Me suena pero mal (2)

Como la lengua no para de cambiar es muy probable que esta entrada quede obsoleta en menos que canta un gallo. Así es la lengua (así es la vida): cambios que se suceden y se acumulan; unos triunfan y otros son flor de un día. Algunos enriquecen la lengua, designan conceptos que quizá no existían, o los nombran con más precisión o con más economía del lenguaje. Otros enredan y confunden, aunque se asienten y obtengan el sello —popular y oficial— de lengua fetén.

Al verbo nominar ya se le da por bueno el significado de ‘seleccionar’ o ‘proponer’; un gran logro, conseguido a fuerza de repetición en los programas de televisión más distinguidos por sus valores culturales. Antes de aceptar las nuevas acepciones, el verbo solo significaba ‘dar nombre’, lo cual evitaba problemas como saber qué quiere decir la oración yo te nomino: Eustaquio.

Y ahí, paseando ya por los medios de comunicación, anda el verbo agendar, con dos significados que no son sinónimos: ‘concertar, planear’ y ‘apuntar en la agenda’ (de uso parece ser que más extendido en el español de América que en el de España); y no es un problema menor que el nuevo verbo tenga dos significados. Claro que ya se había colado agenda como ‘plan, lista de cosas que hay que hacer, orden del día, propósitos, intenciones’, entre otros términos posibles, cargándose, además, los matices que aportan todos ellos. De esa manera, ya hemos aceptado el juego de no exigir precisión cuando un político dice que algo está en la agenda; puede que fuera solo una idea para comentar y no la firme voluntad de solucionar un problema: así de importante es usar las palabras precisas y así de tramposo es rehuirlas.

El adjetivo honesto empieza a ser el único para decir de alguien que actúa con rectitud. En su origen se refería a características relacionadas con cierta concepción del recato y el pudor, y no se confundía con honrado. Se decía que se es honesto de cintura para abajo y se es honrado de cintura para arriba. Ahora apenas se distinguen ambos términos y están oficialmente aceptados como sinónimos. Lo que todavía no se ha sancionado como oficial pero empieza a ser corriente es el empleo de honesto como sinónimo de sincero (es un falso amigo del inglés honest). Hay personas sinceras, las hay honradas y las hay que son las dos cosas; por lo que respecta a la honestidad, por suerte, cada vez es más un rasgo privado que una virtud pública. Para ser honesta sincera, no me fio de quien identifica la probidad con el recato.

En la subasta de pescado de la fotografía, se nominan los peces, pero no se proponen para nada. Los subastadores conciertan ventas, pero no las agendan, ni siquiera las apuntan; y aunque quizá no sean del todo sinceros sobre lo que guardan en las cajas, son honrados y su honestidad no le importa a nadie. Así que las palabras nominar, agendar y honesto son correctas y útiles, pero hay alternativas precisas, bien hermosas, que ayudan a expresarse mejor.

  • Nominar: nombrar; seleccionar, proponer, designar.
  • Agendar: acordar, establecer, concertar, planear, quedar; apuntar, anotar, reseñar.
  • Honesto: sincero, íntegro, honrado, recto, probo, intachable.
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Me suena, pero mal (1)

Hay palabras y construcciones que no son incorrectas pero no acaban de sonar bien. El hablante sabe más de lengua de lo que cree y al oírlas o leerlas se queda pensando y tuerce la cabeza, como si fuera un radar intentando detectar qué es lo que chirría.

Cuando alguna de esas formas chirriantes se repite mucho, acaba por hacerse familiar, los hablantes la incorporan a sus usos y es posible, incluso probable, que acabe considerándose correcta. Con algo más de tiempo puede llegar a ser genuina, porque solo las lenguas muertas no cambian; hay muchos rasgos lingüísticos que eran monumentales barbarismos hace tres o cuatro siglos.

Ahora bien, la evolución nunca es instantánea (ni definitiva). Eso se traduce en que hay rasgos que ya se usan mucho pero todavía no son genuinos; algunos siguen siendo incorrectos y otros, que acaban de pasar de  proscritos a legítimos, todavía chirrían.

Hace unos años, esto habría puesto los pelos de punta de más de un hablante:

Es por eso que se reivindica para ostentar el cargo de presidente, que a día de hoy detenta su compañero de partido.

En esa oración hay, al menos, cinco razones para ponerse nervioso:

  • Es por eso que no es una construcción sintáctica genuina en español; además es incorrecta (por ahora). La alternativa es un simple por eso o esa es la razón de que o por todo ello. A menudo la expresión es superflua y se puede eliminar toda la secuencia es por eso que sin que se resiente la expresividad de la frase.
  • A día de hoy es un galicismo (calco de aujourd’hui) y no marca el tiempo mejor que por el momento,hoy por hoy o hasta ahora. De momento (que también sirve), no se considera correcta, pero quizá pronto tenga que borrar eso que acabo de escribir.
  • Reivindicar es un verbo transitivo, no reflexivo ni pronominal (todavía).
  • Ostentar no es sinónimo de ejercer (todavía ya); pero solo cuando se trata de un honor (no vale decir que Jack puede ostentar el título de mejor descuartizador).
  • Detentar no es sinónimo de ejercer ni desempeñar un cargo o un derecho; solo significa que se retiene sin legitimidad.

Por todo ello, se puede reivindicar algo a lo que se tenga derecho o que no goce del prestigio que le corresponda, hoy por hoy, pero no a alguien, por mucho que ejerza un cargo y lo desempeñe sin hacer ostentación de sus méritos ni de los privilegios de los que goce. En ningún caso reivindicaremos las acciones de quien detente el poder por la fuerza, una desgracia que, por ahora, es muy frecuente en el mundo.