Abuso de a nivel dehasta

En un texto no todo lo que es correcto es elegante. ¡Ea, ya lo he dicho!

A(L) NIVEL DE

La locución a/al nivel de es correcta cuando expresa noción de altura, real o metafórica.
Al nivel de la calle instalaron bolardos para que la gente no deje el coche tirado donde primero le pilla. Lo decidieron a nivel de concejales.

Todo en el párrafo anterior es correcto, pero la redacción es un horrorismo; solo le falta algún lo que viene siendo/lo que es. Tal que así: Al nivel de la calle instalaron lo que vienen siendo bolardos para que la gente no deje el coche tirado donde primero le pilla. Lo decidieron a nivel de todo lo que son concejales.

Habrá quien opine que en esa frase no hay que corregir nada porque todo se ajusta a la norma e, incluso, a usos y costumbres, pero yo creo que se produce una erupción volcánica cada vez que alguien escribe a nivel de. Lo bueno es que con una preposición corriente y el artículo la frase queda elegante y comprensible.
En la calle instalaron bolardos para que la gente no deje el coche tirado donde primero le pilla. Lo decidieron los concejales. 

Y si se repite la tentación de poner un a nivel de, hay unas cuantas soluciones.
A nivel estatal se está implementando una intervención a nivel de centros sanitarios que dispensan atención a nivel quirúrgico. A nivel de prestaciones, los cambios van a ser para peor; pero es que no hay cambio a nivel de las nuevas políticas que haya sido para mejor.

En ese engendro hay alternativas elegantes para todos los a nivel de; por ejemplo:
A nivel estatal >> En (todo) el Estado / En (todo) el país
a nivel de centros >> en los centros / en el ámbito de los centros
atención a nivel quirúrgico >> atención Ø quirúrgica
A nivel de prestaciones >> Con respecto a las prestaciones
a nivel de las nuevas políticas >> entre las nuevas políticas

Y la frase quedaría feúcha pero no horrorosa; tal que así:
En todo el Estado se está implementando aplicando una intervención en los centros sanitarios que dispensan atención Ø quirúrgica. Con respecto a las prestaciones, los cambios van a ser para peor; pero es que no hay cambio entre las nuevas políticas que haya sido para mejor.

 

HASTA

Otro vicio que delata a un redactor pretencioso o a un traductor demasiado pegado al original es el uso de la preposición hasta introduciendo, sin que sea necesario, algún complemento en la oración.
Rodolfo perdió hasta veinte kilos de peso gracias a que se pasaba hasta una semana entera sin comer. Se quedó hecho un figurín y a cada paso amagaba un saltito y daba hasta dos vueltas de campana. Con su nueva vocación de saltimbanqui consiguió recorrer los teatros de hasta treinta y siete países.

A ver, o perdió veinte kilos o perdió otra cantidad. ¿Y vueltas de campana? Daría ninguna, una o dos; o tres si entrenaba mucho. ¿Y los países visitados? Serían doce u ocho; o los treinta y siete proclamados. La frase quedaría menos cargante así:
Rodolfo perdió veinte kilos de peso gracias a que se pasaba hasta una semana entera sin comer. Se quedó hecho un figurín y en cuanto amagaba un saltito daba dos vueltas de campana. Con su nueva vocación de saltimbanqui consiguió recorrer los teatros de treinta y siete países.

En hasta una semana la preposición tiene sentido, ya que indica que pasaba varios días sin comer y el periodo máximo era una semana, pero en ninguna de las otras tres ocasiones es necesaria ni aporta nada. La melonada está extendiéndose por dos vías: una es el (mal) periodismo que en vez de contrastar la información tira de imprecisiones para no pillarse los dedos (un abrazo, respetados periodistas); la segunda es traducir (mal) calcando la expresión up to (un beso, admirados traductores).

No parece que nadie vaya a recibir una descarga eléctrica cada vez que use un a nivel de o un hasta de más, pero por si los dípteros, ¿un repasito a los textos?

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Juntas o separadas -la coda-

Resulta que la lista de términos que cambian de significado según se escriban en una o en dos palabras es muy larga. Hay algunos errores improbables entre los parroquianos de este blog, entre otras cosas porque se han tomado la dosis que trata la escritura de palabras compuestas,  la que remedia aquellas cuya primera parte es un prefijo y la que elimina la angustia de los conques, los porques y lo sinos; pero por si pasa por aquí alguien que necesita unas pistas, allá va la coda.

UN ERROR IMPOSIBLE: adonde, a donde, adónde, a dónde

♦ a dónde, adónde en una o en dos y con tilde
Significan lo mismo y ambas son correctas. Sirven para preguntar, en forma directa o indirecta, el lugar de destino o la dirección; también para exclamar. Una pista bastante (pero no del todo) fiable para saber que lleva tilde es que la o suena fuerte (en la jerga se dice que es tónica).
—¿Adónde crees que irían los peces si el acuario tuviera salida?
—¡Vete tú a saber a dónde les gustaría mudarse!
—¿A dónde te parece? ¿A la pescadería?
—Me pregunto adónde iría yo si fuera un besugo.

♦a donde, adonde en una o en dos y sin tilde
Lo mismo ocurre con adonde y a donde, que sirven para afirmar o explicar.
—Los peces irán a donde puedan. Los que estén de espaldas lo tienen chungo porque no saben nadar hacia atrás y adonde se sale se llega por un paso estrecho que no permite dar la vuelta.
—¿Tú crees que adonde los lleve la corriente es mal lugar? ¿O preferirán ir a donde el agua esté tranquila?

Hay que fijarse bien en los dos últimos: un adonde y un a donde. Como valen las dos formas, es imposible el error de escribirlas juntas o separadas. El error, probable, es caer en la tentación de ponerles tilde porque están en una pregunta. El truco es fijarse bien en que no se pregunta en qué dirección irán los peces. En la primera se le pregunta a alguien qué opina y en la segunda se pregunta por las preferencias de los peces; así que ni a donde ni adonde son interrogativos (son pronombres de relativo, lo cual se comprueba sustituyéndolos por el lugar al/en el que).

UN ERROR IMPROBABLE: al, del

A veces el error al escribir se produce porque no se conoce el término y su estructura gramatical. Es el caso de las contracciones.

Las contracciones al (a + el) y del (de + el) no se separan nunca en sus componentes. Ahora bien, ante nombres propios que empiecen por artículo no se hace la contracción.
♦ Muchas de las noticias de El Heraldo de la Isla son de ámbito local. Es el periódico que editan los peces que se fueron a El Hierro. Tienen un corresponsal de agua dulce que les manda crónicas de El Cairo.

UN ERROR QUE SE VE POR AHÍ: a ver, haber

A veces, además de tratarse de una o de dos palabras, hay diferencias ortográficas que dan lugar a confusiones y a errores enormes en la escritura. A ver es la suma de una preposición y el verbo ver; introduce frases con distintas intenciones, que explica bien el DLE. Y cuando se trata de expresar que existe algo, se usa el verbo haber, con hache y con be (su conjugación será otra dosis de atutía).
mesangranlosojos2Haber si van a largarse todos los peces y no va a ver habitantes en el acuario. Vamos haber si después de a ver exigido un jardín de algas y unos cefalópodos de compañía ahora abandonan a las pobres algas sin más ni más.
A ver si van a largarse todos los peces y no va a haber habitantes en el acuario. Vamos a ver si después de haber exigido un jardín de algas y unos cefalópodos de compañía ahora abandonan a las pobres algas sin más ni más.

PARA EVITAR UNOS CUANTOS ERRORES

Vale que siempre se puede echar la culpa al corrector automático, pero otra opción es fijarse en las palabras de esta tabla.

aparte (separado)

apartes (palabras que se dicen al margen del texto principal)

a parte (a lugar)

a partes (a trozos)

contrarreloj (prueba deportiva) contra reloj (a toda prisa)
demás (otros, el resto) de más (sobrante)
entorno (ambiente) en torno (alrededor)
dondequiera (en cualquier lugar) donde quiera (en el lugar que usted guste)
porvenir (futuro) por venir (por llegar)
quienquiera (cualquiera) quien quiera (la persona que lo desee)
sinfín (abundancia) sin fin (inacabable)
sinsabor (disgusto) sin sabor (insulso)
sobretodo (abrigo) sobre todo (principalmente)
también (asimismo) tan bien (igual de bien)
tampoco (negación añadida a otra previa) tan poco (muy muy poco)
mediodía (alrededor de las 12 h) medio día (la mitad de un día)
Nochebuena (fiesta cristiana) noche buena (noche que ha estado bien)

Y para acabar, un caso que no parece estar bien resuelto (pero sí bien explicado en la Wikilengua). La acción y el efecto de maltratar es el maltrato, cuyo plural natural es maltratos; y la persona que los sufre es maltratada. Sin embargo, se ha acuñado el plural separado malos tratos, incluso como denominación de un delito tipificado; pues bien, ese plural puede dar lugar a interpretaciones erróneas, porque malos tratos pueden ser acuerdos poco satisfactorios y una persona mal tratada puede que se haya encontrado con un dependiente malhumorado o maleducado.

Pleonasmos y otras sobrancias

Un pleonasmo puede ser útil y darle expresividad al texto. Así, cuando una madre grita por el balcón «¡sube p’arribaaa!», su pleonasmo dice muchas cosas; por ejemplo, que antes ha habido un «sube a cenar», un «vengaaa, sube ya», un «¡que subas te he dicho!», y un «que no tenga que volver a salir al balcón». En ese sube p’arriba, hay un verbo en imperativo y un complemento circunstancial de madre; por eso la redundancia del arriba, con su preposición contraída, ni reitera ni sobrecarga el sube, sino que le da expresividad y añade matices. (Digresión: ¿por qué son correctas las contracciones al y del pero no lo es pal e, incluso, la transformación de para en el prefijo pa o p-?).

Hay más expresiones de ese tipo (salir afuera/fuera, entrar dentro/adentro, bajar abajo); todas ellas, en el texto y el contexto adecuado, hacen que el pleonasmo no dé calambre. De hecho, los textos, escritos y hablados, están llenos de pleonasmos (de alguna manera, el sujeto y su verbo casi siempre son redundantes).
Observé por mí misma como al besugo le preocupaba la llegada de la Navidad. 

Si digo que lo observé no hace falta que especifique que lo hice por mí misma (ni que lo vi con mis propios ojos ni que lo oí con mis propios oídos), pero la repetición enfatiza y se adelanta a posibles objeciones, ya que hago hincapié en que no me lo han contado). No es necesaria esa repetición, pero tampoco estorba; al contrario.

En cuanto a el besugo, es un complemento indirecto (CI) claro y preciso, y, aun así, se repite en el pronombre le. En este caso no solo la sintaxis es correcta, sino que es obligado el doble CI. En bastantes casos hay que duplicar un complemento con un pronombre y en muchos, si bien no es obligatorio, sí resulta más natural que no hacerlo; pero eso será otra dosis de atutía (el de la última frase tampoco es necesario, pero quiero que esté).

Por otra parte, hay pleonasmos propios del habla de una zona o de un estilo narrativo.
En el mes de diciembre del año 1954 el besugo ya se imaginaba que su final podía tomar varias formas diferentes; era un día martes.

Lo malo es que hay pleonasmos que aportan poca expresividad y alargan el texto.
Los iones interaccionaron entre sí, sin experiencia previa. Todos quedaron completamente exhaustos, ya que no habían tenido tiempo suficiente para el precalentamiento y estaban incluidos dentro de la reacción química.

Si se quita todo lo que no está en verde, la frase anterior no pierde claridad y gana en facilidad de lectura; esto último ha sido una opinión, sí. Por otra parte, no hay que descartar que quien escribe algo así tenga una intención clara y maneje bien los recursos expresivos.
Las personas humanas que se presentan a comicios electorales conocen la legislación vigente, aunque en algunos lapsos de tiempo se les olvida. Yo, personalmente, creo que es un prerrequisito contemplar las distintas posibilidades que podrán tener para hacer previsiones de futuro, que son absolutamente imprescindibles para evitar accidentes fortuitos.
Las personas que se presentan a elecciones conocen la legislación, aunque en algunos lapsos se les olvida. Creo que es un requisito contemplar las posibilidades que tendrán para hacer previsiones, que son imprescindibles para evitar accidentes.

Por su propia definición, los comicios son elecciones, la legislación está en vigor (si no lo está es cuando hay que ponerle un adjetivo), un lapso es tiempo (un periodo, también) y los requisitos siempre son anteriores a algo. Y si hay varias posibilidades, serán distintas entre ellas; además, si ya son posibilidades, el verbo poder no hace más que repetir la idea. ¿Cómo sería una previsión que no fuera de futuro? ¿Se puede ser un poco imprescindible? ¿Hay algún accidente que no suceda inopinada y casualmente? Al evitar los pleonasmos no se ha perdido significado sino que, por el contrario, el texto es menos alambicado y más conciso. Claro que si la intención es marear al lector o apabullar al interlocutor, la primera versión es más adecuada. Ahora bien, hay que considerar la posibilidad de que enfrente haya una persona lista que detecte que la mitad del discurso son palabras huecas.

Uno de los recursos expresivos que dan lugar a pleonasmos altisonantes y pretenciosos es el prefijo auto-, sobre todo en su forma auto-cualquier verbo-se; es decir, cuando reitera el valor reflexivo que proporciona con gran eficacia el sufijo –se. Para que aparezca una supernova ya solo es necesario añadir un a mí/ti/sí mismo.
Me preocupo por mi propia salud: me autoimpongo a mí mismo hacer treinta segundos de ejercicio físico todos los días.
Me preocupo por mi salud: me impongo hacer treinta segundos de ejercicio todos los días.

Si tomas autoconciencia de los largos de piscina necesarios para eliminar esa porción de chocolate, no irás a buscarla a la cocina; aunque tengas cita previa con ella.
Si eres consciente de los largos de piscina necesarios para eliminar esa porción de chocolate, no irás a buscarla a la cocina; aunque hayas concertado una cita con ella.

Es oír un reguetón y autosugestionarme de que lo que suena es «Ojos verdes», para no liarme a tortas.
Yo es oír un reguetón y sugestionarme de que lo que suena es «Ojos verdes», para no liarme a tortas.

Yo me autogestiono mis propios periodos de tiempo vacacionales.
Yo me gestiono las vacaciones a mi aire / a mi bola / por mí misma /a mi conveniencia.

No está de más, pues, revisar los textos y pararse ante cada redundancia para decidir si aporta algo o si sobra. Una pista: si cada poco resuenan adverbios acabados en –mente, sobra algo. Y así, en general, los adverbios siempre son sospechosos de estar de más; como ese siempre que se me acaba de colar.

Que no que no, que sí que sí

Hay una expresión en castellano (más frecuente en el habla peninsular que en la de América) tan contundente y clara como ilógica.
—¿Te va a dar tiempo de preparar doscientas croquetas antes de la novela de la tele? 
No ni nada.

Ahí está: No ni nada (en algunas zonas de Andalucía dicen noniná); juntas tres piezas negativas (un adverbio, una conjunción y un pronombre) y dices, inequívocamente, que sí, que te dará tiempo y de sobra. Ningún castellanohablante dudará si quieres decir que sí o que no. (Por cierto, que en catalán hay un equivalente casi calcado: no ni poc).

Así que sí: en castellano existe la doble negación con sentido afirmativo (incluso la triple) y no solo no es incorrecta, sino que puede convenirle al texto [1]. No quiero que nadie piense que me invento una regla gramatical. No obstante, esa forma de decir las cosas que sale tan natural puede ser motivo de locura si nos ponemos a analizarlo:

No va a venir nadie a decirnos si estamos negando o afirmando.
No va a venir alguien a decirnos si estamos negando o afirmando.

*Va a venir nadie a decirnos si estamos negando o afirmando.

Que las dos primeras oraciones son correctas está fuera de toda duda; y que la tercera no lo es, también. La doble negación funciona cuando en la segunda negación aparecen los siguientes términos: nadie, nada, ninguno, nunca, jamás, tampoco, ni.
No pienso tener jamás una musaraña como animal doméstico.
No se le ocurre a nadie tener un bicho que hace que dejes de pensar en todo lo demás.
No las recomiendan tampoco los expertos en eso que ahora llaman mascotas.
No se me ocurre tener una musaraña ni tampoco una boa; en cambio un erizo…

Pero algo pasa cuando se le da la vuelta a la estructura, porque resulta que no funciona la doble negación; ni funciona ni es correcta.
*Nunca no tendré una musaraña como animal doméstico.
*Tampoco no lo recomiendan los expertos. 

*Ninguno no va a hacerme cambiar de opinión.

Tampoco funciona si para negar el segundo verbo va la construcción sin que.
*No publico ni una entrada sin que no me la corrija Nuria.
No publico ni una entrada sin que me la corrija Nuria.

Más problemas dan otras estructuras muy parecidas.
♦ Gertrudis no para de hablar hasta que no le dices que vas a tener que colgar.
No bebas agua del botijo hasta que no llegue Honorio con el anís.

O sea que si tú no le dices a Gertrudis que tienes que colgar porque se te queman las acelgas, ella no para de hablar. Por otra parte, tienes que esperar a que Honorio le ponga anís al botijo para poder beber (como sabe todo el mundo que ha tenido botijo). Ahora bien, en ambas oraciones se puede quitar el segundo no y el significado no cambia; es más, puede que la sintaxis sea más lógica:
♦ Gertrudis no para de hablar hasta que le dices que vas a tener que colgar..
No bebas agua del botijo hasta que llegue Honorio con el anís.

Esa estructura sintáctica no es incorrecta y sobre su conveniencia hay tres opiniones: 1) que sí (o sea, que es la más natural); 2) que no (o sea, que hay evitarla); y 3) que ya cada cual verá lo que hace (o sea, que añade énfasis, que se usaba más antiguamente que ahora, que si no se percibe como necesaria mejor evitarla…).

En otros casos solo hay una negación pero parece sobrar; y no es así. Ocurre en algunas estructuras exclamativas que un no es un gran :
♦ ¡Cuántos sabios consejos no nos darán los divertidos Palabras Mayores en su libro 199 recetas infalibles para expresarse bien!
Son tan hermosas las Galápagos que por poco no me quedo a vivir.

A pesar de esos noes, sostengo que en ese libro hay 199 sabios consejos y que los dan unos sabios; y también afirmo que no me quedaré a vivir en las Galápagos, aunque no será por falta de ganas; ¡no ni nada!


1 Ese negar dos veces para afirmar se llama negación expletiva o espuria y es un caso particular de pleonasmo.

Lo suyo

Acabo de darme con el canto de la mesa y me duele la pierna; la mía, claro, porque es difícil que le haga daño (si no es metafórico) a otro. También sería raro que cuando tenga jaqueca mi cuñada me doliera a mí la cabeza y que si te pica el codo lo note yo. Así que para referirse a partes del cuerpo no se necesitan los determinantes (o adjetivos) posesivos (salvo que haya que evitar ambigüedades o equívocos).
Me ha salido un moratón en mi pierna izquierda, a ti se te ha dormido tu pie y mi primo abre las botellas de cerveza con sus dientes.
Me ha salido un moratón en la pierna izquierda, a ti se te ha dormido el pie y mi primo abre las botellas de cerveza con los dientes.

En el ejemplo en rojo no hay ninguna incorrección, pero no es una expresión genuina en español (es un calco del inglés). Para identificar de quién es la parte del cuerpo que se nombra, en vez de ponerle un posesivo, usamos los recursos de la conjugación.
* Me saca de quicio que mires tu ombligo y los demás que arreen.
Me saca de quicio que te mires el ombligo y los demás que arreen.

Así que se restringe mucho el uso de los posesivos, cuya función desempeña, en parte, el artículo determinado.
El señor no puede cortarse sus las uñas, así que coge su el coche y va a su la pedicura.

A veces ni siquiera hace falta el artículo. Si andas de jarana y sueltas: «Yo me voy a casa», nadie te preguntará a qué casa. Otra cosa sería una conversación de este tipo:
—Podíamos seguir en casa de Adelita.
—O en la de Javierín.
—Yo me voy a mi casa. Vosotros id donde queráis.

Encima, los posesivos tienen mucho peligro. Ahí va un horrorismo:
* Estaba detrás mío, ahí, delante tuyo. Pasó muy cerca nuestro y casi se cae encima suyo. Al final se sentó en otro palco; justo debajo vuestro.

Sí, hace sangrar los ojos, pero si alguien se reconoce y está pensando en cortarse un par de dedos, que sepa que han pillado en expresiones tales a unos cuantos escritores de renombre y solvencia (Cortázar, Caballero Bonald, Benedetti, entre otros), lo cual sirve para recordar lo necesaria que es la intervención de un buen corrector en todo texto.

La explicación gramatical para percibir (y recordar) el horror es que detrás, delante, cerca, encima y debajo son adverbios y, por tanto, no pueden llevar determinantes (lo que antes se llamaba adjetivos posesivos son determinantes, como los artículos y algunas palabras más, pero eso es otra historia); igual que no funciona *la encima, no funciona *encima mía (además, habría que decidir si es mía o mío). Mucho mejor así:
Estaba detrás de mí, ahí, delante de ti. Pasó muy cerca de nosotros y casi se cae encima de ella. Al final se sentó en otro palco; justo debajo de vosotros.

El truco para ver si algo que forma una locución adverbial puede llevar un posesivo es intentar ponérselo delante (será posible siempre que sea un nombre). Como no hay problema en decir a su alrededor, en su contra, a nuestro gusto, de vuestra parte, tampoco hay inconveniente en usar alrededor suyo, en contra suya, a gusto nuestro, de parte vuestra. ¿A que no hay duda de que alrededor y gusto son de género masculino y contra y parte, femenino? Pues si no se le encuentra el género a una palabra, no puede llevar posesivo: esa es otra pista. La definitiva es que exploten las conexiones sinápticas que enlazan el oído y la vista con el cerebro, que es uno de los efectos que provocan frases como: *Abrió la puerta con su mano izquierda y pasó por detrás suya.

Me suena, pero mal (1)

Hay palabras y construcciones que no son incorrectas pero no acaban de sonar bien. El hablante sabe más de lengua de lo que cree y al oírlas o leerlas se queda pensando y tuerce la cabeza, como si fuera un radar intentando detectar qué es lo que chirría.

Cuando alguna de esas formas chirriantes se repite mucho, acaba por hacerse familiar, los hablantes la incorporan a sus usos y es posible, incluso probable, que acabe considerándose correcta. Con algo más de tiempo puede llegar a ser genuina, porque solo las lenguas muertas no cambian; hay muchos rasgos lingüísticos que eran monumentales barbarismos hace tres o cuatro siglos.

Ahora bien, la evolución nunca es instantánea (ni definitiva). Eso se traduce en que hay rasgos que ya se usan mucho pero todavía no son genuinos; algunos siguen siendo incorrectos y otros, que acaban de pasar de  proscritos a legítimos, todavía chirrían.

Hace unos años, esto habría puesto los pelos de punta de más de un hablante:

Es por eso que se reivindica para ostentar el cargo de presidente, que a día de hoy detenta su compañero de partido.

En esa oración hay, al menos, cinco razones para ponerse nervioso:

  • Es por eso que no es una construcción sintáctica genuina en español; además es incorrecta (por ahora). La alternativa es un simple por eso o esa es la razón de que o por todo ello. A menudo la expresión es superflua y se puede eliminar toda la secuencia es por eso que sin que se resiente la expresividad de la frase.
  • A día de hoy es un galicismo (calco de aujourd’hui) y no marca el tiempo mejor que por el momento,hoy por hoy o hasta ahora. De momento (que también sirve), no se considera correcta, pero quizá pronto tenga que borrar eso que acabo de escribir.
  • Reivindicar es un verbo transitivo, no reflexivo ni pronominal (todavía).
  • Ostentar no es sinónimo de ejercer (todavía ya); pero solo cuando se trata de un honor (no vale decir que Jack puede ostentar el título de mejor descuartizador).
  • Detentar no es sinónimo de ejercer ni desempeñar un cargo o un derecho; solo significa que se retiene sin legitimidad.

Por todo ello, se puede reivindicar algo a lo que se tenga derecho o que no goce del prestigio que le corresponda, hoy por hoy, pero no a alguien, por mucho que ejerza un cargo y lo desempeñe sin hacer ostentación de sus méritos ni de los privilegios de los que goce. En ningún caso reivindicaremos las acciones de quien detente el poder por la fuerza, una desgracia que, por ahora, es muy frecuente en el mundo.