Vamos a contar… mentiras

No solo de letras vive el corrector/escribano. Hoy va una de aritmética.

Los ermitaños arrastran su conchas asomando sus patitas y vigilando con sus ojitos.
La pregunta es cuántas conchas arrastra cada ermitaño, cuántas patitas tiene y con cuántos ojos vigila. Y la respuesta es que tiene diez patitas (más tres pares de piezas bucales) y dos ojos —compuestos, eso sí—; pero concha solo arrastran una cada uno, por lo que la redacción tendría que ser así:
Los ermitaños arrastran la concha asomando las patitas y vigilando con los ojitos.

Casi seguro que nadie duda de que la concha solo es una, por lo que se puede conjeturar que tras ese plural y los tres posesivos rondan dos calcos sintácticos del inglés (para hacerlos no hace falta saber inglés). En ese idioma el plural distributivo es obligado y también es natural el posesivo aplicado a las partes del cuerpo. Si juntamos ambos rasgos en una frase en español, el horrorismo es XXL, que significa ‘requetegrande’ en inglés (extra extra large) o ’30’ si lo lees en latín y disculpas la pésima ortografía del redactor romano. Vamos con más ejemplos.

Y allá vamos, un carnaval más, por las calles con los coloretes en nuestras caras y las pelucas en nuestras cabezas.
Cuando alguien dice eso, sale el dios Momo a dejarlo sordo para que no pueda oír ni un cuplé; y si el destrozasintaxis no solo lo dice, sino que, además, lo escribe, entonces el mismísimo Tío de la Tiza se revuelve en la tumba (sí, en su tumba, pero, como está claro que es la suya, no hace falta poner el posesivo) y sale a repartir golpes con el pito de caña. Con sintaxis en español fetén, esa frase va así:
Y allá vamos, un carnaval más, por las calles con los coloretes en la cara y la peluca en la cabeza.

Porque, obviamente, calles hay muchas y coloretes se llevan dos (uno en cada mejilla); sin embargo, como cada uno tenemos una sola cabeza, lo normal es llevar una peluca. Además, a pesar de no usar ni un solo posesivo, nadie dudará de que cada uno lleva los coloretes en su cara y la peluca en su cabeza.

En estos dos asuntos, el plural distributivo y los posesivos asociados a las partes del cuerpo, la sintaxis natural en español raras veces dará lugar a equívocos; si ocurre, entonces hay mecanismos para evitarlos. En el caso de que no se sepa de quién es la parte del cuerpo, se puede recurrir a especificarlo en el sentido que haga falta.
1) Se miraron a los ojos y ella puso la mano en la rodilla.  (¿De quién cada cosa?).
→ La forma más ambigua; es probable que el contexto lo aclare todo. 
2) Se miraron a los ojos y ella le puso la mano en la rodilla. (Mano de ella, rodilla de él).
→ La forma más clara, aunque no lo parezca, y sencilla.
3) Se miraron a los ojos y ella se puso la mano en la rodilla. (Mano y rodilla de ella).
→ También clara como la 2, pero para decir otra cosa. Igual ella tiene reuma.

4) Se miraron a los ojos y ella puso la mano en la rodilla de él. (Rodilla de él, ¿mano?).
→ Puede que antes él le hubiera echado la mano encima a ella; ¡ay, el contexto!

5) Se miraron a los ojos y ella puso la mano en su rodilla. (¿De quién cada cosa?).
→ Vaya usted a saber qué rollo se llevan; ¡ay, el contexto!

Sí, hay unas cuantas opciones más, que el redactor, el traductor y el corrector observarán con atención para resolverlas lo mejor posible. Y aun se complica más si varias personas echan la mano a donde sea.
Todos le echaron sus manos a su hombro para decirle que lo compadecían.
Todos le echaron la mano al hombro para decirle que lo compadecían. 

Cuando el plural parece necesario para evitar extrañezas, también hay soluciones que sortean este horrorismo: Se fueron a sus esquinas a escuchar sus chirigotas.
La sencilla: Cada uno se fue a su esquina a escuchar su chirigota.
Y la rebuscada alargapáginas: Se fueron a sendas esquinas a escuchar sus chirigotas respectivas.

El problema de tirar de plural a troche y moche es que quizá no se diga lo que se quería.
A ellos los preparaban para mantener a sus esposas y a sus hijos. Los emigrantes les mandaban a sus familias remesas de dinero y ropa.
Está claro que hablamos de hombres polígamos y muy responsables, pues se ocupan de la familia que han formado con cada una de las esposas. ¡Ah!, que no; pues entonces, la redacción debe ir así:
A ellos los preparaban para mantener a la esposa y los hijos. Los emigrantes le mandaban a la [su] familia remesas de dinero y ropa.
O bien (más recargadito):
A ellos los preparaban para mantener a su esposa y a sus hijos. Los emigrantes les mandaban a sus respectivas familias remesas de dinero y ropa.

O sea, cada vez que aparezca un plural hay que preguntarse si cabe el singular.
Los óvulos fecundados se transforman en semillas; los ovarios que los rodean se hinchan y maduran.
Los óvulos fecundados se transforman en semilla; el ovario que rodea a cada una se hincha y madura.
Porque no es cierto que un óvulo dé varias semillas ni que cada uno esté rodeado por unos cuantos ovarios.

¿Cuántos destinos sueña una madre para su hija? Puede que varios, pero si la buena mujer solo vislumbra un futuro afortunado, mejor no sugerir que son varios. Y madre no hay más que una; eso ya lo teníamos claro, ¿no?
Las mujeres que no vistieron el tul ilusión tuvieron que buscarse destinos distintos a los que sus madres habían soñado para ellas.
♦ Las mujeres que no vistieron el tul ilusión tuvieron que buscarse un destino distinto al que su madre había soñado.
♦ Las mujeres que no vistieron el tul ilusión tuvieron que buscarse un destino distinto al que sus madres respectivas habían soñado para ellas.

Otras veces el plural describe con precisión los límites.
La mayor parte de la tribus se replegaron cuando sus zonas se convirtieron en campos de batalla. (Cada tribu tenía varias zonas y cada zona fue varios campos de batalla).
La mayor parte de las tribus se replegaron cuando su zona se convirtió en un campo de batalla. (Cada tribu tenía una zona y cada zona fue un campo de batalla).

Y usar el singular puede servir para bajarle los humos a alguno.
Los hombres que tienen coches grandes necesitan aparcamientos especiales.
♦ Los hombres que tienen un coche grande necesitan un aparcamiento especial.
♦ Los hombres cuyo coche es grande necesitan un aparcamiento especial.

En ocasiones, el plural hace que el relato quede muy raro.
Los soldados levantaron los escudos. Algunos se llevaban las manos a las gargantas.
Ahí te imaginas a cada soldado manejado varios escudos con las manos (con sus dos manos, por supuesto; ambas manos, que sííí). Claro que debía de ser un relato de ciencia ficción cuyos personajes tienen varios cuellos (¿y cabezas?); pero si eran romanos normales y corrientes, la cosa debe ir, por ejemplo, así:
Cada soldado levantó su escudo. Algunos se llevaban las manos a la garganta.
O incluso:
Los soldados levantaron el escudo. Algunos se llevaban las manos a la garganta.

Así que ante la duda, singular; y, ante la duda, sin posesivo.

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Lo suyo

Acabo de darme con el canto de la mesa y me duele la pierna; la mía, claro, porque es difícil que le haga daño (si no es metafórico) a otro. También sería raro que cuando tenga jaqueca mi cuñada me doliera a mí la cabeza y que si te pica el codo lo note yo. Así que para referirse a partes del cuerpo no se necesitan los determinantes (o adjetivos) posesivos (salvo que haya que evitar ambigüedades o equívocos).
Me ha salido un moratón en mi pierna izquierda, a ti se te ha dormido tu pie y mi primo abre las botellas de cerveza con sus dientes.
Me ha salido un moratón en la pierna izquierda, a ti se te ha dormido el pie y mi primo abre las botellas de cerveza con los dientes.

En el ejemplo en rojo no hay ninguna incorrección, pero no es una expresión genuina en español (es un calco del inglés). Para identificar de quién es la parte del cuerpo que se nombra, en vez de ponerle un posesivo, usamos los recursos de la conjugación.
* Me saca de quicio que mires tu ombligo y los demás que arreen.
Me saca de quicio que te mires el ombligo y los demás que arreen.

Así que se restringe mucho el uso de los posesivos, cuya función desempeña, en parte, el artículo determinado.
El señor no puede cortarse sus las uñas, así que coge su el coche y va a su la pedicura.

A veces ni siquiera hace falta el artículo. Si andas de jarana y sueltas: «Yo me voy a casa», nadie te preguntará a qué casa. Otra cosa sería una conversación de este tipo:
—Podíamos seguir en casa de Adelita.
—O en la de Javierín.
—Yo me voy a mi casa. Vosotros id donde queráis.

Encima, los posesivos tienen mucho peligro. Ahí va un horrorismo:
* Estaba detrás mío, ahí, delante tuyo. Pasó muy cerca nuestro y casi se cae encima suyo. Al final se sentó en otro palco; justo debajo vuestro.

Sí, hace sangrar los ojos, pero si alguien se reconoce y está pensando en cortarse un par de dedos, que sepa que han pillado en expresiones tales a unos cuantos escritores de renombre y solvencia (Cortázar, Caballero Bonald, Benedetti, entre otros), lo cual sirve para recordar lo necesaria que es la intervención de un buen corrector en todo texto.

La explicación gramatical para percibir (y recordar) el horror es que detrás, delante, cerca, encima y debajo son adverbios y, por tanto, no pueden llevar determinantes (lo que antes se llamaba adjetivos posesivos son determinantes, como los artículos y algunas palabras más, pero eso es otra historia); igual que no funciona *la encima, no funciona *encima mía (además, habría que decidir si es mía o mío). Mucho mejor así:
Estaba detrás de mí, ahí, delante de ti. Pasó muy cerca de nosotros y casi se cae encima de ella. Al final se sentó en otro palco; justo debajo de vosotros.

El truco para ver si algo que forma una locución adverbial puede llevar un posesivo es intentar ponérselo delante (será posible siempre que sea un nombre). Como no hay problema en decir a su alrededor, en su contra, a nuestro gusto, de vuestra parte, tampoco hay inconveniente en usar alrededor suyo, en contra suya, a gusto nuestro, de parte vuestra. ¿A que no hay duda de que alrededor y gusto son de género masculino y contra y parte, femenino? Pues si no se le encuentra el género a una palabra, no puede llevar posesivo: esa es otra pista. La definitiva es que exploten las conexiones sinápticas que enlazan el oído y la vista con el cerebro, que es uno de los efectos que provocan frases como: *Abrió la puerta con su mano izquierda y pasó por detrás suya.