie ha vuelto a contar lo que hayʼ.
No me veo en el más allá. Que igual el sitio es chulo, pero eso de tener que morirse para llegar…

POR ORDEN DE / DE ORDEN DE

Los comunicados de los alcaldes tienen otro tono desde que no existen pregoneros, pero nos siguen llegando los mandatos de orden (ʽpor mandato deʼ) del señor alcalde y no por su orden, que sería otra cosa.
De orden del camarero del chiringuito, que te tomes la caña y el gazpacho por su orden, es decir, primero la una y luego el otro.

O sea, de orden de significa ʽpor mandato deʼ y por orden significa ʽsucesivamenteʼ. Además, en orden a significa ʽrespecto aʼ y ʽcon el fin deʼ ʽparaʼ. Y todo eso más allá de al margen de la locución del orden de, que indica estimación o aproximación.
Había del orden de 300 hormigas en la cocina. Las fui contemplando por orden de llegada a medida que entraban en orden, o sea, bien formada la fila, en orden a ir dándoles con la mano del almirez, una por una, de orden de la señora de la limpieza.

A RESULTAS DE / DE RESULTAS DE

Pues resulta que a resultas no es una locución de primera; o no lo era. La buena era de resultas, que significa ʽpor efectoʼ o ʽpor consecuenciaʼ. (María Moliner y el DLE no recogen a resultas, pero Seco, Andrés y Ramos, sí).
A resultas del uso, las locuciones se van retorciendo y modificando. Más allá de su forma, algunas también cambian de significado.
De resultas del uso, las locuciones se van retorciendo y modificando. Independientemente de su forma, algunas también cambian de significado.

EN TANTO / EN CUANTO

La locución en tanto significa ʽdurante el tiempo que ocurre algoʼ y también puede ser entre tanto, entretanto y mientras tanto.
En tanto sea verano, gazpacho todos los días de aperitivo.

No sirve para decir qué papel desempeña alguien o algo; para eso esta en cuanto.
En tanto refresco veraniego, las sopas de ajo son poco apreciadas.
En cuanto que refresco veraniego, las sopas de ajo son poco apreciadas.

Ahora bien, esta, versátil y volandera, puede hacer más cosas. Seguida de un verbo, marca el momento en el que empieza a ocurrir algo.
En cuanto empieza el verano, las sopas de ajo son poco apreciadas.
(También tiene de duración, como si fuera un mientras, pero es de poco uso).

Efectivamente, las locuciones y su significado cambian con el uso; a fin de cuentas, los hablantes hacen de sus locuciones un sayo y se lo quitan si quieren aunque no sea 40 de mayo. Pero, de momento, no dejo ni un más allá con cabeza en los textos que pasan por mis manos. Uníos a mí en la LLLLL: Liga por unas Locuciones Lustrosas, Lapidarias y Leales. Eso o que los diccionarios registren de una vez más allá con el significado que le da todo el mundo, ¡coñe ya!

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Elogio, o no, del pleonasmo

El pleonasmo consiste en usar palabras que dentro de la oración repiten información aportada por otras. Por lo general, se considera feo, hasta el punto de que en su segunda acepción, el DLE dice que es «demasía o redundancia viciosa de palabras». Pero lo cierto es que todos nosotros hablamos y escribimos con pleonasmos continuamente; sin ir más lejos, en la oración anterior al punto y coma hay un par, pues la terminación de los verbos ya expresa un nosotros y, en vista de que no hay restricción alguna, ese todos repite la información del nosotros.

Hay casos de pleonasmo que resultan palmarios.
Echaron a volar en dirección hacia el norte.
La locución en dirección a significa exactamente lo mismo que la preposición hacia. (¿Todo el mundo ha visto el pleonasmo de la oración anterior?; ¿o exactamente lo mismo no es pleonástico?). El texto queda más simple así:
♦ Echaron a volar hacia el norte.
♦ Echaron a volar en dirección al norte.

Y aquí, un pleonasmo de doble tirabuzón:
El timador, dirigiéndose a los incautos, les dijo: «La homeopatía ha demostrado su efectividad».
Ahí, dirigiéndose repite la información de la preposición a; y, además, el pronombre les también repite el destinatario. La oración es más sencilla así:
♦ El timador, dirigiéndose a los incautos, dijo: «La homeopatía ha demostrado su efectividad».
♦ El timador les dijo a los incautos: «La homeopatía ha demostrado su efectividad».

Claro que la duplicación del complemento indirecto e, incluso, del directo, es una estructura pleonástica que resulta natural en español y es obligatoria a veces.

Hay pleonasmos feos cuya única intención parece ser alargar una frase; o quizá quien la redactó no quiso dedicar un rato a pulirla y hacerla más elegante.
Se sintió totalmente desorientado al ver las diferentes opciones que se le ofrecían.
Se sintió desorientado al ver las opciones que se le ofrecían.
No parece que totalmente y diferentes añadan nada a la oración.

Y requetehorrorosos son esos pleonasmos tan típicos de los libros de autoayuda y de textos que pretenden pasar por megaenrollados, superamigables e hiperimpactantes.
Autocompadécete de ti mismo y siéntete autocomplacido por autoayudarte a salir de dentro de la profundidad del hondo pozo de la tristeza.
Compadécete de ti mismo y siéntete complacido por ayudarte a salir del pozo de la tristeza.
Una vez escardado el léxico (el contenido no hay quien lo adecente), todavía queda ese compadécete de ti mismo, pero es conveniente para evitar la ambigüedad que puede surgir porque el verbo compadecer se usa como pronominal.

Cabe decir que con mucha frecuencia los adverbios y algunos adjetivos son bastante pleonásticos; como acaba de ocurrir en la frase anterior: ¿qué diferencia hay entre frecuencia y mucha frecuencia?; ¿y entre bastante innecesario e innecesario? Ninguna.

En realidad, no hay ninguna diferencia cuantificable, pero sí la hay desde el punto de vista estilístico y expresivo. Las dos formulaciones siguientes dicen lo mismo:
♦ Mira, hija, con la nieve puedes hacer pequeñas bolitas redondas —dijo, modelando con las dos manos una porción de la blanca agua helada.
♦ Mira, hija, con la nieve puedes hacer bolitas —dijo, modelando con las manos una porción de la blanca agua helada.

Cierto, se puede prescindir de pequeñas y de redondas porque ambas ideas están en la palabra bolitas, pero el efecto que produce en el lector la forma sin pleonasmos no es el mismo (ni, probablemente, el que produciría el padre en la niña). Y el numeral dos no aporta información a las manos; de hecho, se podría reducir más: modelando una porción de agua helada, ya que las cosas se suelen modelar con las manos; si hubiera hecho las bolas de nieve con las orejas sí convendría explicitarlo.

El uso de esos pleonasmos puede ser una elección del autor y, en ese caso, poco hay que decirle. Menos pertinente serían los mismos pleonasmos en un recetario de cocina para describir  la elaboración de los buñuelos de bacalao.
Haz con las dos manos pequeñas bolitas redondas de la masa que has preparado previamente.
Haz bolitas de la masa que has preparado.

La segunda frase no impele a hacer bolas grandes ni cuadradas y la conjugación (pretérito perfecto compuesto) del verbo preparar encierra un previamente. Por tanto, a no ser que haya que rellenar páginas, la segunda forma es más adecuada, ya que la información concisa se asimila mejor. Si estás en la cocina, con el libro de recetas y metido en harina (literal y metafóricamente), lo que menos necesitas son circunloquios y despistes; por tanto, en ciertos tipos de textos, cuantos menos pleonasmos, mejor.

Pero el pleonasmo no es el mal. Hay algunos que explican más de lo que parece.
Solo se atiende con cita previa.
¿Que toda cita es previa? Sí, pero lo que dice es que no te presentes en la oficina o la consulta esperando que te atiendan media hora más tarde; debes pedir la cita con cierta antelación. A buen entendedor, un pleonasmo le basta.

Por otra parte, en español la negación es a menudo obligatoriamente redundante y a los hablantes no nos da ningún problema. De eso hablaba aquí.

Es más, hay pleonasmos incontestables, insustituibles, inevitables. Esa madre que le dice a su hijo:
Pasa palante. Entra adentro y no vuelvas a salir afuera sin mi permiso.
Al niño no le va a parecer que los adverbios adelante, adentro y afuera sean pleonásticos de sus verbos respectivos. Por el contrario, añaden información, sobre todo si la madre los pronuncia con cierto tono; es más, los tres significan lo mismo: ‘que no te lo tenga que repetir, que me tienes hasta el moño’. Esa acepción no figura en los diccionarios pero la comprenden todos los hablantes de la lengua.

O esa adolescente que pilla a su novio espiándole el móvil y le suelta:
No quiero volver a verte nunca jamás de los jamases en toda mi vida.
Para mi gusto, pocos pleonasmos tiene esa oración.

Así que, antes de borrar o evitar un pleonasmo, vale la pena pensar si cumple alguna función, si ayuda o estorba, si alarga y enmaraña o refuerza y matiza: no es lo mismo haber visto un fantasma que haberlo visto con mis propios ojos. Claro que verlo en la noche oscura, con una suave brisa moviendo las volátiles cortinas, durante breves instantes, mientras te quedas aterido de frío, pensando en las consecuencias derivadas de que las opiniones personales del protagonista principal usen falsos pretextos para lograr el resultado final… es otra cosa; otra cosa muy distinta.

río hozgargantaa

Que la vida es un pleonasmo uno lo empieza a comprender más tarde. Y todo eso lo cuenta y lo explica mucho mejor el gran gramático Ignacio Bosque en el artículo «Sobre la redundancia y las formas de interpretarla».

Adverbios que parecen molones

De vez en cuando se pone de moda una locución y, de repente, parece que hemos nacido con ella incrustada en la punta de la lengua. Mejor dicho (ya que esto va de usar los adverbios con precisión), no ocurre de vez en cuando, sino continuamente; por ejemplo con las locuciones adverbiales más allá, a bote pronto y alrededor de.

MÁS ALLÁ

La locución adverbial más allá está formada por dos adverbios: más y allá. Perogrullo nos asista, sí, pero tanta perogrullada no será cuando con esa suma hay mucha gente que intenta decir algo que no está ni en los sumandos ni en el resultado. ¿O ya está porque lo manda el uso? Habrá que ver si la moda pasa o asienta el nuevo significado.
Veo poco probable que esta dosis de atutía sirva para algo, más allá de entretener a los lectores del blog.
Veo poco probable que esta dosis de atutía sirva para algo, además de entretener a los lectores del blog.

Si alguien se siente tentado de usar ese más allá que parece molón con el sentido del ejemplo anterior, puede tirar de al margen de, sin tener en cuenta y dejando de lado.
 Más allá de Sin tener en cuenta los 20 euros que me costó el botijo, lo que voy a gastarme este año en sandías me desequilibrará el presupuesto de todo el año.
♦ Más allá de Dejando de lado alguna que otra lipotimia, tener una galbana de campeonato es lo que toca en verano, ¿no? Es que parece que nadie se lo esperaba.
♦ Más allá de Al margen del interés por la paella y la sangría de los chiringuitos, no sé qué gracia le ven los guiris a andar por la solana a mediodía.

También hay quien cree que más allá significa ʽsinʼ.
El discurso del presidente está más allá de toda posibilidad de análisis sintáctico.
♦ El discurso del presidente no ofrece ninguna posibilidad de análisis sintáctico.
♦ No es posible hacer el análisis sintáctico del discurso del presidente.
♦ El presidente nos largó un discurso sin posibilidad de análisis sintáctico.

No obstante, más allá alberga más de un significado. Puede significar ʽmás lejosʼ, en el espacio o en el tiempo.
No veo nada más allá de la primera línea de cerros. Y no hago planes para más allá de la semana que viene.
Y cuando se convierte en sustantivo significa ʽtan requetelejos que nadie ha vuelto a contar lo que hayʼ.
No me veo en el más allá. Que igual el sitio es chulo, pero eso de tener que morirse para llegar…

A BOTE PRONTO

Dice el DLE que esta locución significa ʽsobre la marchaʼ, ʽimprovisadamenteʼ; es decir, no tiene el sentido de ʽconozco otras opciones y esta es la primera que se me viene a la cabezaʼ, sino que tira más hacia ʽa tontas y a locasʼ y a ʽsin pensarʼ.
A bote pronto se me ocurre de entrada como sinónimo de a bote pronto.
Incluso a bote pronto me doy cuenta de que a bote pronto no significa ʽde entradaʼ. Si lo pienso un poco más, doy con de súbito al momento; y con de momento o por el momento si voy a añadir más.

¡Ah! y a voz de pronto no vale para nada. Si acaso, con un artículo en medio y tiene que haber alguien que dé voces.
A la voz de pronto nos pusimos a pelar tomates para el gazpacho. Amodorrados como estábamos, necesitábamos que gritaran ese ¡pronto! 

Sobre el origen de a bote pronto, del que se deriva el significado, se explica muy bien la Wikilengua.

ALREDEDOR DE

Indica que algo no es exacto; es decir, significa ʽaproximadamenteʼ. También (como locución preposicional) significa ʽsiguiendo el contornoʼ, así que decir que hay diversas especies de cucarachas alrededor de todo el mundo significa que hay varias especies del entrañable insecto, sí, y que están bien puestas rodeando el globo terráqueo, en fila, supongo, para no caerse.
Dicen que hay cucarachas alrededor de todo el mundo.
Dicen que hay cucarachas en todo el mundo / repartidas por todo el mundo.

Aprovecho para insistir una vez más en que en el pasado y en el futuro no son buenas locuciones adverbiales de tiempo.

Y a quien tenga la genial originalidad de usar con el significado de ʽmucho, pero que muchísimo más de lo que puedes imaginarteʼ la locución formada por adjetivo + no, lo siguiente quizá le abra nuevos horizontes, más allá de la repetición ad nauseam, seguir la cuenta de Twitter @eslosiguiente: se aprenden adjetivos y adverbios como si no hubiera un mañana (otra que tal baila).

Esto no es lo que era -1-

Vaya por delante que «toda la vida ha sido así» es un argumento lingüístico detestable, absurdo e inútil.

Un DESPUÉS que debe ser un PORQUE o un A RAÍZ DE 

Pero es que toda la vida después había sido un adverbio de tiempo.
Después de denostar el argumento de toda la vida, va la pánfila esta y lo usa; pero justo después, sin esperar nada.

En la forma después de se podía convertir en una locución preposicional, con el significado de ‘a pesar de’.
Después de la paliza que nos da, la correctora esta no es ni coherente.

Nos entendíamos y nos manejábamos bien con el después. Y va y adquiere un nuevo significado; mejor dicho, va y calca un significado que ni tenía ni falta que le hacía.
La tía Angustias empezó a comer todo el gluten que podía después de enterarse de cómo habían ido las cosas en el Neolítico.

¿Da esa frase una pista temporal de cuándo cambió de parecer la tía Angustias? Pues no. Lo que expresa es el motivo de su comportamiento por lo que es mucho mejor redactarla así:
La tía Angustias empezó a comer todo el gluten que podía porque se enteró de cómo habían ido las cosas en el Neolítico.

La razón de que se nos vaya escapando esta manera de precisar si queremos expresar una secuencia temporal o si se trata de una explicación es que sabemos mucho inglés, de manera que, en cuanto vemos un after (un adverbio inglés, no un garito que abre cuando todos cierran), ¡zas!, plantamos un después. No lo hace todo el mundo, claro, pero los redactores mediocres que responden al primer vicio lingüístico con pinta de moderno y los malos traductores se han abonado a ese después-sin-pensarlo. Entonces pueden quedar engendros como este:
Empezó a hacer magdalenas normales después del morro torcido de su abuela.
♦ Empezó a hacer magdalenas normales a causa del morro torcido de su abuela.
♦ Empezó a hacer magdalenas normales porque vio que su abuela torcía el morro.

O puede que sea más preciso pensar en un punto de partida:
Decidió tejer las bufandas a punto bobo después de la experiencia de su prima, que comprobó que cunde una barbaridad.
Decidió tejer las bufandas a punto bobo a raíz de la experiencia de su prima, que comprobó que cunde una barbaridad.

Con esas fórmulas no se agotan las locuciones adecuadas para expresar causa, punto de partida o detonante de una acción. Puede que no valga la pena pensar en ellas si, después de todo, se entiende lo que se quiere decir. Aunque, a fin de cuentas, cuesta poco usar un lenguaje preciso y rico.

Un PREVIO A que debe ser un ANTES DE y jamás un EN EL PASADO

De toda la vida (¡uy!, otra vez), previo ha sido un adjetivo que calificaba a un sustantivo para situar algo antes de otro hecho expresamente citado a, al menos, consabido. Pero no ejercía de adverbio de tiempo; para eso se usaba un sencillo antes.
El aperitivo que sirvieron previo al banquete fue un pelín triste. ¡Ya!, que la doctrina vegana no permite el jamón… Como si las patatas de bolsa no hubieran sido seres vivos previos.
Parece ser que el aperitivo que sirvieron antes del banquete fue cutre. Y las patatas también eran seres vivos previamente a que las metieran en la bolsa.

Otra cosa es ese previamente que aparece hacia el final y que es, ese sí, un adverbio de tiempo, si bien hay que usarlo con cuidado para que no ocupe el lugar que le corresponde al modesto pero eficaz antes.

Para que algo sea previo o suceda previamente, hay que tener clara la referencia temporal. Si no existe tal referencia y solo se proyecta la acción hacia el pasado, lo mejor es tirar de clásicos: antes, en tiempos remotos, antiguamente
Previamente la gente bebía del botijo y el agua fresca le sabía a gloria bendita.
Antes la gente bebía del botijo y el agua fresca le sabía a gloria bendita.
Previamente a la invención de la nevera, la gente bebía del botijo y estaba encantada.

¡Ah!, ya que estamos: ese en el pasado que calca in the past ni es un clásico ni es un adverbio de tiempo.
En el pasado había un botijo en cada casa.
Antiguamente había un botijo en cada casa.

Lo que es muchas veces es una cursilada innecesaria, porque el tiempo verbal ya proyecta la acción allá donde debe entenderla el interlocutor o el lector.
En el pasado la tía Angustias creía que el gluten es malo porque modifica los genes.
La tía Angustias creía que el gluten es malo porque modifica los genes.

Y no hay nada que proyecte más la acción al pasado que un pretérito perfecto.
En el pasado Angustias Sapiens había sobrevivido sin gluten, pero cuando domesticaron los cereales vio que iba bastante bien eso de comer trigo.
Angustias Sapiens sobrevivió sin gluten, pero cuando domesticaron los cereales vio que iba bastante bien eso de comer trigo. Ocurrió hace varios milenios, sí, durante los cuales las penas con pan siempre fueron menos.

Y no digamos un pretérito pluscuamperfecto.
Angustias Sapiens había sobrevivido sin gluten, pero cuando domesticaron los cereales vio que iba bastante bien eso de comer trigo. Para cuando descubrieron el gluten habían transcurrido varios milenios a lo largo de los cuales los descendientes de Angustias habían digerido toneladas de la hoy denostada proteína.

Así que el adverbio después, el adjetivo previo y el sustantivo pasado tienen su significado y su función, y no hace falta adjudicarles las tareas que les corresponden a otras palabras o expresiones.

Esto es lo que es (relativos -1-)

Un pronombre relativo es una palabra que representa a un nombre que ya ha aparecido en el texto (o se entiende que lo ha hecho) y que, además, introduce una oración subordinada.
Esa licuadora, que hace un año que no usas, es un armatoste.

O sea, que un pronombre relativo es una anáfora. Lo que ya se ha dicho (esa licuadora) es el antecedente y forma la oración principal (Esa licuadora es un armatoste). El representante de la licuadora, el pronombre relativo (que), inicia la oración subordinada y conviene que no esté muy lejos de su representado para que no se pierda en el proceloso mar del texto.
El órgano más peculiar del aparato digestivo de los equinoideos es la linterna de Aristóteles, aquel filósofo amigo de Platón, el cual, a su vez, seguía a Sócrates, que al final se enfadó con él, y que también fue maestro de Alejandro, el Magno, no el que va al gimnasio con tu cuñado, el del concesionario de coches de lujo, que tiene cinco dientes de crecimiento continuo.

Vete a saber quién tiene cinco dientes de crecimiento continuo, cuándo vendió Alejandro Magno el concesionario de coches de segunda mano, con quién se enfadó Sócrates y si Platón iba al gimnasio; y todo porque un pronombre relativo (el que en negrita) está a varios renglones de distancia de su antecedente (El órgano más peculiar del aparato digestivo de los equinoideos).

Pronombres relativos hay los que hay y ninguno más: que (que puede ir precedido del artículo: el, la, lo, los, las), quien (y su plural, quienes), cuyo (y cuya, cuyos, cuyas), el cual (este y sus variantes van siempre con artículo: la cual, lo cual, los cuales, las cuales). Por supuesto, los que tienen flexión de género y de número tienen que concordar con el antecedente; y eso da precisión.
La estantería gris marengo y la butaca amarilla, los cuales a ti no te gustaban, quedan muy bien en la salita.
La estantería gris marengo y la butaca amarilla, las cuales a ti no te gustaban, quedan muy bien en la salita.
La estantería gris marengo y la butaca amarilla, la cual a ti no te gustaba, quedan muy bien en la salita.

La primera oración no es correcta. Las otras dos sí lo son, pero no dicen lo mismo. En la primera al interlocutor no le gustan ni la butaca ni la estantería, mientras que en la segunda no sabemos qué le parece la estantería, solo nos dice que la butaca amarilla no es de su gusto.

Ya que estamos, antes de tener que fundar la Asociación contra la Extinción de Cuyo, mira qué útil resulta ese pronombre relativo:
Ese geranio que sus hojas están amarilleando parece que va a morir.
Ese geranio del que sus hojas están amarilleando parece que va a morir.
Ese geranio cuyas hojas están amarilleando parece que va a morir.

En una frase de relativo (que es la que tiene un pronombre relativo) no siempre es necesario que el antecedente aparezca explícito ya que el cerebro va trabajando por su cuenta.
—Quería pedirte disculpas por lo que te dije el otro día.
—Bueno, es que la que te lie fue buena.
Los dos hablantes saben a qué se refieren, así que los pronombres relativos de esas frases tienen antecedente implícito.

Pero los antecedentes implícitos imponen algunas condiciones.
El cual venga detrás que arree. Y cuya vela aguanta es un palo fuerte.
El que venga detrás que arree / Quien venga detrás que arree. Y el que su vela aguanta es un palo fuerte.
Conclusión: el cual y cuyo (y los derivados de ambos) deben llevar siempre el antecedente explícito; pero que y quien, no lo necesitan. 

ADVERBIOS Y ADJETIVOS RELATIVOS

Hay un adjetivo y unos cuantos adverbios que pueden desempeñar la función de pronombre relativo, es decir, representar a algo que ya ha salido para no andar repitiendo, que queda muy feo y aburrido. Son cuanto (cuanta, cuantos, cuantas), donde (adonde, a donde), cuando y como.
La playa donde encontraste la holoturia está llena de sombrillas.
El erizo localiza las algas y devora cuantas encuentra a su paso.
Cuando sale la ofiura de caza, la estrella ya se lo ha zampado todo.
Me fascina la manera como se desplazan los equinodermos. 

De estos hay uno que da lugar a un sinfín de anacolutos. Ahí lo dejo, por si no tenéis nada en lo que pensar hasta que llegue la próxima dosis de atutía, que también servirá para tratar un error muy común al que da lugar el cual (y derivados). Y la misma dosis actuará de tratamiento preventivo del efecto de combinar un relativo con una coma.

El texto puede ser de otra manera

Un día a alguien se le ocurre que va a ser ingenioso, no, lo siguiente, parece ser que como no podía ser de otra manera, y va y lo peta. Parece ser que a día de hoy todo el mundo opina que quien habla así está que se sale, así que en seguida hay quien arranca a pronunciar expresiones manidas como un bebé copia los gestos de sus progenitores.

En esta entrada no va a haber nada en rojo, porque todo es correcto; incluso gracioso, ¿o ya no? Empiezo a apreciar que alguien diga, o escriba, que algo es muy bueno o que alguien es más alegre que un cascabel o que una situación es requetemagnífica; incluso si oigo que un libro es supermegaguay, a estas alturas, me parece original. Quiero poner mi irritación negro sobre blanco, ¡original, la metáfora!, o sea, por escrito. Entre las opciones que hay al hablar y al escribir, una que cambia de cuajo la comunicación es ser lo más sencillo posible. Y sencillo no quiere decir poco elaborado; bien al contrario, llegar a un texto sencillo y eficiente requiere más elaboración que dejarlo complicado y confuso.

Escribía Pascal en una carta: «Disculpe que le mande una carta más larga de lo habitual, pero no he tenido tiempo de hacerla más corta». Encontrar la expresión más precisa, quitar un adverbio que se arrastra por vicio o dar con un adjetivo original requiere tiempo; no solo tiempo para elaborar el texto (del que no se dispone al hablar), sino ese tiempo que se mide en días, semanas, meses y años de estudio o de mera observación y contagio de riqueza lingüística; a menudo de un aprendizaje que no pasa por libros, sino por recordar lo que decía la abuela o por fijarse en lo que dice un hispanohablante americano (guardan algunas esencias léxicas que aquí se han perdido).

Para empezar (sin necesidad de arrancar) a ser preciso, expresivo y brillante (sin lo siguiente), y con ello deslumbrar, descollar, distinguirse, impresionar (sin petarlo ni salirse) incluso a un niño de pecho o un crío (aunque ya no sea bebé), hoy (sin día) o ahora o en la actualidad o por el momento, para eso, ayuda mucho fijarse en quien hable o escriba con cierta maestría (no sirve leer libros mal editados y peor corregidos o sin corregir). Ahora bien, lo que es imprescindible es hablar y escribir, buscar palabras que uno no ha usado nunca, preguntarse si la concordancia está bien, dudar si la coma cae en su sitio o sobra, tener que consultar si va o no una tilde, atreverse a no poner comillas para indicar ironía y quitar mucho de lo que se ha escrito a la primera, aunque sea en un correo electrónico para el administrador de fincas. Porque casi todo puede ser siempre de otra manera.

El principio, el camino y el final

Las locuciones son un inventazo. Se reúnen varias palabras y así, juntas, tienen un significado que poco o nada tiene que ver con el de cada una de ellas por separado; entonces desempeñan el papel de una preposición, de un adverbio, de un adjetivo (de tomo y lomo, como una cabra, sano y salvo) o de un sustantivo (el qué dirán, carne de cañón, piel de gallina). Sustantivas y adjetivas no hay muchas, pero preposicionales y adverbiales son unas cuantas; con cualquier cosita (y quien dice cosita dice palabra) se hace una de lo más expresiva; es más: con algunas palabras se hacen varias por el procedimiento de cambiarle la guarnición. Los malentendidos (ni malos entendidos ni malosentendidos) empiezan cuando se intercambia la guarnición; y eso es lo que ocurre a menudo.

PARA EMPEZAR, LOS PRINCIPIOS

Es improbable que confundir las diversas locuciones adverbiales que se forman con principio/principios sea la causa de una guerra mundial, pero como no es difícil distinguirlas y usarlas bien (más que nada por entendernos), aquí va una guía.
♦ al principio / a los principios = Al empezar lo que sea.
♦ a principio / a principios = En los primeros días de un periodo.
♦ en principio = Lo que se dice a continuación se admite con reservas, como para seguir avanzando, pero con poca convicción o de manera provisional.
♦ desde un principio = Desde que empezó no ha habido cambios.

Desde un principio la salamanquesa dejó claro que solo iba a por los mosquitos. Al principio solo se comía los pequeños, esos corrientes, si bien no descarto que termine zampándose los mosquitos tigre que aparecieron a principios de verano. En principio no va a meterse con las hormigas, pero ellas no paran de correr.

¿Y si las intercambiamos? Pues hay que contar otra historia.
Al principio la salamanquesa dejó claro que su objetivo eran los mosquitos, pero luego cambió de opinión. En principio solo iba a cazar  los pequeños, esos corrientes, y las hormigas se confiaron aunque ella desde un principio tuvo otras intenciones y a principios de verano ya se había zampado todas las hormigas.

DANDO VUELTAS POR LOS CAMINOS

Con camino se forma varias locuciones: ponerse en camino (locución verbal) y camino de (locución preposicional) son casi equivalentes e indican que alguien emprende un desplazamiento, la primera, o que está yendo a algún sitio, la segunda. En cambio, de camino (locución adverbial) dice que algo se hace de paso, aprovechando la ocasión. Y llevar camino de algo (locución verbal) significa que todo apunta a que se logrará.
Obdulia está de camino al bar; o sea que lleva camino de la botella de tequila. Sí, claro, en camino recogerá a su compañero de copas.
Obdulia está en camino al bar; o sea que está camino de la botella de tequila. Sí, claro, de camino recogerá a su compañero de copas.

PARA ACABAR, LOS FINES Y LOS FINALES

Como los principios, los fines y los finales cambian la historia.
♦ a fin / a fines = a final = a finales de = En los últimos días de un periodo; es la otra punta de a principio / a principios.
♦ 
al fin = Parecía que no iba a llegar el momento, pero ya no hay obstáculos.
♦ a fin de (que) = con el fin de (que) = Con el objetivo, para (esta no es adverbial, es de otro tipo, pero lo que importa para usarla bien es saber lo que significa).
♦ a fin de cuentas = en fin = En resumen; en pocas palabras.
♦ por fin = ¡Ya era hora!; ¡menos mal que…!
♦ finalmente = En último lugar.

A fin de mes la albahaca había sobrevivido al calor y, al fin, iba a tener suficientes hojas para aderezar una buena ensalada de tomate. Iba a usarlas a fin de que el aroma recordara los cerros mediterráneos. Comemos por los ojos, sí, pero, en fin, el sabor es olor y por fin la atención a la macetita iba a tener su recompensa. Le pondría un poco de sal y aceite y, finalmente, las hojas, enteras y ya muertas, de la albahaca.

¿Y si las intercambiamos? Pues sí, hay que contar otra historia.
A fin de que la albahaca sobreviviera a finales de junio, con aquel calor, la puso bajo el voladizo de la ventana. Al fin había encontrado un sistema para que no se quemaran las hojas. Se supone que las labiadas no son muy exigentes; en fin, con un poco de agua y de sombra iba que chutaba. Finalmente, consiguió que aprendiera a llegar al grifo y por fin podría olvidarse de regar la macetita.