El texto puede ser de otra manera

Un día a alguien se le ocurre que va a ser ingenioso, no, lo siguiente, parece ser que como no podía ser de otra manera, y va y lo peta. Parece ser que a día de hoy todo el mundo opina que quien habla así está que se sale, así que en seguida hay quien arranca a pronunciar expresiones manidas como un bebé copia los gestos de sus progenitores.

En esta entrada no va a haber nada en rojo, porque todo es correcto; incluso gracioso, ¿o ya no? Empiezo a apreciar que alguien diga, o escriba, que algo es muy bueno o que alguien es más alegre que un cascabel o que una situación es requetemagnífica; incluso si oigo que un libro es supermegaguay, a estas alturas, me parece original. Quiero poner mi irritación negro sobre blanco, ¡original, la metáfora!, o sea, por escrito. Entre las opciones que hay al hablar y al escribir, una que cambia de cuajo la comunicación es ser lo más sencillo posible. Y sencillo no quiere decir poco elaborado; bien al contrario, llegar a un texto sencillo y eficiente requiere más elaboración que dejarlo complicado y confuso.

Escribía Pascal en una carta: «Disculpe que le mande una carta más larga de lo habitual, pero no he tenido tiempo de hacerla más corta». Encontrar la expresión más precisa, quitar un adverbio que se arrastra por vicio o dar con un adjetivo original requiere tiempo; no solo tiempo para elaborar el texto (del que no se dispone al hablar), sino ese tiempo que se mide en días, semanas, meses y años de estudio o de mera observación y contagio de riqueza lingüística; a menudo de un aprendizaje que no pasa por libros, sino por recordar lo que decía la abuela o por fijarse en lo que dice un hispanohablante americano (guardan algunas esencias léxicas que aquí se han perdido).

Para empezar (sin necesidad de arrancar) a ser preciso, expresivo y brillante (sin lo siguiente), y con ello deslumbrar, descollar, distinguirse, impresionar (sin petarlo ni salirse) incluso a un niño de pecho o un crío (aunque ya no sea bebé), hoy (sin día) o ahora o en la actualidad o por el momento, para eso, ayuda mucho fijarse en quien hable o escriba con cierta maestría (no sirve leer libros mal editados y peor corregidos o sin corregir). Ahora bien, lo que es imprescindible es hablar y escribir, buscar palabras que uno no ha usado nunca, preguntarse si la concordancia está bien, dudar si la coma cae en su sitio o sobra, tener que consultar si va o no una tilde, atreverse a no poner comillas para indicar ironía y quitar mucho de lo que se ha escrito a la primera, aunque sea en un correo electrónico para el administrador de fincas. Porque casi todo puede ser siempre de otra manera.

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Abuso de a nivel dehasta

En un texto no todo lo que es correcto es elegante. ¡Ea, ya lo he dicho!

A(L) NIVEL DE

La locución a/al nivel de es correcta cuando expresa noción de altura, real o metafórica.
Al nivel de la calle instalaron bolardos para que la gente no deje el coche tirado donde primero le pilla. Lo decidieron a nivel de concejales.

Todo en el párrafo anterior es correcto, pero la redacción es un horrorismo; solo le falta algún lo que viene siendo/lo que es. Tal que así: Al nivel de la calle instalaron lo que vienen siendo bolardos para que la gente no deje el coche tirado donde primero le pilla. Lo decidieron a nivel de todo lo que son concejales.

Habrá quien opine que en esa frase no hay que corregir nada porque todo se ajusta a la norma e, incluso, a usos y costumbres, pero yo creo que se produce una erupción volcánica cada vez que alguien escribe a nivel de. Lo bueno es que con una preposición corriente y el artículo la frase queda elegante y comprensible.
En la calle instalaron bolardos para que la gente no deje el coche tirado donde primero le pilla. Lo decidieron los concejales. 

Y si se repite la tentación de poner un a nivel de, hay unas cuantas soluciones.
A nivel estatal se está implementando una intervención a nivel de centros sanitarios que dispensan atención a nivel quirúrgico. A nivel de prestaciones, los cambios van a ser para peor; pero es que no hay cambio a nivel de las nuevas políticas que haya sido para mejor.

En ese engendro hay alternativas elegantes para todos los a nivel de; por ejemplo:
A nivel estatal >> En (todo) el Estado / En (todo) el país
a nivel de centros >> en los centros / en el ámbito de los centros
atención a nivel quirúrgico >> atención Ø quirúrgica
A nivel de prestaciones >> Con respecto a las prestaciones
a nivel de las nuevas políticas >> entre las nuevas políticas

Y la frase quedaría feúcha pero no horrorosa; tal que así:
En todo el Estado se está implementando aplicando una intervención en los centros sanitarios que dispensan atención Ø quirúrgica. Con respecto a las prestaciones, los cambios van a ser para peor; pero es que no hay cambio entre las nuevas políticas que haya sido para mejor.

 

HASTA

Otro vicio que delata a un redactor pretencioso o a un traductor demasiado pegado al original es el uso de la preposición hasta introduciendo, sin que sea necesario, algún complemento en la oración.
Rodolfo perdió hasta veinte kilos de peso gracias a que se pasaba hasta una semana entera sin comer. Se quedó hecho un figurín y a cada paso amagaba un saltito y daba hasta dos vueltas de campana. Con su nueva vocación de saltimbanqui consiguió recorrer los teatros de hasta treinta y siete países.

A ver, o perdió veinte kilos o perdió otra cantidad. ¿Y vueltas de campana? Daría ninguna, una o dos; o tres si entrenaba mucho. ¿Y los países visitados? Serían doce u ocho; o los treinta y siete proclamados. La frase quedaría menos cargante así:
Rodolfo perdió veinte kilos de peso gracias a que se pasaba hasta una semana entera sin comer. Se quedó hecho un figurín y en cuanto amagaba un saltito daba dos vueltas de campana. Con su nueva vocación de saltimbanqui consiguió recorrer los teatros de treinta y siete países.

En hasta una semana la preposición tiene sentido, ya que indica que pasaba varios días sin comer y el periodo máximo era una semana, pero en ninguna de las otras tres ocasiones es necesaria ni aporta nada. La melonada está extendiéndose por dos vías: una es el (mal) periodismo que en vez de contrastar la información tira de imprecisiones para no pillarse los dedos (un abrazo, respetados periodistas); la segunda es traducir (mal) calcando la expresión up to (un beso, admirados traductores).

No parece que nadie vaya a recibir una descarga eléctrica cada vez que use un a nivel de o un hasta de más, pero por si los dípteros, ¿un repasito a los textos?

Juntas o separadas -la coda-

Resulta que la lista de términos que cambian de significado según se escriban en una o en dos palabras es muy larga. Hay algunos errores improbables entre los parroquianos de este blog, entre otras cosas porque se han tomado la dosis que trata la escritura de palabras compuestas,  la que remedia aquellas cuya primera parte es un prefijo y la que elimina la angustia de los conques, los porques y lo sinos; pero por si pasa por aquí alguien que necesita unas pistas, allá va la coda.

UN ERROR IMPOSIBLE: adonde, a donde, adónde, a dónde

♦ a dónde, adónde en una o en dos y con tilde
Significan lo mismo y ambas son correctas. Sirven para preguntar, en forma directa o indirecta, el lugar de destino o la dirección; también para exclamar. Una pista bastante (pero no del todo) fiable para saber que lleva tilde es que la o suena fuerte (en la jerga se dice que es tónica).
—¿Adónde crees que irían los peces si el acuario tuviera salida?
—¡Vete tú a saber a dónde les gustaría mudarse!
—¿A dónde te parece? ¿A la pescadería?
—Me pregunto adónde iría yo si fuera un besugo.

♦a donde, adonde en una o en dos y sin tilde
Lo mismo ocurre con adonde y a donde, que sirven para afirmar o explicar.
—Los peces irán a donde puedan. Los que estén de espaldas lo tienen chungo porque no saben nadar hacia atrás y adonde se sale se llega por un paso estrecho que no permite dar la vuelta.
—¿Tú crees que adonde los lleve la corriente es mal lugar? ¿O preferirán ir a donde el agua esté tranquila?

Hay que fijarse bien en los dos últimos: un adonde y un a donde. Como valen las dos formas, es imposible el error de escribirlas juntas o separadas. El error, probable, es caer en la tentación de ponerles tilde porque están en una pregunta. El truco es fijarse bien en que no se pregunta en qué dirección irán los peces. En la primera se le pregunta a alguien qué opina y en la segunda se pregunta por las preferencias de los peces; así que ni a donde ni adonde son interrogativos (son pronombres de relativo, lo cual se comprueba sustituyéndolos por el lugar al/en el que).

UN ERROR IMPROBABLE: al, del

A veces el error al escribir se produce porque no se conoce el término y su estructura gramatical. Es el caso de las contracciones.

Las contracciones al (a + el) y del (de + el) no se separan nunca en sus componentes. Ahora bien, ante nombres propios que empiecen por artículo no se hace la contracción.
♦ Muchas de las noticias de El Heraldo de la Isla son de ámbito local. Es el periódico que editan los peces que se fueron a El Hierro. Tienen un corresponsal de agua dulce que les manda crónicas de El Cairo.

UN ERROR QUE SE VE POR AHÍ: a ver, haber

A veces, además de tratarse de una o de dos palabras, hay diferencias ortográficas que dan lugar a confusiones y a errores enormes en la escritura. A ver es la suma de una preposición y el verbo ver; introduce frases con distintas intenciones, que explica bien el DLE. Y cuando se trata de expresar que existe algo, se usa el verbo haber, con hache y con be (su conjugación será otra dosis de atutía).
mesangranlosojos2Haber si van a largarse todos los peces y no va a ver habitantes en el acuario. Vamos haber si después de a ver exigido un jardín de algas y unos cefalópodos de compañía ahora abandonan a las pobres algas sin más ni más.
A ver si van a largarse todos los peces y no va a haber habitantes en el acuario. Vamos a ver si después de haber exigido un jardín de algas y unos cefalópodos de compañía ahora abandonan a las pobres algas sin más ni más.

PARA EVITAR UNOS CUANTOS ERRORES

Vale que siempre se puede echar la culpa al corrector automático, pero otra opción es fijarse en las palabras de esta tabla.

aparte (separado)

apartes (palabras que se dicen al margen del texto principal)

a parte (a lugar)

a partes (a trozos)

contrarreloj (prueba deportiva) contra reloj (a toda prisa)
demás (otros, el resto) de más (sobrante)
entorno (ambiente) en torno (alrededor)
dondequiera (en cualquier lugar) donde quiera (en el lugar que usted guste)
porvenir (futuro) por venir (por llegar)
quienquiera (cualquiera) quien quiera (la persona que lo desee)
sinfín (abundancia) sin fin (inacabable)
sinsabor (disgusto) sin sabor (insulso)
sobretodo (abrigo) sobre todo (principalmente)
también (asimismo) tan bien (igual de bien)
tampoco (negación añadida a otra previa) tan poco (muy muy poco)
mediodía (alrededor de las 12 h) medio día (la mitad de un día)
Nochebuena (fiesta cristiana) noche buena (noche que ha estado bien)

Y para acabar, un caso que no parece estar bien resuelto (pero sí bien explicado en la Wikilengua). La acción y el efecto de maltratar es el maltrato, cuyo plural natural es maltratos; y la persona que los sufre es maltratada. Sin embargo, se ha acuñado el plural separado malos tratos, incluso como denominación de un delito tipificado; pues bien, ese plural puede dar lugar a interpretaciones erróneas, porque malos tratos pueden ser acuerdos poco satisfactorios y una persona mal tratada puede que se haya encontrado con un dependiente malhumorado o maleducado.

Pleonasmos y otras sobrancias

Un pleonasmo puede ser útil y darle expresividad al texto. Así, cuando una madre grita por el balcón «¡sube p’arribaaa!», su pleonasmo dice muchas cosas; por ejemplo, que antes ha habido un «sube a cenar», un «vengaaa, sube ya», un «¡que subas te he dicho!», y un «que no tenga que volver a salir al balcón». En ese sube p’arriba, hay un verbo en imperativo y un complemento circunstancial de madre; por eso la redundancia del arriba, con su preposición contraída, ni reitera ni sobrecarga el sube, sino que le da expresividad y añade matices. (Digresión: ¿por qué son correctas las contracciones al y del pero no lo es pal e, incluso, la transformación de para en el prefijo pa o p-?).

Hay más expresiones de ese tipo (salir afuera/fuera, entrar dentro/adentro, bajar abajo); todas ellas, en el texto y el contexto adecuado, hacen que el pleonasmo no dé calambre. De hecho, los textos, escritos y hablados, están llenos de pleonasmos (de alguna manera, el sujeto y su verbo casi siempre son redundantes).
Observé por mí misma como al besugo le preocupaba la llegada de la Navidad. 

Si digo que lo observé no hace falta que especifique que lo hice por mí misma (ni que lo vi con mis propios ojos ni que lo oí con mis propios oídos), pero la repetición enfatiza y se adelanta a posibles objeciones, ya que hago hincapié en que no me lo han contado). No es necesaria esa repetición, pero tampoco estorba; al contrario.

En cuanto a el besugo, es un complemento indirecto (CI) claro y preciso, y, aun así, se repite en el pronombre le. En este caso no solo la sintaxis es correcta, sino que es obligado el doble CI. En bastantes casos hay que duplicar un complemento con un pronombre y en muchos, si bien no es obligatorio, sí resulta más natural que no hacerlo; pero eso será otra dosis de atutía (el de la última frase tampoco es necesario, pero quiero que esté).

Por otra parte, hay pleonasmos propios del habla de una zona o de un estilo narrativo.
En el mes de diciembre del año 1954 el besugo ya se imaginaba que su final podía tomar varias formas diferentes; era un día martes.

Lo malo es que hay pleonasmos que aportan poca expresividad y alargan el texto.
Los iones interaccionaron entre sí, sin experiencia previa. Todos quedaron completamente exhaustos, ya que no habían tenido tiempo suficiente para el precalentamiento y estaban incluidos dentro de la reacción química.

Si se quita todo lo que no está en verde, la frase anterior no pierde claridad y gana en facilidad de lectura; esto último ha sido una opinión, sí. Por otra parte, no hay que descartar que quien escribe algo así tenga una intención clara y maneje bien los recursos expresivos.
Las personas humanas que se presentan a comicios electorales conocen la legislación vigente, aunque en algunos lapsos de tiempo se les olvida. Yo, personalmente, creo que es un prerrequisito contemplar las distintas posibilidades que podrán tener para hacer previsiones de futuro, que son absolutamente imprescindibles para evitar accidentes fortuitos.
Las personas que se presentan a elecciones conocen la legislación, aunque en algunos lapsos se les olvida. Creo que es un requisito contemplar las posibilidades que tendrán para hacer previsiones, que son imprescindibles para evitar accidentes.

Por su propia definición, los comicios son elecciones, la legislación está en vigor (si no lo está es cuando hay que ponerle un adjetivo), un lapso es tiempo (un periodo, también) y los requisitos siempre son anteriores a algo. Y si hay varias posibilidades, serán distintas entre ellas; además, si ya son posibilidades, el verbo poder no hace más que repetir la idea. ¿Cómo sería una previsión que no fuera de futuro? ¿Se puede ser un poco imprescindible? ¿Hay algún accidente que no suceda inopinada y casualmente? Al evitar los pleonasmos no se ha perdido significado sino que, por el contrario, el texto es menos alambicado y más conciso. Claro que si la intención es marear al lector o apabullar al interlocutor, la primera versión es más adecuada. Ahora bien, hay que considerar la posibilidad de que enfrente haya una persona lista que detecte que la mitad del discurso son palabras huecas.

Uno de los recursos expresivos que dan lugar a pleonasmos altisonantes y pretenciosos es el prefijo auto-, sobre todo en su forma auto-cualquier verbo-se; es decir, cuando reitera el valor reflexivo que proporciona con gran eficacia el sufijo –se. Para que aparezca una supernova ya solo es necesario añadir un a mí/ti/sí mismo.
Me preocupo por mi propia salud: me autoimpongo a mí mismo hacer treinta segundos de ejercicio físico todos los días.
Me preocupo por mi salud: me impongo hacer treinta segundos de ejercicio todos los días.

Si tomas autoconciencia de los largos de piscina necesarios para eliminar esa porción de chocolate, no irás a buscarla a la cocina; aunque tengas cita previa con ella.
Si eres consciente de los largos de piscina necesarios para eliminar esa porción de chocolate, no irás a buscarla a la cocina; aunque hayas concertado una cita con ella.

Es oír un reguetón y autosugestionarme de que lo que suena es «Ojos verdes», para no liarme a tortas.
Yo es oír un reguetón y sugestionarme de que lo que suena es «Ojos verdes», para no liarme a tortas.

Yo me autogestiono mis propios periodos de tiempo vacacionales.
Yo me gestiono las vacaciones a mi aire / a mi bola / por mí misma /a mi conveniencia.

No está de más, pues, revisar los textos y pararse ante cada redundancia para decidir si aporta algo o si sobra. Una pista: si cada poco resuenan adverbios acabados en –mente, sobra algo. Y así, en general, los adverbios siempre son sospechosos de estar de más; como ese siempre que se me acaba de colar.

Para lo que no sirve un desde 

Cada palabra tiene su significado y su función y, si bien es cierto que algunas son polivalentes y muy flexibles, los textos ganan claridad y elegancia cuando cada mochuelo está en su olivo. Así, lo que en algún momento resultó ingenioso y muy expresivo ha pasado a ser el mosquito tigre de la sintaxis: el uso de la preposición desde para introducir un complemento circunstancial que no es de lugar ni de tiempo, o, lo que es peor, para convertir el sujeto en complemento circunstancial. Esto lo escribo desde mediante un ordenador, desde el con cariño, desde basándome en mi experiencia, desde en mi humilde opinión, que lanzo urbi et orbi desde una ciudad al lado del mar.

Desde la sinceridad Para ser sincera, creo que no solo resulta cansino y pedante, sino que es incorrecto ese uso de desde, por lo que desde los gabinetes de comunicación de los partidos harían bien en darles un repasillo de gramática a sus representantes (y a sus escribientes). También desde las direcciones de los medios de comunicación deberían preocuparse del abuso de la preposición con el que desde hace tiempo creen darle a su discurso un tono original y distinguido. De hecho, desde de los redactores debería salir la decisión de escribir desde la con responsabilidad y en base al  a partir del conocimiento de la lengua y el respeto por ella. (En base a es el caracol manzana de la sintaxis).

A fin de cuentas son solo veintitrés preposiciones; no cuesta tanto aprender para qué sirve cada una. Sí, antes eran diecinueve. A las clásicas: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, so, sobre, tras, se añaden durante, mediante, versusvía; incluso hay quien incorpora pro. A cambio, casi no hace falta dominar el uso de cabe y so, porque las pobres están en vías de extinción.

Sesquipedalismo, ¡ay!

Hay personas que cuando el médico les dice que tienen una hinchazón piensan que si solo es eso no hacía falta perder el tiempo en el ambulatorio. En cambio, si les dicen que tienen nosequeitis con hiperemia reactiva, dan por bien empleada la visita y la espera. En estos casos no hay que preocuparse por el golpe en el dedo pequeño del pie sino por el sesquipedalismo, un trastorno que se cura con atutía y reflexión sobre el texto.

El sesquipedalismo consiste en estirar las palabras, por lo general sin necesidad ni mejora en la claridad ni en la elegancia del texto. Seguro que a más de uno se le ha aparecido la imagen de un abogado o de un médico al leer la definición, pero que tire aunque solo sea una chinita el que no inicialice algo. De hecho, los periodistas y los políticos están entre los más aquejados de sesquipedalismo, porque es un recurso que reviste mucha utilidad para rellenar discursos huecos; y claro, de ahí a que nos contagiemos todos hay un telediario, en sentido nada figurado.

Y sin embargo, los textos construidos con palabras sencillas y cortas ganan en claridad (también es más fácil evitar cacofonías y rimas internas). Cada cual puede revisar la lista siguiente, pensar qué palabras usa y cómo quedarán sus textos si utiliza las verdes.

  • accidentalidad                 accidentes
  • analítica                          análisis
  • centralizar                       centrar
  • climatología                     clima
  • concretizar                      concretar
  • conflictividad                   conflicto
  • culpabilidad                     culpa
  • culpabilizar                     culpar
  • cumplimentar                  cumplir
  • ejemplarizante                ejemplar
  • finalización                      final
  • implementar                    aplicar
  • influenciar                       influir
  • inicializar                         iniciar, empezar
  • intencionalidad                intención
  • meteorología                   tiempo
  • metodología                    método
  • motivación                      motivo
  • normativa                        norma
  • planificar                         planear
  • potencialidad                   potencial
  • problemática                   problema
  • proporcionalidad             proporción
  • rumorología                     rumores
  • señalizar                         señalar
  • sobredimensionamiento  exageración, exceso
  • temática                          tema
  • tensionar                         tensar
  • tipología                          tipo
  • totalidad                          todo
  • tramitación                      trámite

En esa lista, las palabras en rojo, además, no son sinónimas de las que están en verde, así que al usarlas no solo se peca de sesquipedalismo, sino de error léxico garrafal; o sea que es fácil pasar de pedante a ignorante. Hay una lista más larga en la Wikilengua.

El alargamiento de palabras tiene un pariente cercano que consiste en usar circunloquios en vez de expresiones sencillas. Quién no ha oído que en la práctica totalidad de la geografía del país han caído precipitaciones en forma de lluvia, como no podía ser de otra manera (casi siempre puede ser de otra manera). La finalidad de esas formas expresivas es poner en valor la implementación de actuaciones redaccionales que confieran un carácter tremendamente sapiencial a fin de que sus autores consigan lo que representan importantes remuneraciones y puedan temporalizar sus periodos vacacionales en áreas de costa con soluciones habitacionales de estanding inmensamente alto.

No obstante, no todas las palabras largas tienen una alternativa corta: zangolotino y chiripitifláutico necesitan todas sus letras para resultar verdaderamente inspiracionales.

Lo suyo

Acabo de darme con el canto de la mesa y me duele la pierna; la mía, claro, porque es difícil que le haga daño (si no es metafórico) a otro. También sería raro que cuando tenga jaqueca mi cuñada me doliera a mí la cabeza y que si te pica el codo lo note yo. Así que para referirse a partes del cuerpo no se necesitan los determinantes (o adjetivos) posesivos (salvo que haya que evitar ambigüedades o equívocos).
Me ha salido un moratón en mi pierna izquierda, a ti se te ha dormido tu pie y mi primo abre las botellas de cerveza con sus dientes.
Me ha salido un moratón en la pierna izquierda, a ti se te ha dormido el pie y mi primo abre las botellas de cerveza con los dientes.

En el ejemplo en rojo no hay ninguna incorrección, pero no es una expresión genuina en español (es un calco del inglés). Para identificar de quién es la parte del cuerpo que se nombra, en vez de ponerle un posesivo, usamos los recursos de la conjugación.
* Me saca de quicio que mires tu ombligo y los demás que arreen.
Me saca de quicio que te mires el ombligo y los demás que arreen.

Así que se restringe mucho el uso de los posesivos, cuya función desempeña, en parte, el artículo determinado.
El señor no puede cortarse sus las uñas, así que coge su el coche y va a su la pedicura.

A veces ni siquiera hace falta el artículo. Si andas de jarana y sueltas: «Yo me voy a casa», nadie te preguntará a qué casa. Otra cosa sería una conversación de este tipo:
—Podíamos seguir en casa de Adelita.
—O en la de Javierín.
—Yo me voy a mi casa. Vosotros id donde queráis.

Encima, los posesivos tienen mucho peligro. Ahí va un horrorismo:
* Estaba detrás mío, ahí, delante tuyo. Pasó muy cerca nuestro y casi se cae encima suyo. Al final se sentó en otro palco; justo debajo vuestro.

Sí, hace sangrar los ojos, pero si alguien se reconoce y está pensando en cortarse un par de dedos, que sepa que han pillado en expresiones tales a unos cuantos escritores de renombre y solvencia (Cortázar, Caballero Bonald, Benedetti, entre otros), lo cual sirve para recordar lo necesaria que es la intervención de un buen corrector en todo texto.

La explicación gramatical para percibir (y recordar) el horror es que detrás, delante, cerca, encima y debajo son adverbios y, por tanto, no pueden llevar determinantes (lo que antes se llamaba adjetivos posesivos son determinantes, como los artículos y algunas palabras más, pero eso es otra historia); igual que no funciona *la encima, no funciona *encima mía (además, habría que decidir si es mía o mío). Mucho mejor así:
Estaba detrás de mí, ahí, delante de ti. Pasó muy cerca de nosotros y casi se cae encima de ella. Al final se sentó en otro palco; justo debajo de vosotros.

El truco para ver si algo que forma una locución adverbial puede llevar un posesivo es intentar ponérselo delante (será posible siempre que sea un nombre). Como no hay problema en decir a su alrededor, en su contra, a nuestro gusto, de vuestra parte, tampoco hay inconveniente en usar alrededor suyo, en contra suya, a gusto nuestro, de parte vuestra. ¿A que no hay duda de que alrededor y gusto son de género masculino y contra y parte, femenino? Pues si no se le encuentra el género a una palabra, no puede llevar posesivo: esa es otra pista. La definitiva es que exploten las conexiones sinápticas que enlazan el oído y la vista con el cerebro, que es uno de los efectos que provocan frases como: *Abrió la puerta con su mano izquierda y pasó por detrás suya.