La concordancia de número

En español el número gramatical solo tiene dos casos: singular y plural; o sea, las cosas las hace uno (una persona, un tornado, un dragón de Komodo…) o más de uno (impersonalidades al margen). Tiene pinta de que no pueda haber ningún problema. Pero en cualquier texto sale alguno.

TÉRMINOS COMPUESTOS

El primero es el plural de términos como metomentodo y sacacorchos, o como piso piloto y guardia civil. Los dos primeros ya están fijados como una palabra; cada uno de los dos segundos está formados por dos palabras en aposición y tuvieron su dosis de atutía con explicación del plural. Los primeros hay que mirarlos como una palabra y pluralizarlos sin complicarse (si las palabrejas lo permiten).
Las metomentodo usaban los sacacorchos y pensaban en cómo meter varios sofás cama(s) en los pisos piloto.

Algunos colores son un caso particular de sustantivos en aposición: falda berenjena, lazo rubí, uniforme gris claro. Eso hace que el concepto en plural se pueda expresar en singular: faldas berenjena, lazos rubí, uniformes gris claro; pero, si se perciben como adjetivos, se pueden pluralizar (aunque algunos suenan raros): faldas berenjenas, lazos rubís, uniformes grises claros. Ese claros es ambiguo porque no se sabe si califica a uniformes o a grises. La solución es usarlo en singular. Se puede incurrir en ambigüedades más inconvenientes: Se veían rostros amarillos pálidos (¿los rostros estaban pálidos o el color era amarillo pálido?).

NOMBRES COLECTIVOS

Ante algunos sustantivos, la gramática va por un sitio y la cabeza por otro.
La parentela llegó al convite una hora antes y se jaló las croquetas en un santiamén.

Que la parentela acudiera pronto suena a catástrofe pero no provoca extrañeza lingüística (porque imaginamos que los parientes llegan todos al mismo tiempo como una masa compacta). Ahora bien, cuando te imaginas el asalto a las croquetas, ves unas cuantas personas que se abalanzan sobre las mesas y el singular comió chirría porque las croquetas van a varias bocas. Pero desde el punto de vista gramatical, la concordancia se hace en singular. Otra cosa es el registro oral, que podría ser así:
La parentela llegó al convite una hora antes y se jalaron las croquetas en un santiamén. 

Hay un truco para tratar los nombres colectivos con respeto y que no se cortocircuite la neurona encargada de representar la escena. Consiste en dividir la secuencia con un punto, de manera que en la segunda oración se supone un sujeto plural elidido.
La parentela llegó al convite una hora antes. Se jalaron las croquetas en un santiamén.  

SUJETOS MÚLTIPLES

Que la cigüeña crotora y los elefantes barritan está claro. Pero la vida no siempre es tan sencilla; y no digamos la lengua. En efecto, a menudo el sujeto tiene varias partes unidas por una conjunción coordinante. Veamos unas cuantas posibilidades.

1. Sujeto formado por varios sustantivos unidos por una conjunción copulativa. Por si hace falta recordarlas, las conjunciones copulativas son y, e, ni, y también las compuestas tanto… como…, tanto… cuanto…, así… como…

1.1. El sujeto está antes que el verbo. Como normal general, el verbo va en plural.
La cigüeña, el elefante y ñu hacen ruidos. Ni la jirafa ni la culebra emiten sonidos.

Pero no pocas son las circunstancias que hacen que el verbo vaya en singular.
— Cuando el conjunto del sujeto se ve como un solo concepto.
♦ La cópula y reproducción de los animales resultan muy difíciles de filmar.
♦ La cópula y reproducción de los animales resulta muy difícil de filmar.
— Si los elementos que forman el sujeto son pronombres neutros.
Esto y eso se llevan mucho este año.
Esto y eso se lleva mucho este año.
— También si son construcciones de infinitivo.
Comer y rascar todo son empezar.
Comer y rascar todo es empezar.
— Y si son oraciones completas.
Que me ponga a comer y suene el teléfono ocurren casi todos los días.
Que me ponga a comer y suene el teléfono ocurre casi todos los días.
— Cuando los elementos empiezan por cada.
Cada melocotón, cada ciruela, cada paraguayo llevan su puñetera etiquetita.

Cada melocotón, cada ciruela, cada paraguayo lleva su puñetera etiquetita.
— O si hay un elemento final en singular que los engloba a todos.
El melocotón, la ciruela, el paraguayo, la fruta llevan su puñetera etiquetita.
El melocotón, la ciruela, el paraguayo, la fruta lleva su puñetera etiquetita.

1.2. Cuando el verbo va delante del sujeto, se puede concordar en singular o en plural. Con sujeto referido a personas es más natural el plural.
Entró Romualdo y sus coleguitas en el bar, y ya no hubo birras para nadie.
♦ Entraron Romualdo y sus coleguitas en el bar, y ya no hubo birras para nadie.
Por otra parte, el singular resulta más natural con la conjunciones ni, o.
♦ Atemorizaban la pose o el gesto o la voz bronca de Romualdo cuando entraba al bar. Pero no causaban admiración ni su peinado a raya ni sus pantalones de pinzas.
♦ Atemorizaba la pose o el gesto o la voz bronca de Romualdo cuando entraba al bar.  Pero no causaba admiración ni su peinado a raya ni sus pantalones de pinzas.
Y también si los sustantivos enlazados no llevan determinante.
♦ Le sobraba chulería y pasado para imponer su ley.
♦ Le sobraban chulería y pasado para imponer su ley.

2. Cuando los elementos del sujeto están unidos por una conjunción disyuntiva, el plural es siempre correcto.

2.1. Si el sujeto va antes que el verbo, se concuerdan en plural.
Aníbal o su lugarteniente pondrá orden.
Aníbal o su lugarteniente pondrán orden.

2.2. Si el verbo va antes que el sujeto, también está bien el singular.
♦ Pondrá orden Aníbal o su lugarteniente.
♦ Pondrán orden Aníbal o su lugarteniente.

3. Cuando los elementos del sujeto están unidos por una preposición, el verbo concuerda en plural.
David con sus amigos os dará sopas con honda. Goliat con los suyos saldrá por patas.
David con sus amigos os darán sopas con honda. Goliat con los suyos saldrán por patas.
Pero si el elemento que lleva preposición va entre comas o después del verbo, se concuerda en singular. Y lo mismo si el inciso empieza con además de, así como, como, junto a, junto con.
David, con sus amigos, os darán sopas con honda. Goliat saldrán por patas con los suyos.
David, con sus amigos, os dará sopas con honda. Goliat saldrá por patas con los suyos.

4. A veces la frase empieza pareciendo singular pero, de repente, se hace plural; la verdad es que el sujeto ha sido plural desde el principio.

Ocurre cuando el sujeto lleva un sustantivo en singular pero con dos adjetivos porque, en realidad, se está hablando de dos cosas.
La misantropía aparente y real la llevó a tener un geranio como socio de tragos.
La misantropía aparente y real la llevaron a tener un geranio como socio de tragos.
Claro que hay formas más claras y elegantes de resolver esa situación.
♦ La misantropía aparente y la real la llevaron a tener un geranio como socio de tragos.
♦ Tanto la misantropía aparente como la real la llevaron a tener un geranio como socio de tragos.

LO QUE NO ES SUJETO

Cuando no es sujeto, las cosas funcionan igual: en principio, si hay varias cosas, la lengua pide plural; por ejemplo, con los adjetivos.
Llevaba casco y escudo negros.

Pero se admite el singular si entre ambos sustantivos hay una relación muy estrecha.
La exposición va de vestimenta y armería medieval.
Aun así, hay que tener cuidado si no existe tal relación o se puede malinterpretar.
♦ La camisa y la cota familiar lo distinguían de sus compañeros.
♦ La camisa y la cota familiares lo distinguían de sus compañeros.
En la primera oración se puede interpretar que la camisa era, por ejemplo, de color naranja y por eso llamaba la atención.

Y debe ir en singular el adjetivo que vaya con dos sustantivos que se refieren a la misma entidad, están en singular y comparten determinante.
Quedo a menudo con mi ex y, sin embargo, amigo austrohúngaros.
Quedo a menudo con mi ex y, sin embargo, amigo austrohúngaro.

Si el adjetivo va delante, suele ir en singular salvo que los sustantivos estén en plural.
¡Qué gran sorpresa y alegría! Nos esperan grandes emociones y novedades.

ESTRUCTURAS COPULATIVAS

Si tanto el sujeto como el predicado de una oración copulativa son sustantivos (o pronombres o sintagmas nominales), la estructura es flexible.
 El mar es el pulmón del planeta.
 El pulmón del planeta es el mar.

Ahora bien, con independencia del orden, si una de las dos partes —sea el sujeto, sea el atributo— es plural, el verbo suele ir en plural.
♦ Lo que me estremece es los ruidos permanentes de la selva.
♦ Lo que me estremece son los ruidos permanentes de la selva.
♦ Los ruidos permanentes de la selva son lo que me estremece.

Hay otras estructuras que provocan vacilación acerca de la concordancia de número del verbo y ya tienen sendas dosis de atutía:
Las estructuras partitivas y pseudopartitivas: La mayoría de los tontos no se dan/da cuenta nunca de que lo son.
Las pasivas reflejas y sus perífrasis: Se regalan seis zambombas bien afinadas. Se iban a alquilar los anillos para ver la cabalgata desde la distancia.
La impersonalidad: Se critica a los poliplacóforos. Amanece (que no es poco) en Brazzaville y llueve a cántaros. Ya hace semanas que hace unos días muy malos.
El verbo haber: Había nueve planetas, pero el pobre Plutón se quedó en enano.

También es habitual patinar en el número cuando hay que mantenerlo en un elemento cuyo referente ya ha salido. Eso es otra dosis de atutía, que esta parece una sobredosis. Con lo sencillito que parecía poner singular con singular y plural con plural.

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La concordancia de género

Como en la moda, en la lengua la elegancia está, muy a menudo, en coordinar bien todo el outfit conjunto. Y mira que es simple: masculino con masculino, femenino con femenino, singular con singular y plural con plural. Pues no debe de resultar tan fácil, porque se prodigan unos cuantos errores.

Seguro que la concordancia de género forma parte del currículo de párvulos, porque la complicación es nula. Eso sí, hay que tener cuidado de que todo esté en su sitio para saber con qué va cada complemento.
Me he comprado una extensión para la melena de materia natural nueva.
¿Qué es nuevo: la extensión, la melena o el material? Si cambiamos extensión por postizo, se complica la concordancia de género.
Me he comprado un postizo nuevo para la melena de materia natural nueva.
Y si en vez de materia natural se especifica que era de pelo natural, más aún.
Me he comprado un postizo ¿nuevo? para la melena de pelo natural ¿nuevo?
Eso por no decir que la melena entendemos que es suya y, por tanto, de pelo natural y la aclaración del material iba para el postizo.
Me he comprado un postizo nuevo de pelo natural para la melena.

También nos complican los textos las palabras que tienen género pero son iguales en masculino y en femenino (sustantivos comunes en cuanto al género).
La psiquiatra estaba enamorada del periodista. Era muy buena profesional. Ya no veía en él un paciente, pero estaba preocupada porque él se había obsesionado con una criminal y una psicópata que actuaban juntas.

No es que esas palabras sean un problema, pues, según su referente sea masculino o femenino, se concuerda todo lo que las rodee y ya está. Lo que da lugar a vacilaciones es que a muchas de esas palabras, a medida que designan una realidad que antes no existía, les brota una nueva terminación que cambia el género: dependienta, alcaldesa (pero no consulesa), jueza, bachillera… Por ejemplo, se empezó a plantear si es correcta la palabra cancillera cuando Angela Merkel accedió a ese cargo, pero bachillera se había fijado mucho antes (sí, desde que nos dejaron acabar el bachiller hasta que conseguimos presidir algo pasó mucho —demasiado— tiempo).

Como llegó ese cancillera (Diccionario del español actual, de Andrés, Seco y Ramos), es posible que lleguen miembra, agenta, representanta, testiga e, incluso, portavoza. Y puede que también periodisto y pediatro, como lo hizo modisto, pero, de momento, son invariables y se concuerdan los determinantes y los adjetivos que los acompañen. Además, hay que andarse con ojo.
Mi amiga la poeta me dice que ella y su colega la músico no son ni poetisa ni música. Y a su prima la médico le parece muy bien.

Y con tanto ojo que hay que andarse, porque han pasado a ser palabras de género común algunas que no se movían —pariente, familiar, bebé (esta última va embalada y ya ha dado el salto a desdoblarse: el bebé/la beba; y mejor en diminutivo: el bebito/la bebita)— y que, por tanto, hay que concordar.
Tengo una familiar que acaba de tener una bebita.

Quién sabe en qué momento darán el salto el/la víctima, un/una persona. Esas palabras se dice que son epicenas y tienen género, claro que sí, por eso hay que tener buen cuidado en concordarlas gramaticalmente, no por el sentido.
Atilano es un persona muy sencillo y un víctima resignado de su mujer, Clotilde, que se cree una magnate y es una mangante.
Atilano es una persona muy sencilla y una víctima resignada de su mujer, Clotilde, que se cree un magnate y es una mangante.

Y eso que, a veces, hay que ingeniárselas para que los epicenos sean precisos.
♦El hormigo se puso como un foco de gordo de tanto mordisquear los diminutos floros, que están en los pocos palmeros del oasis.
♦La hormiga macho se puso como una foca de gordo de tanto mordisquear los diminutos flores macho, que están en los pocos palmeros macho del oasis.
La hormiga macho se puso como una foca de gorda de tanto mordisquear las diminutas flores macho, que están en las pocas palmeras macho del oasis.

Luego están los vocablos indecisos; en realidad, los indecisos somos los hablantes, las palabras se dice que son ambiguas en cuanto al género.
♦Atilano, por no oír a Clotilde, atravesó la puente, pasó a la otra margen del río y, tras echarles un poco de azúcar triturada a las ánades, se fue a correr una maratón hasta la mar. Ella se quedó bebiendo el vodka y contemplando ese web de la internet donde aparecen las cobayas con un armazón medieval.
♦Atilano, por no oír a Clotilde, atravesó el puente, pasó al otro margen del río y, tras echarles un poco de azúcar triturado a los ánades, se fue a correr un maratón hasta el mar. Ella se quedó bebiendo la vodka y contemplando esa web del internet donde aparecen los cobayas con una armazón medieval.

Tampoco es que les demos vueltas a muchas palabras, pero, a veces, se las damos a las que no deberíamos; por eso se ponen siempre los mismos ejemplos.
Las tarifas de corrección de muchos editoriales son míseras. Y en los periódicos, quien escribe la editorial no espera que un corrector le anote las correcciones en la margen.
Las tarifas de corrección de muchas editoriales son míseras. Y en los periódicos, quien escribe el editorial no espera que un corrector le anote las correcciones en el margen.

AES TRANSFORMISTAS

También vacilamos cuando un sustantivo femenino empieza por a/ha tónica. Con lo fácil que es recordar que van con el, un, algún, ningún, al, del. La verdad es que una, alguna y ninguna valen, pero no son frecuentes. ¡Eh!, si la primera sílaba no es tónica ―como alacena—, no les pasa nada; y si no son sustantivos, tampoco.
♦Una hada rubia empuña una hacha afilada y se bebe la agua fría con la azúcar. Al entrar en la aula alta, mira la águila disecada con la ala extendida dentro del alacena.
♦Un hada rubio empuña un hacha afilado y se bebe el agua frío con la azúcar. Al entrar en el aula alto, mira el águila disecado con el ala extendido dentro del alacena.
Un hada rubia empuña un hacha afilada y se bebe el agua fría con el azúcar. Al entrar en el aula alta, mira el águila disecada de la alacena.

Resulta que algunas de esas palabras dan otras que ya no empiezan por a/ha tónica; lo que ocurre entonces es que ya no son tónicas y, por tanto, no les pasa nada.
El aguanieve que ha caído se parecía poco al agüita. Se veía en el alita del avión.
La aguanieve que ha caído se parecía poco a la agüita. Se veía en la alita del avión.

Y tampoco les pasa nada en plural ni si hay algo entre el determinante y la palabra.
El solitaria alma del arrebatada águila surge en un silencioso habla, pues en el asamblea animal lee los actas y recorre los áreas de los aulas.
La solitaria alma de la arrebatada águila surge en una silenciosa habla, pues en la asamblea animal lee las actas y recorre las áreas de las aulas.

Claro que hay unas cuantas excepciones que, por mucho que cumplan las condiciones, mantienen el determinante femenino. Ahí van las principales:
— Las palabras comunes en cuanto al género que empiezan por a/ha tónica (el determinante es lo que refleja el género y permite identificar el sexo del referente).
La habitante de aquella casa era una árabe y alojaba a una ácrata.
En este grupo hay una excepción a la excepción (los hablantes y sus cosas): se prefiere la árbitra; por lo visto, como estábamos acostumbrados a la árbitro y la terminación femenina es reciente, no acabamos de acostumbrarnos a el árbitra (que es lo que le tocaría).
— El nombre de las letras.
Me gusta más una hache intercalada que una a monda y lironda.
— Los nombres comerciales.
Vete a cenar a la Alma en Pena, que es una pizzería estupenda.
— Los nombres y apellidos de mujer cuando se les pone artículo.
La Adelaida que sale en la novela es una tipa, no la ciudad.
— Las siglas y los acrónimos cuya primera palabra desarrollada es femenina.
Soy socia de la ARPyC (Asociación Revitalicemos el Punto y Coma).

Y si la concordancia de género resulta singular, la dosis siguiente será para curar las faltas de concordancias en número, que eso sí que es plural.

La parte, el todo y su alrededor

Como casi nada es absoluto, a menudo se habla y se escribe sobre la mayoría de los tardígrados, sobre buena parte de los filisteos, sobre una selección de mis cazuelas de barro o sobre un montón de los tapones de corcho usados por la industria vitivinícola.

Lo que tienen en común esas expresiones (para los enteradillos, construcciones partitivas) es que se refieren a una parte (un merónimo) de un todo (el holónimo del merónimo) y que tienen esta estructura:
>>>>>  cuantificador + preposición + determinante + nombre del conjunto  <<<<<

O sea que para construirlas bien basta con el nivel de sintaxis de un estudiante de español A1 natural de Papúa Nueva Guinea. Sin embargo, hay una trampa en la que es habitual caer y un charco en el que más de un escribano se queda con los pies mojados y preguntándose cómo ha podido meterse ahí.

El charco es este:
♦ La mayoría de los tontos no se dan cuenta nunca de que lo son.
♦ La mayoría de los tontos no se da cuenta nunca de que lo es.

Sí, las dos son correctas. Es decir, hay dos formas de concordar el verbo y lo que lo sigue con el sujeto: bien por el sentido con los tontos (dan, son), bien por la gramática con la mayoría (da, es). Lo que no queda tan elegante es no acabar de decidirse:
La mayoría de los tontos no se da cuenta nunca de que lo son.

La idea subyacente es que por mucho que la mayoría sea gramaticalmente singular, la mayoría de los tontos señala a más de una persona y el sentido de la oración pide que el verbo esté en plural. No obstante, se recomienda que si en la oración no está el nombre del conjunto (lo que va en plural) se concuerde en singular; así:
El grueso de los romanos salían a la batalla sin depilar. La mayoría tenía las piernas como columnas jónicas.
Aunque no es incorrecto dejarse arrastrar al plural por la imagen de miles de romanos:
La mayoría tenían las piernas como columnas jónicas.
Además hay un truco para que el plural del verbo no tenga un pero:
La mayoría de ellos tenían las piernas como columnas jónicas.

Y ahora la trampa. En esas estructuras se habla de una parte de un conjunto determinado: los romanos, los tontos, lo decápodos, los socios del bufete…
La mitad de vecinos no asistieron a la reunión de la comunidad, ¡vaya sorpresa!
La mitad de los vecinos no asistieron a la reunión de la comunidad, ¡vaya sorpresa!

Es muy fácil olvidarse de poner el determinante, pero tiene que ir por la naturaleza de la estructura. Claro que no tiene que ser necesariamente el artículo; cabe un adjetivo posesivo o uno demostrativo.
♦ Solo el 63 % de las canciones del verano son veraniegas. El 37 % de ellas son de entretiempo. 
♦ La mayoría de tus apariciones son una filfa —le dijo a aquel compañero fanfarrón e ignorante; aunque puede que lo pensara pero no llegara a pronunciarlo.
♦ La mitad de estas olas las provoca el tontolaba de la motito acuática —le dijo la espatarrada ofiura a la pizpireta medusa—. Ve y dale un viaje, anda.

Para que conste y no nos liemos: hay estructuras que se parecen mucho a las partitivas, pero no son iguales (por eso se llaman pseudopartitivas). La diferencia es, mira por dónde, que el conjunto del que se señala una parte no es determinado, así que no lleva determinante:
Tras los últimos recortes en sanidad, mogollón de ciudadanos se han encomendado a san Geroncio y entonan una ristra de jaculatorias, que son igual de efectivas que la homeopatía y el reiki juntos.

Pero si el conjunto es determinado, tiene que llevar determinante; una perogrullada, sí, pero voy a insistir:
◊ La mayoría de santos eremitas no lee revistas de moda.
♦ La mayoría de los santos eremitas no lee revistas de moda.
◊ El 17,23 % de toallas de playa tienen estampada una original sombrilla.
♦ El 17,23 % de las toallas de playa tienen estampada una original sombrilla.

Ya que estamos, es difícil ser más determinado que un porcentaje, así que le corresponde llevar un artículo fetén y no ese impostor un, que determina pero poco. ¿Verdad que no se habla de dos quinces por ciento ni de dos mayorías?; pues tampoco queda muy preciso escribir un quince por ciento o una mayoría.
Un 47,3 % de traductores no les ponen artículo determinado a los porcentajes. Una minoría de correctores no lo corrigen en una mayoría de ocasiones.
El 47,3 % de los traductores no les ponen/pone artículo determinado a los porcentajes. La minoría de los correctores no lo corrigen/corrige en la mayoría de las ocasiones.

Que quede claro que la mayoría de los ejemplos de este blog son fantasiosas ficciones.

 

Lo suyo

Acabo de darme con el canto de la mesa y me duele la pierna; la mía, claro, porque es difícil que le haga daño (si no es metafórico) a otro. También sería raro que cuando tenga jaqueca mi cuñada me doliera a mí la cabeza y que si te pica el codo lo note yo. Así que para referirse a partes del cuerpo no se necesitan los determinantes (o adjetivos) posesivos (salvo que haya que evitar ambigüedades o equívocos).
Me ha salido un moratón en mi pierna izquierda, a ti se te ha dormido tu pie y mi primo abre las botellas de cerveza con sus dientes.
Me ha salido un moratón en la pierna izquierda, a ti se te ha dormido el pie y mi primo abre las botellas de cerveza con los dientes.

En el ejemplo en rojo no hay ninguna incorrección, pero no es una expresión genuina en español (es un calco del inglés). Para identificar de quién es la parte del cuerpo que se nombra, en vez de ponerle un posesivo, usamos los recursos de la conjugación.
* Me saca de quicio que mires tu ombligo y los demás que arreen.
Me saca de quicio que te mires el ombligo y los demás que arreen.

Así que se restringe mucho el uso de los posesivos, cuya función desempeña, en parte, el artículo determinado.
El señor no puede cortarse sus las uñas, así que coge su el coche y va a su la pedicura.

A veces ni siquiera hace falta el artículo. Si andas de jarana y sueltas: «Yo me voy a casa», nadie te preguntará a qué casa. Otra cosa sería una conversación de este tipo:
—Podíamos seguir en casa de Adelita.
—O en la de Javierín.
—Yo me voy a mi casa. Vosotros id donde queráis.

Encima, los posesivos tienen mucho peligro. Ahí va un horrorismo:
* Estaba detrás mío, ahí, delante tuyo. Pasó muy cerca nuestro y casi se cae encima suyo. Al final se sentó en otro palco; justo debajo vuestro.

Sí, hace sangrar los ojos, pero si alguien se reconoce y está pensando en cortarse un par de dedos, que sepa que han pillado en expresiones tales a unos cuantos escritores de renombre y solvencia (Cortázar, Caballero Bonald, Benedetti, entre otros), lo cual sirve para recordar lo necesaria que es la intervención de un buen corrector en todo texto.

La explicación gramatical para percibir (y recordar) el horror es que detrás, delante, cerca, encima y debajo son adverbios y, por tanto, no pueden llevar determinantes (lo que antes se llamaba adjetivos posesivos son determinantes, como los artículos y algunas palabras más, pero eso es otra historia); igual que no funciona *la encima, no funciona *encima mía (además, habría que decidir si es mía o mío). Mucho mejor así:
Estaba detrás de mí, ahí, delante de ti. Pasó muy cerca de nosotros y casi se cae encima de ella. Al final se sentó en otro palco; justo debajo de vosotros.

El truco para ver si algo que forma una locución adverbial puede llevar un posesivo es intentar ponérselo delante (será posible siempre que sea un nombre). Como no hay problema en decir a su alrededor, en su contra, a nuestro gusto, de vuestra parte, tampoco hay inconveniente en usar alrededor suyo, en contra suya, a gusto nuestro, de parte vuestra. ¿A que no hay duda de que alrededor y gusto son de género masculino y contra y parte, femenino? Pues si no se le encuentra el género a una palabra, no puede llevar posesivo: esa es otra pista. La definitiva es que exploten las conexiones sinápticas que enlazan el oído y la vista con el cerebro, que es uno de los efectos que provocan frases como: *Abrió la puerta con su mano izquierda y pasó por detrás suya.