Esto es lo que es (relativos -1-)

Un pronombre relativo es una palabra que representa a un nombre que ya ha aparecido en el texto (o se entiende que lo ha hecho) y que, además, introduce una oración subordinada.
Esa licuadora, que hace un año que no usas, es un armatoste.

O sea, que un pronombre relativo es una anáfora. Lo que ya se ha dicho (esa licuadora) es el antecedente y forma la oración principal (Esa licuadora es un armatoste). El representante de la licuadora, el pronombre relativo (que), inicia la oración subordinada y conviene que no esté muy lejos de su representado para que no se pierda en el proceloso mar del texto.
El órgano más peculiar del aparato digestivo de los equinoideos es la linterna de Aristóteles, aquel filósofo amigo de Platón, el cual, a su vez, seguía a Sócrates, que al final se enfadó con él, y que también fue maestro de Alejandro, el Magno, no el que va al gimnasio con tu cuñado, el del concesionario de coches de lujo, que tiene cinco dientes de crecimiento continuo.

Vete a saber quién tiene cinco dientes de crecimiento continuo, cuándo vendió Alejandro Magno el concesionario de coches de segunda mano, con quién se enfadó Sócrates y si Platón iba al gimnasio; y todo porque un pronombre relativo (el que en negrita) está a varios renglones de distancia de su antecedente (El órgano más peculiar del aparato digestivo de los equinoideos).

Pronombres relativos hay los que hay y ninguno más: que (que puede ir precedido del artículo: el, la, lo, los, las), quien (y su plural, quienes), cuyo (y cuya, cuyos, cuyas), el cual (este y sus variantes van siempre con artículo: la cual, lo cual, los cuales, las cuales). Por supuesto, los que tienen flexión de género y de número tienen que concordar con el antecedente; y eso da precisión.
La estantería gris marengo y la butaca amarilla, los cuales a ti no te gustaban, quedan muy bien en la salita.
La estantería gris marengo y la butaca amarilla, las cuales a ti no te gustaban, quedan muy bien en la salita.
La estantería gris marengo y la butaca amarilla, la cual a ti no te gustaba, quedan muy bien en la salita.

La primera oración no es correcta. Las otras dos sí lo son, pero no dicen lo mismo. En la primera al interlocutor no le gustan ni la butaca ni la estantería, mientras que en la segunda no sabemos qué le parece la estantería, solo nos dice que la butaca amarilla no es de su gusto.

Ya que estamos, antes de tener que fundar la Asociación contra la Extinción de Cuyo, mira qué útil resulta ese pronombre relativo:
Ese geranio que sus hojas están amarilleando parece que va a morir.
Ese geranio del que sus hojas están amarilleando parece que va a morir.
Ese geranio cuyas hojas están amarilleando parece que va a morir.

En una frase de relativo (que es la que tiene un pronombre relativo) no siempre es necesario que el antecedente aparezca explícito ya que el cerebro va trabajando por su cuenta.
—Quería pedirte disculpas por lo que te dije el otro día.
—Bueno, es que la que te lie fue buena.
Los dos hablantes saben a qué se refieren, así que los pronombres relativos de esas frases tienen antecedente implícito.

Pero los antecedentes implícitos imponen algunas condiciones.
El cual venga detrás que arree. Y cuya vela aguanta es un palo fuerte.
El que venga detrás que arree / Quien venga detrás que arree. Y el que su vela aguanta es un palo fuerte.
Conclusión: el cual y cuyo (y los derivados de ambos) deben llevar siempre el antecedente explícito; pero que y quien, no lo necesitan. 

ADVERBIOS Y ADJETIVOS RELATIVOS

Hay un adjetivo y unos cuantos adverbios que pueden desempeñar la función de pronombre relativo, es decir, representar a algo que ya ha salido para no andar repitiendo, que queda muy feo y aburrido. Son cuanto (cuanta, cuantos, cuantas), donde (adonde, a donde), cuando y como.
La playa donde encontraste la holoturia está llena de sombrillas.
El erizo localiza las algas y devora cuantas encuentra a su paso.
Cuando sale la ofiura de caza, la estrella ya se lo ha zampado todo.
Me fascina la manera como se desplazan los equinodermos. 

De estos hay uno que da lugar a un sinfín de anacolutos. Ahí lo dejo, por si no tenéis nada en lo que pensar hasta que llegue la próxima dosis de atutía, que también servirá para tratar un error muy común al que da lugar el cual (y derivados). Y la misma dosis actuará de tratamiento preventivo del efecto de combinar un relativo con una coma.

El texto puede ser de otra manera

Un día a alguien se le ocurre que va a ser ingenioso, no, lo siguiente, parece ser que como no podía ser de otra manera, y va y lo peta. Parece ser que a día de hoy todo el mundo opina que quien habla así está que se sale, así que en seguida hay quien arranca a pronunciar expresiones manidas como un bebé copia los gestos de sus progenitores.

En esta entrada no va a haber nada en rojo, porque todo es correcto; incluso gracioso, ¿o ya no? Empiezo a apreciar que alguien diga, o escriba, que algo es muy bueno o que alguien es más alegre que un cascabel o que una situación es requetemagnífica; incluso si oigo que un libro es supermegaguay, a estas alturas, me parece original. Quiero poner mi irritación negro sobre blanco, ¡original, la metáfora!, o sea, por escrito. Entre las opciones que hay al hablar y al escribir, una que cambia de cuajo la comunicación es ser lo más sencillo posible. Y sencillo no quiere decir poco elaborado; bien al contrario, llegar a un texto sencillo y eficiente requiere más elaboración que dejarlo complicado y confuso.

Escribía Pascal en una carta: «Disculpe que le mande una carta más larga de lo habitual, pero no he tenido tiempo de hacerla más corta». Encontrar la expresión más precisa, quitar un adverbio que se arrastra por vicio o dar con un adjetivo original requiere tiempo; no solo tiempo para elaborar el texto (del que no se dispone al hablar), sino ese tiempo que se mide en días, semanas, meses y años de estudio o de mera observación y contagio de riqueza lingüística; a menudo de un aprendizaje que no pasa por libros, sino por recordar lo que decía la abuela o por fijarse en lo que dice un hispanohablante americano (guardan algunas esencias léxicas que aquí se han perdido).

Para empezar (sin necesidad de arrancar) a ser preciso, expresivo y brillante (sin lo siguiente), y con ello deslumbrar, descollar, distinguirse, impresionar (sin petarlo ni salirse) incluso a un niño de pecho o un crío (aunque ya no sea bebé), hoy (sin día) o ahora o en la actualidad o por el momento, para eso, ayuda mucho fijarse en quien hable o escriba con cierta maestría (no sirve leer libros mal editados y peor corregidos o sin corregir). Ahora bien, lo que es imprescindible es hablar y escribir, buscar palabras que uno no ha usado nunca, preguntarse si la concordancia está bien, dudar si la coma cae en su sitio o sobra, tener que consultar si va o no una tilde, atreverse a no poner comillas para indicar ironía y quitar mucho de lo que se ha escrito a la primera, aunque sea en un correo electrónico para el administrador de fincas. Porque casi todo puede ser siempre de otra manera.

El principio, el camino y el final

Las locuciones son un inventazo. Se reúnen varias palabras y así, juntas, tienen un significado que poco o nada tiene que ver con el de cada una de ellas por separado; entonces desempeñan el papel de una preposición, de un adverbio, de un adjetivo (de tomo y lomo, como una cabra, sano y salvo) o de un sustantivo (el qué dirán, carne de cañón, piel de gallina). Sustantivas y adjetivas no hay muchas, pero preposicionales y adverbiales son unas cuantas; con cualquier cosita (y quien dice cosita dice palabra) se hace una de lo más expresiva; es más: con algunas palabras se hacen varias por el procedimiento de cambiarle la guarnición. Los malentendidos (ni malos entendidos ni malosentendidos) empiezan cuando se intercambia la guarnición; y eso es lo que ocurre a menudo.

PARA EMPEZAR, LOS PRINCIPIOS

Es improbable que confundir las diversas locuciones adverbiales que se forman con principio/principios sea la causa de una guerra mundial, pero como no es difícil distinguirlas y usarlas bien (más que nada por entendernos), aquí va una guía.
♦ al principio / a los principios = Al empezar lo que sea.
♦ a principio / a principios = En los primeros días de un periodo.
♦ en principio = Lo que se dice a continuación se admite con reservas, como para seguir avanzando, pero con poca convicción o de manera provisional.
♦ desde un principio = Desde que empezó no ha habido cambios.

Desde un principio la salamanquesa dejó claro que solo iba a por los mosquitos. Al principio solo se comía los pequeños, esos corrientes, si bien no descarto que termine zampándose los mosquitos tigre que aparecieron a principios de verano. En principio no va a meterse con las hormigas, pero ellas no paran de correr.

¿Y si las intercambiamos? Pues hay que contar otra historia.
Al principio la salamanquesa dejó claro que su objetivo eran los mosquitos, pero luego cambió de opinión. En principio solo iba a cazar  los pequeños, esos corrientes, y las hormigas se confiaron aunque ella desde un principio tuvo otras intenciones y a principios de verano ya se había zampado todas las hormigas.

DANDO VUELTAS POR LOS CAMINOS

Con camino se forma varias locuciones: ponerse en camino (locución verbal) y camino de (locución preposicional) son casi equivalentes e indican que alguien emprende un desplazamiento, la primera, o que está yendo a algún sitio, la segunda. En cambio, de camino (locución adverbial) dice que algo se hace de paso, aprovechando la ocasión. Y llevar camino de algo (locución verbal) significa que todo apunta a que se logrará.
Obdulia está de camino al bar; o sea que lleva camino de la botella de tequila. Sí, claro, en camino recogerá a su compañero de copas.
Obdulia está en camino al bar; o sea que está camino de la botella de tequila. Sí, claro, de camino recogerá a su compañero de copas.

PARA ACABAR, LOS FINES Y LOS FINALES

Como los principios, los fines y los finales cambian la historia.
♦ a fin / a fines = a final = a finales de = En los últimos días de un periodo; es la otra punta de a principio / a principios.
♦ 
al fin = Parecía que no iba a llegar el momento, pero ya no hay obstáculos.
♦ a fin de (que) = con el fin de (que) = Con el objetivo, para (esta no es adverbial, es de otro tipo, pero lo que importa para usarla bien es saber lo que significa).
♦ a fin de cuentas = en fin = En resumen; en pocas palabras.
♦ por fin = ¡Ya era hora!; ¡menos mal que…!
♦ finalmente = En último lugar.

A fin de mes la albahaca había sobrevivido al calor y, al fin, iba a tener suficientes hojas para aderezar una buena ensalada de tomate. Iba a usarlas a fin de que el aroma recordara los cerros mediterráneos. Comemos por los ojos, sí, pero, en fin, el sabor es olor y por fin la atención a la macetita iba a tener su recompensa. Le pondría un poco de sal y aceite y, finalmente, las hojas, enteras y ya muertas, de la albahaca.

¿Y si las intercambiamos? Pues sí, hay que contar otra historia.
A fin de que la albahaca sobreviviera a finales de junio, con aquel calor, la puso bajo el voladizo de la ventana. Al fin había encontrado un sistema para que no se quemaran las hojas. Se supone que las labiadas no son muy exigentes; en fin, con un poco de agua y de sombra iba que chutaba. Finalmente, consiguió que aprendiera a llegar al grifo y por fin podría olvidarse de regar la macetita. 

Abuso de a nivel dehasta

En un texto no todo lo que es correcto es elegante. ¡Ea, ya lo he dicho!

A(L) NIVEL DE

La locución a/al nivel de es correcta cuando expresa noción de altura, real o metafórica.
Al nivel de la calle instalaron bolardos para que la gente no deje el coche tirado donde primero le pilla. Lo decidieron a nivel de concejales.

Todo en el párrafo anterior es correcto, pero la redacción es un horrorismo; solo le falta algún lo que viene siendo/lo que es. Tal que así: Al nivel de la calle instalaron lo que vienen siendo bolardos para que la gente no deje el coche tirado donde primero le pilla. Lo decidieron a nivel de todo lo que son concejales.

Habrá quien opine que en esa frase no hay que corregir nada porque todo se ajusta a la norma e, incluso, a usos y costumbres, pero yo creo que se produce una erupción volcánica cada vez que alguien escribe a nivel de. Lo bueno es que con una preposición corriente y el artículo la frase queda elegante y comprensible.
En la calle instalaron bolardos para que la gente no deje el coche tirado donde primero le pilla. Lo decidieron los concejales. 

Y si se repite la tentación de poner un a nivel de, hay unas cuantas soluciones.
A nivel estatal se está implementando una intervención a nivel de centros sanitarios que dispensan atención a nivel quirúrgico. A nivel de prestaciones, los cambios van a ser para peor; pero es que no hay cambio a nivel de las nuevas políticas que haya sido para mejor.

En ese engendro hay alternativas elegantes para todos los a nivel de; por ejemplo:
A nivel estatal >> En (todo) el Estado / En (todo) el país
a nivel de centros >> en los centros / en el ámbito de los centros
atención a nivel quirúrgico >> atención Ø quirúrgica
A nivel de prestaciones >> Con respecto a las prestaciones
a nivel de las nuevas políticas >> entre las nuevas políticas

Y la frase quedaría feúcha pero no horrorosa; tal que así:
En todo el Estado se está implementando aplicando una intervención en los centros sanitarios que dispensan atención Ø quirúrgica. Con respecto a las prestaciones, los cambios van a ser para peor; pero es que no hay cambio entre las nuevas políticas que haya sido para mejor.

 

HASTA

Otro vicio que delata a un redactor pretencioso o a un traductor demasiado pegado al original es el uso de la preposición hasta introduciendo, sin que sea necesario, algún complemento en la oración.
Rodolfo perdió hasta veinte kilos de peso gracias a que se pasaba hasta una semana entera sin comer. Se quedó hecho un figurín y a cada paso amagaba un saltito y daba hasta dos vueltas de campana. Con su nueva vocación de saltimbanqui consiguió recorrer los teatros de hasta treinta y siete países.

A ver, o perdió veinte kilos o perdió otra cantidad. ¿Y vueltas de campana? Daría ninguna, una o dos; o tres si entrenaba mucho. ¿Y los países visitados? Serían doce u ocho; o los treinta y siete proclamados. La frase quedaría menos cargante así:
Rodolfo perdió veinte kilos de peso gracias a que se pasaba hasta una semana entera sin comer. Se quedó hecho un figurín y en cuanto amagaba un saltito daba dos vueltas de campana. Con su nueva vocación de saltimbanqui consiguió recorrer los teatros de treinta y siete países.

En hasta una semana la preposición tiene sentido, ya que indica que pasaba varios días sin comer y el periodo máximo era una semana, pero en ninguna de las otras tres ocasiones es necesaria ni aporta nada. La melonada está extendiéndose por dos vías: una es el (mal) periodismo que en vez de contrastar la información tira de imprecisiones para no pillarse los dedos (un abrazo, respetados periodistas); la segunda es traducir (mal) calcando la expresión up to (un beso, admirados traductores).

No parece que nadie vaya a recibir una descarga eléctrica cada vez que use un a nivel de o un hasta de más, pero por si los dípteros, ¿un repasito a los textos?

Juntas o separadas -la coda-

Resulta que la lista de términos que cambian de significado según se escriban en una o en dos palabras es muy larga. Hay algunos errores improbables entre los parroquianos de este blog, entre otras cosas porque se han tomado la dosis que trata la escritura de palabras compuestas,  la que remedia aquellas cuya primera parte es un prefijo y la que elimina la angustia de los conques, los porques y lo sinos; pero por si pasa por aquí alguien que necesita unas pistas, allá va la coda.

UN ERROR IMPOSIBLE: adonde, a donde, adónde, a dónde

♦ a dónde, adónde en una o en dos y con tilde
Significan lo mismo y ambas son correctas. Sirven para preguntar, en forma directa o indirecta, el lugar de destino o la dirección; también para exclamar. Una pista bastante (pero no del todo) fiable para saber que lleva tilde es que la o suena fuerte (en la jerga se dice que es tónica).
—¿Adónde crees que irían los peces si el acuario tuviera salida?
—¡Vete tú a saber a dónde les gustaría mudarse!
—¿A dónde te parece? ¿A la pescadería?
—Me pregunto adónde iría yo si fuera un besugo.

♦a donde, adonde en una o en dos y sin tilde
Lo mismo ocurre con adonde y a donde, que sirven para afirmar o explicar.
—Los peces irán a donde puedan. Los que estén de espaldas lo tienen chungo porque no saben nadar hacia atrás y adonde se sale se llega por un paso estrecho que no permite dar la vuelta.
—¿Tú crees que adonde los lleve la corriente es mal lugar? ¿O preferirán ir a donde el agua esté tranquila?

Hay que fijarse bien en los dos últimos: un adonde y un a donde. Como valen las dos formas, es imposible el error de escribirlas juntas o separadas. El error, probable, es caer en la tentación de ponerles tilde porque están en una pregunta. El truco es fijarse bien en que no se pregunta en qué dirección irán los peces. En la primera se le pregunta a alguien qué opina y en la segunda se pregunta por las preferencias de los peces; así que ni a donde ni adonde son interrogativos (son pronombres de relativo, lo cual se comprueba sustituyéndolos por el lugar al/en el que).

UN ERROR IMPROBABLE: al, del

A veces el error al escribir se produce porque no se conoce el término y su estructura gramatical. Es el caso de las contracciones.

Las contracciones al (a + el) y del (de + el) no se separan nunca en sus componentes. Ahora bien, ante nombres propios que empiecen por artículo no se hace la contracción.
♦ Muchas de las noticias de El Heraldo de la Isla son de ámbito local. Es el periódico que editan los peces que se fueron a El Hierro. Tienen un corresponsal de agua dulce que les manda crónicas de El Cairo.

UN ERROR QUE SE VE POR AHÍ: a ver, haber

A veces, además de tratarse de una o de dos palabras, hay diferencias ortográficas que dan lugar a confusiones y a errores enormes en la escritura. A ver es la suma de una preposición y el verbo ver; introduce frases con distintas intenciones, que explica bien el DLE. Y cuando se trata de expresar que existe algo, se usa el verbo haber, con hache y con be (su conjugación será otra dosis de atutía).
mesangranlosojos2Haber si van a largarse todos los peces y no va a ver habitantes en el acuario. Vamos haber si después de a ver exigido un jardín de algas y unos cefalópodos de compañía ahora abandonan a las pobres algas sin más ni más.
A ver si van a largarse todos los peces y no va a haber habitantes en el acuario. Vamos a ver si después de haber exigido un jardín de algas y unos cefalópodos de compañía ahora abandonan a las pobres algas sin más ni más.

PARA EVITAR UNOS CUANTOS ERRORES

Vale que siempre se puede echar la culpa al corrector automático, pero otra opción es fijarse en las palabras de esta tabla.

aparte (separado)

apartes (palabras que se dicen al margen del texto principal)

a parte (a lugar)

a partes (a trozos)

contrarreloj (prueba deportiva) contra reloj (a toda prisa)
demás (otros, el resto) de más (sobrante)
entorno (ambiente) en torno (alrededor)
dondequiera (en cualquier lugar) donde quiera (en el lugar que usted guste)
porvenir (futuro) por venir (por llegar)
quienquiera (cualquiera) quien quiera (la persona que lo desee)
sinfín (abundancia) sin fin (inacabable)
sinsabor (disgusto) sin sabor (insulso)
sobretodo (abrigo) sobre todo (principalmente)
también (asimismo) tan bien (igual de bien)
tampoco (negación añadida a otra previa) tan poco (muy muy poco)
mediodía (alrededor de las 12 h) medio día (la mitad de un día)
Nochebuena (fiesta cristiana) noche buena (noche que ha estado bien)

Y para acabar, un caso que no parece estar bien resuelto (pero sí bien explicado en la Wikilengua). La acción y el efecto de maltratar es el maltrato, cuyo plural natural es maltratos; y la persona que los sufre es maltratada. Sin embargo, se ha acuñado el plural separado malos tratos, incluso como denominación de un delito tipificado; pues bien, ese plural puede dar lugar a interpretaciones erróneas, porque malos tratos pueden ser acuerdos poco satisfactorios y una persona mal tratada puede que se haya encontrado con un dependiente malhumorado o maleducado.

Pleonasmos y otras sobrancias

Un pleonasmo puede ser útil y darle expresividad al texto. Así, cuando una madre grita por el balcón «¡sube p’arribaaa!», su pleonasmo dice muchas cosas; por ejemplo, que antes ha habido un «sube a cenar», un «vengaaa, sube ya», un «¡que subas te he dicho!», y un «que no tenga que volver a salir al balcón». En ese sube p’arriba, hay un verbo en imperativo y un complemento circunstancial de madre; por eso la redundancia del arriba, con su preposición contraída, ni reitera ni sobrecarga el sube, sino que le da expresividad y añade matices. (Digresión: ¿por qué son correctas las contracciones al y del pero no lo es pal e, incluso, la transformación de para en el prefijo pa o p-?).

Hay más expresiones de ese tipo (salir afuera/fuera, entrar dentro/adentro, bajar abajo); todas ellas, en el texto y el contexto adecuado, hacen que el pleonasmo no dé calambre. De hecho, los textos, escritos y hablados, están llenos de pleonasmos (de alguna manera, el sujeto y su verbo casi siempre son redundantes).
Observé por mí misma como al besugo le preocupaba la llegada de la Navidad. 

Si digo que lo observé no hace falta que especifique que lo hice por mí misma (ni que lo vi con mis propios ojos ni que lo oí con mis propios oídos), pero la repetición enfatiza y se adelanta a posibles objeciones, ya que hago hincapié en que no me lo han contado). No es necesaria esa repetición, pero tampoco estorba; al contrario.

En cuanto a el besugo, es un complemento indirecto (CI) claro y preciso, y, aun así, se repite en el pronombre le. En este caso no solo la sintaxis es correcta, sino que es obligado el doble CI. En bastantes casos hay que duplicar un complemento con un pronombre y en muchos, si bien no es obligatorio, sí resulta más natural que no hacerlo; pero eso será otra dosis de atutía (el de la última frase tampoco es necesario, pero quiero que esté).

Por otra parte, hay pleonasmos propios del habla de una zona o de un estilo narrativo.
En el mes de diciembre del año 1954 el besugo ya se imaginaba que su final podía tomar varias formas diferentes; era un día martes.

Lo malo es que hay pleonasmos que aportan poca expresividad y alargan el texto.
Los iones interaccionaron entre sí, sin experiencia previa. Todos quedaron completamente exhaustos, ya que no habían tenido tiempo suficiente para el precalentamiento y estaban incluidos dentro de la reacción química.

Si se quita todo lo que no está en verde, la frase anterior no pierde claridad y gana en facilidad de lectura; esto último ha sido una opinión, sí. Por otra parte, no hay que descartar que quien escribe algo así tenga una intención clara y maneje bien los recursos expresivos.
Las personas humanas que se presentan a comicios electorales conocen la legislación vigente, aunque en algunos lapsos de tiempo se les olvida. Yo, personalmente, creo que es un prerrequisito contemplar las distintas posibilidades que podrán tener para hacer previsiones de futuro, que son absolutamente imprescindibles para evitar accidentes fortuitos.
Las personas que se presentan a elecciones conocen la legislación, aunque en algunos lapsos se les olvida. Creo que es un requisito contemplar las posibilidades que tendrán para hacer previsiones, que son imprescindibles para evitar accidentes.

Por su propia definición, los comicios son elecciones, la legislación está en vigor (si no lo está es cuando hay que ponerle un adjetivo), un lapso es tiempo (un periodo, también) y los requisitos siempre son anteriores a algo. Y si hay varias posibilidades, serán distintas entre ellas; además, si ya son posibilidades, el verbo poder no hace más que repetir la idea. ¿Cómo sería una previsión que no fuera de futuro? ¿Se puede ser un poco imprescindible? ¿Hay algún accidente que no suceda inopinada y casualmente? Al evitar los pleonasmos no se ha perdido significado sino que, por el contrario, el texto es menos alambicado y más conciso. Claro que si la intención es marear al lector o apabullar al interlocutor, la primera versión es más adecuada. Ahora bien, hay que considerar la posibilidad de que enfrente haya una persona lista que detecte que la mitad del discurso son palabras huecas.

Uno de los recursos expresivos que dan lugar a pleonasmos altisonantes y pretenciosos es el prefijo auto-, sobre todo en su forma auto-cualquier verbo-se; es decir, cuando reitera el valor reflexivo que proporciona con gran eficacia el sufijo –se. Para que aparezca una supernova ya solo es necesario añadir un a mí/ti/sí mismo.
Me preocupo por mi propia salud: me autoimpongo a mí mismo hacer treinta segundos de ejercicio físico todos los días.
Me preocupo por mi salud: me impongo hacer treinta segundos de ejercicio todos los días.

Si tomas autoconciencia de los largos de piscina necesarios para eliminar esa porción de chocolate, no irás a buscarla a la cocina; aunque tengas cita previa con ella.
Si eres consciente de los largos de piscina necesarios para eliminar esa porción de chocolate, no irás a buscarla a la cocina; aunque hayas concertado una cita con ella.

Es oír un reguetón y autosugestionarme de que lo que suena es «Ojos verdes», para no liarme a tortas.
Yo es oír un reguetón y sugestionarme de que lo que suena es «Ojos verdes», para no liarme a tortas.

Yo me autogestiono mis propios periodos de tiempo vacacionales.
Yo me gestiono las vacaciones a mi aire / a mi bola / por mí misma /a mi conveniencia.

No está de más, pues, revisar los textos y pararse ante cada redundancia para decidir si aporta algo o si sobra. Una pista: si cada poco resuenan adverbios acabados en –mente, sobra algo. Y así, en general, los adverbios siempre son sospechosos de estar de más; como ese siempre que se me acaba de colar.

Que no que no, que sí que sí

Hay una expresión en castellano (más frecuente en el habla peninsular que en la de América) tan contundente y clara como ilógica.
—¿Te va a dar tiempo de preparar doscientas croquetas antes de la novela de la tele? 
No ni nada.

Ahí está: No ni nada (en Andalucía sonaría noniná); juntas tres piezas negativas (un adverbio, una conjunción y un pronombre) y dices, inequívocamente, que sí, que te dará tiempo y de sobra. Ningún castellanohablante dudará si quieres decir que sí o que no. (Por cierto, que en catalán hay un equivalente casi calcado: no ni poc).

Así que sí: en castellano existe la doble negación con sentido afirmativo (incluso la triple) y no solo no es incorrecta, sino que puede convenirle al texto [1]. No quiero que nadie piense que me invento una regla gramatical. No obstante, esa forma de decir las cosas que sale tan natural puede ser motivo de locura si nos ponemos a analizarlo:

No va a venir nadie a decirnos si estamos negando o afirmando.
No va a venir alguien a decirnos si estamos negando o afirmando.

*Va a venir nadie a decirnos si estamos negando o afirmando.

Que las dos primeras oraciones son correctas está fuera de toda duda; y que la tercera no lo es, también. La doble negación funciona cuando en la segunda negación aparecen los siguientes términos: nadie, nada, ninguno, nunca, jamás, tampoco, ni.
No pienso tener jamás una musaraña como animal doméstico.
No se le ocurre a nadie tener un bicho que hace que dejes de pensar en todo lo demás.
No las recomiendan tampoco los expertos en eso que ahora llaman mascotas.
No se me ocurre tener una musaraña ni tampoco una boa; en cambio un erizo…

Pero algo pasa cuando se le da la vuelta a la estructura, porque resulta que no funciona la doble negación; ni funciona ni es correcta.
*Nunca no tendré una musaraña como animal doméstico.
*Tampoco no lo recomiendan los expertos. 

*Ninguno no va a hacerme cambiar de opinión.

Tampoco funciona si para negar el segundo verbo va la construcción sin que.
*No publico ni una entrada sin que no me la corrija Nuria.
No publico ni una entrada sin que me la corrija Nuria.

Más problemas dan otras estructuras muy parecidas.
♦ Gertrudis no para de hablar hasta que no le dices que vas a tener que colgar.
No bebas agua del botijo hasta que no llegue Honorio con el anís.

O sea que si tú no le dices a Gertrudis que tienes que colgar porque se te queman las acelgas, ella no para de hablar. Por otra parte, tienes que esperar a que Honorio le ponga anís al botijo para poder beber (como sabe todo el mundo que ha tenido botijo). Ahora bien, en ambas oraciones se puede quitar el segundo no y el significado no cambia; es más, puede que la sintaxis sea más lógica:
♦ Gertrudis no para de hablar hasta que le dices que vas a tener que colgar..
No bebas agua del botijo hasta que llegue Honorio con el anís.

Esa estructura sintáctica no es incorrecta y sobre su conveniencia hay tres opiniones: 1) que sí (o sea, que es la más natural); 2) que no (o sea, que hay evitarla); y 3) que ya cada cual verá lo que hace (o sea, que añade énfasis, que se usaba más antiguamente que ahora, que si no se percibe como necesaria mejor evitarla…).

En otros casos solo hay una negación pero parece sobrar; y no es así. Ocurre en algunas estructuras exclamativas que un no es un gran :
♦ ¡Cuántos sabios consejos no nos darán los divertidos Palabras Mayores en su libro 199 recetas infalibles para expresarse bien!
Son tan hermosas las Galápagos que por poco no me quedo a vivir.

A pesar de esos noes, sostengo que en ese libro hay 199 sabios consejos y que los dan unos sabios; y también afirmo que no me quedaré a vivir en las Galápagos, aunque no será por falta de ganas; ¡no ni nada!


1 Ese negar dos veces para afirmar se llama negación expletiva o espuria y es un caso particular de pleonasmo.