Las apariencias leístas engañan

Una vez superada la adicción al leísmo y remontadas las recaídas traicioneras, hay que hacerse con un arsenal terapéutico para lidiar con el leísmo aparente, un fenómeno sintáctico que puede provocar alucinaciones y abandono de las teclas por pura desesperación de no saber si escribir un les o un las. Ahora bien, como es aparente no acaba de ser leísmo del todo y a lo mejor no está requetemal; o sí. Aquí va una dosis reconcentrada de atutía para mitigar sus efectos.

Verbos trans (que antes eran intrans)

A algunos verbos que eran intransitivos los hablantes han ido cambiándoles los pronombres de los complementos y así han pasado a ser usados como transitivos. Eso ocurre con ayudar, obedecer, llamar y cesar (quizá alguno más). Y si ahora son transitivos, ¿está enganchado al leísmo quien sigue usando le/les como pronombre del complemento? Pues algunos gramáticos dicen que eso es leísmo aparente y es aceptable, sobre todo en personas que se cayeron de pequeñas en la marmita del le.
La gorgonia está harta de que la llamen coral. El pulpo, que ya la conoce, la obedece y ella lo ayuda a encontrar piedras para que haga su guarida al tiempo que a la estrella la cesa del cargo de administradora de granos de arena.
La gorgonia está harta de que le llamen coral. El pulpo, que ya la conoce, le obedece y ella le ayuda a encontrar piedras para que haga su guarida al tiempo que a la estrella la cesa del cargo de administradora de granos de arena.

Ninguna de esas dos versiones es censurable, aunque la segunda no es aceptable en (buena parte de) América, donde el leísmo es bastante infrecuente.

Verbos de afección o de sentimiento

Para usar estos verbos no hace falta ponerse tremendo ni sentirlos mucho, sino que se trata de una categoría relacionada con su significado. Son ofender, asustar, molestar horrorizar, perjudicar, divertir, convencer, asombrar, preocupar y decepcionar, entre otros, y tienen la peculiaridad de hacer que el leísmo sea difuso y voluble, que es lo que ocurre cuando la sintaxis depende de la semántica.

Lo primero es observar si el sujeto de la oración es un ser animado o no. Si lo es, el ente afectado es CD y sus pronombres son lo/la/los/las; pero si no hay un ser que haga algo, lo que recibe la acción es CI y los pronombres que le corresponden son le/les.
♦ Está claro que las medusas lanzaron los tentáculos para molestarla e impresionarla.
♦ La picadura de las medusas le molestó; además le impresionó que hubiera tantas.

Un detallito: los tratados y los estudiosos que abordan este asunto entienden por sujeto animado una persona y no se lanzan a ver si las cosas funcionan igual cuando, en vez de Rita la Cantaora, el agente es el Pájaro Loco, Padina pavonica o un rabdovirus. No es un asunto baladí, porque hay textos que tratan de seres mitológicos, de los fondos marinos o de la necrosis amarilla de la lechuga, por ejemplo, y quizá sus autores, traductores y correctores tienen interés en que el texto les quede impecable.

No se acaban ahí las complicaciones. Un ser animado puede actuar intencionadamente o no. Así que, para dilucidar qué pronombre toca, además de saber gramática, hay que hacer de psicólogo y adivinar si existe voluntariedad en la acción, ya que, si lo ha hecho aposta, el ente afectado es CD y le corresponden lo/la/los/las.
Cuando la sepia cambia de color y emprende la carrera tras los camarones, los asusta.

Pero si no hay intención es como si el ser fuera inanimado; entonces, el ente que recibe la acción es CI y los pronombres que le corresponden son le/les.
A los camarones les asusta la sepia incluso cuando está blanquita y quieta.

Y, por si fuera poco, con algunos verbos, la voluntariedad y su ausencia cambian el significado y modifican el papel de quien recibe la acción; ocurre con agradar, alegrar, convencer, disgustar, distraer, entretener, estorbar, fascinar, halagar, inquietar, intrigar, molestar, preocupar y sorprender, entre otros. Como la voluntariedad se refleja en si el complemento es directo o indirecto y, por tanto, en el pronombre que se le adjudica, hay que andar con tiento al elegir el pronombre para no errar en el significado.
♦ Las medusas la sorprendieron cuando nadaba porque estaba observando las hojas de Posidonia.  = Las medusas la pillaron por sorpresa.
♦ Le sorprenden las medusas con su grácil bamboleo y el contundente efecto del filamento lanzado como por azar. = Las medusas le provocan sorpresa.

Quizá la solución es no usar en la misma frase un verbo de afección y un pronombre. Y si no puedes evitar la coincidencia, sigue este protocolo: 1) Recuerda si eres leísta. 2) Identifica si lo que tienes delante es CD o CI. 3) Localiza el antecedente (fem., masc., sing., pl.). 4) Observa si el texto tiene verbos causativos o de percepción o de influencia o de efectos físicos o de afección o que antes eran intransitivos, y busca en las explicaciones de esta dosis de atutía y de la anterior. 5) Respira hondo y recuerda que nueve de cada diez traductores y correctores vacilan en esto del leísmo.

Anuncios

Recaídas en el leísmo

Esto es un testimonio personal: del leísmo se sale; creo que del laísmo y del loísmo, también. Es fácil decir no a un a ellos les oigo bien pero a ella no le atiendo y para ayudar a desengancharse hay una dosis de atutía, pero pocas veces los terapeutas del leísmo dicen que hay casos complicados. Para evitar las recaídas no basta con saberse la teoría básica de qué es un complemento directo (CD) y qué es un indirecto (CI), frases que pasadas a pasiva suenan entre raras y medio bien, y que hacen necesario conocer y utilizar criterios nada intuitivos para decidir si se pone un la o un le.

El sentido causativo de hacer y dejar

A veces hacer significa ‘obligar’ y dejar significa ‘permitir’. Sí, sí; ¿que no? Déjame ilustrarlo con esta misma frase y no me hagas repetirlo. En eso consiste el sentido causativo y cuando hacer y dejar lo tienen los sigue otro verbo que dice, respectivamente, qué se permite y a qué se obliga. Además, muy a menudo hay un ente al que se permite o se obliga lo que dice el segundo verbo; y ahí es donde empiezan los problemas, pues el cerebro vacila entre hacer de ese ente un objeto directo o un indirecto y corremos el riesgo de recaer en la adicción.

Al caballito de mar le dejan agarrarse al coral, pero le hacen quedarse ahí todo el día.
Al caballito de mar lo dejan agarrarse al coral, pero lo hacen quedarse ahí todo el día.
Lo que ocurre en el ejemplo es que los verbos dejar y hacer se comportan como transitivos porque los que los siguen (agarrarse, quedarse) no lo son; por eso el caballito de mar es CD y el pronombre que le corresponde es lo.

A la medusa la corriente la hace dibujar eses, pero la deja lanzar sus nematocistos.
A la medusa la corriente le hace dibujar eses, pero le deja lanzar sus nematocistos.
En cambio, como dibujar y lanzar son transitivos (y llevan sus correspondientes CD: eses, sus nematocistos), los verbos hacer y dejar se comportan como intransitivos y la medusa no es CD, por lo que el pronombre que le corresponde es le.

Es decir, cuando no cabe otro CD, el ente al que se hace o se deja hacer algo es CD (lo, la, los, las); pero si cabe otro CD, el ente es CI (le, les).

Verbos de percepción

No es igual, aunque tiene coincidencias, lo que ocurre con los verbos que expresan percepción: ver, oír, observar, contemplar, escuchar, etc., cuando llevan un complemento que es un ente (que puede incitar al leísmo) y un verbo en infinitivo.

A las elegantes y gráciles medusas se les ve flotar tan tranquilas.
A las elegantes y gráciles medusas se las ve flotar tan tranquilas.
El verbo flotar es intransitivo y el verbo de percepción (ve) necesita un CD, que se identifica fácilmente en las medusas y cuyo pronombre es las.

Cuando el verbo en infinitivo es transitivo y lleva su CD (la ramita de coral en el ejemplo siguiente) es frecuente interpretar que no cabe otro CD y hacer que el ente sea el CI del verbo de percepción y, por tanto, adjudicarle el pronombre le/les. Por eso se admiten las dos opciones, si bien no son igual de recomendables.
A los prudentes y tímidos caballitos de mar no se les oye rascar la ramita de coral.
A los prudentes y tímidos caballitos de mar no se los oye rascar la ramita de coral. 

Si en vez de caballitos de mar fueran tornillos, costaría más interpretarlos como CI, pero con seres vivos y, sobre todo, con personas, el desplazamiento es frecuente, más en el español peninsular, eso es cierto, pues en América no son adictos al leísmo.

Verbos de influencia

Hay verbos que expresan algo que tiene que ver con modificar la conducta y por eso se agrupan bajo el concepto verbos de influencia. Son, por ejemplo, permitir, prohibir, proponer, impedir, mandar y ordenar, y el ser cuya conducta se influye es el CI.
A Galatea la permiten coger las medusas pero la impiden tocar el caballito.
A Galatea le permiten coger las medusas pero le impiden tocar el caballito.

En estas frases el CD es la oración subordinada y la persona (o lo que sea) siempre es el CI, por lo que usar los pronombres la/lo/las/los es incurrir en laísmo o en loísmo. La construcción puede ser un poco diferente; incluso puede no haber oración subordinada.
A las ninfas las mandan que aparten las medusas y las prohíben la recolección de erizos.
A las ninfas les mandan que aparten las medusas y les prohíben la recolección de erizos.

Ahora bien, hay verbos de influencia que llevan un complemento de régimen, es decir, que exigen una preposición: obligar a, invitar a, incitar a, animar a, forzar a, autorizar a, convencer de; con estos el ente cuya conducta se influye es el CD.
A la tortuga le obligaron a nadar [que nadara] con la ninfa.
A la tortuga la obligaron a nadar [que nadara] con la ninfa.

Entre los verbos de influencia es curioso lo que sucede con autorizar, ya que puede funcionar con CD y con complemento de régimen (CR). Si lo que se autoriza es CR (con su preposición a), las personas autorizadas son el CD; pero si aquello que se puede hacer actúa como CD (no hay preposición a), las personas pasan a ser CI.  
Les autorizaron a recolectar algas. / Los autorizaron que recolectaran algas.
Los autorizaron a recolectar algas. / Les autorizaron que recolectaran algas.

Complementos transformistas

A veces un CI de persona (u otro ser vivo) se transforma en CD; claro que para eso tiene que desaparecer de la oración alguna parte de esa persona que antes era el CD.

El fisio le masajea la pierna a la bailarina.
En esa oración, la pierna es la masajeada, así que es el CD. Ese le es el pronombre que duplica el CI, que es la bailarina. (Hay una dosis de atutía para curar a quien no duplique los complementos mediante pronombres).

Pero es posible omitir qué parte del cuerpo se masajea; entonces, la bailarina es masajeada y, por tanto, es el CD.
El fisio masajea a la bailarina; le masajea para que pueda bailar en la función.
El fisio masajea a la bailarina; la masajea para que pueda bailar en la función.

Ocurre con muchos verbos que significan hacer algo físico: curar, abofetear, acariciar. Son transitivos y exigen un CD, así que si no lo tienen transforman el CI.
Dimitri le peinaba la melena al león; hasta el día que abrió la boca cuando le peinaba.
Dimitri le peinaba la melena al león; hasta el día que abrió la boca cuando lo peinaba.

El transformismo de complementos también sucede con algunos verbos de afección.
A la medusa le censuran que sea arisca. Le censuran porque pica en cuanto le rozan.
A la medusa le censuran que sea arisca. La censuran porque pica en cuanto la rozan.

Y es que dan ganas de dejarse caer en la adicción de leísmo: poner le/les siempre, justificarlo como una enfermedad y así dejar de sentir esa angustia de saber que has dejado pasar la oportunidad de poner un lo redentor en alguna oración del texto. Pues aviso, el siguiente chute de atutía seguirá con el leísmo y provocará alucinaciones.

Pronombres andarines

En español hay palabras que viajan de un lado a otro de la oración sin problema ni de sintaxis ni de comprensión. Por ejemplo, los pronombres que hacen de complemento directo o indirecto tienen una gran libertad de movimientos; grande, sí, pero de ahí a largarse de parranda…
Vanesita díjole a su mamá que no obligárala a se comer los macarrones, que rodaballo mejor. La opinión del pobre rodaballo no conócese; sus sentimientos menosprecian los.

No hace falta un curso de sintaxis para recomponer ese texto con los pronombres en su sitio (cierto, algunos están en su sitio… pero varios siglos atrás, con permiso de los asturianos).
Vanesita le dijo a su mamá que no la obligara a comerse los macarrones, que rodaballo mejor. La opinión del pobre rodaballo no se conoce; sus sentimientos los menosprecian.

Y tristemente famoso es aquel se sienten, ¡coño!, que, salvo que se quiera indicar una variante local de habla propia de ciertas áreas o condiciones (más cerca del cachirulo que del tricornio), debería ser siéntense, ¡coño!

En cambio, para indicar lo contrario, el pronombre va en otra posición.
No siéntense.
No se sienten.  

También produce extrañeza, incluso en un acto de habla muy informal, algo así:
Al se la beber, se le atragantó la horchata y no veas la que montamos en la heladería.
Al bebérsela, se le atragantó la horchata y no veas la que montamos en la heladería.

Sin embargo, otros bailes de pronombres no sobresaltan ni los ojos ni los oídos.
♦ Le tengo que hacer el rodaballo a la niña, nada de macarrones, que me puede montar un pollo si se los vuelvo a poner.
♦ Tengo que hacerle el rodaballo a la niña, nada de macarrones, que puede montarme un pollo si vuelvo a ponérselos.

Aunque algunas danzas exigen demasiadas contorsiones de las ternillas de la lengua.
Pensaba pasar a os explicar esas contorsiones y quería os las empezar a detallar.
♦ Pensaba pasaros a explicar esas contorsiones y os las quería empezar a detallar.
♦ Os pensaba pasar a explicar esas contorsiones y quería empezároslas a detallar.
♦ Pensaba pasar a explicaros esas contorsiones y quería empezar a detallároslas.

De los ejemplos precedentes, el primero le chirriará a cualquiera y, desde luego, no lo escribiría nadie. Sin embargo, estructuras como las de los ejemplos segundo y tercero no les producirán extrañeza a la mayoría de los hablantes y lectores. Ahora bien, quizá pierdan fuste al compararlas con la cuarta forma de expresar lo mismo. La razón es que en la última los pronombres van con el verbo que les corresponde.

El verbo pensar no tiene en esa oración complemento indirecto, tampoco el verbo pasar, pero sí el verbo explicar; por eso el lugar óptimo del pronombre os es detrás de este y unido a él: explicaros; lo mismo ocurre con detallároslas.  Lo que ocurre es que así se forman palabras largas y un poco trabalenguas, de manera que en el habla se tiende a trocearlas y mover los pronombres (y eso es una pista para darle rasgos de oralidad a un texto o quitárselo cuando no le convienen tales rasgos).

Aquí, sin embargo…
Ni rastro de rodaballo en la pescadería. Me lo toca pescar.
Ni rastro del rodaballo en la pescadería. Me toca pescarlo.

Un pronombre que cuesta mantener quieto es el de los verbos pronominales (me escaqueo del asunto del rodaballo) y se mueve mejor que cuando es complemento (me toca = tocar a mí ≠ tocarme). Además, por lo general, el pronombre del verbo subordinado (cocinarlo) puede ir al principal, pero no al revés.
No me quiero escaquear; toca pescármelo. Lo quiero cocinar. 
No quiero escaquearme; me toca pescarlo. Quiero cocinarlo. 

 Por otra parte, mover el pronombre puede cambiar el significado.
♦ Te voy a hacer unas preguntas que ayudarán a comprenderte.
♦ Voy a hacerte unas preguntas que te ayudarán a comprender.
♦ Voy a hacerte unas preguntas que te ayudarán a comprenderte.

A veces entiendes el texto, pero tienes que echar un rato pensándolo. Eso ocurre con algunas perífrasis verbales y está explicado en su sitio, pero aquí va un repasito:
Se fue contemplando que el rodaballo no se prestara a los fines de la familia.
¿Hay alguien que abandona un lugar, pensando en sus cuitas con el rodaballo? ¡Nooo!
Se contemplaba que el rodaballo no se prestara a los fines de la familia.

Y es que en español ir e irse tienen diferente significado y, además, irse no forma perífrasis verbales, pero ir, sí y, en ese caso, no indica desplazamiento, sino que algo va a empezar. Las lenguas —sus hablantes— tienden a economizar recursos, así que usan las mismas piezas para varios significados y funciones; eso no obstaculiza la comunicación, pero sí las explicaciones gramaticales.

Y, una vez más, el registro oral, sobre todo en algunos contextos, es bastante libre…
♦ Mari, Mari, ¡no vas a creértelo! Esos zapatos vas a poder ponértelos para la boda.
♦ Mari, Mari, ¡no te lo vas a creer! Esos zapatos te los vas a poder poner para la boda.
♦ Mari, Mari, ¡no te lo vas a creer! Esos zapatos vas a podértelos poner para la boda.

Pero nada de ¡no vas a te lo creer! ni de ¡no vástelo a creer!

También conviene observar cuál de los dos verbos que van seguidos es impersonal, ya que en algunas posiciones el pronombre se queda raro:
No puede entrarse en la pescadería porque está todo el pescado vendido.
No se puede entrar en la pescadería porque está todo el pescado vendido.

En noviembre empezaba a pensarse en el besugo navideño.
En noviembre se empezaba a pensar ya en el besugo navideño.                                     

Y otras veces no hay quien lo mueva de su sitio.
Si los pulpitos han dejado convivirse con su caldo tres horas, quedarán duros.
Si los pulpitos se han dejado convivir con su caldo tres horas, quedarán duros.

Y para tardes de tedio, nada como hacer que los pronombres bailen por el texto a ver qué efecto expresivo se consigue, porque yo…
… no lo sé explicaros mejor.
… no os sé explicarlo mejor.
… no os lo sé explicar mejor.
… no sé explicároslo mejor.

Complementos a pares

Un día cualquiera, en cualquier lugar de la hispanofonía (mayormente de España) puede sonar en boca de hablante.
Le he pegao un viaje al jamón que se ve el hueso.

Sin embargo, si el mismo hablante se pone a escribirlo, es muy probable que la oración se convierta en.
He pegado un viaje al jamón que se ve el hueso.

Habrá quien haya pensado: «Pues es verdad que, cuando se reproduce un texto hablado, incluso si es de registro informal y se pretende ser verosímil, los participios ya no suenan como se dicen». Y siendo eso verdad, esta dosis de atutía sirve para remediar otra dolencia: la desaparición del pronombre que duplica el complemento, indirecto en el ejemplo.

Es frecuente tildar a ese pobre le de pleonasmo (como si pleonasmo fuera el segundo nombre de Belcebú; pero eso es tema para otra dosis) y querer eliminarlo de todos los papeles a este lado del cinturón de Kuiper. Y resulta que está bien y en su sitio.

Para que quede claro: la duplicación del complemento indirecto (CI) mediante un pronombre átono es posible siempre y, en algunos casos, obligatoria. La duplicación del complemento directo (CD) está más limitada. Eso lo dice el DPD y esta humilde dispensadora de remedios lo suscribe.
Dijo a Febe que mejor lo dejaban. No se había atrevido a contar a sus padres que era de Saturno.
Le dijo a Febe que mejor lo dejaban. No se había atrevido a contarles a sus padres que era de Saturno.

Sí, con a Febe queda claro sobre quién recae la acción y el le no añade información, pero es la forma natural de formar esa frase en español y, por si alguien no se había dado cuenta, hay muchas palabras que se dicen o escriben a pesar de que no añaden información (por ejemplo, la mayoría de los adverbios). Así que en un texto elegante, culto y bien construido habrá un pronombre que duplique el CI.
Los marcianos van a recriminar a los terráqueos que el bicing debería ser platilling.
Los marcianos van a recriminarles a los terráqueos que el bicing debería ser platilling.

Y a menudo también habrá un pronombre que duplique el CD, como el la que no sobra aunque ya esté la cabeza en la oración siguiente:
—Yo la cabeza la voy a tener siempre mala —le aclaró Juanita a su amiga cuando les preguntaron a ellas si las pescadillas que quedaban iban a quedárselas o se las ponían a la otra señora.
Pasatiempo: localice en ese fragmento las cuatro repeticiones mediante pronombre de un complemento (directo o indirecto). Las cuatro son correctas, propias del habla culta y de lo más lucidas en un texto escrito.

Esas duplicaciones del complemento, que la mayoría de los hablantes hacen de forma natural si bien sienten la necesidad de evitar por escrito, responden a unas reglas o patrones. Ahí van.

Si el complemento tónico (el principal) va después del verbo, la duplicación del CI es optativa y habitual.
⇒ Es obligatoria con gustar, encantar, complacer, molestar, interesar, divertir, cansar…
⇒ Suelen exigir duplicación los verbos de afección psíquica o física, excepto si el CI es un cuantificador universal: todo, todo el mundo, todos, nadie.
♦ Daba argumentos a sus enemigos. Ellos habían contado a su madre la verdad y eso no interesó a su padre. La decisión gustó a todos, pero molestó a los primos no enterarse los primeros.
Les daba argumentos a sus enemigos. Ellos le habían contado a su madre la verdad y eso no le interesó a su padre. La decisión les gustó a todos, pero les molestó a los primos no enterarse los primeros.

A veces la duplicación del CD es obligatoria (ni te das cuenta de que la haces).
⇒ El CD tónico es todo (-a, -os, -as).
Nada menos que siete planetas nuevos. Ha descubierto todos el mismo astrónomo.
Nada menos que siete planetas nuevos. Los ha descubierto todos el mismo astrónomo.

⇒ El CD tónico es artículo + numeral; y más si el referente es animado.
Los ha descubierto todos el mismo astrónomo y ha bautizado a los siete con el mismo nombre.
Los ha descubierto todos el mismo astrónomo y los ha bautizado a los siete con el mismo nombre.

⇒ En el registro hablado y en Hispanoamérica es frecuente, y correctísma, la duplicación enfática.
Veo un poco rocosos esos planetas para ir a la playa.
Los veo un poco rocosos esos planetas para que sus playas se pongan de moda.

Ahora bien, si el tónico va después del verbo y no es un pronombre, la duplicación del CD casi nunca es posible.
Lo compras un móvil y te lo piensas más que si las fueras a cambiar las gafas.
Compras un móvil y te lo piensas más que si fueras a cambiar las gafas.

En dos casos es obligatorio duplicar el CI y el CD (no necesariamente los dos a la vez) mediante sendos pronombres átonos..
⇒ Si el complemento tónico también es pronombre.
Dio a nosotros las llaves del apartamento de la enana roja, por si queremos ir a pasar el finde.
Nos dio a nosotros las llaves del apartamento de la enana roja, por si queremos ir a pasar el finde.

Sobornaron a él para que les diera permiso de obras en las Nebulosas Alligator.
Lo sobornaron a él para que les diera permiso de obras en las Nebulosas Alligator.

⇒ Si el tónico va antes que el verbo, aunque no sea un pronombre.
A Hidrógenez hemos puesto en control de calidad de meteoritos y en la Tierra a nuestra empresa quitan las condritas de las manos.
A Hidrógenez lo hemos puesto en control de calidad de meteoritos y en la Tierra a nuestra empresa le quitan las condritas de las manos.

Y una derivada importante de la duplicación del CI, puesto que ya es una plaga saltarse la obligada concordancia de los pronombres con su referente.
Yo le doy un golpe a la impresora para desatascarla. Le expliqué esa solución a los técnicos y me dijeron que hacen lo mismo, aunque a los clientes le dicen que la solución es llamar al servicio técnico.
Yo le doy un golpe a la impresora para desatascarla. Les expliqué esa solución a los técnicos y me dijeron que hacen lo mismo, aunque a los clientes les dicen que la solución es llamar al servicio técnico.

La próxima dosis de atutía le proporcionará a los obsesos de los pronombres algunas pistas sobre su ubicación.
La próxima dosis de atutía les proporcionará a los obsesos de los pronombres algunas pistas sobre su ubicación.

Abuso de a nivel dehasta

En un texto no todo lo que es correcto es elegante. ¡Ea, ya lo he dicho!

A(L) NIVEL DE

La locución a/al nivel de es correcta cuando expresa noción de altura, real o metafórica.
Al nivel de la calle instalaron bolardos para que la gente no deje el coche tirado donde primero le pilla. Lo decidieron a nivel de concejales.

Todo en el párrafo anterior es correcto, pero la redacción es un horrorismo; solo le falta algún lo que viene siendo/lo que es. Tal que así: Al nivel de la calle instalaron lo que vienen siendo bolardos para que la gente no deje el coche tirado donde primero le pilla. Lo decidieron a nivel de todo lo que son concejales.

Habrá quien opine que en esa frase no hay que corregir nada porque todo se ajusta a la norma e, incluso, a usos y costumbres, pero yo creo que se produce una erupción volcánica cada vez que alguien escribe a nivel de. Lo bueno es que con una preposición corriente y el artículo la frase queda elegante y comprensible.
En la calle instalaron bolardos para que la gente no deje el coche tirado donde primero le pilla. Lo decidieron los concejales. 

Y si se repite la tentación de poner un a nivel de, hay unas cuantas soluciones.
A nivel estatal se está implementando una intervención a nivel de centros sanitarios que dispensan atención a nivel quirúrgico. A nivel de prestaciones, los cambios van a ser para peor; pero es que no hay cambio a nivel de las nuevas políticas que haya sido para mejor.

En ese engendro hay alternativas elegantes para todos los a nivel de; por ejemplo:
A nivel estatal >> En (todo) el Estado / En (todo) el país
a nivel de centros >> en los centros / en el ámbito de los centros
atención a nivel quirúrgico >> atención Ø quirúrgica
A nivel de prestaciones >> Con respecto a las prestaciones
a nivel de las nuevas políticas >> entre las nuevas políticas

Y la frase quedaría feúcha pero no horrorosa; tal que así:
En todo el Estado se está implementando aplicando una intervención en los centros sanitarios que dispensan atención Ø quirúrgica. Con respecto a las prestaciones, los cambios van a ser para peor; pero es que no hay cambio entre las nuevas políticas que haya sido para mejor.

 

HASTA

Otro vicio que delata a un redactor pretencioso o a un traductor demasiado pegado al original es el uso de la preposición hasta introduciendo, sin que sea necesario, algún complemento en la oración.
Rodolfo perdió hasta veinte kilos de peso gracias a que se pasaba hasta una semana entera sin comer. Se quedó hecho un figurín y a cada paso amagaba un saltito y daba hasta dos vueltas de campana. Con su nueva vocación de saltimbanqui consiguió recorrer los teatros de hasta treinta y siete países.

A ver, o perdió veinte kilos o perdió otra cantidad. ¿Y vueltas de campana? Daría ninguna, una o dos; o tres si entrenaba mucho. ¿Y los países visitados? Serían doce u ocho; o los treinta y siete proclamados. La frase quedaría menos cargante así:
Rodolfo perdió veinte kilos de peso gracias a que se pasaba hasta una semana entera sin comer. Se quedó hecho un figurín y en cuanto amagaba un saltito daba dos vueltas de campana. Con su nueva vocación de saltimbanqui consiguió recorrer los teatros de treinta y siete países.

En hasta una semana la preposición tiene sentido, ya que indica que pasaba varios días sin comer y el periodo máximo era una semana, pero en ninguna de las otras tres ocasiones es necesaria ni aporta nada. La melonada está extendiéndose por dos vías: una es el (mal) periodismo que en vez de contrastar la información tira de imprecisiones para no pillarse los dedos (un abrazo, respetados periodistas); la segunda es traducir (mal) calcando la expresión up to (un beso, admirados traductores).

No parece que nadie vaya a recibir una descarga eléctrica cada vez que use un a nivel de o un hasta de más, pero por si los dípteros, ¿un repasito a los textos?